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Dossier: Memoria histórica y checas.

Dossier: Memoria histórica y checas.

Checa.- Centro de tortura que durante la guerra disponían los milicianos de partidos y sindicatos de izquierda, sobre todo en las grandes capitales, en el que se encerraba y torturaba sistemáticamente a personas de derechas, católicas o simplemente sospechosas. Normalmente eran conocidas por el lugar que se encontraba o su titular. Su nombre lo recibe de las siglas del organismo de la policía política creada por Lenin en la URSS en 1917 (Comisión Extraordinaria Panrusa para la Supresión de la Contrarrevolución y el Sabotaje)

Colaboración de Ramón J. tomada del enlace:

http://www.geocities.com/Athens/Crete/2408/abc.html

En Madrid había de veinte a treinta importantes (pero con otras pequeñas superaban las doscientas). Las principales (había más) en Madrid eran:

* Checa de Fomento o de Bellas Artes.- La más importante y terrorífica, ya que ser llevado a ella era la muerte prácticamente segura. Estaba en el Círculo de Bellas Artes, de la calle de Alcalá, nº 40, hasta el 25 de octubre de 1936 y en la calle de Fomento, 9, después. Actuaba como Comité Provincial de Investigación Pública, creado por iniciativa de Manuel Muñoz Martínez, Director General de Seguridad el 4 de agosto de 1936. Ese Comité estaba formado por tres miembros de cada partido del Frente Popular, que daban un comité directivo de treinta personas que formaban seis tribunales que tomaban decisiones de vida o muerte inapelables, sin procesos ni garantías. Si el detenido era considerado culpable se escribía en su sentencia la palabra "libertad" seguida de un punto y se le invitaba a irse a casa, pero a la salida le esperaba un grupo de milicianos que en un automóvil lo llevaban al "paseo" y lo asesinaban. Junto a ello se realizaban numerosas torturas y robos de propiedades.

* Checa de Marqués de Riscal.- Sita en el palacio de los condes de Casa Valencia (antigua sede de Renovación Española), en el número 1 de esa calle. Actuaba oficialmente como Primera Compañía de Enlace del Ministerio de Gobernación y era dirigida por Alberto Vázquez Sánchez. Actuó entre julio de 1936 y mayo de 1937, al menos.

* Checa de Narváez.- Sita en los números 18 y 20 de la calle de Narváez, donde estaba el colegio del Sagrado Corazón. Era el Ateneo Libertario de Retiro de la CNT, y dirigida por Mariano García Cascales. En octubre se trasladó a un local más amplio, el restaurante Cóndor de la calle Jorge Juan, 68.

* Checa de San Bernardo.- Actuaba en la Iglesia situada en los números 72 y 74 de la calle de San Bernardo. Desde el 22 de julio actuaba como Radio 8 del PCE y dirigida por Agapito Escanilla de Simón. Tenía delegaciones en el número 7 de esa calle y en el número 27 de la calle Princesa, y la llamada Fundición Pasionaria, sita en la ronda de Atocha (en esta además se fundían los materiales robados en los registros domiciliarios) y que fue muy frecuentada por La Pasionaria (ver Madrid en Guerra, de Javier Cervera, pág.62, in fine).

* Checa de Ferraz.- Sita en la calle Ferraz, 16. Vinculada el Ateneo de Vallehermoso, actuaba como un Comité de Abastos de la CNT. Posteriormente se trasladó a la calle de Serrano,14 por la proximidad del frente de batalla a la calle Ferraz. La dirigía Carmelo Iglesias Muñoz, pero era controlada por el jefe de la de Fomento, Manuel Ramos.

*Checa del cuartel de Espartaco o Spartacus . Comandancia de la Guardia Nacional Republicana y sede de una comisión depuradora de la Guardia Civil y la propia nueva Guardia Republicana. Situada en la calle de Santa Engracia, 18 y dirigida por el teniente García Gumilla. El 19 de noviembre de 1936 asesinaron juntos a 53 guardias civiles en las tapias del cementerio del Este, hoy de La Almudena.

* Checa del Ateneo Libertario de Ventas de CNT. Estaba en el arroyo del Abroñigal, junto al puente de Ventas, y a su frente estaba el temido y conocido Antonio Hurtado Fajardo, conocido como El Chato de Ventas.

* Checa de la estación de Atocha.- Funcionaba en el Salón Regio de la estación de Atocha, pero en octubre se trasladó a la calle del Príncipe de Vergara, 9. La dirigían las Milicias Ferroviarias de la CNT, estando al frente Eulogio Villalba Corrales.

* Checa del cinema Europa.- Era el Ateneo Libertario de Tetuán, que ocupaba el cine Europa de la calle de Bravo Murillo,150. Actuaba en esta checa Felipe Emilio Sandoval Cabrerizo, conocido como Doctor Muñiz, que también fue miembro de la Checa de Fomento.
* Checa de Lista.- Dirigida por el PCE (Cándido Bartolomé). Instalada en el edificio del convento de clausura de las religiosas de la Concepción Jerónima, en las esquina con la calle de Velázquez.

