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La paz de Blázquez

El obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Ricardo Blázquez, ha hecho unas declaraciones sorprendentes en la revista italiana Famiglia Cristiana. Blázquez dice que todos los partidos deben implicarse en el "proceso de paz" con ETA. Y deja caer que los obispos siguen con esperanza la negociación. Conclusión inevitable: la Iglesia española avala un proceso que, según se va viendo, implica legitimar las exigencias políticas de los terroristas. Por supuesto, ya sabemos todos que las entrevistas, muchas veces, no reflejan tanto la opinión del entrevistado como la del entrevistador. Pero, hasta donde sabemos, Blázquez no ha desmentido tales afirmaciones.

Tiene miga que desde las instancias episcopales se nos recuerde, con razón, el error del relativismo moral y que, por el contrario, en este asunto se apueste por una solución relativista, cual sería esa de conceder razón a las dos partes implicadas. ¿Hemos de pensar que el terrorista también "tiene su verdad"? Y entonces, ¿por qué no aplicar el mismo principio al violador, al maltratador, al narcotraficante? O sin necesidad de llegar tan lejos: si el terrorista tiene "su verdad", y eso debe inclinarnos hacia una actitud de paz con él, ¿por qué no extender el argumento a los defensores del tráfico de embriones, del aborto masivo, del matrimonio homosexual o del adoctrinamiento ateo en las escuelas? Claro, claro: porque estas posiciones no son verdad, no se fundamentan en un criterio objetivo de verdad. Y ahí está el problema, ¿no? Pues lo mismo cabe decir del "proceso de paz" con ETA: que descansa sobre una mentira.

Conceptos como paz o tolerancia, tan hondamente arraigados en la mentalidad contemporánea, no son valores en sí. Al contrario, deben estar subordinados a criterios objetivos de bien, justicia o verdad. Una paz como la que se respiraba en Moscú en 1954, por ejemplo, es indefendible, porque se basaba en la amenaza de muerte masiva. Del mismo modo, una paz que consistiera en ceder al chantaje terrorista sería inaceptable, porque de ella nacería una situación de patente injusticia. La paz que Zapatero abandera esconde una mentira implícita: la de que aquí ha habido una guerra con dos bandos enfrentados. Pero no. Aquí no ha habido una guerra. Aquí ha habido unos fulanos que han renunciado a las vías pacíficas que la sociedad les ofrecía y han escogido el camino del asesinato, la tortura y la extorsión. No han echado mano de las armas por necesidad, víctimas de una opresión injusta, sino porque han querido imponerse contra la voluntad general. A quien escoge ese camino no se le puede tratar como a un par en el tablero del conflicto, sino como a un criminal que debe ser derrotado. Si no vemos eso, estaremos ciscándonos en el principio de justicia. Y estaremos confundiendo el Mal con el Bien.

Muchos miles de españoles nos manifestábamos ayer en memoria de Miguel Ángel Blanco. Qué bueno habría sido recordar a Miguel Ángel en esa entrevista de Famiglia Cristiana, monseñor.

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 13 de julio de 2006

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