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Foro El Salvador

Radiografía del nuevo movimiento cívico vasco-navarro.

            Un movimiento cívico, heterogéneo y plural, ha nacido en el País Vasco y Navarra hace ya dos décadas, desarrollándose en una confrontación permanente frente a un hegemónico nacionalismo de pretensiones totalitarias.

Por Fernando José Vaquero Oroquieta

Introducción.

Cuando hablamos del País Vasco y de Navarra, nos vienen a la memoria, inmediatamente y ante todo, los rostros de un numeroso grupo de valerosas mujeres. Y decimos bien, pues las mujeres han destacado por encima de los varones en una labor callada y heroica: Maite Pagazaurtundua, Cristina Cuesta, Ana Iríbar, y tantas otras, testimonian con su vida las cualidades que carece la mayor parte de la clase política.

            Y nos siguen mostrando nuevos ejemplos de valor. Recordemos el caso tremendo de los padecimientos de Pilar Elías, concejal por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Azcoitia, viuda de Ramón Baglietto, quien, asombrada un día, descubriera que uno de los asesinos de su marido había abierto una cristalería en un local situado ¡debajo de su domicilio!
           
Pero, para enmarcar estas circunstancias, remontémonos en el tiempo. De la mano de unas pocas personas golpeadas por la violencia de ETA, nacieron, hace ya dos décadas, los primeros grupos de un incipiente movimiento cívico en respuesta al terrorismo y otras expresiones de la realidad totalitaria que se empezaba a imponer en el País Vasco y también, aunque en menor medida en Navarra, de la mano del nacionalismo vasco en sus diversas expresiones y tácticas.

Los primeros en constituirse fueron los grupos de familiares y víctimas del terrorismo de ETA, desamparados por los poderes públicos y sin una voz que les permitiera afrontar las dramáticas situaciones personales, que se les presentaron, asociadas a los atentados que marcaron sus vidas.

En segundo lugar, fruto de una reflexión realizada en buena medida en ámbitos de la Iglesia católica, surgieron los grupos de vocación pacifista. Cientos de concentraciones silenciosas, en decenas de localidades vascas y navarras, jalonan la historia de este movimiento.

En tercer lugar, espoleados especialmente por el llamado “Espíritu de Ermua”, los llamados Foros, grupos de vocación intelectual, articularon una respuesta y un pensamiento crítico coherentes a la situación política y social sufridas.

Por último, diversos movimientos activistas se estructuraron, en torno a la acción social y la lucha en el ámbito de la opinión pública, con una marcada vocación política.

            Con sus aciertos y carencias, tales grupos han generado una constelación social, una novedosa red asociativa y humana, que configura la actual resistencia de la ciudadanía vasca a los planes hegemónicos del nacionalismo gobernante y de los visionarios de la violencia ciega.

Un parto desde el dolor y la serenidad.

            Los familiares de víctimas de ETA, y las mismas víctimas supervivientes, sufrieron años de extrema dureza en silencio; más cuando apenas existía apoyo institucional a sus numerosas necesidades. Además, socialmente y en los medios de comunicación, este colectivo y sus dramáticas carencias pasaban desapercibidas. Fruto de esa situación de desamparo insultante, se empezaron a alzar voces, como la de Cristina Cuesta en San Sebastián, reclamando atención a su existencia, apoyo material, una voz para su colectivo y el reconocimiento a la memoria de sus familiares asesinados. Así surgió, de su impulso y el de otras personas, en 1981, la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT).

            La AVT ha atendido, hasta la actualidad, a unas 8.000 personas, habiendo sido su presidente más conocida Dª. Sonsoles Alvarez de Toledo, hasta la irrupción del combativo José Alcaraz. Definida como apolítica y benéfico-asistencial, tiene como fines: reivindicar derechos y reclamar justicia, prestar ayuda moral y material a víctimas y familiares, cooperación con cuantas actividades redunden en beneficio de las víctimas, todo tipo de actos que fomenten la solidaridad hacia las víctimas y, por último, promover y asistir en acciones judiciales a favor de las víctimas del terrorismo. La AVT se organiza en 6 áreas sectoriales de trabajo, delegaciones territoriales y una Junta de Gobierno.

