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Interpol cuenta los votos que de verdad dan miedo al PNV; por Pascual Tamburri (Ruta norte)

Interpol cuenta los votos que de verdad dan miedo al PNV; por Pascual Tamburri (Ruta norte)

Las encuestas anuncian que la izquierda abertzale sobrepasará al PNV y tendría hoy más fuerza autonómica. Junto a eso, el PSOE se hunde y el PP no llega. ¿Es una democracia libre?

Los votos no dan el mismo miedo que dan los tiros, las bombas, los secuestros, el terrorismo callejero y la marginación social. Al fin y al cabo, son sólo votos, y hasta queda quien cree que por sí mismos son un síntoma indudable de libertad. Yo, quizá porque he nacido en Navarra, no llego tan lejos: hay circunstancias en las que existe una democracia formal en las instituciones pero partes enteras de la sociedad viven en el miedo, bajo la amenaza, en la marginación y, en definitiva, sin más libertad que la aparente.

Para que una libertad sea ficticia, formal, teatral, no hace ni siquiera falta que los asesinos estén asesinando. Basta con que la banda exista y su entorno social la apoye, porque conservará su capacidad de hacer daño (no sólo de matar), y por tanto de amenazar. Es decir, la capacidad de reducir la libertad a apariencia y de privar de plena legitimidad a cualquier consulta democrática. En realidad, sólo erradicada la banda y su entorno, y muchos años después de tal cosa si se han de sanar las heridas culturales y psicológicas, podrá haber una plena y verdadera libertad. Hasta entonces, en grandes partes de la sociedad y para ciertas cosas en toda ella, no habrá más libertad que la que queramos fingir que sentimos.

Durante décadas, y por uno de aquellos chalaneos ucederos, hemos fingido que en las tres provincias vascas y en Navarra había una plena democracia. Una ficción que ya se demostró cómoda pero contraproducente en la Transición y que ahora se vuelve contra sus autores y contra los antes amigos de éstos. A día de hoy, en la comunidad autónoma vasca, las encuestas anuncian una probable victoria electoral de la izquierda abertzale, es decir de ese conjunto humano al que todos identificamos con el permanente sostén "civil" de ETA, desde Herri Batasuna a Amaiur, con las incorporaciones, inclusive canónicas, que el viento a favor estimula. Los marxistas y abertzales pueden obtener una mayoría relativa en el parlamento vasco si se celebran elecciones anticipadas, adelantando en varios escaños al PNV aunque éste conservaría un mayor número de votos y su peso tradicional en Vizcaya.

Hace unas semanas el hasta ahora líder de Aralar, Patxi Zabaleta, equiparaba la posición política y social del PNV en el País Vasco a la de UPN en Navarra. Con todos los matices que se quiera, algo de razón tenía, puesto que con las encuestas en la mano también el partido de Yolanda Barcina conservaría su mayoría relativa a duras penas, y también en Navarra el resultado del relajamiento frente al terrorismo sería un avance electoral del voto simpatizante con ETA. Así que unos sacudieron el árbol y ahora Amaiur y Geroa Bai se disponen a recoger los frutos, lo que no se yo si es muy democrático. Lo que sí parece es que la ilusión por la victoria, que nació con Zapatero y sus bajezas, no decae en ese campo, ni deja mucho espacio para opciones menores o minorizadas como la Aralar primigenia o incluso los corresponsales en la zona de Izquierda Unida.

En este escenario, que es el que los grandes partidos están manejando en sus análisis, los partidos burgueses-regionalistas ganan sin triunfar, y necesitan aliados para conservar el Gobierno o para reconquistarlo. El avance batasuno pone en este sentido las cosas difíciles, lo que no dudo era objetivo de los que diseñaron la estrategia de la llamada tregua. O PNV y UPN aceptan gobiernos regionales apoyados o tolerados por Amaiur o ven cómo a su alrededor los posibles aliados alternativos se tambalean. En particular, el PSOE, tanto el vasco de Patxi López como el navarro de Roberto Jiménez, ve cómo su intención de voto en elecciones autonómicas disminuye hasta mínimos históricos, hasta hacer inclusive insuficiente su ayuda en una coalición electoral.

¿Y el PP? En Navarra, a día de hoy y a la espera de un Congreso Regional que no anuncia cambios drásticos en la gestión, la intención de voto sigue siendo muy inferior a las esperanzas, bien fundamentadas, que se despertaron con la refundación de 2008 y 2009; sería incluso inferior a los escaños obtenidos en 2011, y en todo caso insuficiente para ofrecer a UPN una alternativa a la alianza socialista. En cambio, sí sería posible una alianza de "progreso" entre todos los abertzales y los socialistas. En el País Vasco, aunque el PP crecería, dejaría a Antonio Basagoiti muy lejos de los más de 300.000 votos conseguidos por Jaime Mayor Oreja hace una década, e incluso por debajo de los resultados obtenidos por María San Gil. Según cómo viniesen dadas, la bajada socialista haría imposible una renovación del acuerdo López-Basagoiti, y colocaría al PNV como único posible acceso del PP vasco al poder. Suponiendo que el PNV quisiese. Claro que peor lo tiene el PP en Navarra, a no ser que cambie el paisaje profundamente.

Estoy seguro de que la gente del PNV quiere el fin de ETA. Pero igualmente estoy convencido de que no lo quieren a este precio: para ellos, el escenario ideal sería uno en el que la banda desapareciese, ellos quedasen como fuerza única o hegemónica del nacionalismo y los grupitos de sensibilidades de izquierda y extrema izquierda encontrasen su acomodo entre PSOE e IU, y si acaso fundando alguna pequeña capillita. Pero eso no se va a dar, y el PNV, que querría estar haciendo su política hablando en nombre de la región y recibiendo las reverencias de PP y PSOE, se encuentra emparejado con una coalición vertebrada por terroristas y exterroristas de formación, en muchos casos, marxista. El casi exdiputado de Amaiur, Iñaki Antigüedad, dijo el otro día que "nunca se me va a pasar por la cabeza pedirle a ETA la disolución", es decir que ni pide ni espera el fin de ETA, y lo justifica por "un montón de gente en la cárcel, una responsabilidad respecto a sus militantes presos". Está claro que la sensación general de crisis, unida a la ilusión que en muchos despierta Amaiur y a la transmisión del miedo y de la propaganda de éstos, creará dificultades a los grandes partidos nacionales. Pero antes y más, me temo, al mismo PNV. A no ser que, como algunos esperan, recapacite antes.

http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=121192&cod_aut=

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