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De víctimas del terrorismo

No me resigno (por Salvador Ulayar)

No me resigno (por Salvador Ulayar)

Los de siempre, han vuelto a pintar un insultante "Gora ETA"en la fachada de nuestra casa familiar en Echarri Aranaz, a cuya puerta el etarra Vicente Nazábal tiroteó a nuestro aita, Jesús Ulayar, que quedó tendido a mis pies, muerto. Ya ven, los “derrotados” siguen persiguiéndonos incluso después de matarnos. Y digo los de siempre porque las distintas caretas y marcas que ETA ha ido adoptando desde HB hasta hoy son un entramado -una hidra con sus múltiples cabezas- al que se nos quiere presentar como lisa y llanamente derrotado, cuando a la vista salta que, gracias a la traición del infausto Zapatero, a la que se sumaron primero el PNV y luego Mariano Rajoy como actores principales, hoy tiene más poder económico y político que nunca, exaltan a los asesinos y se carcajean de nuestros muertos.

Se regaló la legalización a la bestia cuando estaba al borde de su completa derrota. Así, se dio por buena la situación creada por el cóctel de asesinatos, acosos, amenazas, secuestros y extorsiones con la que los terroristas moldearon durante décadas el País Vasco y buena parte de Navarra, echando a sangre y fuego al rival político ciudadano del espacio público. De ese modo, solo había un discurso: el separatista. Gente normal -y cobarde-, en aquel ambiente opresivo, decidió conceder, callar, adaptarse, que es más fácil para vivir: así se han esculpido los resultados electorales. Aunque también extendieron sus más de 850 asesinatos por toda España para amedrentar al Estado. Por culpa de los matones -y de un Estado débil con demasiados políticos necios- nunca ha habido democracia en estos lares; y sí un claro beneficiarios de la circunstancia: el separatismo. Era evidente que unos cuantos años de ilegalización, para que el aire de la libertad corriese y nos saneara, eran paso obligado para intentar revertir la atrocidad, borrar la huella social de la bota liberticida.

Pero la referida indignidad de ZP y Rajoy en compañía del PNV, -¿recuerdan el “Mariano, no me fío de ti” de San Gil?- decidieron que ¡aire!, apaño y fin de la cuestión. Se encargó del remate el político Tribunal Constitucional. Y los cuatro tiros que mataron a Jesús Ulayar fueron legitimados políticamente. ZP, Rubalcaba, Rajoy y sus palmeros y arriolistas han derrotado a la Justicia; nos han traicionado y han mangoneado casi todas las asociaciones de víctimas, de modo que no se salen del folio en los pellizcos de monja que dicen alguna vez. No doy el poder de herirme a esos nazis que pintan una barbaridad en casa. Lo que me indigna y pudre la sangre es ser derrotado en 1979 a manos de la ETA y sufrir como hemos sufrido los Ulayar Mundiñano (como tantas otras víctimas) durante décadas esperando Memoria, Dignidad y Justicia para, finalmente, comprobar que nos han amordazado y derrotado nuevamente quienes suponíamos eran los nuestros: PSOE y PP, apañando con los matarifes. ¡Pero si Egiguren acaba de llamar a los presos de la ETA “soldados” y nadie le va a echar de su partido! A su juicio, ¿sería yo un soldado si cojo una pistola y me tomo venganza? No, sería un asesino, porque aquí no ha habido una guerra.

A pesar de que el resto de las esferas de mi existencia, gracias a Dios, giran en armonía, confieso que ésta, tan importante, la vivo cansado y a veces contamina a las demás; que la vida me queda larga, desde mi infancia, desde aquellos putos años del acoso hasta esta hora amarga del cinismo. Pero juro que no me resigno. Solo soy un granito en la playa y mi vida un día se extinguirá como una raya en el agua. Pero mientras tanto, y parafraseando a Primo Levi, proclamo que hay una libertad que jamás podrán quitar a un Ulayar Mundiñano: no otorgaré mi consentimiento, aita.


Diario de Navarra, 10/09/13

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Impulsada por las víctimas del terrorismo, la Audiencia Nacional localiza 347 causas de ETA sin resolver

Impulsada por las víctimas del terrorismo, la Audiencia Nacional localiza 347 causas de ETA sin resolver

EIG. Redacción. Vitoria. La Audiencia Nacional ha localizado 347 de las 349 causas de ETA que las asociaciones de víctimas denunciaron estaban sin terminar de resolver, según la Memoria de este tribunal de 2012, que refleja también que el pasado año fueron juzgados 141 miembros o colaboradores de la banda terrorista en 55 juicios.

La Memoria destaca el "importante esfuerzo de investigación" que ha supuesto la localización de esas 349 causas de las que a final de 2012 solo quedaban seis por localizar y este año la cifra se ha reducido a dos.

Entre estas causas se encontraba la del doble atentado en López de Hoyos, el 21 de junio 1993, en el que fallecieron siete personas, seis de ellas militares, reabierta la pasada semana poco antes de prescribir ante los "indicios lógicos" de la participación del exdirigente etarra Ignacio Miguel Gracia Arregi, "Iñaki de Rentería".

Para la reapertura de este procedimiento fue decisivo el testimonio aportado por Pablo Romero, hijo de una de las víctimas, al que después respaldó la Asociación Víctimas del Terrorismo en su petición a la Fiscalía de la Audiencia Nacional de reclamar que se reabriera el caso.

En cuanto a las causas que han seguido su curso, la cuatro secciones que componen la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional celebraron 55 juicios de ETA, una cifra similar a la de los celebrados tres años antes, en 2009, pero inferior a los 75 de 2011 y a los 65 de 2010.

Esta cifra se podría explicar por el descenso de la actividad terrorista, aunque muchos de los juicios celebrados tienen su origen en acciones violentas cometidas varios años atrás.

En todo caso, el pasado año fueron juzgadas 141 personas y de ellas, quienes más veces se sentaron en el banquillo fueron los miembros del "comando Otazua" -Daniel Pastor, Iñigo Zapirain y Beatriz Etxebarria-, que lo hicieron en cinco ocasiones, si bien los que acumularon mayores condenas fueron Andoni Otegi y Óscar Celarain, quienes, en tres juicios, fueron sentenciados a penas cercanas a los 900 años de prisión.

http://www.paisvasco-informacion.com/2013/06/impulsada-por-las-victimas-del.html

La calculada negligencia de ETA (de Euskadi Información Global)

La calculada negligencia de ETA (de Euskadi Información Global)

Uno de los últimos episodios dentro de la campaña que se realiza a favor de la rehabilitación y posterior glorificación de los criminales de ETA, ha sido la declaración de Garikoitz Aspiazu Rubina, "Txeroki" cuando al ser juzgado en París "lamentó" haber causado víctimas que "no tenían nada que ver con el conflicto". Es decir, si tuvieron "algo que ver", están bien muertas. El problema es que la banda no ha explicado cuál es su criterio para explicar qué entiende por "algo que ver", a fin de incluir a unos en una lista de la pena y el dolor, y al resto al cajón de los bien muertos.