            Ya en noviembre de 1998, se constituyó el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), donde destacó la incansable Cristina Cuesta, y que pretende ser un interlocutor imprescindible “en cualquier proceso de pacificación que pueda emprenderse en la Comunidad Autónoma del País Vasco”. También persigue defender los derechos éticos y materiales de las víctimas del terrorismo, proteger los principios democráticos básicos, el respeto a la legalidad vigente, y un clima social de libertad y ausencia de coacciones para todos los ciudadanos. Desde una firme postura ética, juzgan como imprescindible que “los criminales reconozcan sus delitos, que asuman el daño causado a millares de personas inocentes y que reconozcan el daño infligido a la sociedad vasca en particular, y a la colectividad española en general”, pues “nunca podrá haber paz sin justicia previa”.

            A nivel nacional, estos colectivos han logrado, después de muchos años, que el gobierno del Partido Popular, finalmente, diera pasos decisivos para subsanar las numerosas carencias materiales y morales sufridas por sus asociados y demás víctimas del terrorismo. Como frutos concretos de esta política popular, tenemos la legislación promulgada al respecto y la constitución de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, presidida actualmente por una extraordinaria Maite Pagazaurtundua.

            En este ámbito, el del entorno humano de las víctimas del País Vasco y Navarra, han surgido varias fundaciones que han adoptado el nombre de algunas de ellas, con el objetivo de mantener viva su memoria. Nacidas en el área de influencia de los partidos políticos constitucionalistas, y lideradas por familiares directos de las víctimas, encontramos a la Tomás Caballero en Navarra y la Miguel Ángel Blanco, junto a otras, en el País Vasco.

            Así, la Fundación Gregorio Ordoñez, constituida en recuerdo de aquel joven político popular donostiarra asesinado, tiene entre sus principios fundacionales: la conservación y divulgación de los principios éticos y democráticos, la atención a las víctimas del terrorismo, la reivindicación del reconocimiento público de sus derechos y, como novedad en su ámbito, la  promoción de San Sebastián facilitando a sus ciudadanos el acceso a la información en los asuntos públicos locales.

            La Fundación Fernando Buesa Blanco, por su parte, toma su nombre del político asesinado en Vitoria el 3 de noviembre de 2000. Su objetivo es mantener vivo el ejemplo de este socialista, de orígenes democristianos, en favor del progreso social, la búsqueda de la convivencia en paz, la política entendida como un servicio público, la pasión por la libertad y la defensa del pluralismo.

Pacifistas e intelectuales.

            A finales de los años 70 del pasado siglo, pequeños grupos de militantes cristianos se empezaron a reunir con el objetivo de reflexionar en torno a la violencia de raíces políticas practicada en el País Vasco y Navarra; realizando algunas concentraciones de carácter no violento en protesta por el creciente terrorismo. Esas concentraciones, que cristalizaron en una dinámica de movilización permanente con ocasión de todo de acto violento de esas características, estaban impulsadas inicialmente por Artesanos de la Paz.

Ya en 1986 se constituye la Coordinadora Gesto por la Paz, a partir de 6 grupos, integrándose en dicha entidad, en 1989, la Comisión Paz en Euskadi de Colectivos Vascos por la Paz y el Desarme. También en 1986 se constituye la Asociación por la Paz de Euskal Herria. El 24 de noviembre de 1989 confluyen ambas entidades, naciendo la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria, con un total de 52 grupos locales.