* Brigada de Investigación Criminal, del socialista Agapito García Atadell, que con el beneplácito de las autoridades republicanas instaló su checa en un palacio del Paseo de la Castellana, que al igual que otras checas, empleó los archivos del ministerio de la Gobernación (actualmente Interior) para perseguir a gente de derechas y católicos. Actuaba de forma móvil y también en el Palacio de los Condes de Rincón, la carrera de San Francisco, 4, y con la Brigada de Investigación Criminal de la calle de Martínez de la Rosa o la Brigada sita en al calle de Víctor Hugo. En la prensa de Madrid eran frecuentes los elogios a la Brigada de Atadell e incluso la publicación de fotografías de visitas de personalidades políticas y parlamentarias del Frente Popular. En octubre de 1936 García Atadell con dos cómplices (uno era Pedro Penabad que fue detenido junto y ejecutado junto a él) huía de España con el botín que había acumulado, pero fue arrestado en Santa Cruz de La Palma (Canarias). Marchaba a Hispanoamérica pero no supuso que el barco hacía escala en La Palma y ahí podía ser detenido al ser territorio español siendo finalmente ejecutado en Sevilla. Fue vituperado al final por los propios partidarios de la zona republicana por su extremada crueldad, aunque nunca habían actuado contra él ni frenaron la actuación de las otras checas.

* Brigada de "la patrulla del amanecer" por ser ese el momento del día en que salía a buscar a gente en las calles y sobre todo en sus casas. Algunos de sus miembros participaban también en otras checas como la de Fomento o Narváez.
Muchos dirigentes fueron recompensados con cargos políticos en la zona republicana (v.g. Julio de Mora, que dirigía una checa en el palacio del conde de Eleta fue nombrado jefe del departamento especial de información; Ángel Pedrero, que era el ayudante y sucesor de García Atadell fue nombrado jefe del SIM, Servicio de Información Militar, en Madrid en 1937. El SIM era el servicio secreto de información de la República.


