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El Papa no ha rectificado su discurso de Aparecida

El Papa no ha rectificado su discurso de Aparecida

¿Ha rectificado el Papa su discurso de Aparecida sobre la evangelización de América? A diestro y siniestro repiten que sí, pero yo no encuentro que haya variado una coma. Es cierto que en la Audiencia del miércoles, dedicada a hacer balance de su visita a Brasil, Benedicto XVI ha introducido un nuevo tema, el del choque dramático que supuso la conquista y las injusticias que en muchas ocasiones se cometieron contra los indígenas.

 

Es evidente que la polémica suscitada ha movido al Papa a recordar algo que la Iglesia siempre ha tenido presente, pero que tenía poco que ver con la Asamblea de Aparecida: los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a la población indígena, pisoteada a menudo en sus derechos fundamentales. Como ha recordado Benedicto XVI, esos crímenes fueron ya condenados por numerosos misioneros y teólogos, y plantearon en España un debate de fondo sobre la justificación moral de la conquista, que no se ha dado en ningún otro momento de la historia.

 

Ahora bien, si el Papa hubiese introducido esa mención a las sombras de la conquista durante su discurso, ¿nos habríamos ahorrado la polémica? Mi respuesta es que no, porque el punto caliente no está en decir una vez más que hubo violaciones de los derechos de los indígenas, sino en afirmar, como hizo el Papa, que "el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso una alienación de las culturas precolombinas ni fue una imposición de una cultura extraña", y que "la utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso... sería una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado". Ahí está la madre del cordero de este debate que Benedicto XVI no quería rehuir, porque es una clave vital para afrontar el futuro de la Iglesia en América.

 

Precisamente la apertura de su discurso a los obispos del CELAM planteaba uno de los temas más originales de la reflexión de Joseph Ratzinger, el del encuentro entre la fe cristiana y las diversas culturas: ninguna cultura está cerrada en sí misma, ni petrificada en un determinado punto de la historia, sino que está abierta al encuentro con otras formas de vida, encuentro del que se derivará una nueva síntesis. El Papa sostuvo que Cristo, siendo el logos encarnado, no es ajeno a cultura ni a persona alguna, sino que es la respuesta exhaustiva a los anhelos más profundos de cada una de ellas, y por eso el encuentro de una cultura (en este caso las de los pueblos precolombinos) con Cristo, no significa su anulación sino su fecundación y purificación. Y ciertamente, el amor la vida, la pasión por la justicia, el fuerte sentido de solidaridad y la religiosidad que han caracterizado a los pueblos latinoamericanos desde aquel feliz encuentro bien lo demuestran.

 

Como sucedió en Ratisbona, el Papa se atrevió de nuevo a poner el dedo en la llaga, cuando afirmó que “la utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal no sería un progreso…. sería una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado”. Era necesario decir esto precisamente al comienzo de la V Conferencia del CELAM, porque no pocos exponentes del liberacionismo han emigrado hacia esta nueva mitología indigenista, y porque algunos regímenes políticos están utilizando esa coartada para sus nuevos populismos de corte totalitario. La ideología del indigenismo (que no tiene nada que ver con la justa lucha por los derechos de los indígenas, de la que la Iglesia ha sido siempre abogada y promotora) no sirve a las verdaderas aspiraciones de la gente, no responde a sus necesidades, falsea la historia creando una mítica arcadia feliz que nunca existió (más bien, en algunos casos, fue una orgía de sangre) y propone un camino opuesto al de un auténtico progreso.

 

Podemos discutir indefinidamente sobre las luces y sombras de la conquista de América, un tema apasionante que sin embargo no debe trabar la Conferencia del CELAM. Lo decisivo está en la pregunta que Benedicto XVI pronunció ante los obispos de América Latina y el Caribe: ¿qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los pueblos de América Latina y del Caribe? Aquí ya hemos dicho que ha llegado la hora de una nueva encarnación de la fe en la realidad latinoamericana, pero para llevarla a cabo es preciso comprender lo que supuso aquel gran evento de hace cinco siglos, y no renegar de él.

 

 

José Luis Restán

Páginas Digital, 24 de mayote 2007

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