Esta entidad sigue persiguiendo la paz y una sociedad más justa y más humana, con los siguientes objetivos concretos: fortalecer la movilización ciudadana, impulsar la toma de conciencia de la sociedad en su responsabilidad frente a la violencia, velar para que la actuación institucional contra la violencia se enmarque dentro de la legalidad y los derechos humanos, y fomentar una cultura de paz dirigida especialmente a la infancia y la juventud.

Este movimiento mantiene vivo su espíritu originario, denunciando toda expresión de violencia y terrorismo, aceptando incluso espacios de encuentro con otras entidades, incluso procedentes del entorno del autodenominado MLNV, caso de Elkarri, que invoquen el cese de la violencia como requisito imprescindible para cualquier avance social o político.

El brutal secuestro y asesinato, un 12 de julio de 1997, del concejal del Partido Popular de Ermua Miguel Ángel Blanco, originó un movimiento ciudadano de respuesta como nunca se vivió en el País Vasco y Navarra durante las últimas décadas.

Para mantener ese “Espíritu de Ermua”, un grupo de intelectuales organizó el Foro de Ermua, entidad en la que tiene un peso decisivo un notable grupo de intelectuales de procedencia comunista e izquierdista. Ese mismo mes de julio de 1997, cinco profesores de la Universidad del País Vasco se reunieron, dando como fruto un manifiesto en oposición a la negociación con ETA, llamando a la ciudadanía a la “resistencia contra el fascismo vasco”. Así, el 18 de febrero de 1998 se presentó a la opinión pública el Foro de Ermua, difundiendo el primero de sus textos: “Manifiesto por la democracia en Euskadi”.

Su labor para concienciar al resto de la izquierda española, en la batalla de las ideas y los medios de comunicación, ha sido decisiva: hecho del que, sin duda, tomó nota ETA, lo que le llevó a asesinar al periodista José Luis López de la Calle, uno de los activistas más significativos del grupo. El trabajo de Foro de Ermua ha sido fundamental para que la izquierda española inicie la difícil labor de superar los demonios familiares asociados a una posible percepción positiva de la nación española en este sector político.

No obstante, se trata de una entidad especialmente golpeada por el nacionalismo vasco. El acoso al que han sometido a buena parte de sus impulsores y principales militantes, ha originado que, no pocos de ellos, hayan tenido que exiliarse fuera del País Vasco a lo largo de estos últimos años.

En el entorno de esa entidad, aunque con vocación propia, nació accidentalmente y con enormes dificultades Foro El Salvador, reuniendo a destacados clérigos y militantes católicos que, desde una perspectiva evangélica y con la mirada puesta en el proceso de paz vivido en El Salvador, intentan que la Iglesia católica vasca cambie de orientación, asumiendo su misión histórica, emancipándose de la hegemonía del nacionalismo vasco en la orientación pastoral de su jerarquía y sus estructuras diocesanas y parroquiales.

Algunos de sus miembros más conocidos son: Jaime Larrínaga, ex-párroco de Maruri y primer sacerdote vasco con protección policial, el conocido historiador Fernando García de Cortázar, Antonio Beristain Ipiña, también jesuita como el anterior y fundador del Instituto Vasco de Criminología, y el seglar José Luis Orella, otro historiador portavoz de la entidad. Nacido al margen de cualquiera entidad o movimiento eclesial, este Foro ha encontrado notables dificultades de interlocución ante otras realidades eclesiales; permaneciendo prácticamente desconocido -todavía hoy- para buena parte de la Iglesia católica española.

Los activistas.

            ¡Basta ya! configura un nuevo tipo de organización de pretensiones explícitamente políticas: con una manifiesta vocación de participación en la vida pública y en el campo de batalla de la opinión, difundiendo específicos pronunciamientos de hondo calado político, tomando la iniciativa con diversas movilizaciones y propuestas políticas.