CHECAS DE VALENCIA.- Del diario progresista valenciano "Levante-EMV" extraemos los siguientes datos de un artículo firmado por Francisco Agramunt:
"Loreto Apellániz. Algunos mandos republicanos valencianos particularmente activos fueron promovidos en los últimos años de la guerra a puestos de responsabilidad en las filas del Servicio de Inteligencia Militar, como fue el caso de Loreto Apellániz García, el más eficiente jefe del SIM en Valencia y a quien la causa general lo consideraba como «el más cruel de los agentes republicanos». ¿Quién era Apellániz? La opinión de los nacionales contrastaba con la que mantenían algunos dirigentes republicanos más radicales sobre este hombre de acción, con cara de pocos amigos, pero de gran intuición e inteligencia aguda, que realizó una carrera meteórica en el ejército y en los servicios de contraespionaje. Era un tipo duro, bastante alto y de complexión robusta, de unos cuarenta años. Con gran paciencia había conseguido crear una tupida red de agentes y delatores -algunos de ellos considerados de derechas- de gran eficacia que actuaban dentro de las checas, y entre los que se encontraban José Martínez Mineto, Enrique Vicioso, López Egea y el maestro Pérez Picot. Antes de la guerra ejercía como funcionario en Correos y el tiempo libre lo dedicaba a la importación y distribución en España de películas extranjeras, como la checa Éxtasis, de Maachati.
Al terminar la guerra su nombre figuraba el primero en las listas franquistas de las personas buscadas. Se le consideraba como el más cruel de los cabecillas del SIM, al que se atribuía la responsabilidad de todas las checas de este organismo durante el último período de la lucha civil. Fue detenido por militares republicanos tras el golpe del coronel Casado en marzo de 1939 y encerrado en la cárcel Modelo de Valencia, cuyo director, Tomás Ronda, se negó a liberarlo y lo entregó a los nacionales en un intento de reconciliarse con ellos y conseguir su perdón. Al ser ocupada la ciudad por las tropas franquistas fue capturado en la propia prisión, juzgado sumariamente y condenado a muerte. Fue ajusticiado a principios de abril de 1939 junto al resto de sus colaboradores, entre los que se encontraban los ya citados Martínez Mineto, Pérez Picot, Vicioso y López Egea, que fueron pasados por las armas en el campo de tiro de Paterna. Su muerte la recogió una noticia publicada por el diario Avance en los primeros días de abril de 1939.
Cabeza de plata. Otro de los chequistas más activos en la capital y en la provincia de Valencia, como aseguraba Salvador Ferrandis Luna en su libro Valencia roja (1938), era un curioso personaje apodado Cabeza de Plata, que se encontraba inválido a causa de las graves heridas que recibió en el cráneo y en los miembros cuando combatía como soldado en la guerra de Marruecos en los años veinte. El citado individuo, cuya identidad se desconoce, durante los primeros meses de la guerra lideraba una banda de incontrolados que cometieron numerosos asesinatos de sacerdotes rurales, propietarios y elementos considerados de orden.
Mientras, varios agentes republicanos que habían actuado y alcanzado notoriedad en Madrid se trasladaron a Valencia, donde prosiguieron su trabajo en algunas de las checas del Departamento Especial de Información del Estado (Dedide) o en las del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Éste fue el caso del impresor y ex dirigente juvenil comunista Agapito García Atadell, quien había alcanzado fama en la capital por haber instalado una checa antifascista en el número 1 de la calle de Martínez de la Rosa. García Atadell había organizado las juventudes comunistas a finales de la década de los años veinte.
Checa de Santa Úrsula. Una de las checas de más triste memoria para muchos valencianos se instaló en el interior del convento de Santa Úrsula, justo a la espalda de las torres de Quart, en la plaza del mismo nombre. Estuvo dirigida durante un tiempo por el comisario Juan Cobo; el comandante republicano Justiniano García, jefe de la escolta del ministro Galarza; el capitán de milicias Alberto Vázquez y sus dos hermanos, y otros que habían ejercido mando en la checa madrileña de la calle del Marqués de Riscal, de donde procedían. Como técnico con amplia autoridad figuraba, entre otros extranjeros, un individuo de nacionalidad rusa que usaba el nombre de Peter Sonin, así como su mujer, Berta, cuya actuación alcanzó notoriedad en Valencia. Tal vez el personaje más emblemático que pasara por esta checa fue el abogado Jesús-María Domingo Abargues, destacado miembro de la Comunión Tradicionalista en Gandia, que fue sometido durante tres meses a toda clase de torturas y vejaciones. Al abandonar la checa aparentaba ser un anciano y el pelo lo tenía todo blanco, a pesar de que sólo contaba 31 años de edad, según testimonio de su hija, María Luisa Domingo.
Por dicho convento pasaron muchas personas para ser interrogadas, como fue el caso del periodista, abogado, escritor y político Luis Lucia Lucia, fundador de la Derecha Regional Valenciana (DRV), partido demócrata cristiano inspirado en la doctrina de la Iglesia y con un planteamiento regionalista. Tras el golpe militar del 18 de julio, se adhirió a la causa republicana, lo que no impidió que fuese detenido y enviado a esta checa, donde fue interrogado, aunque en ningún momento sufrió maltrato físico debido a su condición de antiguo ministro de la República. Durante su estancia recibió la visita de su mujer, que le entregaba ropa limpia y alimentos. Igualmente paso por esta checa el periodista José Ombuena Antiñolo, que fue incomunicado en una reducida, oscura y sombría celda cuyo suelo estaba ocupado por afiladas puntas de ladrillos y cubierto por una fina capa de agua. Acurrucado, sin posibilidad de moverse o cambiar de posturas y con una escasa alimentación, estuvo allí varios días hasta que fue puesto en libertad. Su experiencia fue tan traumática y dolorosa que nunca quiso hablar de ella, ni siquiera a sus familiares y amigos más allegados. Por pertenecer a la quinta columna fue detenido y enviado a esta checa el maestro Justo de Ávila Sampascual, que era miembro de la Falange Española de la JONS desde el 22 de diciembre de 1933.
Checa de Sorní. La checa de la calle de Sorní número 7 se creó poco después del pronunciamiento militar y más tarde formó parte de la red de centros del SIM del Ejército de la República. Consiguió fama allí el ya citado Loreto Apellániz. Por allí pasó el aristócrata y terrateniente Federico Espinosa de los Monteros, que fue maltratado durante tres meses. Bajo la responsabilidad de Apellániz fue atado al respaldo de una silla, donde le fueron retorcidos los órganos genitales, tortura que le provocó una grave orquitis. Igualmente fue interrogado y torturado el doctor José Luis Maíquez Noguera, destacado dirigente de la derecha local. También recibió palizas el estudiante Jesús Sancho-Tello Mercada [futuro gran y conocido abogado], que más tarde se convertiría en un famoso abogado penalista. Fue detenido y encerrado en una checa, donde fue torturado por ser miembro de las Juventudes Católicas. Otra de las personalidades que fue interrogada en esta checa fue el ginecólogo Carlos Guastavino, miembro de una prestigiosa familia de intelectuales y arquitectos valencianos originaria de Italia.
Muy cerca de esta checa se encontraba la de la calle del Grabador Esteve, junto al viejo cauce del río, donde sufrió tortura la religiosa seglar Carmen Viel Ferrando, quien en enero de 2001 fue beatificada por el Papa Juan Pablo II en el Vaticano. La detuvieron los milicianos el 2 de noviembre de 1936 y fue enviada a esta checa, donde sufrió torturas a causa de su actividad pastoral, y fusilada en la carretera del Saler la noche del 4 al 5 de noviembre, cuando tenía 42 años.
De triste recuerdo también era la checa instalada en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús de la calle de Navellos, junto a la plaza de la Virgen, por la que pasaron numerosas personalidades de la vida cultural, económica y artística valenciana consideradas de derechas. Se encontraba situada en el convento de Santa Ana y estaba regentada por la Congregación de Hermanas Carmelitas de la Caridad, fundada por Santa Joaquina de Vedruña. En los primeros meses de la guerra funcionó una checa y más tarde se reconvirtió en un centro del Servicio de Inteligencia Militar, permaneciendo inactiva un breve tiempo a causa de la explosión de un depósito de trilita ubicado allí en un bombardeo. Uno de los personajes más conocidos que pasó allí por error fue el pintor y cartelista republicano José Peris Aragó, que había sido detenido por la policía militar por estar indocumentado mientras guardaba turno para comprar un bocadillo en el restaurante Barrachina de la plaza de Emilio Castelar.
La checa de la calle de Carniceros, situada en el colegio de los Escolapios, fue denominada preventorio número 1, dependiente del SIM. Pasó por esta checa el estudiante de Medicina y miembro de la Falange valenciana Francisco Aparici Mocholí, que el 18 de julio se adhirió al pronunciamiento militar. Asimismo fue enviado a esta checa el sacerdote escolapio José Antonio Puche, quien, tras ser detenido por los agentes del SIM, fue enviado al barco-prisión Rita Sister, atracado en el puerto de Valencia. De allí pasó, el 1 de junio de 1938, al preventorio número 1, donde permaneció hasta el 21 de enero de 1939 en que fue trasladado a la cárcel de Alicante. Durante el tiempo que permaneció en la checa celebró numerosas misas e incluso impartió ejercicios espirituales a los detenidos. Igualmente se encontraba el religioso franciscano Buenaventura Yagüe; el comerciante italiano Querubino Valsangiacomo; el empresario Fernando García Berlanga, hermano del que más tarde sería cineasta Luis García Berlanga; el periodista monárquico Andrés Revez, redactor del periódico ABC de Madrid, y el empresario de transporte Antonio López Grau.
Checa en Gandía. Tal vez una de las checas más activas fue la que se estableció en el colegio de los Escolapios de Gandia, situada en el edificio de la antigua universidad de esta ciudad, creada por los jesuitas en el siglo XVI. Allí fue instalada en las primeras semanas de la guerra civil una checa donde eran internados «los que por su ideal político, posición económica o ideas religiosas, eran considerados enemigos de la causa roja». Al frente de ella se encontraba Roberto Espinosa Verdú, que como delegado del gobernador civil de la provincia de Valencia, desde el comienzo de la contienda actuaba como jefe. Conjuntamente con éste ejercían también la máxima autoridad los hermanos Ramón y Andrés Perelló Peiró, José María Castellá Lloret, Enrique Ballesteros Valero, Antonio Azcón Cornell, José Pedraza Lillo, Rafael Pérez Martí, Benjamín Bravo Morales, Benjamín Benedito y José Fayos. Entre los que fueron bárbaramente maltratados estaban el padre rector de los jesuitas, Tomás Sitchas; el padre Constantino Carbonell; los hermanos jesuitas Grimaltos y Gelabert; el doctor José Melís y el obrero Pascual Moreno y otros muchos que luego fueron asesinados."


