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Foro El Salvador

Por la convivencia en Euskadi.

Foro de El Salvador.2002.

El acoso antidemocrático sufrido por nuestro presidente y la necesidad de salvaguardar su seguridad han logrado retrasar la publicación de este comunicado. Dicho retraso tiene un aspecto positivo: cesada la polémica creada por el documento “Preparar la Paz” de los obispos de las diócesis vascas y el ruido que podía desviar la atención de los verdaderos conceptos y valores en juego, podemos pronunciarnos hoy sobre él tras someterlo a una reflexión contrastada que se entienda como una aportación al texto anunciado por la Conferencia Episcopal Española para cerrar las heridas abiertas por la pastoral del 29 de mayo.

Con el dictamen de autogobierno aprobado el 12 de julio en el Parlamento vasco que descalifica al estatuto de Autonomía, los nacionalistas han lanzado su mayor reto a la democracia de la cual emana la legitimidad de esa cámara ahora cuestionada por dicho dictamen. Para ese reto el nacionalismo movilizó a todos los sectores sociales sobre los que ejerce su control como hizo en Lizarra: sindicatos, medios de comunicación, sectores eclesiásticos... A la luz de estos hechos la Pastoral cobra un significado más grave que el que se le suponía pues avala ese órdago a la legitimidad constitucional en el punto que reclama una nueva “fórmula de convivencia” y que pasó desapercibido por la actualidad que tenía su rechazo a la Ley de Partidos.

La Iglesia no debe ser una pieza en el engranaje del programa soberanista y excluyente del nacionalismo ni tampoco un factor dramatizador y desestabilizador de la vida política. La Pastoral ahondaba en la división de la comunidad vasca y abría una brecha entre ésta y el resto de la sociedad española. Contra lo que afirmaba, el problema en Euskadi no está en la “fórmula de convivencia” sino en quienes no respetan dicha fórmula que ya nos dimos con la Constitución y el Estatuto.

No basta con que la Iglesia condene los crímenes de ETA. Es preciso ir a su raíz para que la condena sea eficaz, condenar la ideología antidemocrática y anticristiana que los inspira así como a las personas y grupos que promueven o disfrazan esos crímenes y comparten esa ideología. Todas las ideas y proyectos no merecen el respeto de la ley. El siglo que dejamos atrás quedó desgarrado por ideas y proyectos indignos de respeto como por hombres que debían ser juzgados y condenados. Las ideas de Hitler y Stalin llevaron la desgracia a millones de seres. El origen de tales tragedias está en anteponer a la frágil vida del ser humano ya sus derechos individuales abstracciones como la nación, el pueblo, la clase social, la tierra o la etnia.

Basada necesariamente en una de esas deshumanizadas abstracciones, la autodeterminación no es derecho humano como se ha pretendido no pocas veces desde medios eclesiásticos. No lo es porque no tiene al ser humano individual como único sujeto de derecho. Es una recomendación de la ONU muy posterior a la Carta Universal y ceñida a casos de invasión y colonialismo entre los que no se incluye el vasco donde no hay una nación ni un estado preexistentes y abolidos por la fuerza.

La Ley de Partidos no debe valorarse –como se hizo con la Pastoral- en función de “algunas consecuencias sombrías” que preveía “como solamente probables y que, sean cuales fueren las relaciones existentes entre Batasuna y ETA, deberían ser evitadas”. Tal valoración va en contra el Derecho, la civilización, la cordura y los principios éticos más elementales. La misión de la Iglesia no es eximir a Caín de la justicia humana sino recordarle que su crimen reclama el juicio de Dios que dijo: “La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra”.

El acercamiento de los presos de ETA al País Vasco no es un derecho humano. Ni algo aconsejable, como supone la Pastoral, sino cuestionable según las más contrastadas fuentes del Derecho Internacional. La Ley deja tal cuestión a criterio de la entidad judicial penitenciaria y según convenga a la reinserción del preso. Acercar a un asesino convicto a una familia que le anima a reafirmarse en el delito no es una opción acorde con la justicia ni con el Evangelio. Y los presos tienen derecho a la dispersión que los aleje de un entorno favorable al crimen así como las víctimas a que se cumplan las leyes. La misión de la Iglesia es llevar la ley del amor a los que quebrantaron la ley humana y el Quinto Mandamiento, que prohíbe matar. Es despertar el arrepentimiento en ellos y en esas madres que pasean orgullosas sus fotos por las calles como si fueran héroes.

Denunciamos el chantaje y la burla sangrantes que contenía la alusión del texto a “los más débiles, los amenazados” fingiendo temer que, con la Ley de partidos, su “seguridad se vuelva, lamentablemente, más precaria”. Pedimos para los damnificados por el terrorismo un amor que no excluya el respeto. A ellos volvemos los ojos compartiendo su dolor pues esa Pastoral no sólo abrió una brecha en la ciudadanía creyente sino reabrió la herida de las víctimas y del Cristo que dijo: “Cuanto hagáis a uno de mis pequeños a mí me lo hacéis”. El del Estado de Derecho es nuestro irremplazable “marco de convivencia” al cual debe dar un mayor sentido, y no borrar el que ya tiene, la vivencia de la fe.
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