Si preguntáramos a los simpatizantes de la Izquierda Patriótica o incluso a muchos ciudadanos vascos, ellos nos responderían que establecer la diferencia es sencilla. Desde siempre han afirmado, orgullosamente, que ETA no ha ejercido el terrorismo indiscriminado. Así, a un lado estarían los policías, militares, políticos, chivatos, traficantes de droga y, al otro lado de la línea, aquellos que "pasaban por allí" y casualmente fueron alcanzados por una bomba o una bala perdida. Sin embargo, cuando examinamos en detalle las listas de víctimas, por un lado nos encontramos que las "bajas colaterales" han sido sorprendentemente altas y por otro que la diferenciación entre víctimas relacionadas o no con el conflicto no está tan clara como pretenden los propagandistas de la banda asesina.

Por ejemplo, ETA llevó a cabo una campaña de enorme brutalidad contra jubilados de las FSE y Ejército. En total asesinaron a 31 personas que ya habían dejado de pertenecer a cuerpo armado alguno y que, por lo tanto, a efectos prácticos, eran civiles con una nula relación con el "conflicto". Además hubo casos verdaderamente asombrosos. Así a Luis Azcarraga Pérez-Caballero lo asesinan con 81 años y cuando ni tan siquiera residía en el País Vasco, a donde acudió en unas vacaciones.

El vizcaíno Francisco Díaz de Cerio es asesinado el 31 de enero de 1991 cuando abandonó la Guardia Civil en 1980 para trabajar de revisor de contadores de la luz de Iberduero. Con el guipuzcoano Ignacio Urrutia Bilbao, 74 años, que es asesinado el 28 de junio de 1990, la relación con "el conflicto" se remontaba nada menos que a 1975, cuando dejó el Ejercito, donde como teniente se había encargado de labores de construcción y electricidad.

Jamás la banda explicó porqué atacó a este colectivo y la única causa racional que encontramos es que buscaban engordar artificialmente la lista de bajas entre policías y militares "enemigos". Una pista de esto nos lo ofrece Iñaki Egaña que se ha ufanado de que la banda mató más generales que todos los que cayeron durante las guerras de la independencia americanas. El hecho de que compare la muerte en el campo de batalla con el tiro en la nuca a personas indefensas que salían de misa o paseaban tranquilamente por la calle, retrata perfectamente la calidad moral del señor Egaña, el cual se "olvida" de consignar que una cuarta parte de estos asesinados ya no estaba en activo.

Con los civiles, el "rigor" de la selección aun es menor y la actitud de ETA aun más escandalosa, si cabe.

Muchas personas fueron asesinadas acusadas de ser "confidentes" y "chivatos". La realidad es que prácticamente todas las víctimas por estas causas lo fueron durante los “años de plomo”. El perfil de la mayoría era habitantes de pequeñas y medianas localidades, que no habían ocultado sus ideas políticas alejadas del nacionalismo y/o mantenían unas normales relaciones de vecindad con los miembros de los cuerpos de seguridad. Bajo estas premisas, mal podían ser chivatos ni confidentes dado que les era imposible introducirse en los círculos de simpatizantes de la banda. Sólo aquellos que eran militantes de HB o colaboradores de Gestoras podían ofrecer datos policialmente interesantes.

En realidad, estas personas fueron asesinadas dentro de un plan de limpieza ideológica y amedrentamiento, en las pequeñas y medianas localidades. La alemana Marianne Heiberg, que vivió el "conflicto" en Elgueta, entre febrero de 1975 y septiembre de 1976, denuncia con toda crudeza la dinámica, basada en falsedades y mentiras, que instauró ETA: "El paralelismo entre las acusaciones de chivatazo y las acusaciones de brujería de otras partes del mundo era realmente sorprendente. Estas víctimas, salvajemente asesinadas en base acusaciones completamente falsas y por motivos que nunca ha reconocido la banda criminal, ¿son de ‘lamentar’ o no?" (Nota 1)

Respecto a los muertos por "tráfico de drogas" también nos encontramos con esa falta de rigor y seriedad que es consustancial a la banda. Sin negar que algunos de los asesinados sí eran traficantes, hubo otros casos en que sin la menor prueba o tan siquiera de indicio, se les adjudicó esta condición, como Sebastián Azpiri y Francisco Zabaleta. Finalmente el grueso de las víctimas por esta causa fueron simples drogadictos que a lo sumo podían hacer menudeo para el autoconsumo, es decir, pobres enfermos muy alejados de la imagen del traficante que se hacía rico sembrando la muerte. Un ejemplo puede ser Ángel Facal, al que le dieron un tiro en la cabeza comiendo a mediodía sentado en un bordillo de la calle con un bocadillo en la mano. Sus compañeros de trabajo en nota pública explicaron que era tan pobre que constantemente les pedía dinero simplemente para poder comer.

Florencio Domínguez Iribarren ha consignado que casi el 40 % de los civiles muertos son eso que se ha llamado eufemísticamente "daños colaterales". Es decir, personas contra las que inicialmente, la banda criminal no pretendía atentar. La tipología es muy variada. Hay escandalosas negligencias como la de Hipercor, magníficamente denunciada por María José Grech en Inmemorian.

Hay familiares de miembros de las fuerzas de seguridad como las víctimas en el cuartel de Zaragoza, sobre las que no pesaba amenaza alguna, dado que hasta entonces los avisos de la banda se habían limitado a las instalaciones policiales sitas en el País Vasco y Navarra. Hay errores de identificación como el cometido por un comando que confundió a Luis Reina, pescadero, con Luis Reina, vendedor de coches. Avisos de bomba tardíos y confusos como los que costaron la vida a Ramón Iturriondo García y a Aníbal Izquierdo Emperador.

Por más que, una vez tras otra, en sus comunicados, ETA lamentara estas muertes, hiciera rimbombantes autocríticas y prometiera poner todos los medios para evitar que se repitieran, jamás la banda abrió una investigación interna ni mucho menos tomó medidas disciplinarias contra los incompetentes que habían cometido los más garrafales errores. Matar a personas "ajenas al conflicto" siempre ha salido gratis en ETA y no ha supuesto el menor impedimento para tanto ascender en la jerarquía como a la hora de recibir el homenaje y ensalzamiento tras la salida de prisión, tal como se pudo comprobar al ser liberados los descerebrados miembros del comando Barcelona que mató a 21 personas en Hipercor.

Conclusiones finales. Con motivo de los atentados terroristas del 11-M, oímos a periodistas, comentaristas e incluso a algún reputado político decir que “ETA no miente”. La banda criminal, cuando ha hablado de sus objetivos, sus movimientos y gestiones en el ámbito político, incluidos procesos negociadores, ha sido descarnadamente sincera. Muy distinta ha sido su actuación respecto a los "aspectos operativos", es decir, su trayectoria en el delito y el crimen, donde ha demostrado una capacidad ilimitada a la hora de camuflar, manipular y falsear de la manera más descarada y fragrante la realidad.