En Barcelona surgió la Oficina Jurídica (sic) dirigida por José Batlle y Antonio Devesa (antiguos condenados por atraco a fuertes condenas de prisión, cuya actuación criminal sorprendía incluso en un ambiente tan dantesco como el de la época).


Todo ello fue hasta tal punto que el gobierno suprimió en Madrid a los serenos para que las llaves las tuviesen sólo los vecinos, pero los milicianos entraban con armas. Para lograr detenciones las checas también usaron de los registros públicos del Ministerio de la Gobernación. Normalmente detenían por la noche y en grupos de cuatro o algunos más. Junto con la detención se hacía un registro y confiscación y robo de bienes de interés. Tras la detención se solían aplicar torturas con el fin de sacar información política o el paradero de otras personas, y otras veces la tortura era un fin en sí mismo. Se interrogaba al detenido en un ambiente hostil y represivo sin que normalmente estuviera presente el denunciante ni pudiera defenderse y luego era torturado o paseado. A menudo los milicianos entraban en una casa buscando a una persona, y si no estaba se llevaban como sustituto a un hijo, padre, abuelo, madre o cualquier otro familiar. Era tal el número de asesinados y paseados en las cunetas de las carreteras o alrededores de cementerios que la Dirección General de Seguridad disponía diariamente de un fichero con las fotografías de los rostros patéticos de los asesinados con un número para ser identificados.

En Barcelona las más conocidas fueron las de la calle de Zaragoza (antiguo convento de religiosas sanjuanistas), la de laTamarita, la del Seminario y principalmente la de Vallmayor, conocida como Preventorio D. , que estaban a cargo del jefe del SIM, Santiago Garcés, de Francisco Ordóñez, del gobernador del Banco de España, Pedro Garrigós y de los miembros del SIM.
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LAS CHECAS NO TENÍAN PIEDAD


Cuando hoy desde la progresía, capitaneada por el diario "el País", se desentierran los muertos de un sólo bando; en justicia queremos contribuir a la verdad.

03/11/2003: LAS CHECAS NO TENÍAN PIEDAD

Por Cesar Vidal

Los interrogatorios se encaminaban desde el principio a arrancar al reo alguna confesión sobre sus creencias religiosas o simpatías políticas, circunstancias ambas que servían para incriminarlo con facilidad.

Tal fue el caso de Dolores Falquina y García de Pruneda, de 25 años, a la que se detuvo el 2 de octubre de 1936. Al día siguiente, de madrugada, se procedió a juzgarla preguntándole “si era de Acción Católica” e instándola a que revelara dónde se hallaban ocultos unos jóvenes falangistas. Dolores Falquina reconoció que efectivamente era secretaria de la parroquia de San José, pero afirmó que desconocía a los jóvenes de Falange. La acusada pensó que al no existir ninguna relación con los muchachos se la pondría en libertad. Sin embargo, aquel mismo día fue sacada de la celda para ser asesinada.

En el curso de este interrogatorio, el acusado no disfrutaba de ninguna defensa profesional e incluso era común que se le intentara engañar afirmando que se poseía una ficha en la que aparecía su filiación política. Como mal añadido, se daba la circunstancia de que los reos eran juzgados de manera apresurada y masiva, lo que facilitaba, sin duda alguna, la tarea de los ejecutores, pero eliminaba cualquier sombra de garantía procesal. Así, por citar un ejemplo significativo, durante el mes de octubre de 1936, un abogado llamado Federico Arnaldo Alcover acudió al Comité para visitar a Arturo García de la Rosa, uno de los dirigentes de la checa. Alcover iba acompañado de un familiar de García de la Rosa y se le permitió asistir a uno de los procedimientos de interrogatorio. Pudo así comprobar que en el espacio de media hora se procedió a interrogar a una docena de personas recurriendo a cuestiones que dejaban de manifiesto los prejuicios de los chequistas. Concluidos los interrogatorios, sin que se tomara acta de lo sucedido ni se procediera a la firma de la misma, se decidía la suerte de los acusados que, en su inmensa mayoría, eran condenados a muerte y asesinados de madrugada.

