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La pedagogía que el caso De Juana requiere

La pedagogía que el caso De Juana requiere

Desde el primer momento el Gobierno quiso “hacer pedagogía”. El mismo jueves 1 de marzo, cuando De Juana viajaba hacia San Sebastián, Rubalcaba compareció ante los medios para argumentar que la pena atenuada para el etarra era una medida legal y de carácter humanitario. No era –argumentaba el ministro del Interior con un razonamiento que luego retomó el propio Zapatero- una muestra debilidad sino de la firmeza de un Estado de Derecho que defiende la vida.

 

Como el razonamiento “no llegaba” y como crecía la indignación en un buen sector de la opinión pública, al día siguiente De la Vega se empleaba a fondo tras la rueda de prensa del Consejo de Ministros: “Queremos trasladar a los ciudadanos nuestra profunda comprensión por la incertidumbre que genera la decisión y el respeto por las críticas”. ¡¡Pero si la incertidumbre es precisamente la única reacción que el cambio del régimen penitenciario de De Juana no ha provocado!! Tristeza, desolación, deseo de apoyar a Zapatero entre los que quieren reabrir el proceso de negociación con ETA... Todo menos incertidumbre.

 

Después de dos meses de una confusión que viene de largo, incrementada tras el atentado de la T4, una certeza se ha impuesto con una fuerza no muy habitual en la vida pública. Para comprender lo que ha sucedido quizás convenga recordar a Tomás de Aquino cuando explicaba que el deseo es el movimiento afectivo de la sensibilidad hacia un bien ausente. La prisión atenuada para el etarra ha despertado el deseo social porque ha convertido la justicia en ese bien ausente. Lo que hasta ese momento eran discursos más o menos abstractos sobre la conveniencia de construir la paz haciendo concesiones, se materializa de pronto en la cesión ante un etarra con 25 asesinatos a las espaldas, que no se arrepiente y que le ha echado un pulso al Gobierno. Ya no estamos hablando de ideas sino de un hecho concreto: un asesino condenado que sale por su propio pie de la ambulancia que le traslada al País Vasco. Y el hecho, en muchos de los que conservan una elemental exigencia de que “a cada uno se le dé lo suyo”, tumba los discursos y dispara la certeza: “no es esto, no esto”.

 

El Gobierno intuye que ha tocado esa fibra de la que está hecha la resistencia al poder e intenta jugar con dos bazas para recuperar el terreno perdido. Una es el tiempo. Zapatero está convencido de que, antes de concurrir a las urnas, será capaz de arrancarle a ETA algún avance significativo en lo que denomina la paz. Cree estar seguro (a pesar del atentado de la T4) de que los terroristas siempre le preferirán a él antes que al PP. Y la segunda baza es la de la “explicación”. Zapatero está convencido de que al deseo despertado por una justicia ausente puede superponer una “interpretación adecuada”. En un país caliente como España, el Gobierno pretende situar la reacción de la mayor parte de la opinión publica en el plano de las emociones y de los sentimientos, siempre relativos, y confía en que sea dominado por el plano “del conocimiento” (llega a decir en Marruecos que la verdad se acabará sabiendo). Zapatero se sitúa en un plano superior (muy gnóstico todo) en el que la difícil decisión se entiende, se justifica y luego se explica. De ahí la obsesión de Rubalcaba por la didáctica sobre la política penitenciaria.

 

La batalla precisamente está en recuperar el significado positivo de esos sentimientos, que no son una mera reacción pasional de gente sin cultura política, gente que no entiende “cómo funciona la historia”. Esos sentimientos están subrayando que un valor tan importante como la justicia está siendo negado. España no necesita una “pedagogía” que instrumentalice o relativice las emociones suscitadas por De Juana, la “pedagogía” que requiere es la que puede transformar el deseo despertado en un impulso estable y racional para construir una sociedad justa en la que el fin de la violencia no sea fruto de la claudicación. Éste es el empeño que merece la pena; enredarse en el “y tú más” del Gobierno es hacer el juego a una dinámica de acción-reacción que solidifica los bloques y da al traste con el país.

 

Fernando De Haro

Páginas Digital, 7 de marzo de 2007

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