Florencio Domínguez ha señalado que debe quedar claro para el futuro que los miembros de ETA han sido los verdugos. Pero creo que también debe destacarse que en su acción criminal se han mostrado inconsecuentes, caprichosos, descuidados e incluso gravemente negligentes. No han buscado voluntariamente "víctimas colaterales", pero a la vez en la mayoría de sus acciones han hecho poco o nada por evitarlas. La prioridad operativa de ETA siempre ha sido la impunidad del comando y a ello se ha sacrificado todo, incluido cualquier ciudadano "ajeno al conflicto" que pasara por allí. Cuando no les ha quedado otro remedio que asumir el error, todo ha quedado en retórica vacía que no ha ido acompañada ni por medidas disciplinarias en los casos de negligencia más grave ni por modificaciones en la forma de atentar.

Esta situación se ha mantenido durante cuarenta años fundamentalmente porque a la postre, ha sido algo rentable para la banda. Contando con unos seguidores sumisos y serviles hasta la humillación, capaces de tragar cualquier barbaridad, mediante el goteo constante de "errores" mandaban un mensaje a la sociedad: cualquiera podía caer en la lotería siniestra en que se convirtió el terrorismo etarra. Todos, absolutamente todos, teníamos números y a todos nos podía tocar. Sólo la victoria de ETA supondría el fin del sangriento sorteo terrorista.

No hay más que ver los resultados de últimos procesos electorales para comprobar hasta qué punto han tenido éxito.

 

 

Nota 1. En 2004, participó en el congreso El Derecho Humano a la Paz, organizado por el Gobierno Ibarretxe. Según relata Florencio Domínguez Iribarre en “La Agonía de ETA” (pág. 148), su intervención crítica con el nacionalismo fue acogida con tales "abucheos, gritos y malos modos que bajó del estrado llorando". Los nacionalistas apelan siempre a la libertad y derecho de elección, pero a la hora de la verdad ni tan siquiera permiten a los extranjeros disentir públicamente de sus planteamientos. En la práctica lo que ellos llaman "derecho a decidir" es el "deber de obedecer".

 

Por) Andrónico; pseudónimo de un conocido especialista en la historia reciente del País Vasco

http://www.paisvasco-informacion.com/2013/04/cualquiera-podia-caer-en-la-loteria.html

Ensayo: Justicia victimal contra las peticiones de amnistía de los presos de ETA (por Raúl González Zorrilla)

Ensayo: Justicia victimal contra las peticiones de amnistía de los presos de ETA (por Raúl González Zorrilla)

Cualquier análisis del reciente papel socio-político desempeñado por las víctimas del terrorismo no puede obviar que uno de los elementos que más ha contribuido a que la violencia terrorista se haya perpetuado en Euskadi y en España a lo largo de medio siglo ha sido el hecho de que, durante este tiempo, una parte importante de la sociedad vasca ha interiorizado que el recurso al asesinato, al chantaje, a la amenaza o la extorsión, es algo que, aunque reprobable, “puede ser comprensible” dada la existencia de un presunto y falsario “conflicto político” que, al parecer, no puede ser solucionado por vías exclusivamente democráticas.

Perversas razones de interés nacionalista, falsos progresismos postmodernos que alimentan la falsa creencia de que todas las ideas pueden ser dichas sin asumir las consecuencias de las mismas (incluso las que exigían más tiros en la nuca) y una vergonzosa dejación de las instituciones en su responsabilidad de hacer cumplir la legalidad, han alimentado esta atrocidad y han posibilitado la obscenidad suprema de que el punto de vista que haya primado en Euskadi a la hora de analizar la realidad política de nuestro entorno fuera el de los verdugos, y nunca el de sus víctimas.

Esta situación éticamente indecente, mantenida en el tiempo, alimentada con entusiasmo y multiplicada exponencialmente por el desinterés de algunos y el desistimiento de muchos, provocó durante muchos años la marginación radical y el abandono más absoluto de las víctimas del terrorismo, pero, además, recreó un universo trémulo donde la defensa y la protección de los derechos básicos de las personas se consideraba como algo simplemente anecdótico que podía someterse a intereses más espurios como la presunta construcción de una nación fantasmal. Frente a esta mirada orweliana de los verdugos, que fue la que llegó a su grado máximo de expansión con la firma en 1998 del Pacto de Estella entre los nacionalistas vascos y los terroristas vascos, las víctimas, con el convencimiento de que será imposible alcanzar la paz sobre el olvido de lo padecido, sobre la injusticia y la impunidad, se han convertido en el principal antídoto para vencer el cáncer moral que el terrorismo ha extendido a lo largo y ancho de la sociedad vasca.

Esta ejemplaridad de la voz y del testimonio de las víctimas, se asienta sobre varias razones.

En primer lugar, porque las propias víctimas, en condiciones profundamente dramáticas, han sido siempre una muestra modélica de respeto al sistema democrático, de lucha por la justicia, de renuncia a la venganza, de repulsa a cualquier método violento para terminar con ETA y de trabajo firme por mantener la verdad de lo sucedido, a pesar de los muchos intentos que en Euskadi se han hecho por manipular tanto las historias particulares de las más de ochocientas personas asesinadas por ETA como la propia historia colectiva de todos los vascos.

Por otro lado, los familiares de las víctimas del terrorismo conocen mejor que nadie toda la atrocidad, el dolor, el drama y las consecuencias fatales que se derivan de cada atentado criminal. Las muy diversas, ocultas y trágicas historias de estos hombres y mujeres recogen detalladamente toda la infamia que se ha vertido en el País Vasco y, por ello, las víctimas poseen una autoridad crucial para desmontar despropósitos ideológicos que, aún hoy, tratan de buscar coartadas y dotar de significado a las acciones terroristas más crueles y sanguinarias.

A pesar de que, en algunas muy escasas ocasiones, las personas que han sufrido directamente o en la figura de algunos de sus allegados el ataque de los violentos reniegan del papel protagonista que les corresponde, la mayor parte de éstas entiende que son las únicas que pueden liderar el proceso que lleve a la sociedad vasca a observar su virulenta y triste historia reciente desde el punto de vista de quien la ha sufrido y no de quien la ha modelado, desde la mirada del asesinado y no del que victimario, y desde el prisma de quienes, en muchos casos, han dado lo mejor de sí mismos para defender la libertad de todos. Natividad Rodríguez, viuda de Fernando Buesa, máximo responsable del Partido Socialista de Euskadi en Álava cuando fue asesinado por ETA el 22 de febrero de 2000, ha explicado muy sucintamente cuál debe ser, en su opinión, el papel público de las víctimas terrorismo. “Nadie puede entender la política vasca de los últimos años sin la existencia de una sociedad profundamente atemorizada por la actividad asesina de ETA y, por ello, las víctimas han de tener un lugar central en el debate político. (...) Cualquier proyecto de convivencia, para ser moral, deberá respetar la memoria de las víctimas; para ser legítimo, deberá plantearse en condiciones de igualdad y libertad de todos los participantes; y para ser legal, deberá cumplir las reglas de juego preestablecidas, que en democracia se plasman en las normas legítimamente aprobadas”.

