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Líbano: una sensación recurrente

Líbano: una sensación recurrente

Desde las ultimas semanas he intentado recordar minuciosamente el pasado para encontrar en algún lugar de mi cerebro razones objetivas de comprensión sobre la guerra. Tal vez en un piadoso acto de defensa propia, no acuden a mi situaciones que arrojen mayor comprensión. Será quizás la influencia de la emoción, pero no siento que encuentre nada nuevo, razonable o racional, ¡Nada!. Será por compasión, ansiedad, rechazo al terror, por tristeza o dolor, pero así las cosas, nada nuevo y valorable aprecio para volcar en este análisis que trato de realizar para colocar en cierta perspectiva los últimos acontecimientos en Líbano.

¿Cómo es que no hay nada nuevo? Si vivimos una guerra destructiva por los últimos 30 años. ¡Pero no!, nada nuevo, ni de un lado ni del otro. Observando el escenario político desde fuera del país, me resulta difícil y a la vez agraviante experimentar cierta sensación de cordero al que se le da dos opciones entre dos distintos mataderos: El Pro-Sirio y el Anti-Sirio. Ambos, garantizan la muerte en un 100 por 100% para el Líbano y para los libaneses, aun con distintos colores, diferentes estilos y diversos profetas que interceden en favor de unos y de otros según sea su Dios. Pero no hay más que matanza en esta inmisericordiosa realidad.

La inmensa mayoría de libaneses con los que hablo me dicen que están agradecidos por tener, al menos, una opción -a la que llaman democracia libanesa-. Ellos reafirman sus teorías, que fundamentan en las conspiraciones, que, con indisimulada mitomanía explican y desarrollan sobre la situación política libanesa según sea su posición de cordero y el matadero que hayan elegido. Por ejemplo, sobre el ultimo crimen político en el país, el del Ministro Pierre Gemayel, otorgando la responsabilidad del mismo a las manos americanas, o las manos sirias, o las israelíes, o a las iraníes, como si los libaneses no tuviéramos ninguna responsabilidad en estos hechos con excepción de ser asesinados o de escapar y alejarnos de esta locura siniestra que hemos sabido construir con perfección suiza, desquiciada y cuidadosamente durante años

Si usted habla con los seguidores de Michel Aoun y de Hassan Nasrallah, usted escuchara que la guerra de julio estaba planificada desde mucho tiempo atrás por los americanos y por los israelíes y que ellos, solo esperaban una excusa para lanzarla sobre el Líbano. Seguramente Usted pensara ¿Pero por qué Nasrallah les dio la excusa? Ellos le responderán: “No, no necesitaban una excusa. La habrían hecho de todos modos, todo forma parte de una conspiración a gran escala por parte de América e Israel”. Así de ridículamente simplista. Y ellos agradecen a Dios por Hassan y Michel, por resistir con fortaleza y dignidad contra los bárbaros que destruyeron el país. Tristemente superflua la comprensión de los hechos que efectúan estos corderos que tienen muy claro el matadero elegido, Siria e Irán, claro esta.

Michel enfrentó a Siria y fue aliado de los estadounidenses por casi 15 años desde su exilio en Paris, después regreso al Líbano y “cambió”, pasó a hablar contra los americanos y occidente y ahora esta del lado de los sirios. Hassan por otra parte, ha estado jugando el juego de la liberación cual “mamushka rusa” con el pueblo libanés: Él siempre encuentra algo nuevo para liberar para la gente libanesa, es decir, termina y comienza, el siempre está liberando, es el gran liberador: primero los suburbios meridionales de Beirut de la soberanía libanesa del Estado, luego las Granjas de Shebaa de la ocupación Israelí, posteriormente el Líbano de los libaneses, ahora está abocado a liberar a los chiitas de la dominación de los sunnitas, tampoco olvida en sus discursos liberar a Irak de los E.E.U.U, a Palestina de la ocupación Israelí y al mundo árabe entero de la América colonialista e imperialista y hay un sin fin de etcéteras más de las liberaciones de Hassan Nasrallah, aunque curiosamente jamás dijo una palabra por las Alturas del Golan que le fueron ocupadas a sus patrones sirios y el silencio que el guarda en tal sentido lo muestra en su real hipocresía.

