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Foro El Salvador

La patita de Pedro J. Ramírez

Lo bueno de situaciones como la que vivimos es que cada cual termina retratándose. Y a algunos la cámara no les favorece. Miren, por ejemplo, a Pedro J. Ramírez, aquel que hace pocos años defendió con ardor de propagandista el derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Miren lo que escondía tras aquella careta.
En su editorial del jueves, el director de “El Mundo” empezaba el desbarre arremetiendo contra Otegi «cuya chulería quedó de manifiesto en sus gestos en la Audiencia Nacional». Arnaldo Otegi, hay que recordarlo, levantó el puño ante la camada facha que le insultaba.

Bueno, el caso es que, según Ramírez, «Otegi se siente lo suficientemente fuerte y crecido como para usurpar el concepto de ‘verificación’, habitualmente empleado por el Gobierno para referirse a las intenciones de ETA, equiparando la renuncia a la violencia y la renuncia de dos Estados a ejercer su soberanía». Y, en este punto, Ramírez empieza a mostrar la patita peluda: «Siempre hemos dicho que todos los planteamientos políticos, incluso los más delirantes, son respetables mientras se hagan por medios democráticos y en ausencia de toda violencia o extorsión. Ahora bien, contra el vicio de pedir está la virtud de no dar (...) El Gobierno tiene que dejar muy claro a ETA que deberá resignarse a pedir por vías políticas lo que el Estado jamás le va a conceder. El techo, el límite de lo que el Estado puede ceder, está en una reforma del Estatuto de Guernica, que el Parlamento vasco estaría legitimado para proponer tras el hecho consumado del Estatuto catalán. Y aun así sería discutible en la medida en que podría ser interpretado como el pago de un precio político a cambio de dejar de matar. En todo caso, una reforma del Estatuto de Guernica acorde con la Constitución se queda a años luz de las exigencias de ETA». Es bueno que hablen así de claro, aunque sea por los nervios. Y concluye: «La pregunta clave, por tanto, es qué harán Otegi y los suyos cuando su ‘verificación’ resulte, como únicamente puede resultar, negativa. Si siguen clamando en el desierto, no habrá nada que objetar. Si vuelven a las andadas, el tiempo habrá dado la razón a quienes advierten que, en caso de que ETA no alcanzara sus objetivos por las buenas, seguiría intentándolo por los medios criminales de siempre». La pregunta podría ser: ¿Qué van a hacer Ramírez y los suyos cuando una mayoría del pueblo vasco reclame lo que es suyo? ¿Seguir negándose violentamente a reconocerlo?

Maite Soroa (Gara, 16 de abril de 2006)


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