Fernando Savater ha sido unos de los intelectuales que más ha destacado en las actuaciones de la entidad; ejerciendo, con su condición de portavoz, un indudable liderazgo en esta plataforma próxima, de alguna manera, al PSE-PSOE. Sus principios básicos son: trabajar contra el terrorismo en cualquiera de sus formas, apoyo a las víctimas de la violencia política, y la defensa del Estado de Derecho, la Constitución y el Estatuto de Autonomía del País Vasco. Subraya su carácter activista, más allá de la mera denuncia, por lo que ha realizado numerosas movilizaciones y actuaciones públicas de hondo calado mediático; habiendo recibido el premio Sajarov por la defensa de los derechos humanos que concede el Parlamento Europeo.

La entidad considera que, entre las razones de su nacimiento, también se encuentra el “auge del nacionalismo étnico y xenófobo entre los partidos nacionalistas moderados y otras entidades abertzales, que pretenden pactar con ETA acuerdos favorables para los intereses nacionalistas excluyendo a los vascos con otras ideas e identidades”. De todo ello se deriva que, a su juicio, la denuncia ética del terrorismo no sea suficiente, por lo que, en coherencia, realizan una crítica política del mismo. Así, conciben a las movilizaciones ciudadanas como instrumento de denuncia, pero también, como medio de recuperación de la calle, recordando así a las instituciones cuáles son sus obligaciones.

¡Basta ya! carece de organización profesional. Tampoco tiene una junta directiva. Ha optado por presentar portavoces autorizados ante la opinión pública. Con esta dinámica política, no obstante, afirman no pretender sustituir a los partidos políticos, ni competir con otros grupos sociales. Pero desean que sus actuaciones no estén marcadas por el terrorismo, por lo que pretenden que las mismas se desarrollen de forma independiente de los actos terroristas.

            Existen otras entidades de carácter mixto, caso de la Fundación por la Libertad, de la que una de sus figuras más conocidas fuera su expresidente, Edurne Uriarte, cuyo papel está, en parte, por desarrollar y que, sin duda, confluirá en la línea general de todas las anteriores entidades. Como fin fundacional tiene establecido el análisis, la reflexión y la difusión de los valores de la democracia y la libertad. Pretende de forma expresa “la defensa de un País Vasco plenamente integrado en la nación española, y una cultura vasca entendida e integrada en la pluralidad que configura la cultura española”. Para la consecución de esos objetivos, tiene clara conciencia del papel de la educación para llegar a toda la ciudadanía. Un factor novedoso que tiene un difícil, pero decisivo, papel a jugar en el futuro.

            Dentro de este ámbito, de entidades de naturaleza activista, podríamos hablar del colectivo Ciudadanía y Libertad, nacido en el entorno de antiguos militantes de EE integrados en el PSE-PSOE. Afirma, ante todo, su compromiso con la Constitución española y el Estatuto vasco; asegura estar integrado por vascos que consideran tienen los mismos derechos y deberes que los de convicciones nacionalistas; propugna la cooperación y la convivencia entre todos los vascos; y, por último, antepone la dignidad de la persona a lo colectivo, considerando como su patria la libertad y los derechos humanos. Para todo ello exigen que las instituciones defiendan y celebren la democracia, recuperando la memoria histórica. De ahí que esta entidad, en Vitoria, haya realizado diversas acciones públicas en defensa de la Constitución y el Estatuto, así como alguna llamativa presentación de libros. Se muestran especialmente preocupados por el valor de las palabras, su sentido político y el valor pedagógico del lenguaje. Sin duda, la prematura muerte de Mario Onaindía ha golpeado duramente en su ánimo.

Otra entidad que podemos mencionar aquí es el colectivo ¡Libertad ya!, nacido en el ámbito de las víctimas navarras de ETA, con cierta vinculación al partido regionalista Unión del Pueblo Navarro, y con una clara vocación de participación en la batalla por la opinión pública, impulsando concretas iniciativas sociales.

