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Memoria histórica en Italia, un ejemplo para España

Memoria histórica en Italia, un ejemplo para España Durante décadas, las masacres no aparecieron en la mayoría de los libros de historia italianos, y los sucesivos gobiernos del país se mostraron vacilantes de plantear la cuestión durante la Guerra Fría por temor a enfurecer a Yugoslavia

Giorgio Napolitano es el primer ex comunista en ocupar la jefatura del Estado en Italia. Sin embargo su militancia política, a diferencia de lo que sucede en España, no le ha impedido reconocer y condenar las masacres cometidas por sus correligionarios comunistas durante la Segunda Guerra Mundial.

El 10 de febrero pasado asistía a un acto en memoria de las miles de víctimas en las regiones de Istria y Dalmacia. Miles de italianos fueron torturados y asesinados en Trieste, Gorizia y en la península italiana entre 1943-1945 por comunistas yugoslavos e italianos en operaciones antifascistas. El número total de muertos no está claro, pero según las estimaciones se calcula que solo en las "foibe" (dolinas o pozos en terminología geológica) del Carso, en torno a la ciudad norteña de Trieste, hay 10.000 cadáveres de fascistas indefensos “ajusticiados” por los partisanos comunistas.

 

Al recordar estas matanzas, Napolitano, criticó el antiguo silencio de la izquierda sobre este tema. Durante décadas, las masacres no aparecieron en la mayoría de los libros de historia italianos, y los sucesivos gobiernos del país se mostraron vacilantes de plantear la cuestión durante la Guerra Fría por temor a enfurecer a Yugoslavia. La cuestión también era sensible para los italianos, donde los comunistas intentaron enterrar la cuestión porque perjudicaba su imagen.

 

En 1947 con el tratado de París, los aliados dieron a Tito lo que quería: Istria, Fiume y Dalmacia, lo cual provocó el éxodo de 300.000 italianos, que no siempre fueron bien recibidos en el resto del país, que les percibía como nostálgicos del fascismo de Mussolini. La tragedia de las foibe fue aparcada: a los aliados no les interesaba demonizar a Tito, único en el bloque comunista que no obedecía a ciegas a la URSS, y el Partido Comunista italiano sufría una endémica subordinación política a las exigencias del comunismo internacional.

 

Según la lógica rota y denunciada ahora por Napolitano, quienes recordaran o denunciaran a las miles de víctimas de los partisanos en Istria y Dalmacia eran automáticamente acusados de “fascistas”. De hecho, sus acusaciones de limpieza étnica contra los partisanos comunistas yugoslavos, han motivado que otro ex comunista, esta vez el presidente de Croacia, Stipe Mesic, acuse a Napolitano de revisionista. Una polémica internacional que ha motivado una crisis diplomática entre Croacia e Italia que se ha saldado con la convocatoria al embajador croata en Roma y la cancelación de una visita oficial a Zagreb El anterior gobierno conservador de Silvio Berlusconi intentó llamar la atención sobre el problema y en marzo de 2004 el Parlamento aprobó una ley para un día nacional de recuerdo. La postura de Napolitano que ha evitado usar la historia, la memoria y los sentimientos del pasado para su instrumentación maniquea en el presente, dividiendo a los italianos en dos bandos, ha sido alabada en toda Italia como un esfuerzo de reconciliación nacional.

 

Un ejemplo de honradez y arrepentimiento que la izquierda española parece no está dispuesta a seguir de ninguna manera. Al contrario, siguen jaleando al genocida de Paracuellos y empeñados en falsificar la historia convirtiendo a los brutales verdugos del totalitarismo marxista en campeones de la libertad y la democracia.

 

Minuto Digital, 6 de marzo de 2007

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