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José Luis Orella subraya que los católicos en los países musulmanes están “en peligro de extinción” por el fundamentalismo islámico Casi 20 millones de bautizados residen en 42 países de mayoría musulmana, según el Informe 2005 de Libertad Religiosa

José Luis Orella subraya que los católicos en los países musulmanes están “en peligro de extinción” por el fundamentalismo islámico Casi 20 millones de bautizados residen en 42 países de mayoría musulmana, según el Informe 2005 de Libertad Religiosa

El profesor de Historia Contemporánea de la Universidad San Pablo CEU, José Luis Orella, alertó ayer sobre la persecución que los católicos padecen en países de mayoría musulmana con "el despertar de un fundamentalismo islámico" que los toma "como víctimas propiciatorias". Según el 'Informe 2005 sobre Libertad Religiosa en el Mundo' de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), cerca de 20 millones de católicos bautizados residen en los 42 países de mayoría islámica de Asia, Africa y Europa.

"Estas comunidades se enfrentan a la posibilidad de la desaparición con el despertar de un fundamentalismo islámico que toma a los cristianos árabes como víctimas propiciatorias", aseguró Orella a Europa Press y subrayó, además, "que la frágil situación internacional de países como Israel, Palestina, Jordania, Siria e Irak, especialmente desde su invasión, ha producido una fuga masiva de jóvenes cristianos al mundo occidental".

Asimismo, comentó que los hombres emigran y las mujeres cristianas, en una sociedad tan masculina, como la árabe, sino se casan, no son consideradas socialmente. “Ante la ausencia de hombres jóvenes cristianos, se casan con musulmanes, pasando a formar parte de la comunidad islámica", sostuvo. Según el informe de AIN, en Asia viven cerca de 11,1 millones de católicos en 23 países de mayoría musulmana.

Pese a la tensión y la violencia que el discurso del Papa Benedicto XVI ha desencadenado en el ala más radical del mundo musulmán, el presidente de la Unión de Religiosos de Turquía, el franciscano español Rubén Tierrablanca, afirmó que "no sienten miedo".

"Como en todos los países musulmanes esta situación se vive con mucha atención y prudencia por lo que pudiera suceder aunque no tenemos miedo y eso no significa que estemos acostumbrados a la violencia, simplemente sabemos que nuestra presencia es querida por Dios", explicó. Según el informe AIN, Turquía y Bosnia Herzegovina, los únicos países europeos de mayoría islámica, suman cerca 511.000 católicos bautizados.

Por su parte, el padre Agustín Arteche, provincial de los Misioneros de frica, continente que aglutina a 17 países de mayoría musulmana con un total de 8,1 millones de bautizados, comentó que los cristianos en estas zonas del mundo empiezan a experimentar sentimientos de hostilidad hacia la violencia" aunque, según señaló,
las relaciones cotidianas "son buenas". "La gente se apoya y convive con mucha armonía", comentó este misionero que ha vivido más de 10 años en Sudán.

Asimismo, el Padre Blanco, como se conoce a esta orden religiosa, indicó que "el mundo musulmán se ha radicalizado mucho y ha exacerbado sus sentimientos antioccidentales que en muchos casos se confunde con el cristianismo". Al respecto, añadió que el islam tiene un proyecto social que quiere imponer desde los años 70', es decir, "que el islam entre en el sistema de la sociedad". Por ello, se preguntó "si el Papa no está haciendo al mundo un gran favor diciendo que quien atenta en contra de la razón actúa también en contra de la esencia de Dios".

Análisis Digital, 25 de septiembre de 2006

BENEDICTO XVI, OCCIDENTE Y EL ISLAM. Entre el fanatismo y la miseria moral

BENEDICTO XVI, OCCIDENTE Y EL ISLAM. Entre el fanatismo y la miseria moral Escribo este artículo con amargura, pero sobre todo con gratitud. Amargura por la cerrazón y el fanatismo de los que ha hecho gala buena parte del mundo musulmán, y también por la cobardía moral de la una amplia franja de la intelectualidad europea. Pero sobre todo, gratitud por la valentía de Benedicto XVI al plantear uno de los debates más necesarios para el futuro de la humanidad: el del verdadero horizonte de la razón del hombre, que es la exigencia de un significado total, la apertura al Infinito y la capacidad de entablar un diálogo con todos, basado en la búsqueda de la verdad.