En Estados Unidos, donde hasta el 11 de septiembre de 2001 prácticamente no se tenía ninguna experiencia de la tragedia que siempre acompaña a cualquier atentado, independientemente de la magnitud de éste, se comprendió rápidamente que el pilar básico desde el que una colectividad debe apoyar su reconstrucción tras sufrir una acometida terrorista es, en cualquier circunstancia, el de las víctimas de la barbarie. No se trata solamente de que detrás de los nombres y apellidos de cada una de las personas diezmadas por el horror fanático se encuentre una vida rebosante de ilusiones, de retos, de sueños y de esperanzas como las de tantos seres humanos que todos los días salen a la calle en múltiples lugares del globo tratando de llevar una existencia digna y en paz. Lo más importante que hay que tener en cuenta es que cada víctima de un ataque terrorista es un proyecto de futuro cercenado, es una familia a la que se le ha roto el porvenir y es, en la presencia de los heridos, o en la ausencia de los fallecidos, una cicatriz en el rostro de una sociedad que tras la llaga del horror ya nunca vuelve a ser como antes.

Reconocer, ayudar y proteger a las víctimas de la barbarie es, en este sentido, un acto de humanidad, pero es también una iniciativa que contribuye a la cohesión ética de la ciudadanía, que polariza las fuerzas contra el terror y que, desde un primer momento, deslegitima radicalmente cualquier intento de comprender, argumentar o justificar la acción asesina llevada a cabo por los criminales. En el rostro de cada una de las víctimas de un atentado terrorista, en el sufrimiento de los lacerados y en el desconsuelo de los familiares, se encierra el dolor de toda una sociedad dramáticamente lesionada que, en el fondo, siempre es el principal objetivo de una acto criminal de estas características. El terrorista, asesinando a personalidades relevantes o destruyendo la vida de cientos de ciudadanos anónimos, busca conmocionar a la totalidad de la ciudadanía a través del chantaje de las armas, mediante la presión de la amenaza siempre presente, a través del miedo permanentemente exhibido y utilizando el horror como eficaz instrumento de ruptura de lo que los criminales más odian: la libertad de cada persona, y la potestad de ésta para hacer uso de este derecho elemental de un modo ajeno a cualquier dictado político o religioso. Tal y como ha explicado

Ignacio José Subijana Zunzunegui, presidente de la Audiencia de Gipuzkoa, “la macrovictimación terrorista tiene un plano ontológico y otro axiológico. En el plano ontológico se encuentra el dolor por el asesinato, el secuestro, la amenaza, la coacción. En el plano axiológico reside la significación del asesinato, el secuestro, la amenaza y la coacción; es decir, el relato. Reyes Mate, haciendo suyas las reflexiones de Benjamin, refiere que todo crimen mortal tiene dos muertes: la muerte física, centrada en la aniquilación biológica de una o varias personas, y la muerte hermenéutica, ceñida a la estrategia dialéctica elaborada para hacer invisibles a las víctimas”. (1)

 

El relato

La comprensión de que la memoria de las personas asesinadas es el principal bien a resguardar tras la acción terrorista, la asunción de que los familiares de las víctimas deben ser considerados como el centro de cualquier iniciativa política-social que se impulse después de cometido el acto violento y el convencimiento de que la respuesta al terror de masas debe asentarse siempre sobre la eficacia policial, la firmeza judicial y el reconocimiento público, repetido y socialmente masivo a las víctimas, son exigencias colectivas que en España en general, y en el País Vasco en particular, se encuentran permanentemente cuestionadas. Con el agravante, además, de que cuando finalmente estos fundamentos básicos comienzan a ser interiorizados, su importancia radical trata de minimizarse y difuminarse, especialmente desde los ámbitos nacionalistas, independentistas y presuntamente progresistas, con argumentos tramposos que abogan por convertir a todos los hombres y mujeres de esta tierra en damnificados de diferentes afrentas que se anulan unas con otras, y que tienen un único objetivo éticamente demoledor para quienes confiamos en el sistema democrático de convivencia: implantar artificiosamente la idea de que “es necesario pasar página” y “ceder desde todas las partes” para alcanzar una “reconciliación” en la que no haya “ni vencedores ni vencidos”.

El primer paso hacia la impunidad de los crímenes terroristas es, de hecho, esta estrategia que trata de mezclar en un patético “totum revolutum” a las víctimas del terrorismo, de los “excesos policiales”, de los malos tratos, de torturas, de agresiones injustas e, incluso, de la dictadura franquista y de la batalla de Machichaco que tuvo lugar durante la Guerra Civil española, con la pretensión, tan sibilina como vergonzosa, de fomentar la mentira suprema de que la actividad asesina de ETA solamente es una cara más de un conjunto variado de violencias ejercidas desde el Estado democrático español o desde personas, entidades u organizaciones ligadas a éste. Pero frente a quienes apelan a no volver la vista hacia atrás y a camuflar lo sucedido para no despertar las iras de quienes todavía amenazan con volver a asesinar, el recuerdo constante y permanente de lo padecido ha de erigirse como el núcleo central de cualquier proyecto conjunto de sociedad que pretenda superar varias décadas de terror. A pesar de las interpretaciones perversas que se hacen al respecto, la memoria histórica de lo reciente no es algo que impida cerrar las viejas heridas. Más bien al contrario, el relato de las víctimas es la única herramienta de que dispone una sociedad para interiorizar sus desmanes, para vertebrar nuevos caminos de futuro que se alejen de la atrocidad y, sobre todo, para cerrar con un mínimo de solidez heridas colectivas que jamás debieron haberse provocado. Un hipotético perdón del daño causado, que hay que recordar que es algo que no puede exigirse desde un punto de vista político o jurídico, solamente pueden tener sentido sobre el recordar fiel de lo que ha acaecido y sobre una perspectiva a largo plazo que presente visos ciertos de que el horror no va a volver a reproducirse.

Nada podrá reconstruirse desde un punto de vista ético si, interesadamente y para acercar a los terroristas los beneficios de la impunidad, se intenta correr un tupido velo sobre la infamia y la iniquidad y se pretende disipar el perfil testimonial y relator claramente definido de las víctimas del terrorismo, al mismo tiempo que se refuerza el protagonismo reivindicativo de los antiguos etarras que ahora dicen no querer matar. Volviendo al ejemplo norteamericano, ¿se imagina alguien que pudiera ser posible que el gran Memorial que se levanta en el nuevo World Trade Center homenajeara, además de a los hombres y mujeres asesinados en las Torres Gemelas, a, por ejemplo, todos los damnificados por el racismo en la reciente historia de la ciudad norteamericana, a los afectados por los abusos policiales a lo largo de las últimas décadas, a los neoyorquinos perjudicados por las prácticas mafiosas en los años veinte del pasado siglo o, en el colmo de la estulticia, a todos los miembros de Al Qaeda autoinmolados en atentados suicidas en cualquier lugar del mundo? Citando nuevamente a Ignacio José Subijana Zunzunegui, “es preciso garantizar a las víctimas un pronunciamiento expreso sobre el injusto culpable del autor. De esta forma se cumplirían las exigencias mínimas de justicia en la medida que se obtendrían tres efectos: una declaración pública de reproche por el injusto causado, afirmando que el daño no viene motivado por el azar o por culpa de terceros o de la propia víctima, sino única y exclusivamente por un comportamiento antijurídico del victimario; una consignación expresa de las personas que han sufrido la victimación, lo que permite su constitución efectiva como víctimas así como su indeclinable individualización; un pronunciamiento explícito de que el daño causado fue injusto y que, consecuentemente, las víctimas tienen derecho a ser reparadas por el victimario”. (2)

Los crímenes de ETA, junto con las coacciones, las amenazas, los chantajes y las afrentas que durante cincuenta años se han llevado a cabo impulsadas desde el “brazo político” de la organización criminal, poseen, y éste es uno de los objetivos fundamentales de cualquier banda terrorista, una dimensión pública totalitaria que trata de imponer, a través del miedo, la intimidación y la coacción, unos determinados objetivos políticos, así como busca convertir la historia en una quimera para alumbrar un presente irreal en el que todos sus desmanes puedan ser justificados y comprendidos. Por este motivo, la derrota del terrorismo exige que el daño producido y el dolor provocado tengan una privilegiada y ejemplarizante dimensión pública que ha de ser protagonizada, aunque no exclusivamente, por las víctimas del terrorismo.

