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Foro El Salvador

El FORO DE ERMUA se opone frontalmente al contenido de la Ley sobre el prerreferendum de Ibarretxe, por ser absolutamente inconciliable con nuestro Orden Constitucional, y por pretender con él que los partidos vascos se adhieran a sus objetivos secesionistas, llegado el caso bajo la amenaza de ETA, ignorando a aquella parte de la sociedad vasca, presente o exiliada, que no comparte la locura sabiniana.

El FORO DE ERMUA se opone frontalmente al contenido de la Ley sobre el prerreferendum de Ibarretxe, por ser absolutamente inconciliable con nuestro Orden Constitucional, y por pretender con él que los partidos vascos se adhieran a sus objetivos secesionistas, llegado el caso bajo la amenaza de ETA, ignorando a aquella parte de la sociedad vasca, presente o exiliada, que no comparte la locura sabiniana.

 

Ante la puesta en escena del proyecto de Ley por el que el Gobierno vasco pretende poner en marcha su prerreferendum y el conocimiento público de las dos preguntas protagonistas de esa consulta, el FORO ERMUA quiere manifestar a la opinión pública española su más absoluto y radical rechazo.

 

A nuestro juicio son tres las claves que permiten descifrar el significado verdadero de esta última actuación nacionalista:

 

Primera: Las trampas del lenguaje. Nada hay más antidemocrático que actuar al margen de una legalidad constitucional instaurada democráticamente por el pueblo español: pues ese supuesto acuerdo democrático -- del que previamente quedan excluidos quienes en el País Vasco no son nacionalistas, o los vascos que han tenido que abandonar su tierra por la misma causa y, por supuesto, el resto de los españoles a los que corresponde decidir qué es España -- pretende concluir en algo diametralmente opuesto a la Constitución, que en ningún caso ampara ese supuesto derecho a la autodeterminación de ninguna parte de la población española.

 

Segunda: La ambigüedad calculada. Lo que la segunda pregunta de ese prerreferendum entraña es que pura y simplemente se firme un “acuerdo” que sólo pueda tener por contenido y fin la afirmación del derecho de autodeterminación. No se trata de negociar para discutir si procede o no afirmar y pedir tal derecho. No es por tanto un proceso de negociación, sino de adhesión a un objetivo ya previamente determinado. Y cuando lo que se pide es una simple adhesión, automáticamente se está rebajando la posición de quien se adhiere respecto de la quien establece ese objetivo, se está definiendo un reparto de poderes no igualitario en el que, en este caso, los partidos nacionalistas o los que asumen sus planteamientos gozan de una situación de superioridad.

 

Tercera: La amenaza. ¿Cómo se consigue esa adhesión?. En algunos casos con la expectativa de golosos beneficios políticos o económicos. En otros, con las consecuencias funestas que derivan de la primera de las preguntas, y que nos conduce directamente a la “tercera pregunta” que ayer manifestamos a los medios: ¿Porqué ETA no ha matado nunca a un político nacionalista? Pregunta que evidentemente nos lleva inmediatamente a otra: ¿Porqué ETA sólo mata (cuando mata políticos, dado que la mayoría de sus víctimas no lo eran) políticos no nacionalistas? Esa primera pregunta del prerreferendum sobre la negociación con ETA es una funesta herencia de la política del Sr. Zapatero en la pasada legislatura ahora empleada por Ibarretxe con un grado de cinismo insuperable. Pero lo que ahora queremos resaltar es que esa pregunta no está vinculada a la segunda, en el sentido de que no se condiciona la formación de ese acuerdo para la autodeterminación a la obtención de ese “final dialogado de la violencia” (donde propiamente estaría la verdadera negociación cuyo contenido no se quiere hacer público). Pase lo que pase con esa última versión de la “tregua”, el acuerdo para la autodeterminación y la convocatoria del referendum siguen su calendario. Y en consecuencia, la amenaza de ETA, cuyos frutos tan bien sabe recoger el PNV, sigue latente y se convierte en un útil instrumento para la necesaria adhesión.

 

Todo esto no dejaría de ser un lastimoso y pobre ejercicio de maquiavelismo político de no ser que la letra de ese ensayo está escrita con tanta sangre. Ni la memoria de las víctimas, ni los ideales y valores de la sociedad española, perfectamente encarnados por nuestra Constitución, consienten esta aberración.

 

Bilbao, 30 de mayo de 2008

 

 

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