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Ni Gallardón ni Aguirre: los navarros quieren a María San Gil

Ni Gallardón ni Aguirre: los navarros quieren a María San Gil


Mala cosa, si es verdad, la cizaña sembrada entre alcalde y presidenta. Tal y como están las cosas todo lo que divida o debilite a la derecha española beneficia sólo a sus enemigos. Y sabemos qué quieren éstos. Por eso no fue una casualidad, y si lo fue resultó muy grata, la visita de ayer tarde de María San Gil a Navarra y su acto público en Azagra junto al presidente Miguel Sanz. Un soplo de aire fresco muy necesario. Porque los navarros no podemos creernos invulnerables, y necesitamos ayuda de todos los españoles si queremos seguir siendo en paz lo que somos.

La verdad es que, digan lo que digan los supuestos ilustrados de la órbita del PSOE y pague lo que pague el PNV a sus apesebrados académicos y políticos Navarra es lo que es, una comunidad objetivada en la historia, legitimada aún más en la voluntad popular y en sus éxitos colectivos. De los tres elementos citados ayer por Sanz ante San Gil es importante que se recuerde a los dos lados del Ebro lo que no siempre se dice con claridad: Navarra no es España o deja de serlo porque las urnas digan una cosa u otra. Navarra se defiende hoy en las urnas, pero de las urnas depende la convivencia pacífica en democracia, que es otra cosa.

Nuestro futuro pende de un hilo o, lo que es peor, de un puñado de papeletas y de un puñado de políticos profesionales. El PSOE, esencialmente, está en una encrucijada que va a llevar a su anulación política o a una crisis sin precedentes en nuestra tierra. Todo depende, pues, del PP, mientras los socialistas estén así.

Patxi López ha basado la política del PSE en la declaración que Batasuna realizó en el velódromo de Anoeta hace dos años: en sustancia, "paz por soberanía y territorios". Lo demás son lloriqueos de los moderados o exigencias de los radicales recogidas en el diario abertzale Gara: "España debe hacer su Anoeta". De ese lado, para los navarros, sólo problemas: todos los partidos menos el PP y UPN están sentados a una mesa sobre la que quieren poner Navarra.

Por eso los navarros no necesitan ninguna polémica más. Bastante angustioso es ver cómo los socialistas, a los que durante tanto tiempo nuestros bienpensantes consideraron españoles leales, están pactando con los independentistas. Si Navarra cede el programa nacionalista máximo será posible; y si llega el caso será España la que afronte un cambio de régimen y de forma. Ante eso, quien piense en riñas de patio de colegio entre quienes han jurado defender España no puede ser amigo de Navarra. Unidad y coherencia, pues. María San Gil y Miguel Sanz, juntos, representan hoy esa esperanza de una Navarra foral y española en paz. Que tengan suerte y que den ejemplo.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 23 de noviembre de 2006

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