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Película sobre Navarra y la esterilidad de debatir con abertzales

Película sobre Navarra y la esterilidad de debatir con abertzales Primer fotograma. Hace unos días la secretaria de Política Autonómica del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, pidió respeto para lo que los ciudadanos de Navarra decidieron "cuando votaron la Ley del Amejoramiento". Bien; el pequeño problema es que el Amejoramiento del Fuero, de 1982, nunca se votó en referéndum, ya que no es un Estatuto de Autonomía derivado de la Constitución, sino que es una Ley Orgánica que regula la autonomía de Navarra, adaptando al régimen democrático una autonomía foral preexistente y subsistente. Un desliz verbal, en suma, de una persona que por lo demás ya ha demostrado ampliamente su amistad por Navarra y por los navarros.


Segundo fotograma. La prensa abertzale aprovecha la oportunidad y descarga todas sus baterías sobre el flanco abierto. Llevamos días viendo cómo el diario de Batasuna y el periódico de los independentistas en Navarra se regodean en el asunto. Bien está, pero se nota que es verano y que no hay noticias que contar a la parroquia radical. Hace falta cierto valor para redondear, desde semejantes posiciones, un breve agresivo dedicado a Sáenz de Santamaría diciendo que "los ciudadanos determinen el estatus bajo el que les tocará vivir" y "que la fórmula más extendida para hacer prevalecer la voluntad popular es someter leyes de la importancia de la referida a votación, referéndum o consulta". Una cosa es llevar el agua a vuestro molino, chicos, y otra cavar un pozo para buscar agua, porque el río va seco. Las leyes, normalmente, no se someten a referéndum, ¿lo sabíais?

Tercer fotograma. El diputado de UPN en Madrid, Jaime Ignacio del Burgo, matiza y precisa. Del Burgo considera radicalmente "falso decir que los navarros no votaron el Amejoramiento". El ex presidente de la Diputación Foral argumenta que Navarra refrendó la Constitución de 1978 que ampara nuestro régimen foral, y que por otro lado las instituciones forales democráticamente elegidas fueron las que negociaron el actual Amejoramiento. Bueno, pues es verdad. Ya que nos hemos puesto todos a matar moscas a cañonazos, es verdad.

Finale, allegro. Un poco de sentido común, de sentido del humor o de sentido del ridículo nos vendría bien a todos, creo. Aunque uno escriba en Gara y no tenga el coraje de firmar lo que escribe es ligeramente ridículo decir que "Soraya Sáenz de Santamaría encarna el biotipo diseñado por el fascismo españolista". Y desde luego es triste, por no decir más aburrido que un sermón de los de antes, que los mismos medios de comunicación que presumen de democráticos nos larguen doble dosis de mercancía intelectualmente averiada sobre "la irreversibilidad del proceso", el "esquema resolutivo", la "demanda de la sociedad" y las bondades de los colaboracionistas con ETA, entre sindicatos, Ahotsak, Lokarri y los pequeños políticos que se dedican preferentemente a sus pequeños intereses preparando sus pequeñas listas olvidando los grandes problemas. Mientras, Zapatero negocia la rendición de Navarra.

Apostilla, optativa. Navarra no se inventó con el Amejoramiento, y su autonomía foral tampoco. Navarra no tiene fueros porque lo diga la Constitución ni desde que lo dijo la Constitución, sino desde hace un buen puñado de siglos, y para esto no ha habido jamás ningún referéndum. Esta comunidad de gentes y tierras nunca ha necesitado plebiscito para seguir existiendo y para seguir teniendo, en el seno siempre y sin interrupción de la gran comunidad histórica que es España, todas las características propias de lo español y todas las características específicas y acumuladas de lo navarro.

La idea de poner eso como pregunta de un referéndum es ya una rendición moral. Porque lo que se votaría no sería el futuro, que será siempre fruto de la libertad humana y que, en algunos momentos históricos concretos, sí ha podido ser decidido por una mayoría de votos. Al votar sobre la identidad de Navarra estaríamos votando sobre el pasado; pero la verdad y la mentira no dependen ahí de la mayoría, sino del conocimiento. Navarra podrá desaparecer, porque sin duda no es eterna; pero que quien quiera hacerla desaparecer lo diga claramente, que nos hable del futuro que propone y no de mentirijillas históricas ni del juego retórico de paces y guerras, mayorías y minorías.

Tenemos todo el verano para pensarlo –y además Miguel Sanz, el presidente de la Navarra foral y española, está estos días de vacaciones en Corella- , y demos gracias a Soraya por haber agitado las aguas sin quererlo.

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 7 de agosto de 2006

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