Si usted habla con los partidarios de Hariri, escuchará que Hezbollah está detrás de la decadencia política y la crisis actual para desviar la atención del mundo respecto de la situación nuclear en Irán y para bloquear el Tribunal Internacional para juzgar el asesinato del ex PM Rafik Hariri en el que estaría implicado el régimen de Siria.

Así mismo, se observa a los drusos y los suníes hoy enfrentados ferozmente con el régimen de Assad, cuando por mas de 30 años sostuvieron que sin la ayuda de Damasco no era posible la seguridad ni la prosperidad libanesa y se proclamaron por todo ese tiempo a favor de la causa árabe contra occidente desde posiciones cerradas y ultra-nacionalistas regionales. Hoy, ellos son repentinamente liberales pro-americanos, y pro-occidentales que repiten las palabras del Presidente Bush a favor de la democracia y la libertad. Increíble, pero real.

Pero he aquí que los libaneses, nosotros, los que tratamos de pensar y clarificar este escenario socio-político esquizofrénico, más allá de la dicotomía de pro-sirios o anti-sirios de nuestros dirigentes políticos, estamos -estoy- desamparados en la cuestión que refiere a la libertad y la democracia real como ciudadanos.

Como reflejo de mi propia historia con la guerra del Líbano por un lado, como analista político que propugno la política organizada, donde la vida en democracia y la libertad de los ciudadanos sea prioritaria, por otro; del mismo modo que como ciudadano común que rechazo las organizaciones armadas y las milicias de todos los sectores que combatieron en esa guerra (1975/1990) y que hoy, a 35 años del inicio de la indecencia vuelven a emerger de sus cenizas medievales amenazando con repetir la historia. Me siento intelectualmente agraviado por tanto derroche de necedad, torpeza y carencia de responsabilidad en la clase dirigente libanesa actual, y me resisto a creer que como los nobles de la Revolución Francesa, ellos también “nada olvidaron y nada aprendieron” de esa guerra absurda e importada.

Me resisto así mismo aceptar cómo el presidente Lahoud -un cristiano- y el portavoz del parlamento Nabih Berri -un chiita- colocan a los ciudadanos contra su país y sus propias instituciones democráticas incentivando y permitiendo que el caos y la anarquía avancen simplemente porque cumplen directivas de países extranjeros. Sus conductas son vulgares, aunque es claro, que a ellos no les interesa imponerlas aun sobre los cadáveres de su propia gente.

¿Esto es favorable a la democracia o es repetir torpemente la historia nefasta cuya sombra nos persigue a través de la historia más reciente del Líbano?

Como tantos libaneses en el exilio, continuo evaluando mi identidad como ciudadano de un estado, no de una comunidad religiosa, no de un partido político, no como seguidor ciego de alguna familia o clan.

No veo ni evaluó nada nuevo, nada. Los libaneses tienen que elegir hoy entre dos opciones: “Una tiene las armas” con las que atemoriza y presiona y esta vendida a la influencia Siria-Iraní, e incluye una unión antinatural entre un sector chi’ita fundamentalista islámico: Hezbollah, y el movimiento patriótico libre de Michel Aoun: secular -pero cristiano- a ellos los apoyan una horda de baazistas residual y nacionalistas árabes pro-sirios de ideología comunista y obsoleta cuyos postulados pretenden mantener en alto mas allá del derrumbe del inmoral muro de Berlín que acabara con esas perversidades.

¿Este sector puede representar la esperanza de reforma o de cambio en la estructura del Estado? ¿Pueden los libaneses creer realmente en una reforma cuando el modelo de cambio de Hassan Nasrallah es el régimen de Teherán?
¿Por qué necesitan destruir el Estado para reformarlo?
¿Pueden ellos encarnar realmente una reforma cuando Michel Aoun ha sido tan amoral e impúdicamente dual en su vida política y es un esquizofrénico en su representación de los cristianos, ya que mientras proclama su secularismo a la vez abre el camino a los extremistas musulmanes?

En el otro sector pareciera que el absurdo se ha convertido en lo tradicional, las familias que se resisten a la apertura, donde abundan los negocios y el dinero grande, los señores de la guerra con sus feudos como Jumblatt en su Mukhtara -castillo feudal-. Walid Jumblatt, el mismo que sabiendo que Siria asesinó a su padre se mantuvo al servicio de Damasco por casi 29 años, tomando distancia del régimen recién en 2005. De este lado, también la política de los clanes, cuyo anacronismo, favoritismo y disputas por el poder opaca los genuinos postulados de libertad, soberanía e independencia que declaman muchos de los cuales no hace mas de tres años se arrodillaban ante Bachar al Assad en Damasco y hoy se apresuran ante las cámaras de CNN, BBC o TV France para encolumnarse detrás de los féretros de los «héroes de la Revolución de los Cedros» cuando son asesinados.