            Otro joven fruto, nacido del dolor de un asesinato y del activismo, es Vecinos de paz, enraizada en la localidad navarra de Berriorzar y uno de los grupos más activos de la Comunidad Foral. Se le ha sumado, por último, a esta línea de trabajo, la Fundación Leyre, que desde su vocación de foro intelectual y de análisis, no ha rehuido la movilización pública.

            Citemos, por último, a la asociación Denon Artean (Paz y Reconciliación), que desarrolló una importante labor de movilización social en momentos muy difíciles, especialmente en Guipúzcoa.

La crisis.

            Ya hemos visto que, sin duda, estas asociaciones, que en ocasiones comparten militantes y actuaciones, objetivos y tácticas, han protagonizado éxitos indudables en los terrenos de la opinión pública, el apoyo a las víctimas, la iniciativa social y ciudadana, y la elaboración de un pensamiento -coherente y sistemático- de crítica al nacionalismo vasco y al régimen de partido establecido por el PNV, así como al terror de ETA y su entorno. Todo un capital político, social, cultural y humano, realmente.

Pero, no obstante el enorme esfuerzo desplegado y las energías empleadas, encontramos la paradoja de que muchos de quienes ocuparon en su día la primera fila de este movimiento, ya no viven en el País Vasco o se han apartado del mismo, más o menos discretamente. Sin duda, el fracaso electoral que en su día no pudo llevar a la lehendakaritza a Jaime Mayor Oreja y la eliminación de Nicolás Redondo Terreros de la dirección del PSE-PSOE, cobraron un caro peaje personal y político.

            Pero este plural movimiento, a pesar de todo, y especialmente todas esas mujeres extraordinarias que hemos venido mencionando, ¡ahí siguen!, recordándonos que también la política debe estar iluminada por ineludibles exigencias éticas; y más hoy cuando se habla alegremente de negociación, diálogo, ofertas de paz, reactivación del plan Ibarretxe, del Plan López, de la asociación entre el proyecto de Estatut y la resolución del “conflicto vasco”.

Reflexiones finales.

En definitiva, la naturaleza de este complejo movimiento  es inicialmente reactiva, pues viene definida por su origen, es decir, es producto de una sana y necesaria reacción social frente a una clamorosa injusticia histórica y a la renuncia de sus obligaciones por los poderes públicos. No obstante, conscientes de este origen, se han esforzado por imaginar y lanzar diversas actuaciones sociales y mediáticas, tomando la iniciativa con análisis y convocatorias de naturaleza propositiva.

            Estos movimientos también han sido semilleros de numerosos líderes sociales y de algunas cualificadas vocaciones políticas. Así, el polémico Javier Madrazo (actual socio del Gobierno Vasco por Izquierda Unida) procede de Gesto por la Paz, al igual que Maite Mur, concejal del ayuntamiento de Pamplona por UPN. En Foro de Ermua recaló Ernesto Ladrón de Guevara, uno de los últimos y valerosos líderes de la desaparecida Unidad Alavesa. Igualmente son numerosos los familiares de víctimas del terrorismo que se han incorporado a la vida pública. Es el caso, entre otros, de Javier Caballero (hijo del concejal pamplonés de UPN, asesinado por ETA, Tomás Caballero), actual Consejero de Presidencia, Justicia e Interior del Gobierno de Navarra por UPN.

            Sin embargo, existe un campo de vital importancia donde apenas se han dado pasos al respecto. Es el campo de la educación, si bien, Gesto por la Paz ha intuido esa importancia; al igual que la joven Fundación por la Libertad, al menos en un nivel teórico. Así como al movimiento de recuperación del euskera le siguió el movimiento de las ikastolas, de momento no existe un fenómeno análogo en la línea de las propuestas cívicas de estos movimientos que, sin duda, han constituido por otra parte un interesante tejido social, de mayor penetración en las grandes ciudades del País Vasco que en las pequeñas localidades de medios más rurales.

