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Entrevista a Jean-René ETCHEGARAU: «Si los partidos pueden contribuir a la paz, incluso participando en discusiones, deben hacerlo»

Entrevista al polítoicp vascofrancés Jean-René ETCHEGARAU (Secretario UDF de la 5º circunscripción, teniente alcalde de Baiona).


El y su partido están ya trabajando en clave electoral. Aunque este defensor de la creación de un Departamento Vasco no encuentre al respecto apoyos claros en su formación política, declara que dentro del mismo «tenemos libertad de pensamiento y no me han reprochado nada por ello». Por lo demás, este veterano electo dice sentirse bien en la UDF, un partido «libre e independiente» que busca sus distancias con la UMP. Subraya, desde su perspectiva de edil de Baiona y miembro del equipo de gobierno de Jean Grenet (UMP), que en la gestión local las divergencias ideológicas coexisten sin dificultad, ya que prácticamente no se reflejan en el trabajo cotidiano y las relaciones de amistad prevalecen.

 

­Usted participó en la reciente asamblea que la plataforma Batera ha celebrado en Ezpeleta porque es favorable a la creación de un Departamento Vasco. Sin embargo, otros miembros de la UDF se sitúan en contra. ¿Cuál es la posición del partido a este respecto?

 

En efecto. Estoy a favor de la creación del departamento, pero se trata de una postura estrictamente personal. Esta es una cuestión que divide al partido. Hay otros compañeros que también son favorables y otros que no lo son. Por ello, de manera general, no hay un posicionamiento oficial, ni de la UDF de los Pirineos Atlánticos ni tampoco de la de nuestra circunscripción.

 

­El objetivo de la campaña de recogida de firmas organizada por Batera no es decidir si se quiere o no un departamento sino solicitar una consulta popular. Se trata, por tanto, de un ejercicio democrático. ¿Cree usted que, aunque no estén a favor del Departamento Vasco, sus compañeros de partido se opondrán?

 

Es evidente que se trata de un ejercicio democrático. Para mí es muy difícil estar contra el principio de preguntar a la gente qué es lo que piensa sobre el tema, porque preguntar no significa necesariamente que vayan a responder afirmativamente. Plantear la cuestión quiere decir, de entrada, que la cuestión es importante y que hay gente que considera que hay que responderla, por supuesto dejando a cada cual la libertad de expresarse como quiera. Pienso que cuando se es demócrata no se puede estar en contra de preguntar, y para mí la UDF es un partido democrático. Por lo tanto, creo que el principio de preguntar a la gente no debería ser un problema para el partido.

 

­El alto el fuego de ETA ha sido valorado por su partido como una buena noticia y «una ocasión que habría que aprovechar para alcanzar la paz». Usted ha llegado a decir, incluso,que el Estado francés no puede desentenderse del tema y que debería implicarse. ¿De qué manera? ¿Reconoce que, también en Ipar Euskal Herria, existe un conflicto político?

 

Seguramente voy a responder de un modo diferente al de otros electos, en particular de la UMP que consideran que es un conflicto que no concierne a Francia. En mi opinión no se puede responder así. Esta tregua perdurará si todas las fuerzas políticas, por supuesto en primer lugar las del lado español pero también las francesas, contribuyen, cada una en su plano, a esta obra de paz. Esto significa que en cuestiones tan importantes como el acercamiento de presos o el reconocimiento del País Vasco hay que dar una respuesta. No digo que haya que plantear estos temas como una condición para que la tregua perdure porque no se puede entrar en esa dinámica. Tampoco hay que ingerirse. No va a ser un miembro de un partido que se está expresando a título personal, como es mi caso, quien vaya a decir a los gobiernos español y francés lo que tienen que hacer. Pero como interesado por la vida pública creo que no se puede decir desde este lado de la «frontera» que somos vecinos ordinarios. Hay que reconocer que somos del mismo país, del País Vasco, y que aunque existan algunas fronteras administrativas éstas no deben ser un obstáculo, sobre todo cuando la paz depende también de cuál será nuestro comportamiento. Por ello, pienso que si las formaciones políticas, a su nivel y sin entrometerse en el tratamiento de los asuntos nacionales españoles, pueden hacer algo, deben hacerlo. Si eso significa participar en diferentes discusiones, creo que, de entrada, no debería haber un rechazo para que ese debate se dé, y lo repito, porque hay temas que nos son comunes como el acercamiento de los presos.