Las personas directamente damnificadas por la violencia terrorista, así como los familiares del casi de millar de personas asesinadas por la banda terrorista ETA, han de ser, sobre todo, la punta de lanza de un movimiento colectivo que arrastre a los poderes públicos, a las instituciones democráticas, a los agentes sociales y a la mayor parte de los ciudadanos, a estar vigilantes contra la tentación del olvido y contra la incitación cómoda y eficaz, y tantas veces vista a lo largo de la historia, a “pasar página” o a “no mirar hacia atrás” para no incitar a los viejos fantasmas.

Las víctimas vascas del terrorismo, en su esencial y casi obligado deber de testimonio público, se responsabilizan de denunciar persistente e incansablemente la demostrada y absoluta incapacidad de la banda terrorista ETA para asumir el sufrimiento infligido a la sociedad vasca en particular, y a la sociedad española en general. Pero, además, las víctimas del terrorismo han de convertirse en el principal ariete contra una tendencia tan obscena como cada vez más extendida que consiste en banalizar el horror provocado por la banda terrorista ETA a lo largo de su casi medio siglo de existencia y que tiende a entender la actividad criminal de esta organización totalitaria como algo nimio, como una pequeña, “comprensible” y molesta excrecencia de la dictadura.

En este punto, debemos ser conscientes de que la actual generación dominante en España, ideológicamente flácida, intelectualmente exangüe y doctrinalmente inconsistente, vive el tiempo histórico como simultaneidad y no como sucesividad, y se mantiene permanentemente en ebullición en una actualidad perpetua en la que no hay espacio para el distanciamiento reflexivo, para la comprensión del desarrollo causal de los acontecimientos o para extraer debidamente las pertinentes enseñanzas del pasado. Hay en la comunidad autónoma vasca y en el resto del país demasiados hombres y mujeres que habitualmente viven en una realidad anoréxica, mórbida, superficial y fragmentaria que, al perder todo tipo de conexión con el pretérito, y lo que es peor, al demostrar un absoluto desinterés por lo transcurrido en el pasado, han empequeñecido y relativizado la barbarie etarra: fundamentalmente, desdeñan los recuerdos colectivos existentes tras lustros de convivir con la violencia más impía y menosprecian el cúmulo de conocimiento aprendido a base de acopiar lágrimas de impotencia tras cada nuevo acto de barbarie. El relato constante y firme de las víctimas del terrorismo se convierte, de este modo, en el principal freno contra el concepto de “amnesia generacional” definido por el escritor y analista Alvin Toffler, que consiste, según explica el experto neoyorquino, en que “se está modificando el tiempo pasado y el tiempo futuro, vaciándolos de contenido, y no dejando tras de sí nada salvo el presente, un lugar peligroso y poco sólido. Porque a medida que se acelera la aceleración del cambio, el pasado y el futuro cada vez se acercan más entre sí y comprimen el presente en la nada. Que no es precisamente un lugar satisfactorio para pasar la vida” (3). Ni para la verdad ni la justicia, añadiríamos nosotros.

De hecho, esta absoluta, buscada e interesada desmemoria referencial, liderada por socialista y nacionalistas y perversamente aliada con un espíritu ideológico posmoderno, frívolo, desarmado, contemporizador y desinteresado de la defensa del sistema democrático y de la salvaguardia de los valores fundamentales de nuestro sistema de convivencia, es la que ha propiciado el actual panorama social maleable, insustancial y caótico que padecemos, en el que demasiadas agendas políticas se pliegan a las presiones de los terroristas, de los amigos de los terroristas, de los independentistas más ariscos, de la izquierda más huraña y de los sectores sociales más radicales y populistas, dando luz a una realidad hedionda y volteada en la que los delincuentes son tratados como los líderes del futuro, en la que los demócratas son expulsados al gueto misterioso de la derecha extrema y en la que, en el colmo de las vilezas, las víctimas del terrorismo son consideradas como peligrosos elementos de odio, intolerancia y crispación.

 

La tentación de la impunidad

Como hemos visto, el valor público del testimonio de las víctimas del terrorismo se construye sobre tres virtudes y responsabilidades que les son propias no de un modo exclusivo, pero sí preferencial: la lucha contra el olvido, la lucha contra cualquier forma de impunidad y la autoría del relato de lo padecido.

En este sentido, y en lo que hace referencia al trabajo contra la indemnidad de los crímenes, es preciso partir de una cuestión elemental: la historia de terror de ETA no tiene ninguna legitimación posible y, por lo tanto, debe ser condenada con rotundidad y sin ningún tipo de paliativos. Y esa condena, que debe darse siempre de forma pública y destacada, ha de ser requerida de un modo excepcionalmente exigente a todos aquellos que, con medio siglo de retraso, desean sumarse ahora, con sus propias condiciones y exigencias, al sistema democrático de convivencia.

La justicia es un derecho fundamental de cualquier ciudadano, y especialmente de las víctimas. Por este motivo, éstas han de convertir su tarea testimonial en un compromiso de atenta vigilancia para que desde ámbitos políticos o judiciales no se caiga en la tentación de utilizar parcial e interesadamente la política penitenciaria sobre los presos de ETA como una forma de otorgar a éstos determinadas medidas de condonación de la pena. En este sentido, jamás ha de considerarse la reinserción social como una finalidad absoluta y superior, propia de las penas de cárcel, sino que cualquier medida de gracia ha de encuadrarse con otras finalidades de la condena y con la exigencia de justicia prevista en la Constitución española.

