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En memoria de Gregorio Ordóñez. Palabras para Ana. Por María San Gil

En memoria de Gregorio Ordóñez. Palabras para Ana. Por María San Gil

Deberíamos aspirar a una sociedad liderada por unos políticos que no fueran comodones ni desmemoriados, que defendieran la figura de Gregorio y se identificaran con él

“Gregorio Ordóñez trabajó en el Ayuntamiento de San Sebastián desde la honradez y el coraje; diecisiete años después, gobiernan quienes todavía hoy no han condenado su asesinato”. Este es  parte del texto de la  esquela que el pasado 20 de enero la Fundación Gregorio Ordóñez insertó en un periódico donostiarra.

 

Ana Iríbar, la viuda de Gregorio, preside la Fundación y quiero aprovechar la oportunidad que me brinda Libertad Digital para rendirle también a ella un sencillo homenaje.

 

No es fácil ser la viuda de alguien tan emblemático, tan especial como Gregorio. No es fácil tampoco criar a un hijo sola en una ciudad desconocida. No es fácil empezar una nueva vida desgarrada por el dolor y sabiendo que para una gran parte de la sociedad siempre serás la viuda de Gregorio. Y no es nada fácil, y menos en los tiempos que corren, seguir dando testimonio de lo que Gregorio representaba y defendía.

 

Ana, al frente de la Fundación y con la ayuda inestimable del gerente, Pedro Altuna, ha mantenido durante estos 17 años el estandarte de la defensa de la libertad, de la derrota de ETA, de la coherencia política y de la honestidad personal. Sus declaraciones siempre han tenido el punto justo de exigencia y reclamación. Nunca intereses personales, políticos o partidistas la han convencido para renunciar a defender lo que su marido representaba. Fue capaz de pronunciar en el Parlamento Vasco, en el año 2008, un discurso demoledor contra Juan José Ibarretxe, denunciando su abulia en la derrota de ETA y su cinismo con las víctimas. No fue fácil pero no le tembló la voz. Sabía que si Gregorio hubiera estado vivo, es lo que hubiera denunciado cada día.

 

Y hoy, 23 de enero de 2012, quizá sea aún más difícil, porque una gran parte de la sociedad y casi toda la clase política viven voluntariamente aletargadas por el mantra de la paz, porque, a pesar de que ETA no ha renunciado a ninguna de sus exigencias, ni ha dado ni una sola muestra de arrepentimiento, existe una clara voluntad de pasar página, de meter en el baúl de los recuerdos a tantas víctimas y tanto dolor. Hoy, cuando se habla más de reconciliación que de justicia y nos preocupan más los supuestos derechos de los presos que conseguir que se esclarezcan todos los crímenes que todavía están sin resolver y, por lo tanto sin juzgar, hoy Ana, Consuelo y Pedro, hoy la Fundación Gregorio Ordóñez, ha vuelto a dar un ejemplo de dignidad al denunciar en la esquela el retroceso democrático que hemos vivido en todo el País Vasco y en especial en el Ayuntamiento de San Sebastián y en la Diputación de Guipúzcoa.

 

Garitano, Eizaguirre, Bildu, Amaiur y todas las demás marcas blancas de ETA deberían recibir de todos nosotros el más absoluto desprecio democrático, porque es lo que se merecen quienes no han hecho nada por derrotar a ETA, nada por consolar y reconfortar a las víctimas del terrorismo; más bien al contrario, no han condenado ni condenan la existencia ni la violencia de ETA, amparan a los asesinos, convierten las fiestas populares en escenarios reivindicativos de la indignidad ciudadana (gran acierto el de Consuelo, al afirmar en el Cementerio de Polloe que de lo único que merece ser Capital San Sebastián es de la indignidad), e intentan imponernos su modelo político de ruptura y división.

 

Hoy, 17 años después, además de matar a Gregorio y a otras 857 personas más, han derrotado a una sociedad que ha abandonado la firmeza de sus principios, las ganas de defender la libertad, de plantear una alternativa política basada en el Constitucionalismo, la defensa de España y la derrota de ETA.

 

Deberíamos aspirar a una sociedad liderada por unos políticos que no fueran comodones, flácidos ni desmemoriados; que defendieran la figura de Gregorio, que se identificaran plenamente con él y con su manera de entender la política, con su honestidad y coherencia en la defensa de unos principios que están muy por encima de lo políticamente correcto; unos políticos incapaces de brindar, bailar e incluso pactar con quienes, como muy bien dice la esquela, todavía ni siquiera han condenado el asesinato de Gregorio.

 

Por desgracia, muchos políticos en estos diecisiete años también han dejado de estar a la altura de las circunstancias, pero Ana y la Fundación crecen año a año en dignidad y reflejan con sus declaraciones y actos cómo era Gregorio. ¡Gracias por hacernos sentir que su herencia sigue viva!

 

María San Gil Noain, expresidenta del PP vasco, profesora de la Universidad Francisco de Vitoria, autora del libro En la mitad de mi vida (Planeta, 2011).

 

Libertad Digital, 24/01/12

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