 

­¿Ha oído hablar del Acuerdo Democrático de Base? Los promotores del acuerdo han contactado con todos los partidos, incluida la UDF.

 

Desconozco que haya habido esos contactos. En todo caso, no los ha habido a nivel local.

 

­La UDF es la primera fuerza política en Ipar Euskal Herria. Las elecciones tanto presidenciales como legislativas se están acercando... ¿Cómo ve el futuro?

 

La UDF es un partido que ha evolucionado mucho. Ha pasado de la democracia cristiana a ser un partido laico y, en la actualidad, el laicismo es un principio muy fuerte en el seno del partido y la religión ya no es la base de nuestras propuestas. Sin embargo, hay que reconocer que en el País Vasco la posición del partido es muy importante en las elecciones locales. Tenemos muchos consejeros departamentales, el propio presidente del Consejo General pertenece desde hace mucho a la UDF y entre los alcaldes contamos asimismo con muchos miembros del partido o próximos a él. Sin embargo, en las últimas elecciones regionales y cantonales hemos perdido varios escaños en favor del PS y ahora tenemos una representación menos importante. Esto es una constatación pero creo que no es una situación que vaya a durar mucho porque esas elecciones estuvieron muy politizadas e influenciadas por la situación estatal. Dicho esto, creo que tenemos capacidad para unir las fuerzas ciudadanas y particularmente a nivel de la gestión local, donde, en mi opinión, las posiciones no deben ser demasiado marcadas ya que la población prioriza el consenso. La UDF está en posición de plantear soluciones en la gestión local.

 

­¿Cómo están las relaciones con la UMP? ¿Están ya pensando en posibles candidatos comunes?

 

En el marco local las relaciones son muy buenas. El alcalde de Baiona, además de diputado de la UMP, es un gran amigo. Formamos parte de la misma mayoría en el ayuntamiento. Esa diferencia ideológica no es obstáculo para el trabajo municipal. Incluso dentro de la corporación, en la que también hay abertzales, no hay cuestiones que tengan que ver con las etiquetas políticas en lo cotidiano. Pero ahora va a haber elecciones nacionales, presidenciales y legislativas, y lógicamente vamos a tener que tomar posición. Evidentemente, yo apoyaré la candidatura de François Bayrou a la Presidencia. La UDF tiene, además, la firme intención de presentar candidatos a la Asamblea Nacional en todas las 577 circunscripciones del estado. Reconozco que todo esto no va a facilitar nuestras relaciones durante los próximos meses, pero deseo que no tenga muchas consecuencias sobre nuestro trabajo cotidiano local aunque, a buen seguro, influirá. Espero que la relación amistosa lime los posibles roces que puedan darse.

 

­A nivel estatal, sin embargo, las contradicciones entre UMP y UDF afloran muy a menudo. ¿No resulta un poco difícil comprender esto cuando su partido es socio del Gobierno de Paris?

 

En primer lugar, tengo que aclarar que es el gobierno quien considera que está apoyado por la UDF porque no hay ningún acuerdo formal en ese sentido. Las relaciones actuales a nivel nacional no son, en efecto, muy buenas en el plano nacional. Hay muchos textos legales promovidos por la UMP que nuestro partido no ha apoyado, e incluso ha votado en contra. El último congreso que nuestro partido celebró hace unas semanas en Lyon se ha denominado, precisamente, el congreso del partido libre e independiente. Ha habido incluso intervenciones que han destacado que el lazo de unión existente entre UMP y UDF ha desaparecido. Esto no significa que estemos en la oposición, pero estamos definiendo nuestro propio proyecto político. Somos un partido emancipado y maduro para ello. Queremos presentar ese proyecto a la población y medirnos en las urnas. Luego ya veremos, si en la segunda vuelta, tras las presidenciales, en las propias legislativas o, incluso, a la hora de formar gobierno nos conviene llegar a acuerdos pero, por supuesto, serán siempre en base a un proyecto político. Ese es el objetivo de Bayrou, con el que me identifico totalmente, y estoy convencido de que vamos a conseguir adherir mucha gente a nuestro proyecto político y que lograremos superar el 10% de los votos que tenemos ahora.

