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Los «Sin tierra» se pasan a Comunión y Liberación

Los «Sin tierra» se pasan a Comunión y Liberación

Más de 50.000 miembros del movimiento brasileño piden incorporarse en bloque a Comunión y Liberación. “Queremos servir a la Iglesia desde este carisma”, afirman

 

Los «Sin tierra», el movimiento reivindicativo brasileño, toma una impronta cristiana para defender a los más pobres.

 

«Nosotros, que pertenecemos al movimiento ?Sem Terra? de São Paulo, queremos confiarnos a Comunión y Liberación. Aquí hemos encontrado todo lo que necesitábamos. Éste es el momento más importante de nuestra historia». La solemne declaración retumbó en la atestada catedral de la ciudad brasileña. La formuló hace unos días el matrimonio formado por Cleuza Ramos y Marcos Zerbini, que habían fundado el movimiento de los depauperados brasileños allá por 1986. Con ella, confirmaban del deseo de los «Sin tierra» de engrosar las filas de Comunión y Liberación, el movimiento católico iniciado en Italia por monseñor Luigi Giussani.

Recibidos en la Iglesia

Afuera del templo caía un intenso aguacero. «Quizás Dios nos envíe esta lluvia insistente para que algunos de vosotros, al entrar en la catedral, os sintáis ?dentro? de la Iglesia», afirmó radiante el arzobispo de São Paulo, cardenal Odilio Scherer, a las miles de personas que, por una vez, sí tenían techo para cobijarse. «Hemos sido testigos atónitos del hecho», afirmaba el presidente de Comunión y Liberación, el sacerdote español Julián Carrón, tras la masiva incorporación. Durante la ceremonia en la catedral de São Paulo, Cleuza Ramos le dijo a Carrón: «Hoy no hay ya dos caminos: existe uno sólo. Hoy, los ?Sin tierra? se unen a Comunión y Liberación. Nuestro movimiento quiere servir a la Iglesia conforme al carisma de Comunión y Liberación».

Hay que remontarse a 1986 para ver los albores de los «Sin tierra». El matrimonio Zerbini compró, junto con 18 familias, un solar que dividieron para constrir casas. Era apenas el principio de la aventura: en la actualidad cuentan con 14 complejos construidos que albergan a 12.500 familias. Pero faltaba algo en este primer proyecto: el centro de salud más cercano se encontraba a 18 kilómetros. «Teníamos cerca la facultad de Medicina de la Universidad Federal de São Paulo. Fuimos a hablar con el Rector y nos prometió un médico y una enfermera. Seis meses después me llamaron para presentarme al médico: el doctor Alexandre», explica Cleuza. Se trataba de un miembro de CyL, «y fue surgiendo entre nosotros tres una amistad». Más tarde le confesó a su marido su insatisfacción: «Hemos ayudado a este pueblo y, sin embargo, no ha nacido ninguna comunidad cristiana». Decidieron, entonces, incorporarse a CyL. «Ya no quiero hacer casas. Ahora quiero construir la Iglesia», asegura.

 

Álex Navajas

Fe Y Razón, 11 de mayo de 2008

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