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La democracia de la mordaza

La democracia de la mordaza Si algo tiene de bueno el paso del tiempo es que permite desenmascarar a aquellos que se ponen la careta de la democracia para ocultar sus tendencias dictatoriales. El sistema democrático es considerado como la quinta esencia entre las distintas modalidades de gobierno para una nación – el no va más en cuanto a expresión de los ideales comunes de un pueblo y de la salvaguarda de las libertades individuales, en conjunción con las del resto de los ciudadanos –; es el que los políticos esgrimen con gran soltura cuando se trata de arrimar el ascua a su sardina, y la pócima mágica que se maneja por el poder para adormecer a la ciudadanía en el letargo placentero del que sueña que todo va bien y que más allá de lo que nos ofrece el Gobierno ya no existe otra forma de vida mejor.

Sin embargo, hete aquí que, bajo el gobierno del señor Zapatero, a medida que va transcurriendo la legisladura, se van destapando los guiños totalitaristas que hasta ahora había procurado mantener ocultos tras su famosa política del “talante”. Cada día van emergiéndo nuevos focos de tensión que nos indican cuales son los propósitos verdaderos de la política de Zapatero. Existen signos claros de una involución hacia pasadas formas de gobierno que la mayoría creíamos que habían quedado ancladas en la historia.

 

Veamos, si no, lo que le ha sucedido recientemente a un locutor de una conocida emisora de radio. Al parecer se disponía a celebrar una emisión de su programa desde la localidad de Maracena, (Granada)con un censo de unos catorce mil habitantes, cuando fue recibido, en los alrededores del edificio donde debía celebrarse el acto, por un grupo vociferante de personas provisto de pancartas; bajo la activa dirección del concejal de Urbanismo –un tal Manuel Macías –. Entre todos se dedicaron a proferir insultos y amenazas contra su persona, sus acompañantes y el resto de los asistentes al acto, tachándolos de “fascistas” y “terroristas”. Por supuesto, una muestra del más delicado “talante” democrático. Baste decir que, al final, el locutor tuvo que salir escoltado, junto a su equipo, para evitar que fuera agredido.

 

Ya es hora que los ciudadanos españoles comencemos a despertar del sopor en el que parece que nos hemos sumido para tomar conciencia del rumbo, cada vez más peligroso, al que se está orientando nuestra Nación. Ya no basta con que se intente despedazarla en autonomías o pequeñas naciones; no basta con que el Gobierno haga de mangas capirotes para legalizar a la ETA e imponernos sus exigencias terroristas; no basta con que se ninguneé a media nación, como si no existiera; no basta con que nos mienta desde el Gobierno, un día sí y el otro también, ocultando lo que está ocurriendo con nuestros soldados de allende las fronteras; no basta con que se nos impongan fiscales partidistas como ministros de justicia y se pretenda influir, sin ningún empacho, sobre la administración de la justicia; sino que, ahora, también se pretenda acallar las escasas voces valientes que se atreven a protestar contra este estado caótico de cosas.

 

Claro, que no son sólo estos grupos incontrolados, ¿o no tan incontrolados?, los que cometen estos desafueros; tampoco se quedan mancos los de la farándula en eso de querer enmudecer al adversario, a aquellos que claman contra este caos al que nos están llevando el PSOE y sus sicarios los nacionalistas y comunistas. También tenemos a sujetos de la calaña del señor Buenafuente, experto en el humor de sal gorda, facilón, hortera, escatológico y oportunista, nada parecido a la gracia inteligente y fina de los grandes humoristas; pues, bien, este individuo, señores, para añadir leña al fuego y hacerse el importante, dijo que él no quería compartir con Jimenez Losantos, en el mismo acto, el premio que también se le había otorgado (¡vaya usted a saber por qué!). Ya ven, yo hubiera pensado que fuera el señor J.Losantos el que repudiara semejante compañía.

 

Pero no acaban aquí las demostraciones de inquina contra el mentado presentador, porque, vean ustedes por donde, resulta que uno de los últimos dinosaurios que todavía perduran de mesozoico radiofónico, el señor Del Olmo – me imagino que por escasez de neuronas – se está dedicando de lleno en insultarle con verdadera saña cada vez que le presenta la ocasión de hacerlo, en público y en privado. ¿No será que tiene algo de envidia, señor del Olmo? Hay gente que no se resigna a envejecer y les dan estas alferecías del espíritu. Y es que, señores, cuando alguien habla con claridad de los asuntos que nos afectan, los razona y demuestra cuales son sus causas, siempre los hay a quienes les escuece, les molesta y les preocupa, por lo que se valen de las malas artes, al no disponer de otros medios más adecuados para defenderse. ¡Así son esos demócratas de boquilla y así protegen la libertad de expresión! Ellos deben pensar aquello de que muerto el perro se acabó la rabia. ¡Cómo nos recuerdan estas maneras de los izquierdistas de hoy aquellas que condujeron a un enfrentamiento entre las dos Españas! Se empieza así y se acaba, como la Pasionaria, amenazando de muerte a sus oponentes políticos.

 

Miguel Massanet

Diario Siglo XXI, 26 de febrero de 2007

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