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Hezbollah en la memoria española

Hezbollah en la memoria española


Visto el oficial tratamiento anestésico del problema libanés, a donde marcharán soldados españoles dentro de la fuerza multinacional interina desplegada por la ONU, no está de más recordar que fueron terroristas hezbollíes de la Yihad Islámica los que dinamitaron en 1985 el restaurante “El Descanso”, frecuentado por soldados norteamericanos de la base de Torrejón. Hubo 18 muertos y más de un centenar de heridos.

Califico de “anestésico” el tratamiento de la cuestión en la que deberán de actuar nuestros soldados, no porque el doctor Clos, especialista en esa materia clínica, venga a Madrid desde el Ayuntamiento de Barcelona a relevar a Moratinos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en vez de hacerlo en el Ministerio de Industria, por regresar a Barcelona su actual titular: el candidato Montilla a la presidencia de la Generalitat de Cataluña. Lo digo porque en la abierta práctica de la equidistancia política y moral entre Estado y terroristas, entre Israel y la guerra terrorista de Hezbollah —por algo más que parapetarse entre la población civil libanesa—, la política de este Gobierno olvida, si es que lo supo alguna vez, aquello que fue el primer atentado del terrorismo islámico en España.

Conviene menos olvido y ninguna anestesia en materia como ésta. Ya hay sangre española derramada por esta cepa islamista, nacida por amitosis o segregación nuclear de los Guardias de la Revolución iraní en los primeros años de la jefatura revolucionaria del imán Jomeini: guía espiritual el presidente Mahmud Ahmadineyad, que trae en jaque a la comunidad internacional, comenzando por Kofi Annan, secretario general de la ONU que la representa y que ayer visitaba España.

Una visita, principalmente, para agradecer que nosotros los contribuyentes españoles le hayamos puesto el avión con el que ha viajado por toda la geografía del conflicto, incluido el propio Irán, que no sólo amenaza a Israel e invoca su desaparición, sino que despierta sensible inquietud entre los Estados árabes, con los que comparte el golfo del petróleo y la punta de un océano, además de dominar, por el Estrecho de Ormuz, el tráfico marítimo del crudo extraído de aquella cuenca.

La política del actual Irán, ubre nutriente de Hezbollah (que permite a ésta distribuir indemnizaciones de guerra después de la reciente campaña militar), encuentra en la diplomacia de esta Moncloa receptividad, comprensión y poco menos que acogida bajo el arco de la Alianza de Civilizaciones: pacifismo virtual no cuajado y ya engrasado con los caudales del petróleo persa.

El presidente iraní, al igual que el de Venezuela, dispara con el talonario. Y así se enlazan y conciertan las danzas y contradanzas de los emisarios y mensajeros. El propio Felipe González, que reclamó en declaraciones a los medios la condición privada de sus visitas a Teherán, se encuentra en Madrid con Kofi Annan para hablar poco menos que oficialmente del desafío iraní, puesto que ambos han sido recientísimos interlocutores de Ahmadineyad.

Acaso por el temario de la agenda que ayer traía Annan de su periplo por Oriente Próximo y Medio, una música a lo Ketèlbey hacía que por la diplomacia y la paradiplomacia (diplomacia y negocios, política y parapolítica) se escucharan los sones recurrentes de un mercado persa…

También de los frutos de ese mercado vive Hezbollah, a la que, para regocijo de Teherán, se ensalza ahora desde el antisemitismo, por haber inducido en Líbano la demoledora respuesta de Israel contra la emboscada mortal a una patrulla israelí. Hezbollah se configura como terrorismo puro y duro en la memoria española, pero la munificencia de sus promotores hace que parezca otra cosa.

José Javaloyes

Estrella Digital, 8 de septiembre de 2006

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