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La esquizofrenia de Occidente le conduce a su propia aniquilación

La esquizofrenia de Occidente le conduce a su propia aniquilación

No hay civilización que sobreviva sin defensores, con la esquizofrenia de mantener con unos valores de los que, de palabra y por escrito, se abomina en todo momento.

En la frecuente comunicación con los lectores, el último artículo sobre El Islam políticamente correcto ha provocado, entre otros, el comentario de uno, que me parece por completo acertado.

Dice el ilustrado lector que "el cáncer de Occidente es que sus propios valores fundacionales (democracia, respeto, libertad, igualdad…) le llevan a no atreverse a defender valores por miedo a parecer radical. Esta pérdida de raíces es aprovechada por otras civilizaciones sin tantos complejos, que utilizan estructuras occidentales para extender sus valores materiales. Estudiar el Islam y financiar su estudio no es malo; lo malo es permitir que en tu propia casa el invitado decida si cumple las normas o no. Lo malo es enterrar el estudio de tu propia religión y financiar la ajena. Favorecer la autodiscriminación de los inmigrantes por miedo a transmitir nuestra cultura es la garantía para perder nuestra identidad. Solución: EE.UU. es un ejemplo de país con valores materiales fuertes y libertad de pensamiento. Los taxistas llevan turbante y se saben el himno americano: esa es la clave".

Estoy básicamente de acuerdo. Alguna matización: el islamismo está lleno de complejos, muchos fundacionales y todos agravados desde la desaparición del califato otomano que ha dejado a esa religión en situación de sede vacante, a la deriva. Tampoco soy partidario de financiar a nadie –a nadie, ojo- porque todo sale de mi bolsillo, aunque no quiera.

Pero sí, lo grave de Occidente es su propia tibieza, su propia acedía, siendo la única civilización digna del hombre, la única que prohibió la esclavitud, la que ha desarrollado la igualdad de todos ante la Ley y el Estado de Derecho.

No tengo ningún miedo al integrismo, porque venimos de combates contra los totalitarismos y porque el miedo es un sentimiento indigno. Pero, en efecto, es esa demolición interna de nuestros valores lo que es preocupante. En mi libro Los nuevos clérigos –en un artículo no se puede ser exhaustivo- expliqué cómo no se trata de una cuestión anecdótica ni tampoco espontánea, sino de un sistema de control del flujo de ideas, a través de periodistas, artistas y docentes, a los que se ha introducido en el presupuesto o se hace depender del Estado. Y que, o se cambian las bases del sistema, o resultará difícil que sobrevivamos. Ninguna civilización sobrevive sin defensores, con esta esquizofrenia de vivir, en la práctica, merced a unos valores de los que, en teoría, de palabra y por escrito, se abomina a toda hora.

Gratificante el alto nivel de los lectores.

Otrosí: La pantomima del Parlamento europeo ha sido un absoluto fracaso para Zapatero. Un error mayúsculo, como la candidatura de Miguel Sebastián (salvo que quiera dejarle el terreno libre a Gallardón).

Enrique de Diego

 

El Semanal Digital, 28 de octubre de 2006

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