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La bomba de ETA y la conspiración del 11M

La bomba de ETA y la conspiración del 11M

Lo que nos faltaba. Mientras crece el desconcierto y la confusión en torno a la actitud del PSOE y del Gobierno de Zapatero tras el atentado de ETA en Madrid del pasado 30 de diciembre, la Sala Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional ha decidido que se realice una nueva investigación sobre los explosivos utilizados en la masacre madrileña del 11 de marzo del 2004 y ha citado como testigos —entre los ¡cerca de 600 convocados!— a los etarras Parot, Vidal y Badillo, estos dos últimos relacionados con la furgoneta de ETA capturada en Cuenca que transportaba explosivos once días antes de la masacre de Atocha, dos decisiones que habían sido obviadas hasta ahora por el juez instructor del caso, Del Olmo, y que se van a incorporar al juicio del 11M una vez que el juez Gómez Bermúdez ha sido ratificado por tercera vez como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, tras dos recusaciones del Tribunal Supremo.

 

Estas decisiones del tribunal que juzgará la masacre de Atocha del 11M, aunque por el momento no prejuzgan nada, va a servir para excitar los ánimos políticos y mediáticos de quienes, como Acebes y Zaplana en el PP —y Aznar desde FAES— o El Mundo y la COPE, llevan ya mucho tiempo agitando el fantasma de una conspiración política y policial, y de extraños servicios secretos, en torno al atentado del 11M, para desmentir la exclusiva autoría islámica de la masacre e implicar a ETA en los atentados. Algo que tanto el Gobierno, el PSOE y los medios próximos al presidente Zapatero como el diario El País y la cadena SER habían desmentido reiteradas veces y, con motivo del atentado de ETA en Barajas, dado por definitivamente eliminado como hipótesis porque algunos de los padrinos de la teoría conspirativa habían sugerido que el proceso de negociación con ETA, y la predisposición inicial de la banda, pretendía entre otras cosas echar tierra sobre la presunta colaboración de ETA en la masacre del 11M. A juicio del Gobierno y de su entorno político y mediático, la bomba de ETA en Barajas desmentía esta versión y la propia teoría conspirativa.

 

La pregunta inmediata que ahora aparece en medio de lo que se anuncia, para empezar, como una nueva bronca mediática sobre la pretendida conspiración del 11M es si el PP, con Rajoy a la cabeza, o por impulso de Acebes y Zaplana, que han llevado una y otra vez al Congreso de los Diputados la citada conspiración, se va a limitar a esperar a ver qué ocurre en el juicio y si existe algún indicio mayor o prueba que permita ligar a ETA a los atentados del 2004 o si, por el contrario, se van a sumar desde ahora a la bronca de corte político y mediático que va a liderar el diario El Mundo, tal y como lo exigirán el director de esta publicación, Pedro J. Ramírez, y el gran agitador de la COPE, Federico Jiménez, a sus más allegados dirigentes del PP, los citados Zaplana y Acebes, más la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que ha apoyado a fondo la teoría conspirativa y que les puso al servicio de la misma los principales programas de Telemadrid.

 

La segunda cuestión que se plantea es la de hasta qué punto el PP y sus publicistas más aguerridos van a meter todo este lío de la conspiración del 11M en la campaña de las elecciones municipales y autonómicas de la primavera, que ya están a la vista, y en las que sin lugar a dudas ya iba a estar presente la bomba de ETA del 30D en Barajas, el empeño del presidente Zapatero de mantener abierta la esperanza de diálogo con ETA y el aislamiento del PP frente al que pretende ser un nuevo pacto antiterrorista, en el que la relación del PSOE con el PNV que lidera Imaz, pero que ha “secuestrado” Ibarretxe, parece el primer objetivo del palacio de la Moncloa, una vez que han decidido que el Pacto Antiterrorista del año 2000 firmado con el PP está obsoleto y no es operativo en las circunstancias actuales.

 

Si a todo ello añadimos el debate político/judicial sobre la situación del etarra De Juana Chaos; la disparatada decisión del PSOE de impedir que el PP pueda proponer, debatir y votar en el Parlamento sus iniciativas contra ETA para solicitar la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas; la decisión de Ibarretxe —amparada por el fiscal Pumpido— de reunirse como ha hecho con Otegi a pesar de estar imputado por una reunión anterior y Otegi ahora procesado; y el anuncio, un tanto demencial, hecho por José Blanco de que la nueva política antiterrorista del Gobierno será “secreta” (sic). Si unimos todo esto y las novedades procesales por el 11M veremos que el escenario político, mediático y preelectoral que se nos presenta anuncia cotas de alta crispación y enfrentamiento político que veremos adónde conducen y cómo acaban.

 

Y a no perder de vista la escalada sin control, ante las narices tapadas y los ojos ciegos del Gobierno vasco; incluso la posibilidad de que ETA vuelva a hacer acto de presencia con un nuevo atentado, asunto que tiene muy preocupado al Gobierno, y por ello todas las actuaciones judiciales y sanitarias que se están llevando a cabo para impedir que el etarra De Juana Chaos muera como consecuencia de su huelga de hambre. Como de ahí también la utilización de Ibarretxe por Zapatero para que haga de correo intermediario entre el Gobierno y Batasuna/ETA, o la falta de respuesta policial inmediata a la bomba de Barajas y, por supuesto, la negativa del Gobierno a rehacer sus relaciones con el PP.

 

Estamos en un momento político crucial, muy complicado para el Gobierno, y también ante un test de prudencia para la oposición, aunque mucho nos tememos que, visto lo ocurrido con el debate parlamentario sobre la bomba de Barajas, y el aislamiento del PP y de Rajoy que propicia el Gobierno, el PP irá a por todas en línea con el discurso de Rajoy, y el PSOE hará lo mismo. A la espera unos y otros de que los ciudadanos que van a ser convocados a las urnas locales y autonómicas de mayo den su veredicto en unos comicios en los que posiblemente se hablará de todo menos de los asuntos propios de los ayuntamientos y la Comunidades que entran en liza. La culpa de este choque frontal que se percibe en el horizonte la tienen los dos, y especialmente el Gobierno que, tras la bomba de ETA que destrozo su famoso proceso de paz, ha sido incapaz de rectificar.

 

Pablo Sebastián

Estrella Digital, 24 de enero de 2007

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