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El mundo no puede ser indiferente ante las sangre en África, advierte el Papa

El mundo no puede ser indiferente ante las sangre en África, advierte el Papa

Llamamiento ante el Cuerpo Diplomático

 

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 8 enero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI exigió este lunes el compromiso de la comunidad internacional para superar las numerosas guerras y conflictos que en África se están cobrando numerosas vidas inocentes.

 

«Constatamos en primer lugar que la paz es a menudo muy frágil e incluso ridiculizada», denunció el Papa ante los embajadores de los países que mantienen relaciones con la Santa Sede, al comenzar un repaso sobre la situación africana a inicios de 2007.

 

En primer lugar, hizo referencia al «drama de Darfur» que «se extiende a las regiones fronterizas del Chad y de la República Centroafricana».

 

«La comunidad internacional parece impotente desde hace casi cuatro años, a pesar de las iniciativas destinadas a aliviar a las poblaciones indefensas y a aportar una solución política», constató.

 

«Estos medios sólo podrán ser eficaces mediante una colaboración activa entre las Naciones Unidas, la Unión Africana, los Gobiernos implicados y otros protagonistas», aseguró.

 

Por este motivo, el obispo de Roma invitó «a todos a actuar con determinación: no podemos aceptar que tantos inocentes sigan sufriendo y muriendo así».

 

En su discurso, el pontífice también reconoció que «la situación en el Cuerno de África se ha agravado recientemente con la reanudación de las hostilidades y la internacionalización del conflicto».

 

Tras llamar «a todas las partes a que abandonen las armas y a la negociación», recordó a sor Leonella Sgorbati, «que dio su vida al servicio de los más desfavorecidos, invocando el perdón para sus asesinos».

 

El Papa deseó que el ejemplo y el testimonio de esta religiosa, de 66 años, asesinada el 17 de septiembre en Mogadiscio, junto al hospital en el que prestaba servicio, «inspiren a todos los que buscan realmente el bien de Somalia».

 

Su análisis de la situación africana pasó después por Uganda para «alentar los avances de las negociaciones entre las partes, de cara a poner fin a un conflicto cruel en el que se han reclutado incluso numerosos niños obligados a hacer de soldados».

 

«Repito --insistió--: no olvidemos África y sus numerosas situaciones de guerra y tensión. Es necesario recordar que sólo las negociaciones entre los diferentes protagonistas pueden abrir la vía para una justa solución de los conflictos y dejar entrever un progreso en la consolidación de la paz».

 

El sucesor del apóstol Pedro afrontó después el caso de la región de los Grandes Lagos, «que se ha visto ensangrentada, después de años, por guerras feroces».

 

«Con satisfacción y esperanza conviene acoger la reciente evolución positiva, en particular la conclusión de la fase de transición política en Burundi y más recientemente en la República Democrática del Congo», aseguró.

 

Sin embargo, añadió, «es urgente que los países se esfuercen por recuperar el funcionamiento de las instituciones del estado de derecho, para poner freno a todas las arbitrariedades y permitir el desarrollo social».

 

Para Ruanda, pidió que «el largo proceso de reconciliación nacional después del genocidio alcance su fruto en la justicia, y también en la verdad y el perdón».

 

En Costa de Marfil, exhortó «a las partes implicadas» en el conflicto interno «a crear un clima de confianza recíproca que pueda llevar al desarme y a la pacificación».

 

Por último, recordó la situación de África Austral, en cuyos países «millones de personas se ven reducidas a una situación muy vulnerable, que exige la atención y el apoyo de la comunidad internacional».

 

Su Santidad vio señales positivas para África en «la voluntad, expresada por la comunidad internacional, de mantener este continente en el centro de su atención, y también de reforzar las instituciones continentales y regionales, que da prueba de la intención de los países interesados de hacerse cada vez más responsables de su propio destino».

 

Pero la gran esperanza de África, según Benedicto XVI, está en «las personas que cada día, sobre el terreno, se comprometen con determinación a promover proyectos que contribuyen al desarrollo y a la organización de la vida económica y social».

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