Los tribunales de la checa seis en total con dos de ellos funcionando de manera simultánea mantenían una actividad continua que se sucedía a lo largo de la jornada, en tres turnos de ocho horas, que iban de las 6 de la mañana a las 14 horas, de las 14 a las 22 y de las 22 a las 6 del día siguiente (...) La actividad, no ya de los tribunales pero sí de las brigadillas, era especialmente acusada durante la noche y la madrugada que eran los períodos del día considerados como especialmente adecuados para proceder a los asesinatos de los reos. Las sentencias dictadas por los diferentes tribunales carecían de apelación, eran firmes y además de ejecución inmediata. A fin de ocultar las pruebas documentales de los asesinatos, éstos se señalaban en una hoja sobre la que se trazaba la letra L, igual que en el caso de las puestas en libertad, pero para permitir saber la diferencia a los ejecutores, la L que indicaba la muerte iba acompañada de un punto.

Una vez establecido el destino del reo, éste era entregado a una brigadilla de cuatro hombres bajo las órdenes de un “responsable”. Todos los partidos y sindicatos del Frente Popular contaban con representación en las diferentes brigadillas. Sin embargo, ocasionalmente las tareas de exterminio encomendadas a estas unidades eran demasiado numerosas y entonces se recurría para llevarlas a cabo a los milicianos que prestaban servicios de guardia en el edificio de la checa.

Entre los jefes de brigadilla de la checa de Fomento algunos destacarían por su actividad asesina. Tal fue, por ejemplo, el caso de Antonio Ariño Ramis, alias El Catalán . Delincuente común, antiguo recluso en la Guayana francesa, fue responsable directo de multitud de asesinatos en la capital y en poblaciones de la provincia como Vallecas o Fuentidueña del Tajo. Sus acciones en la checa de Fomento serían consideradas por las autoridades republicanas como un mérito, ya que cuando se procedió a disolverla pasó a formar parte de Consejillo de Buenavista, encargado también de tareas represoras.

(...) Desde luego, resulta difícil descartar que al menos en algunas ocasiones la razón fundamental de las detenciones –detenciones que concluían en fusilamientos- fuera meramente el robo. Por ejemplo, el 26 de septiembre de 1936, se procedió al asesinato de Rafael Chico y su hijo Luis Chico Montes, de un cuñado del primero, llamado Hipólito de la Fuente Grisaleña y de Jaime Maestre Pérez, redactor jefe de El Siglo Futuro. El rendimiento económico se produjo al forzar y robar la caja fuerte número 1055 que la familia tenía arrendada en el banco Hispano Americano.

En otras ocasiones, tras los fusilamientos sólo puede suponerse la existencia de antipatías personales. Tal fue el caso de Antonio García García, acomodador sexagenario del cine San Carlos, al que se detuvo y asesinó sin razón clara o el de José Fernández González, un jefe de la tahona sita en la calle Mira el Sol, número 11 al que denunció un antiguo subordinado suyo convertido en chequista.

No faltaron igualmente los casos de asesinatos de grupos enteros de detenidos en claro preludio de lo que iban a ser las matanzas en masa de finales del año 1936. Así, el 28 y el 31 de octubre de 1936 se llevaron a cabo dos sacas, en el curso de cada una de las cuales se procedió a asesinar a 70 personas por acusaciones como las de querer ser seminarista.

Resulta obvio que la checa de Fomento sirvió en multitud de ocasiones para exterminar a aquellos que habían sido puestos en libertad por otras instancias judiciales. Así, por citar un ejemplo, el 21 de septiembre de 1936, Francisco Ariza Colmenarejo –que era consciente de esta terrible circunstancia- suplicó al director general de Seguridad que no se procediera a liberarlo mientras las autoridades republicanas no garantizaran su seguridad. Dos días después se expidió una orden de libertad en la que se hacía constar que gozaba del aval del Comité Provincial de Investigación Pública. Entregado así a la checa de Fomento, Ariza Colmenarejo fue asesinado.

En el caso de personas que hubieran incomodado al socialista Largo Caballero y que fueran asesinadas pueden mencionarse al menos dos casos. El primero es el de Angel Aldecoa Jiménez, de 58 años, magistrado, que fue detenido porque había juzgado un atentado relacionado con Largo Caballero, al parecer, no de la manera que hubiera complacido al dirigente socialista. Aldecoa pagó su independencia judicial frente al PSOE con el fusilamiento. El segundo es el de Marcelino Valentín Gamazo. Fiscal general de la República, Gamazo acusó a Largo Caballero por los sucesos de octubre de 1934 en estricto cumplimiento de sus deberes dentro de la legalidad republicana. EL 5 de agosto de 1936, un grupo de milicianos llegó a la casa de campo de Rubielos Altos donde residía Gamazo con su familia y tras realizar un registro y proceder a destrozar los objetos religiosos, comenzaron a golpearle delante de sus hijos pequeños a pesar de sus súplicas para que ahorraran a los niños de aquel espectáculo. (...) A las doce y media de la noche, en el paraje conocido como Cerrajón, del término de Tevar, Cuenca, Marcelino Valentín Gamazo y sus hijos José Antonio, Javier y Luis de 21, 20 y 17 años respectivamente fueron fusilados.