Con respecto a este tema, nuestro muy querido y siempre recordado profesor Antonio Beristain expresaba muy claramente su opinión en 1994, en la Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología: “Considero un milagro que en el País Vasco y en España ninguna víctima del terrorismo se haya tomado la justicia por su mano. Desde julio de 1977, cuando fundé en Gipuzkoa la sección de Amnistía Internacional, sigo activo en sus campañas; también en las que proclaman y procuran la no impunidad de los asesinatos terroristas. Discrepo de quienes opinan que si ETA deja de matar, todos sus condenados deben salir de la cárcel. De las publicaciones de Amnistía Internacional se desprende que se opone al indulto de los presos de ETA cuando la organización terrorista deje de matar, ya que esa impunidad de los macrocrímenes va contra la base del Derecho, la Justicia y la dignidad de las personas.”. (4)

Pero además de la existencia de posibles prácticas que pudieran favorecer la impunidad de los centenares de miembros de ETA que permanecen encarcelados en prisiones de España y Francia, hay otro tipo de inmunidad sobre la que acertadamente ha alertado Carlos Fernández de Casadevante Romaní, catedrático de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la Universidad rey Juan Carlos, y que ahora, cuando la banda terrorista ETA ha anunciado un cese definitivo de la violencia, cobra una especial significación. “De los 858 atentados con víctimas mortales cometidos por ETA a lo largo de su existencia, 300 están todavía sin resolver policialmente. En esa cifra se incluye un centenar de atentados prescritos y 78 autores materiales que pudieron acogerse a la Ley de Amnistía de 1977. El resultado de todo ello es que el 55,71% de los asesinatos de ETA gozan hasta la fecha de una impunidad de facto.” “¿Cómo puede ser esto posible en un Estado que se dice de Derecho y cómo puede ser que ningún órgano del Estado se escandalice?, se pregunta el autor de “Nación sin ciudadanos: el dilema del Pais Vasco”, y añade: “¿Acaso el Estado considera saldadas sus deudas con las víctimas del terrorismo sobre la base de la reparación económica? De ser así, incurriría en un grave error porque la principal reivindicación de las víctimas del terrorismo -como de toda víctima- es que se haga realidad su derecho efectivo a la justicia. En efecto, los daños que la pasividad y la impunidad ocasionan a las víctimas del terrorismo como consecuencia de las prescripciones propiciadas por la inactividad o por el deficiente funcionamiento de los órganos del Estado, no se reparan con dinero. La única reparación real se deriva de la justicia. De una justicia efectiva. Sin ella, ni existe el Estado de Derecho ni la democracia es tal. Por mucho que a algunos se les llene la boca con tales conceptos.” (5)

En nuestra opinión, el cumplimento puntual de la pena de cárcel impuesta a un terrorista no ha de ser suficiente para garantizar la inmediata reinserción social del mismo. Un fanático no deja de serlo por cumplir una condena y una ideología totalitaria que ha impulsado a alguien a cometer los crímenes más horrendos no se disuelve por arte de magia en la oscuridad o en la amargura de una celda. Por este motivo, el proceso de vuelta a la normalidad de los varios centenares de etarras que permanecen en prisión ha de seguir una ruta manifiestamente definida que, además, debe ser lo suficientemente clara, visible y pública como para que pueda ser tutelada sin ambages por las víctimas del terror y como para que éstas se encuentren en condiciones de testimoniar su aceptación o no de la misma.

En primer lugar, el terrorista ha de buscar activamente su proceso de reinserción, demostrando que su apuesta por reintegrarse nuevamente a la sociedad democrática que una vez humilló y diezmó es radicalmente sincera y que no se trata únicamente de una estrategia para beneficiarse, una vez más, de la generosidad del Estado de Derecho. Consecuentemente, el victimario ha de pedir perdón y rechazar públicamente la violencia (y destacamos esta exigencia de notoriedad), pues el delito de terrorismo por el que se le juzgó y condenó también tuvo dramáticas repercusiones colectivas (macroterrorismo). Además, el delincuente ha de denunciar socialmente el carácter totalitario de la organización terrorista a la que un día perteneció y, para ello, resulta fundamental que la persona que desee reinsertarse colabore activamente con las autoridades, y dentro de sus posibilidades, ayude al esclarecimiento de los cientos de crímenes de la banda terrorista ETA que se encuentran pendientes de resolver.

 

Conclusión

Tras el cese definitivo de la violencia anunciado por la banda terrorista ETA el pasado 20 de octubre de 2011, existen muy preocupantes indicios, en la sociedad vasca, sobre todo, pero también en una parte importante del resto de la sociedad española, de que se está alentando un empeño tan claro como avieso por pasar página, por olvidar nuestra más reciente historia, por recibir con palmas a los asesinos descarriados que presuntamente regresan a la civilidad y por legitimar un nuevo escenario de convivencia en el que las permanentes reclamaciones de memoria, verdad, justicia y reparación lideradas por la gran mayoría de las víctimas del terrorismo se transmutan en peticiones vacuas y éticamente indecentes que hablan de perdonar a los asesinos, que apelan a “sumar esfuerzos” entre quienes matan y quienes mueren y que exigen “olvidar” a quienes más han padecido la lacra terrorista.

Ante esta situación, las víctimas del terrorismo, y aquí radica el gran valor público de su testimonio, de su relato y de su actividad, han de liderar la defensa de los valores supremos por los que sus familiares fueron asesinados que, sin lugar a dudas, constituyen los cimientos de nuestra democracia y nuestra única esperanza de civilidad. De hecho, son las propias víctimas, a través de organizaciones de las que forman parte, como el Foro contra la Impunidad en el País Vasco, las que han definido claramente su papel presente y futuro: “Nuestra tarea ha de consistir en recordar incansablemente que nuestro sistema de libertades se impone como moralmente superior a los planteamientos totalitarios e integristas de quienes presentan como único mérito el haber dejado, sospechosamente, de apoyar políticamente a los psicópatas que mataron a nuestros familiares. Que no se equivoquen quienes nos prometen ahora un futuro cimentado sobre excarcelaciones de criminales, sobre el obligado olvido de todo lo padecido hasta el momento, sobre una tabula rasa impuesta entre víctimas y verdugos o sobre un liderazgo compartido con quienes tantas veces han jaleado el asesinato de ciudadanos inocentes. Siempre nos tendrán enfrente. Porque las víctimas de ayer, que lo somos ya para siempre, no vamos a consentir de ningún modo que nuestros hijos vayan a ser mañana también víctimas de una paz tan falsa como moralmente indecente.” (6)

 

Bibliografía

(1) Subijana Zunzunegui, Ignacio José. “La justicia a las víctimas del terrorismo”. Eguzkilore. Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología. Nº 23. Pag. 79-86.

(2) Idem.

(3) Toffler, Alvin. “Una generación en el poder sin memoria histórica”. Diario “El Mundo”. 4-XII-2003. Pags. 4-5

(4) García Zafra, Inés. Conversaciones con el Dr. Antonio Beristain.

http://criminet.ugr.es/recpc/06/recpc06-c1.pdf

(5) Fernández de Casadevante Romaní, Carlos. “España, espacio de impunidad.”

http://www.covite.org/covite_articulos.php?lang=es&idNoticia=625&idSeccion=3

(6) Foro contra la Impunidad en el País Vasco. “La vergüenza”. “El Diario Vasco”. 12-VI-2011

http://www.paisvasco-informacion.com/2012/06/ensayo-justicia-victimal-contra-las.html#more

Un miedo inesperado (Réplica a Iñaki Ezkerra) Por Ángeles Pedraza (*)

Un miedo inesperado (Réplica a Iñaki Ezkerra) Por Ángeles Pedraza (*)

Verdad. Memoria. Dignidad. Justicia. Empiezo directamente con estas cuatro palabras que son algo más que un conjunto de letras. Son valores. Son columnas. Son el sostén de mi trabajo diario al frente de la Asociación Víctimas del Terrorismo. Sólo las siglas AVT deberían infundir un respeto brutal en todos aquellos que hablan tan ligeramente de la lucha contra el terrorismo y el papel de las víctimas. Y deben infundir respeto porque la AVT ha sido el único bastión en esta lucha a lo largo de décadas.

