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Foro El Salvador

El reencuentro es posible

El martes 20 de junio tuvo lugar en Zaragoza una presentación pública más del libro colectivo La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas (Grafite Ediciones, Baracaldo, 2006, 340 páginas). Además de su director, el profesor José Luis Orella, participó Jaime Larrínaga, ex párroco de Maruri, una víctima del nacionalismo excluyente y coautor del texto; y José Marco Jalle, delegado territorial de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en Aragón.

Su testimonio fue impactante en su sencillez. En 1987 viajaba por Zaragoza en un autobús objeto de un atentado con bomba perpetrado por ETA. Murieron el conductor y un militar. El propio José quedó herido, severamente, durante casi 300 días. Pero las secuelas morales y espirituales pueden ser las que más profundamente calen. Fue su caso.

Así, durante años evitaba todo lo vasco: el territorio, sus carreteras, las noticias procedentes de allí, las personas; incluso a los compañeros militares de origen vasco.

Con los años se integró en la AVT y allí, en el trabajo asociativo cotidiano, conoció a otras víctimas del terrorismo: y muchas de ellas, vascas. Unas personas que habían perdido mucho más que él; que vivían en la clandestinidad, o que tenían que haberlo dejado todo camino del exilio… Aprendió a conocerlas, a valorarlas, a quererlas. Y con ellas redescubrió lo vasco más allá del nacionalismo que afirma representarlo de forma exclusiva y excluyente.

Un reencuentro, en definitiva, que le permitió redescubrir una realidad vasca que realmente desconocía.

Ese reencuentro, sin duda, le ha enriquecido y humanizado; proporcionándole estímulos y fuerzas para luchar por esa causa justa.

Esta experiencia, comunicada sin análisis ideológicos ni juicios políticos algunos, caló profundamente entre los asistentes. No podía ser de otra manera.

Y nos preguntamos… esa capacidad de reencuentro con “el otro”, con “los otros”, en definitiva con uno mismo, ¿sigue siendo posible a nivel colectivo?

Durante siglos esa capacidad, transmitida en una tradición y vivencia comunes, se resumía en una palabra hoy denostada, desconocida y por descubrir: España.

Si los políticos no nos lo facilitan, o nos lo impiden intencionadamente desde sus ideologías reduccionistas o sus análisis en corto, tendremos que ser los ciudadanos, desde la sociedad civil, incluso desde esa “resistencia” a la que invoca Rosa Díez, quienes nos pongamos manos a la obra. Por nosotros mismos, por nuestros hermanos, por nuestros hijos.

Gracias José, Pepe para los amigos; por habernos demostrado que ello es posible todavía.

Páginas Digital, 26 de junio de 2006

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