Las matanzas que ordenó Santiago Carrillo

(...) Ese mismo día llegaron a San Antón nuevas órdenes de Serrano Poncela ordenando la puesta en libertad de más reclusos. Según el método habitual, al día siguiente, a esos detenidos se les incluyó en dos sacas cuyos miembros terminaron también siendo asesinados en Paracuellos. El día 29 de noviembre tuvo lugar una nueva saca en el curso de la cual fue asesinado, entre otros muchos, Arturo Soria Hernández, hijo del urbanista creador de la Ciudad Lineal. El 30, se efectuaría la última saca de San Antón. Cuando concluyeran, finalmente, las matanzas de aquellos días, millares de madrileños habrían sido asesinados por las fuerzas de la Junta de Defensa cuya Consejería de Orden Público se hallaba dirigida por el comunista Santiago Carrillo (...)

La responsabilidad directa y esencial de Carrillo en millares de crímenes ha sido confirmada de manera irrefutable tras la apertura de los archivos de la antigua URSS. Al respecto, existe un documento de enorme interés emanado del puño y letra de Gueorgui Dimitrov, factótum a la sazón de la Komintern o Internacional Comunista. El texto, de 30 de julio de 1937, está dirigido a Voroshílov y en él le informa de la manera en que prosigue el proyecto de conquista del poder por el PCE en el seno del Gobierno del Frente Popular. El documento reviste una enorme importancia, pero nos vamos a detener en la cuestión de las matanzas realizadas en Madrid que Dimitrov menciona en relación con el peneuvista Irujo:

“Pasemos ahora a Irujo. Es un nacionalista vasco, católico... Quería detener a Carrillo, secretario general de al Juventud Socialista Unificada, porque cuando los fascistas se estaban acercando a Madrid, Carrillo, que era entonces gobernador, dio la orden de fusilar a los funcionarios fascistas detenidos”.

La violación y asesinato de las hermanas del vicecónsul uruguayo

El mayor reto para las legaciones extranjeras era el de poder responder a las peticiones de asilo que formulaban centenares de personas. Buen número de los solicitantes eran ciertamente gente católica y conservadora, pero tampoco faltaban los apolíticos perseguidos por su carrera o su posición social ni los republicanos e incluso los izquierdistas moderados que comprendían que su vida peligraba en medio del marasmo cruento de la revolución (...).

Las autoridades del Frente Popular no se limitaron a presionar a las legaciones diplomáticas para que les entregaran a los refugiados, sino que en no pocas ocasiones recurrieron al uso de la violencia para conseguir sus propósitos. Así, por ejemplo, el 7 de noviembre de 1936, un grupo de milicianos anarquistas entre los que se encontraba el conocido atracador Felipe Emilio Sandoval, detuvo un automóvil en el que iba el médico de la cárcel Modelo Gabriel Rebollo Dicente en compañía de un funcionario de la legación noruega llamado Werner. A pesar de que el vehículo llevaba bandera diplomática, los milicianos sacaron de su interior al doctor Rebollo procediendo a asesinarlo. Las violaciones del Derecho Internacional no se limitaron, sin embargo, a vehículos. Así, los locales de la embajada de Brasil, situados en el paseo de la Castellana, números 55 y 57, fueron asaltados el 7 de mayo de 1938 por efectivos de la policía y de los guardias de asalto, que no sólo efectuaron un registro de las dependencias, sino que además se llevaron objetos de valor. En el caso de Alemania e Italia se produjeron sendas irrupciones de milicianos en los recintos diplomáticos una vez que ambos países reconocieron al Gobierno de Franco. Afortunadamente para los refugiados, en su mayoría ya habían sido puestos a salvo. Lo mismo podría señalarse de las embajadas de Finlandia y de Perú, que fueron allanadas siguiendo instrucciones de las autoridades republicanas.

En alguna ocasión, la violencia del Frente Popular contra los diplomáticos que intentaban paliar los efectos del terror revistió características especialmente repugnantes. Tal fue el caso de la descargada sobre la legación de Uruguay en Madrid que tenían entre los 18 y los 23 años. Los milicianos procedieron tras el rapto de las muchachas a violarlas y asesinarlas. El sábado aparecieron los tres cuerpos arrojados a una cuneta al este de Madrid. El triple asesinato acompañado de violación era una obvia advertencia del Frente Popular, que prohibió enviar despachos a los corresponsales extranjeros narrando lo sucedido. La respuesta, plenamente justificada, de Uruguay consistió en romper relaciones diplomáticas con la España del Frente Popular.

El mundo de la cultura se dividió entre soplones y acusados

Lejos de denunciar lo que estaba sucediendo, no fueron pocos los intelectuales que legitimaron las muertes e incluso unieron sus voces a las de aquellos que indicaban a nuevas víctimas a la vez que exigían su eliminación (...).

El 25, Miguel de Unamuno, que se había manifestado repetidamente contra el Frente Popular y ahora apoyaba a los alzados, fue cesado de su cargo de rector vitalicio de la universidad de Salamanca y tres días después, la universidad de Madrid era objeto de un cambio de cargos y nombramientos que llevarían, por ejemplo, a Julián Besteiro a convertirse en decano de la facultad de Filosofía y Letras y a Juan Negrín a ocupar la secretaría de la facultad de Medicina.