Pero no quiero ocupar estas líneas en recordar los méritos y los logros de la AVT y son de sobra conocidos. Vengo a hablar de dolor. Por desgracia, en el trabajo diario de la Asociación Víctimas del Terrorismo, el dolor es algo habitual. Demasiado en los últimos tiempos. Trabajar atendiendo a personas a las que les han arrebatado de las manos a sus seres queridos o que sufrieron el ataque del enemigo oscuro y oculto del terrorismo no es nada fácil. Eso es dolor. Eso hiela la sangre.

Como presidenta tengo que mantener el tipo para que la sangre no se me hiele. Para mantenerme serena cuando una víctima viene a contarme que ha vuelto a acudir al psicólogo porque un etarra ha sido nombrado Senador o porque no puede aguantar ver como los que aplaudieron la muerte de su hijo están gobernando en la tierra que ama, su adorado País Vasco. Tierra de la que tuvo que irse después del asesinato de su hijo por miedo y por sentirse señalada.

Pero seguro que esto ya lo conocen de sobra. Ese miedo con el que el terrorismo de ETA persiguió a la sociedad española durante tantos años. Lo duro es que quizás las víctimas tengamos ahora que pedir permiso a algunos políticos para seguir teniendo miedo, para seguir desconfiando de los que asesinaron a nuestros seres queridos y para clamar Justicia. Porque ese es el camino que, por desgracia, llevan las cosas.

Y tampoco vengo a hablar de ese miedo. Este artículo trata del miedo que sentí el otro día al leer el artículo de Iñaki Ezkerra en ABC titulado “Las víctimas y la sangre helada”. Sentí un miedo atroz a la soledad. Sentí un miedo repugnante a que aquellos que tienen que defendernos con uñas y dientes nos dan de lado. Sentí un miedo incómodo al darnos cuenta de que empezamos a ser una molestia para aquellos que todavía corren raudos y veloces para hacerse fotos a nuestro lado en los homenajes.

Se acabaron esas fotos. No habrá más. Porque las víctimas del terrorismo estamos cansadas de palabrería. Queremos que los políticos se quiten la careta y digan la verdad: ¿del lado de quién están? ¿Cómo permiten que Ezkerra, asesor del Partido Popular, se dé el lujo de decirnos en un artículo a toda página en ABC lo que tenemos que sentir o no sentir las víctimas del terrorismo? ¿Cómo se atreve el señor Ezkerra a decirnos qué es lo que tiene que helarnos la sangre?

Señor Ezkerra, mi sangre lleva helada desde que el terrorismo se llevó a mi hija de mis brazos. Señor Ezkerra, la sangre de los familiares de los 829 asesinados por ETA lleva helada desde que su mazo asesino golpeó su vida. Señor Ezkerra, la sangre de los miles de heridos por ETA lleva helada desde que ven cómo los asesinos y sus amigos van ganando terreno día a día.

Esos y no lo que usted dice en su artículo son cosas que hielan la sangre. Pero le voy a decir aún más, señor Ezkerra: con esas palabras, usted ha contribuido a helar la Memoria y la Dignidad que nos merecemos y que yo seguiré defendiendo con uñas y dientes al frente de la AVT acompañada de las víctimas del terrorismo. De todas y cada una de las víctimas del terrorismo.

Se permite usted el lujo de hablar de desunión y enfrentamientos entre las víctimas del terrorismo. Podremos tener nuestras diferencias evidentemente. Somos humanos. Pero entérese bien señor Iñaki Ezkerra (y todo el que quiera enterarse): en lo referente a desear la derrota TOTAL de ETA y la denuncia de que las cosas se están haciendo muy mal no hay ni la más mínima grieta dentro del colectivo de víctimas del terrorismo. Y quizás usted lo pueda comprobar muy pronto.

Comenté hace unos meses que 2013 iba a ser el peor año de la lucha contra el terrorismo. Usted, con su artículo, me da más motivos para sostenerlo. No obstante le enumero algunos asuntos: Bolinaga humillando a las víctimas, un imputado por pertenecer a ETA en el Senado, homenajes a etarras en las calles, denuncias de la AVT archivadas en la Audiencia Nacional,… ¿Quiere que siga? Lo que no esperaba, señor Ezkerra, es que tenía que tener miedo de los que supuestamente tenían que defendernos a todas y cada una de las víctimas del terrorismo.

Hago una invitación al señor Iñaki Ezkerra y a todos los que han propiciado y defendido su artículo en ABC. Les invito a venir a la sede de la AVT, a la Casa de las Víctimas, a leer ese texto mirándoles a los ojos, sosteniéndoles la mirada. Si lo hace, quizás es que sea usted quien tiene la sangre helada.

A veces tengo la sensación de que estos miedos forman parte de una pesadilla que no acaba. Que nada de esto está pasando en realidad. Pero despierto y cada día veo una nueva victoria de los terroristas, humillando a las víctimas del terrorismo. Una democracia no puede permitir que la Memoria de aquellos que son héroes sea ultrajada de manera sistemática. Si eso pasa es que algo se está haciendo mal.

Es terrible que quieran silenciarnos de esta manera. Vemos como por todas partes quieren dar y atribuirse la condición de víctima aquellos que no han sentido el cruel zarpazo terrorista. Lo único que quieren es diluirnos, dejarnos en un segundo plano y posar para una foto de un final en el que las víctimas del terrorismo somos ese invitado incomodo que nadie quiere pero que tiene que estar sí o sí.

Pero aunque los políticos nos sigan dando la espalda, sabemos que no estamos solas: son los ciudadanos los que están a nuestro lado clamando por la Justicia. Y esa es nuestra fuerza. Desde la AVT seguiremos alzando la voz, cada vez más alto. Porque somos eso: la voz de las víctimas. Y nadie nos va a callar. Nadie. No vamos a parar hasta conseguir Justicia, hasta que se sepa la Verdad, hasta que triunfe la Memoria y hasta que respeten nuestra Dignidad.

Por ellos. Por todos.

 

(*) Ángeles Pedraza es presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT)

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“Reconocer a Txiki y Otaegi como víctimas es una humillación y supone institucionalizar la estrategia de ETA de difuminar a las víctimas del terrorismo”

“Reconocer a Txiki y Otaegi como víctimas es una humillación y supone institucionalizar la estrategia de ETA de difuminar a las víctimas del terrorismo”

EIG. Redacción. San Sebastián. La principal asociación de víctimas del terrorismo existente en España, la AVT, ha lanzado un contundente comunicado de condena a la decisión del Gobierno vasco de Patxi López, actualmente en funciones, de otorgar la categoría de víctima policial a los terroristas Txiki y Otaegi. "Con esta decisión de extrema gravedad", dice la AVT, "se institucionaliza de la manera más cruel la estrategia de ETA, inventándose una categoría de víctimas que se contraponga a las víctimas del terrorismo".

 

La AVT especifica que  la decisión tomada supone:

- "Una afrenta a la Memoria de las víctimas del terrorismo, puesto que nos encontramos ante una categoría inventada de víctimas con el único propósito de difuminar a las víctimas del terrorismo dentro de un colectivo más amplio de “víctimas de motivación política".