            Sí se han dado algunos pasos en las universidades vascas, de la mano de profesores que valerosamente han denunciado la violencia cotidiana etarra, el apoyo académico dado a los presos de ETA, etc. En ese sentido, la concejal del PSE-PSOE de Getxo, Gotzone Mora, ha sido una figura modélica. Pero, por el contrario, la política educativa desarrollada por el Gobierno vasco, durante muchos años, ha supuesto que miles de docentes hayan abandonado el País Vasco, por no encajar en los planes lingüísticos y pedagógicos del gobierno del PNV, y su sustitución por un profesorado afín o resignado. En cualquier caso, es el terreno de la educación donde, con vocación de futuro, deberán volcar sus esfuerzos y su imaginación estas entidades, como lógica prolongación de su trabajo intelectual y social. Ese ámbito constituye el privilegiado entorno social donde un nuevo modelo humano puede proporcionar a la juventud vasca un estilo de vida distinto, basado en unos principios de construcción y colaboración social, que huya de la violencia y del totalitarismo.

            Otro entorno social y geográfico, donde apenas han podido incidir estos novedosos movimientos sociales vascos, ya lo mencionábamos antes, es el de los pequeños pueblos del interior, cotos cerrados del nacionalismo radical donde los constitucionalistas viven –prácticamente- en la clandestinidad, en las catacumbas, sin que sea posible expresión alguna, pública o privada, de su identidad.

            Desde los medios de comunicación, de forma progresiva y con evidentes muestras de simpatía, se han ido acogiendo las iniciativas y denuncias de este plural movimiento cívico. También, los grandes partidos políticos constitucionalistas han tomado conciencia de la novedad y potencialidad de cambio y transformación de este movimiento, en su momento, imprevisible. Sin embargo, de la actitud de los partidos políticos puede surgir un riesgo: el intento, consciente o no, de instrumentalización del movimiento en aras de intereses  de partido a corto plazo. Ahí deberán ejercer, sus líderes políticos, un ejercicio de responsabilidad histórica, facilitando el libre desarrollo de estos movimientos, su pluralismo, su frescura y capacidad de iniciativa, su crecimiento. Posibilitar, impulsar; nunca ahogar. Es una oportunidad que no pueden desaprovechar; pero que el “buenismo” de Rodríguez Zapatero no parece haber valorado suficientemente.

            Resumamos: apoyo a las víctimas de ETA y reconocimiento de su memoria, movilización ciudadana y recuperación de la calle, construcción de un movimiento pacifista, movilización de intelectuales y elaboración de un pensamiento articulado, salto a la política partidaria de vocaciones allí alimentadas, iniciativa política y participación decidida en los medios de comunicación. Esa es la faceta positiva de esta pujante realidad social; tales son las herramientas enarboladas por estos modélicos colectivos y asociaciones nacidas y desarrolladas a pesar de la presión totalitaria del PNV y el régimen de partido organizado desde el Gobierno vasco y las instituciones públicas que controla.

También hemos visto algunas de sus dificultades y de sus riesgos: su escasa penetración en los pueblos pequeños; el acoso sufrido que ha llevado al exilio a muchos de sus impulsores; la inexistencia de un tejido docente específico y de un movimiento pedagógico que eduque a las nuevas generaciones en los valores impulsados por estas entidades que permita un País Vasco en paz, articulado armoniosamente con el resto de España en el marco de la nueva Europa.

            No obstante, la mayor dificultad existente en el horizonte de este movimiento y del resto de la nación española en la actualidad, es la errática, claudicante e ingenua política seguida por el presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Desde la debilidad y la ausencia de una estrategia realista y documentada no se pueden afrontar el reto del terrorismo ni, en consecuencia, apoyar y valorar adecuadamente a quienes se juegan la piel a diario. Pero la valoración del papel jugado por este Gobierno ya excede este texto que, ante todo, pretende ser un modesto homenaje a tantas víctimas y personas entregadas a su ideal.
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