Al igual que había sucedido en Rusia durante la revolución, los intelectuales partidarios del Frente Popular se habían arrogado el derecho de expulsar de la vida pública –e incluso de la física- a aquellos que no comulgaran con su especial cosmovisión. Así, el 23 de agosto, la Alianza de Intelectuales Antifascistas celebró una asamblea cuya finalidad era depurar la Academia Española de la Lengua, cuyos miembros eran mayoritariamente de derechas. El comité de depuración, auténtica checa de la cultura, estuvo formado por Maroto, Luengo, Abril y, por supuesto, el poeta Rafael Alberti. La depuración fue durísima pero pareció escasa a las organizaciones del Frente Popular, que la consideraron un tanto tibia. Nuevamente, los intelectuales decidieron plegarse a los intereses partidistas, unos intereses que desde hacía semanas se escribían en sangre, y el 30 de julio publicaron un manifiesto de adhesión a la República.

La declaración, ciertamente escueta, estaba suscrita por una docena de intelectuales de primera fila y decía así: “Los firmantes declaramos que, ante la contienda que se está ventilando en España, estamos al lado del Gobierno de la República y del pueblo, que con heroísmo ejemplar lucha por sus libertades”. Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Gregorio Marañón, Teófilo Hernando, Ramón Pérez de Ayala, Juan Ramón Jiménez, Gustavo Pittaluga, Juan de la Encina, Gonzalo Lafora, Pío del Río Ortega, Antonio Marichalar y José Ortega y Gasset”.

No deja de ser todo un símbolo que ese mismo día fuera detenido Ramiro de Maeztu, otro de los grandes intelectuales de la época, en un piso de la calle Velázquez, número nueve. Se trataba del domicilio de su amigo José Luis Vázquez Dodero, que había aceptado esconderlo desde la noche del 17 de julio. Fue trasladado inmediatamente a la comisaría de Buenavista, donde un inspector lo puso en libertad al no encontrar ninguna causa legal que motivara su detención. Sin embargo, Ramiro de Maeztu, dado que ya eran las 11 de la noche y que lo esperaba un coche de milicianos a la puerta, solicitó que lo detuvieran. (...) Finalmente sería asesinado en una de las matanzas masivas realizadas en la época en que Carrillo era consejero de Orden Público.

Las motivaciones para aquella conducta de apoyo a una revolución extraordinariamente cruenta se hallaron en ocasiones en la convicción ideológica y otras, como el caso de Bergamín, en el miedo. Un caso similar fue el del poeta Juan Ramón Jiménez. Claro que no estaba sólo el miedo. Además estaba la defensa de los asesinatos por parte de aquellos que, sinceramente, estaban convencidos de que era lo mejor que podía hacerse en aquellos momentos. En honor a la verdad, hay que decir que no fueron muchos aparte de Rafael Alberti y su mujer.

(...) La poda que pretendían los partidarios del Frente Popular era de tal magnitud que, de haberse podido llevar a cabo, hubiera significado la creación de un páramo cultural sin precedentes en la Historia de España. Entre los condenados por la inquisición frentepopulista se hallaban los escritores Enrique Jardiel Poncela, Carlos Arniches, Ramón Gómez de la Serna, Eduardo Marquina, Tomás Borrás, José Juan Cadenas, A. Fernández Arias, Joaquín Calvo Sotelo, Ignacio Luca de Tena, M. Morcillo, Pilar Millán Astray, José María Pemán, Jacinto Miquelarena, Adolfo Torrado, Ramón López Montenegro, Jesús J. Gabaldón, Pedro Mata, Alejandro McKimlay, Antonio Quintero y Felipe Sasone, junto a compositores como Moreno Torroba, Jacinto Guerrero o Rosillo, cuya música debía de contener, presuntamente, corcheas antirrevolucionarias. No fueron, desde luego, los únicos músicos que tenían que temer. (...) Alberti, convertido, gracias a su condición de militante comunista, en dispensador de patentes de limpieza de sangre política, anunció que se negaba a participar como recitador en un acto organizado por la Asociación Profesional de Periodistas dado que en él iba a intervenir también el músico Joaquín Turina, porque no lo consideraba afecto al régimen.

Autogestión - César Vidal

FUENTE:
www.solidaridad.net/vernoticia.asp?noticia=742

EL ESPÍRITU DE LA CHECA
Por Pío Moa


Uno nunca pierde del todo la ingenuidad. Creía que la canallada de Guerra sobre la que hablé hace poco en el artículo «Un gran hombre», era algo aislado y bastaba con el comentario para liquidarla, pero veo que no es así. Un amigo me ha alertado sobre otro libro, exculpatorio del GAL, publicado hace poco por el periodista afín al PSOE Diego Carcedo, sobre el general Sáenz de Santamaría. En él se repite la misma patraña, puesta ahora en boca del general: yo habría sido el infiltrado que había permitido la liberación de Oriol y Villaescusa en 1977. Ya había tenido noticias de la difusión oral del rumor. Por lo tanto, estamos ante una verdadera campaña.

Pero quizá me exprese mejor en forma de autoentrevista.

P.- ¿Por qué crees que salen con estos cuentos ahora?

R.- Porque mis libros, en especial Los mitos de la guerra civil y Los crímenes de la guerra civil, por lo mucho que se han vendido y se siguen vendiendo, han hecho mucho daño al PSOE (además de a los nacionalistas), e intentan destruirme de alguna manera por estos métodos mafiosos. Ya Stanley Payne, en su comentario sobre mis libros, señalaba que los ataques a mis trabajos se realizan «por medio de una suerte de censura de silencio y de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o de la Unión Soviética que de la España democrática». Como vemos, refleja la realidad más de lo que uno hubiera pensado.