- "Un ataque a la Dignidad de las víctimas del terrorismo puesto que se está cediendo a los dictados de ETA equiparándonos con las víctimas de la violencia policial".

- "Un insulto a la Verdad puesto que el reconocimiento de Txiki y Otaegi como víctimas policiales trata de blanquear su trayectoria terrorista".

- "Un menoscabo de la Justicia, puesto que dichos reconocimientos se hacen al margen de lo fijado por los tribunales, en base a los dictámenes de una supuesta Comisión".

A juicio de la AVT, "a mayor escarnio para las víctimas del terrorismo", en estos momentos de crisis en los que se nos dice que no hay dinero, "se sacan de la manga miles de euros para indemnizar a unas víctimas inventadas. Desde la AVT nos preguntamos por qué no ha lanzado esta iniciativa el Gobierno vasco para indemnizar a las víctimas de la violencia de género.

Así mismo, nos parece demencial que entre los miembros de la Comisión encargada de reconocer a estas víctimas se encuentre una persona que forma parte de la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco. Desde la AVT nos preguntamos por qué el Gobierno del País Vasco no se ha preocupado igual de ayudar a esclarecer los más de 300 asesinatos de ETA que siguen sin resolver que en trabajar para considerar a etarras como víctimas."

La AVT también manifiesta que es "enormemente doloroso que instituciones y políticos estén empeñados en equiparar a las víctimas con sus asesinos con tal de pasar página. ¿Hasta dónde van a llegar con tal de contentar a ETA y hacer el borrón y cuenta nueva que tanto desean?

Esperamos que se tomen las medidas oportunas desde el Gobierno central para paralizar este despropósito. Ya en su día, cuando el Gobierno del País Vasco hizo público el decreto que constituía esta Comisión, pedimos que fuera impugnado por la humillación y denigración que suponía ya que era contrario al ordenamiento jurídico y a las leyes de reconocimiento y protección de las víctimas. Volvemos a pedir rigor jurídico, histórico y legal ante estas acciones sectarias que manipulan la historia del terrorismo en España, y criminalizan al colectivo más afectado durante décadas por las acciones criminales y ETA: los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado".

http://www.paisvasco-informacion.com/2012/11/reconocer-txiki-y-otaegi-como-victimas.html#more

 

Colombia: las víctimas de las FARC reclaman justicia

Colombia: las víctimas de las FARC reclaman justicia

Hispanidad, lunes, 15 de octubre de 2012

Esta semana se inician las conversaciones en Noruega entre el Gobierno colombiano y los terroristas
 

A lo largo de esta semana se espera que los equipos negociadores del Gobierno colombiano y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) lleguen a Noruega para iniciar las negociaciones para poner fin a 50 años de terrorismo. El mal tiempo y 'dificultades logísticas' -como los salvoconductos para los portavoces de las FARC, a quienes les preocupa tener vigente una posible orden de captura internacional en su contra-, han retrasado su llegada.

Aunque, según El Espectador, el nuevo aplazamiento es el resultado de que los terroristas de las FARC incluyeran a la guerrillera holandesa Tanja Nijmeijer en su equipo, algo que no gustó al Ejecutivo del presidente Juan Manuel Santos, pero los terroristas alegaron que los términos de su acuerdo les permiten elegir libremente a los miembros de su equipo.

En este contexto, y a escasas horas del comienzo de las negociaciones, algunas víctimas de la violencia de las FARC llegadas de las regiones colombianas denunciaron este domingo ante la Fiscalía más de 300 crímenes cometidos por esa guerrilla. Esta jornada de denuncia tuvo lugar en el primer Encuentro Nacional de Víctimas de las FARC , convocado para recopilar "pruebas" que pongan al grupo terrorista contra las cuerdas por su responsabilidad en estos delitos impunes. La verdad es que recuerdan mucho a las asociaciones de víctimas del terrorismo de ETA en España, por lo que las víctimas colombianas merecen todo el respeto y el reconocimiento de la sociedad a su sufrimiento.  

Como negociadores, está previsto que las FARC estén representadas en el proceso de paz por diez guerrilleros: cinco "plenipotenciarios" -Simón Trinidad, Andrés París, Iván Márquez, Rodrigo Granda y Marco León Calarcá- y cinco "simples" -Jesús Santrich, Hermes Aguilar, Rubén Zamora, Bernardo Salcedo y Sargento Pascuas.

Por parte del Gobierno colombiano intervendrán el ex vicepresidente Humberto de la Calle Lombana; el ex director de la Policía Nacional Óscar Naranjo; el comandante del Ejército, Jorge Enrique Mora Rangel; el ministro de Medio Ambiente, Frank Pearl; el consejero de seguridad, Sergio Jaramillo; y el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, Luis Carlos Villegas.

Según está acordado, tras la ronda de contactos en Oslo, las negociaciones seguirán en La Habana, bajo el auspicio del régimen de Raúl Castro. Los gobiernos de Venezuela y Chile también participan como garantes del proceso.

Una cosa es dialogar con los terroristas para hacerles entrar en razón y otra ofrecerles algo a cambio de dejar de matar. En mi opinión, lo primero se puede hacer. Pero lo segundo no porque sería una forma de legitimar la violencia para conseguir cosas. A los terroristas hay que vencerles. Pero puedo estar equivocado.

José Ángel Gutiérrez
joseangel@hispanidad.com

http://www.hispanidad.com/Breves/colombia-las-vctimas-de-las-farc-reclaman-justicia-20121015-152824.html

La familia de Ataollah Taefy Khalili recibirá hoy la Gran Cruz de las Víctimas del Terrorismo

La familia de Ataollah Taefy Khalili recibirá hoy la Gran Cruz de las Víctimas del Terrorismo

El ministro de Defensa, Pedro Morenés, entregará hoy la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo a los familiares de Ataollah Taefy Khalili, español de origen iraní traductor de las tropas españolas en Afganistán, asesinado junto a dos oficiales de la Guardia Civil el 25 de agosto de 2010 en el antiguo cuartel de Qala i Naw.

Marina Alonso/Servimedia.

Durante el acto, que tendrá lugar a las 12.15 horas en la Delegación del Gobierno en Aragón, Morenés hará entrega de la Medalla y Título de Víctima del Terrorismo a los familiares del traductor, a quienes también dirigirá unas palabras.

Además del ministro de Defensa, intervendrán en el acto el delegado del Gobierno en Aragón, Gustavo Adolfo Sánchez, y la directora general de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, Sonia Ramos Piñeiro.

Ataollah Taefy Khalili, el capitán de la Guardia Civil José María Galera y el alférez de la Guardia Civil Leoncio Bravo fueron asesinados por un terrorista infiltrado de la policía afgana el 25 de agosto de 2010. Los tres formaban parte de los equipos españoles que se dedican a formar a las fuerzas de seguridad afganas.

http://www.diarioelaguijon.com/noticia/6526/NACIONAL/La-familia-de-Ataollah-Taefy-Khalili-recibira-hoy-la-Gran-Cruz-de-las-Victimas-del-Terrorismo.html

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