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2007: ¿Adiós, Navarra?

2007: ¿Adiós, Navarra?

Un año nuevo, con las ilusiones que trae cada primero de enero. Pero 2007, además de las esperanzas y los temores de siempre, renovados con el "accidente" de ETA en Barajas, nos trae una certeza: en mayo habrá elecciones, municipales en toda España, autonómicas en muchas regiones, forales en Navarra. Y con todo lo que está pasando, la alianza de Zapatero con los nacionalistas de todos los pelajes y sus negociaciones con ETA, lo de Navarra es importante. Algunos dicen que decisivo.

 

Dicen que mi amigo Jaime Ignacio del Burgo ha declarado que "si UPN no revalida la mayoría absoluta los efectos para Navarra serían devastadores". Estoy convencido de que esa frase no ha podido salir literalmente de él por dos razones importantes. Para empezar, UPN nunca ha tenido mayoría absoluta, de hecho nunca ha habido una mayoría absoluta en el Parlamento foral y es muy difícil que se den nunca, con un sistema electoral proporcional en una sociedad tan compleja como la nuestra; no se puede revalidar un título que no se ostenta. Por lo demás, un demócrata como Del Burgo puede discrepar de lo que las urnas eventualmente traigan, y comparto su opinión negativa; pero unas elecciones libres, si asumimos que son fuente de verdad y de legitimidad, no pueden ser literalmente "devastadoras".

 

Devastadoras, de verdad, sólo son las bombas, quienes las ponen y quienes se equivocan en la manera de combatirlas. ¿Se nos va a morir Navarra en 2007? Estoy seguro de que no. Y además espero que los navarros fieles a España y a la libertad sean muchos, la mayoría, y haré lo que esté en mi mano. Pero hay que poner, para el año que empieza, algunas cosas en su sitio. Hoy, sólo el aperitivo.

 

Podemos hablar de las instituciones, por ejemplo. Si Miguel Sanz y UPN necesitaron el apoyo del CDN de Juan Cruz Alli (leal e intachable, la verdad sea dicha) en la legislatura iniciada en 2003 fue porque previamente se había modificado el Amejoramiento, suprimiendo la designación automática como presidente del candidato de la fuerza más votada, a falta de una mayoría estable. Un bonito cambio, entre otros, que a la larga ha generado inestabilidad y miedos. Tal vez convenga pensar más las cosas, en el futuro.

 

Tendremos que hablar de la cultura popular. Porque está claro que un movimiento de fondo de la sociedad, generosamente financiado por cierto por el centroderecha navarrista cuando ha gobernado, favorece ligeramente a la coalición abertzale de Patxi Zabaleta y Uxue Barkos. Claro, claro, está muy bien mejorar el PIB, subir las pensiones y construir carreteras, pero olvidarse de la educación y la cultura en el día a día político –que no es el administrativo-, encargar la gestión de la toponimia a teóricos técnicos, nacionalistas en la práctica, aceptar la financiación de ikastolas ilegales, deslizar viejos y falaces lugares comunes nacionalistas en libros escolares recién publicados y entregar de hecho la acción social al rival político es un problema. Mayor que las urnas, por cierto.

 

Y habrá que pensar en el navarrismo. Ahora todo el mundo es navarrista, el PSN de Fernando Puras habla de "comunidad diferenciada", ETA y Batasuna enarbolan la bandera de Navarra –por cierto, queridos alumnos: diseñada sólo en 1910, no exageremos- y Nafarroa Bai repite literalmente un eslogan de UPN cuando dice que "Navarra será lo que los navarros quieran". Nadie quiere anexionar Navarra a Euskadi como en 1977, y lo que se está haciendo es mucho más inteligente: halagar el autonomismo de los navarros, cultivado hasta la hipertrofia en tres décadas de autosatisfacción, para llegar mucho más suavemente, y con muchos más apoyos, a la meta deseada.

 

Esto tiene sus causas, que merecen un análisis más largo. Pero tiene una consecuencia que va a marcar el año: el alarmismo no sirve. Anunciar que viene el lobo sirvió, y de mucho, cuando el lobo aullaba de verdad, en 1976-1982. Nos hemos pasado treinta años esquilando a las ovejas para que el lobo venga ahora con pelliza, y vamos a llegar a las urnas sin que los navarros de a pie sepan exactamente qué identidad real se quiere dar al proyecto "no-nacionalista" y "no-violento". Y al final la gente de la calle es la que tiene razón, no sólo en democracia, y hay que ir a escuchar; el "proceso" entre Zapatero y ETA sigue, las bombas son sólo una parte del recorrido, y Navarra -la única Navarra que hasta ahora ha existido, la Navarra foral y española- está mucho más en discusión que nunca. Estamos a tiempo de defenderla mejor.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 1 de enero de 2007

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