 

­El reciente movimiento anti-CPE ha sido, precisamente, uno de los ejemplos flagrantes de la desavenencia de posiciones con el gobierno. La UDF no estaba de acuerdo con la medida pero no se ha «mojado» mucho. Por lo menos, localmente no se le ha visto ni en manifestaciones ni ha participado activamente en el debate público. ¿No será que está un tanto hipotecado por esa especie de alianza virtual con la UMP?

 

Es cierto que entre la posición de la UDF a nivel nacional y el local se ha podido percibir cierta diferencia. Nosotros no hemos estado en la calle como lo han hecho otros partidos (PS, PC) y los sindicatos más o menos afines que han recuperado políticamente el movimiento porque no queríamos entrar en esa dinámica. Pero nuestra posición contraria al CPE ha sido clara y pública.

 

­Estos días se ha presentado un partido nuevo, Alternative Libérale, que ha manifestado que «aquí hay demasiado UDF». ¿Cree que tendrán un nuevo competidor ?

 

Para empezar, pienso que no es algo muy definido. La palabra «alternativa» es una palabra de la que se abusa mucho y que, hoy día, tiene un sentido concreto de alternativa a un sistema, en alusión, sobre todo, al denominado movimiento antiglobalización. En cuanto al liberalismo, pienso que es un concepto que contiene en sí mismo lo mejor y a la vez lo peor. Estoy de acuerdo con su significado en lo que se refiere a libertad política, de asociación, de igualdad... pero discrepo de esa libertad económica desmedida y exagerada que conocemos hoy día. A diferencia de ciertas tendencias de la UMP, en la UDF no aceptamos ese liberalismo desenfrenado. Aclarado esto, es obvio que un partido puede elegir los conceptos que quiera para definirse.

«Hace falta más ética, también en el marco económico»
M.A.

 

BAIONA

 

Preguntado por la acción que recientemente ha llevado a cabo su compañero de partido, el diputado de la circunscripción vasco-bearnesa Jean Lassalle, Jean-René Etchegaray se muestra dividido. Lassalle ha protagonizado una huelga de hambre de más de cinco semanas en la propia sede de la Asamblea Nacional «para impedir la deslocalización» de una empresa japonesa ­Toyal­ del valle bearnés de Aspe, protesta que ha abandonado tras haber obtenido, con mediación del propio gobierno, el compromiso de la empresa de quedarse en su localidad de Accous.

 

Esta acción, cuando menos nada convencional para un electo de su ideología, ha generado mucha polémica. Hay quien dice que supone un chantaje a la libertad de empresa y que va a frenar la inversión extranjera, y la cuestión de hasta qué punto un electo o el propio estado deben entrar en este tipo de asuntos se ha puesto sobre la mesa. Etchegaray admite que en el aspecto filosófico la postura adoptada por Jean Lassalle le parece próxima a la teoría del filósofo Clausewitz sobre el «derecho natural»: «Lassalle es una persona muy enraizada, muy apegada a su tierra. Aunque algunos hayan interpretado su acción como una manio- bra para ser reelegido, lo conozco y sé que es un hombre de convicciones muy fuertes que ha adoptado una postura individual y que yo puedo entender».

 

Sin embargo, el edil bayonés no lo tiene tan claro en cuanto a las consecuencias que este tipo de iniciativas puede tener: «Desde la óptica del marco público, me pregunto sobre las consecuencias de esta actitud. Si este episodio va a impedir que se hagan inversiones extranjeras en Francia, por supuesto me disgustaría, aunque creo que la empresa está exagerando con esta amenaza».

 

«Fracaso institucional»

 

Etchegaray se pregunta, asimismo, si no hace falta, «incluso en las relaciones económicas, tener un poco más de ética» y reconoce que La- ssalle ha interpelado sobre este aspecto moral:«Ahora bien, poner en peligro su salud, lanzarse a esta actitud... creo que es un ejercicio que no tiene que producirse muy a menudo porque no es bueno para las instituciones. Si un diputado llega a ese extremo, está demostrando el fracaso de las leyes, de la república, de los electos. Cuando un partido apoya este tipo de iniciativas está, de algún modo, reconociendo la impotencia de las instituciones. La UDF ha apoyado a Lassalle como persona, como amigo, pero no considera que sea un modo de funcionar en una democracia».

Gara, 1 de mayo de 2006

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