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Foro El Salvador

Entrevista con Jaime Larrinaga, sacerdote vasco amenazado por ETA: “A mí, que tengo los veinte primeros apellidos vascos, me acusan de antivasco”.

Jaime Larrínaga (1940) tuvo que dejar su tierra, el País Vasco, después de que su nombre apareciera en papeles de ETA. Sin miedo, pide justicia para las víctimas. Su pecado, dice, es no ser “imparcial”, porque afirma que ante las víctimas y los terroristas no puede serlo. Su penitencia, tener que dejar su tierra, el País Vasco. Primero, su nombre apareció en algunos medios de comunicación; después, en papeles de ETA. Entonces, llegó la escolta y, finalmente, el exilio.

Pero el precio ha sido mucho más alto...

Fui el párroco de Maruri durante 35 años y, desde que empezó a pasar todo esto, el cincuenta por ciento de la población me dio la espalda. Incluso amigos míos... Hubo gente que me vino llorando y pidiéndome perdón porque no podía venir a la misa, puesto que, en caso contrario, podrían tener problemas.

Vaya decepción.

Sufrí mucho. Podría haber aguantado allí con escolta, pero en agosto de 2003 decidí dejar la parroquia porque los feligreses que venían eran casi héroes o mártires. A las personas que venían a mi parroquia se les consideraba antivascos.

Toda una lección de cómo somos los humanos ante determinadas situaciones, ¿no?

Bueno, vi la miseria humana a la que conduce el nacionalismo, que entiendo que es algo irracional. Y en esa irracionalidad están los motivos por los que ha matado ETA.

En Zaragoza, precisamente, ha presentado un libro -del que es coautor- sobre “mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas” ante la “tregua” de ETA. Cuénteme cómo ve este alto el fuego.

En el libro escribimos varias personas con la intención de que se abra un debate en la sociedad sobre la actual situación política. Entiendo que el pueblo no sólo debe ser soberano cada cuatro años. Cuando se toma una decisión importante, como es negociar con los terroristas, el pueblo también debe tener derecho a decidir.

Pero se intenta lograr el fin de la violencia.

Entiendo que a esta situación se le ha mal llamado “proceso de paz”, porque aquí no ha habido dos bandos. Sólo ha habido uno que mataba y, el otro, sólo ponía los muertos.

Y ¿qué propone?

Que se escuche a la ciudadanía. Ha habido manifestaciones multitudinarias para pedir que no se negocie con ETA y el Gobierno está obligado a escuchar ese clamor... No sólo se tiene que pactar con los nacionalistas porque ellos se benefician de los logros que a través de la violencia consigue ETA. Si se va a hablar con los terroristas, que se disuelvan las Cortes, se convoquen elecciones y se lleve esa opción en un programa electoral. No se puede negociar con los terroristas en un país donde hay democracia.

Ningún Gobierno, con sus respectivas medidas, ha tenido éxito en su intento de acabar con ETA. Si la vía actual tampoco vale, según su criterio, ¿que solución vería adecuada?

Aplicar la ley. En los dos últimos años, la banda terrorista estaba ya en las últimas. Con Batasuna ilegalizada, sin representantes en las instituciones... Porque para que haya una auténtica paz tiene que haber justicia. Si no, ¿qué se tendrá, la paz de Azcoitia, donde un asesino tiene una tienda junto a la viuda del hombre al que mató? No. Tiene que haber verdadera justicia.

Usted cuenta siempre que su “pecado” ha sido ser parcial...

Sí, digo que mi pecado es no ser imparcial porque ante la víctima y el terrorista no puedo serlo, estoy de parte de las víctimas porque Dios, en el que creo, toma partido por los pobres y los indefensos. Yo entiendo que en elPaís Vasco no hay más pobre y más indefenso que las víctimas del terrorismo.

En el País Vasco, desde el púlpito también se ha influido en esta cuestión.

Nosotros, en 1999, fundamos el Foro El Salvador que, entre otras cosas, denuncia la hegemonía del nacionalismo vasco en la Iglesia vasca y nosotros creíamos que debía vaciarse de ese virus.

¿Virus?

Sí, el virus del nacionalismo, que es una cosa irracional. De hecho, todo mi problema empezó porque yo critiqué a ETA y al nacionalismo excluyente y a mí, que tengo los 20 primeros apellidos vascos y hablo el vascuence, si voy allí, me dicen que soy antivasco. Y todo porque no coincides con su mismo nacionalismo. Y repito lo del virus, porque los terroristas se hacen, no nacen. Allí todo se juzga bajo el mismo prisma: el del nacionalismo.

Pilar Estopiñá

Heraldo de Aragón, 6 de julio de 2006

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