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Ideas que dejarán a Zapatero peor que a Ségolène

Ideas que dejarán a Zapatero peor que a Ségolène

Ayer Nicolas Sarkozy tomó posesión de la presidencia francesa. No es una victoria más de una derecha más, sino un huracán de ideas que se cierne sobre el pensamiento monocorde, impuesto en Europa por la izquierda durante décadas. El cambio, desde luego, debe preocupar a Zapatero y debe hacer meditar a Rajoy. Pero ya casi todo está dicho: como resumía el otro día el ex ministro de Agricultura italiano, Gianni Alemanno, "las ideas de la derecha vencen en Europa".

 

"Trabajo, identidad, autoridad, mérito: mientras estas ideas-fuerza resonaban de nuevo en el discurso de Nicolas Sarkozy, una intensa emoción recorrió no sólo a los miles de franceses reunidos en la plaza de la Concordia, sino a todos los que en Europa creen en un destino distinto para nuestro Continente. Los resultados de las elecciones presidenciales francesas marcan verdaderamente un giro en la política europea, porque no sólo representan la victoria de una personalidad de derecha que no se avergüenza de serlo, sino sobre todo una fórmula inédita de cambio y de modernización.

 

Como han notado todos los comentaristas políticos, el esfuerzo político y propagandístico de nuevo Presidente francés se ha basado completamente en un equilibrio entre dos polos opuestos: por un lado la ruptura, el cambio, la innovación, y por otro una fuerte recuperación de valores identitarios, de raíces nacionales, de un gallardo sentimiento de pertenencia a la comunidad nacional. Un amor apasionado por Francia –por toda su historia y su identidad, desde Carlomagno hasta Napoleón, desde De Gaulle hasta la Constitución europea- proclamado por el hijo de un inmigrante (…).

 

La larga marcha de Sarkozy hacia esta victoria arranca de dos catástrofes de la historia francesa: la llegada de Jean-Marie Le Pen a la segunda vuelta en las presidenciales de 2002 y el voto negativo en el referéndum sobre la Constitución europea. Estos dos signos indicaban una reacción rabiosamente identitaria de la Francia profunda contra los efectos negativos de la globalización y contra la Unión Europea vista –como ha dicho el mismo neopresidente- como un caballo de Troya dentro de los Estados europeos. Estas catástrofes, en vez de ser olvidadas o demonizadas, son comprendidas por el nuevo golismo que vuelve la espalda a los errores y las ambigüedades del viejo Chirac. El resultado es un proyecto político que no cede nada a la xenofobia, al populismo ni al miedo, pero que ofrece un futuro precisamente al sentimiento de identidad y de pertenencia, para gobernar la globalización, la apertura de mercados, los flujos migratorios y la integración europea sin padecerlos pasivamente.

 

[Entre las lecciones del caso Sarkozy está] esa modernización identitaria que no puede ser más el nuevo camino del modelo europeo, con la capacidad de unir competencia y solidaridad, libertad de mercado y tutela del interés nacional, futuro y raíces. La idea es que la identidad europea deba basarse en las pertenencias nacionales y no negarlas, que la globalización no debe estar dominada por el pensamiento único y por el mercantilismo, sino por el respeto a los derechos de los pueblos, del trabajo y de la persona humana. (…) Pero hay que tener valor, capacidad de romper tópicos, nuevas palabras para comunicar valores antiguos, con esa dosis de irreverencia tan necesaria cuando toca pasar página".

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 17 de mayo de 2007

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