P.- ¿Por qué les hacen daño tus libros?

R.- No debieran hacérselo, porque son de historia, y una historia que empieza a ser vieja. Pero para el PSOE y los nacionalistas y comunistas la guerra civil no es un asunto histórico, sino una fuente inagotable de legitimación propia y de deslegitimación de la derecha. Han convertido la guerra en un negocio político fundamental, y de ahí que no vean mis libros como libros de historia, sino como un ataque a uno de los pilares de su política. Ahora mismo están volviendo a sembrar los viejos odios, los viejos rencores con sus campañas sobre la represión. No tratan esos temas como historia, pues hablan sólo de las víctimas de un bando, olvidando o menospreciando las del otro y las que se causaron las izquierdas entre sí. Y olvidan además que fue la izquierda quien empezó. Utilizan los muertos de una forma inicua y peligrosa, y esto me parece peor que la corrupción económica de su anterior etapa en el poder.

P.- ¿Hay algo de verdad en esas acusaciones de Guerra y Carcedo, y probablemente de muchos otros?

R.- Podemos plantearlo así: si fuera cierto, yo habría echado por tierra uno de los atentados terroristas más graves de la transición. Por lo tanto, deberían estarme agradecidos, por un lado, y por otro no deberían decirlo, porque ello equivale a poner mi vida en peligro. Pero, en primer lugar, no lo dicen como un elogio, sino todo lo contrario, lo sitúan en ese contexto sórdido, mafioso del que tanto entienden ellos. Y en segundo lugar, lo que dicen supone una auténtica colaboración con los terroristas, ofreciéndome a su venganza.

P.- Pero, ¿hay algo de cierto en lo que dicen?

R.- Es obvio que no hay nada, y no porque lo diga yo, que soy parte interesada. Cualquier puede ver que el Carcedo escribe como el clásico intoxicador chequista, poniendo en boca del general Sáenz de Santamaría unas palabras que tendrá que demostrar que las dijo el general, cosa que dudo. El contexto es de un jefe de la lucha contraterrorista que defiende el terrorismo de estado, y si dijo lo que le atribuye Carcedo sólo se puede concluir que era un perfecto botarate. Las palabras que pone en boca de Sáenz están plagadas de inexactitudes y expuestas con el estilo insinuante, sospechoso y especulativo propio de un intoxicador, no de quien ha tenido las máximas responsabilidades en su terreno y tiene que saber, por tanto, de qué habla. Sáenz dirigió la policía, y el Guerra la política por encima de Sáenz durante largo tiempo, y por tanto saben perfectamente que lo que dicen es falso. Tendrían que afirmar o negar taxativamente, pero en lugar de ello hablan como periodistas que plantean hipótesis o posibilidades teóricas desde fuera, desde la ignorancia. Es claro que mienten.

Es como si alguien diera a entender, relacionando arbitrariamente tales o cuales hechos, que Guerra dirige redes de pederastia, para que luego él se tomara la molestia de «aclararlo». Un periodista mínimamente honrado nunca daría pábulo a tales cosas, pero está claro que el Carcedo ignora los rudimentos de la ética profesional. Por cierto, estas conductas reproducen otros comportamientos de ciertos periodistas y políticos en relación con las investigaciones sobre el GAL, tratando de silenciar y destruir a quienes sacaban a la luz aquellos hechos. El PSOE organizó el terrorismo de estado, y quiere convencernos ahora de que estuvo muy bien. Los métodos que está usando contra mí, para desacreditarme como historiador y destruirme como persona, responden al mismo concepto mafioso o chequista, por cierto con una larga tradición en ese partido.

Quisiera recordar a este respecto que los socialistas practicaron con la ETA una doble y corrupta política: por un lado claudicaban ante los asesinos, negociaban con ellos, incluso pensaba cambiar las leyes a su favor; y por otra imitaban sus métodos.

Estudiando al PSOE uno se percata del enorme papel que han jugado en su historia las campañas de calumnias contra sus adversarios, lanzadas sin el más mínimo escrúpulo. Es algo estremecedor. Han sido verdaderos maestros de la calumnia y la provocación. Desgraciadamente siguen en las mismas, y los Besteiro no asoman por ningún lado.

P. Si no hay nada de verdad, el peligro para ti es menor.

R. No, el peligro es igual o mayor. En primer lugar, los terroristas no necesitan una verdad, sino un pretexto para actuar, el pretexto que les sirven en bandeja estos sujetos. En segundo lugar, no tienen por qué actuar ellos. Un posible atentado contra mí, después de todas estas cosas, les sería enseguida atribuido, aunque podría muy bien proceder de otro lado, máxime teniendo en cuenta experiencias como el GAL.

En todo caso algo es evidente: esta gente no ha respondido a mis investigaciones con el debate, sino, como decía Payne, con actitudes cargadas de odio y propias del stalinismo o del fascismo. En esas actitudes ha habido una escalada manifiesta con esta campaña no sólo escrita, sino también, y sobre todo, oral. Son reacciones típicas de la Checa, de quienes no entienden la libertad de expresión y de investigación, la democracia en definitiva. Utilizan la historia como un instrumento al servicio de oscuros intereses políticos actuales, que exigen tanto la resurrección de los odios como el silenciamiento de los discrepantes. Me siento seriamente amenazado.

P. Piensas recurrir a la justicia?

R. Sí

P. ¿Tienes confianza en la justicia?

R. La normal.

FUENTE:
www.hermandaddelvalle.org/article.php?sid=4613

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