Se preguntará usted: ¿Entonces, según lo desarrollado, qué es lo que debemos inferir ante este panorama? ¿Qué debemos esperar? Poco, esa es la respuesta, es malo eso de ser un optimista con conocimiento, manejo de datos e información. Esto lo convierte a uno en pesimista.

En julio, el sector pro-sirio arrastró al país a la destrucción de todo lo que había sido reconstruido durante -debo decir a pesar de- 15 años de corrupción, sumisión y ocupación del régimen sirio. Y ahora, aparece para un sector de la población libanesa una esperanza de cambio única encarnada en Hezbollah: un grupo fundamentalista islámico radical basado en el régimen iraní y armado hasta los dientes. Al parecer, para esta gente da lo mismo ser mendigos o comerciantes inescrupulosos que venderían a sus propias madres si la ocasión del negocio es buena aunque se negocie con el enemigo. Ellos carecen de vergüenza, de dignidad y de orgullo.

Estoy convencido que nos hemos convertido en algo así como los animales heridos que ahuyentan a quienes desean acercarse para brindarle ayuda y atacan a quienes tengan a mano porque en definitiva no confían en ninguna persona, incluso están dispuestos a morder y destrozar la mano que le ofrece ayuda.

Líbano se ha convertido en una hipocresía gigante, donde la muerte, el engaño y el absurdo coexisten en un universo enfermizamente paralelo y kafkaiano. Las nuestras, no son vidas detrás de la cortina de hierro; las nuestras son vida detrás de un “telón oscuro de mentiras, fantasioso e hipócrita, inspirado en la torpeza y los pensamientos medievales”. Podemos ser educados, cultos, sofisticados, viajados, multilingües y modernos, pero nos empeñamos en ser un pueblo que tiende a la auto-destrucción, con una clase dirigente carente de imaginación, valentía, inteligencia y esperanza. La dirigencia política libanesa no tiene más cerebro que esos corderos que continúan siendo reunidos para la matanza “por los pastores traidores” y los libaneses continuamos caminando en la misma dirección, siempre detrás de los falsos profetas -que nosotros mismos elegimos-, de los generales, de los jeques, de los mullah sagrados a quienes Dios eligió para nuestro estilo de democracia-libanesa. Sencillamente impresentables y de una torpeza absoluta nuestras conductas.

Nunca mas acertado el maravilloso Khalil Gibran -quien “si” amó al país y a nuestra gente- cuando escribió: «Ustedes tiene su Líbano y Yo tengo el mío».

Y tal vez sea por eso que hoy no acude a mi ninguna sensación diferente al intentar bucear minuciosamente en el pasado y en los recuerdos de la guerra, hoy mantengo en mis retinas las imágenes del último asesinato político, el de Pierre Gemayel. Él fue asesinado como cientos de miles de ciudadanos libaneses cuando los mismos criminales en los años 70 y los años 80 asesinaban -en un numero de hasta 1000 personas al mes- ¡Si, leyó bien! ; así mataban a la gente en el Líbano. ¿Por qué con tanta impunidad se preguntara Usted? Porque no había CNN o Al-Jazeera tal vez, para mirarlo en vivo por TV. Porque en ese tiempo nadie agitaba miles de banderas libanesas, Michel Aoun “había huido de noche y en pijamas” a Francia, Hassan Nasrallah “estudiaba en Irán” y ningún presidente occidental estuvo de luto o presento sus condolencias por la muerte de nuestra democracia “que fue allí donde comenzó a morir”, porque poco les importo a muchos.

Y para concluir, me invade una sensación recurrente: El Líbano es un país dotado con la máxima belleza de la naturaleza en su tierra, pero lo persigue la maldición eterna de nuestra propia gente.

Hassan y Michel dirán que me he convertido en un horrible y desalmado occidental… Yo les respondo con las palabras de Khalil Gibran: “Ustedes tienen su Líbano y Yo tengo el Mío”.

George Chaya
Hispalibertas.com, 10/11/2006



 

 

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