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Una diferencia moral de fondo. Comparaciones entre la tregua del 98 y la negociación de Zapatero

Una diferencia moral de fondo. Comparaciones entre la tregua del 98 y la negociación de Zapatero


Ahora, cuando está a punto de concluir el mal llamado proceso de paz generado por Zapatero, el presidente del Gobierno y el PSOE, con José Blanco y Rubalcaba a la cabeza, está empezando a trasladar la culpabilidad del fracaso al Partido Popular. Algo que no es nuevo en Zapatero ni en los socialistas, ya que siguieron la misma estrategia el 11 de marzo de 2004, cuando responsabilizaron, directamente y sin ningún tipo de escrúpulos, de la muerte de 191 personas al Ejecutivo de José María Aznar.

En estos momentos, cuando puede que todas las expectativas de paz generadas en la sociedad salten por los aires, el jefe del Ejecutivo quiere cargarle la culpa al PP. Es ahora cuando se acuerda del principal partido de la oposición. Y se acuerda para señalarle con el dedo y no asumir una responsabilidad que, desde el 22 de marzo de 2006, cuando se anunció el cese indefinido de la violencia, es única y exclusivamente suya. En este proceso no ha contado ni con el Partido Popular, ni con el PNV, ni con las víctimas del terrorismo, ni con un amplio sentir de la sociedad.

Para preparar a los españoles para el posible fracaso, el PSOE ha lanzado un manipulado vídeo en el que quiere demostrar dos cosas que son totalmente falsas: que el Ejecutivo del PP también hizo todo lo posible para negociar con ETA y que la tregua de 1998 es igual a la de 2006.

En el vídeo socialista hay mentiras y tergiversaciones fácilmente desmontables. Aznar nunca mendigó una tregua, se la encontró porque la prepararon los partidos nacionalistas con ETA, el Gobierno popular sólo se sentó una vez con los terroristas y, en cuanto comprobó que estaba ante un chantaje para pagar un precio político por dejar de matar, se levantó de la mesa y se detuvo a los interlocutores.

Además, en esos meses, el entonces presidente del Gobierno mantenía constantemente informado al PSOE de los pasos que se iban dando y de esto tendría mucho que hablar Joaquín Almunia o Juan Alberto Belloch. Entonces, Aznar, aconsejado por destacados dirigentes socialistas, tomó la decisión de acercar un centenar de presos a la península, eso es verdad. No haberlo hecho habría sido un signo de insensibilidad e inmovilidad ante la anunciada tregua. Y, con el paso del tiempo y conociendo al personaje, el acercamiento fue una decisión que se tomó correctamente.

Hay más diferencias: Aznar nunca internacionalizó el proceso y siempre estuvo con las víctimas, por citar más ejemplos que hacen diferentes ambos proceso. Pero sobre todo hay de fondo una gran diferencia que podemos calificar con el adjetivo de moral.

Existe entre la actitud del Gobierno popular de 1998 y el socialista de ahora una diferencia moral. Entones, Aznar que, en contra de su frialdad, hizo gestos para favorecer el proceso, se echó inmediatamente atrás en cuanto tuvo la certeza de que estaba ante un chantaje terrorista. No fue capaz de ceder. Ahora estamos ante un presidente del Gobierno que ha dado pruebas de todo lo contrario. Se trata de un problema moral de fondo que se traduce en una política totalmente diferente.

Independientemente de la simpatía o no que produjera Aznar, los españoles sabíamos que estábamos ante un frontón al que se iban a estrellar las ansias políticas de los etarras. Ahora con Zapatero, no. Nuestro presidente del Gobierno, marcado por un gran relativismo moral, ha afirmado que “todo cabe” o “todo vale” si desaparece la violencia, es decir, ha renunciado a acabar de raíz con el terror para, con un cálculo electoral, llegar a un acuerdo para cerrar en falso el problema y mantenerse en el poder. La libertad y la justicia son palabras de Zapatero para los grandes discursos.

Raquel Martín

Páginas digital, 28 de noviembre de 2006

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