Durante todo su viaje a Baviera, pero especialmente en el discurso pronunciado en la Universidad de Ratisbona, el Papa ha querido entrar en diálogo, desde la fe cristiana, con dos polos esenciales de este momento histórico: el Occidente secularizado que ha experimentado una drástica reducción del concepto de razón, excluyendo de su seno la pregunta religiosa, y el mundo musulmán que se debate entre la irracionalidad del integrismo y la formulación de un Islam que pueda hacer suyas la experiencia de la razón y de la libertad. Para ello, Benedicto XVI arranca de una convicción que en la que convergen el pensamiento griego y la revelación bíblica, y que está en el núcleo de la teología cristiana: la convicción de que entre Dios y la razón del hombre existe una analogía, una correspondencia. Por eso entre fe y racionalidad debe existir siempre un vínculo que corre el riesgo de quebrarse tanto en Occidente como en el mundo musulmán. Aquí porque la razón ha dejado de ser apertura a la realidad, para convertirse en una estrecha cuadrícula que lastra su propia exigencia interior, allí porque la religiosidad tiende a separarse de la razón y corre el riesgo de quedar atrapada en las redes de la violencia. Benedicto XVI lleva años hablando de ambas patologías, de la religión y de la razón, y su discurso es una aportación decisiva para superarlas.

Entonces, ¿por qué se ha levantado este huracán? Por supuesto, la manipulación de los sentimientos, las lecturas sesgadas, y hasta la estupidez más ramplona han jugado su papel, pero hay razones más profundas. Bien mirado, el discurso del Papa es como un bisturí que entra como en carne viva en la herida más profunda que en estos momentos exhibe el mundo islámico. El problema no es la afirmación polémica de un emperador bizantino sobre Mahoma, sino la gran cuestión de qué significa para el Islam la razón del hombre, y por ende, si la violencia debe ser rechazada o justificada en nombre de la fe. Este es, verdaderamente, uno de los debates más dramáticos en este momento de nuestra historia, y el Papa no ha querido rehuirlo sino ayudar a clarificarlo. La brutalidad de tantas reacciones de estos días da testimonio de la difícil tesitura en que se encuentra el mundo islámico, y de lo arduo que puede llegar a ser un diálogo que intente superar los tópicos de lo políticamente correcto. En todo caso hay que subrayar que el Papa no ha buscado en absoluto una confrontación dialéctica con el Islam, sino que desde una simpatía profunda por la religiosidad de los fieles sencillos musulmanes, y desde un conocimiento exhaustivo de la gran cultura medieval islámica, ha querido entablar un diálogo sincero en el corazón mismo de la experiencia religiosa, que no puede ser ajena a la exigencia de la razón común a todo hombre.

En todo caso el huracán que se ha levantado estos días contiene numerosas lecciones, y no es la menor la que se refiere a la miseria de Occidente. Muchos hijos de la Ilustración han preferido comprender y justificar la irracionalidad y el fanatismo de quienes propugnan la yihad, en lugar de defender al Papa que propugna recuperar la amplitud de la razón. Unos por cobardía y otros por un prejuicio invencible frente a todo lo que venga de la Iglesia Católica, lo cierto es que la cerrazón de una parte de la intelectualidad y de los medios de comunicación europeos da sobrados motivos para el pesimismo. En la conclusión de su discurso en Ratisbona, Benedicto XVI ha explicado el programa con el que la teología cristiana quiere implicarse en el debate de nuestro tiempo: comprometer toda la amplitud de la razón. Sus interlocutores de Oriente y Occidente no han estado a la altura de este desafío amigable, pero la semilla está sembrada.

Por José Luis Restán

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 21 de septiembre de 2006

Monseñor Blázquez aplaude el respaldo de Zapatero al Santo Padre

Monseñor Blázquez aplaude el respaldo de Zapatero al Santo Padre

El presidente de la Conferencia Episcopal Española y obispo de Bilbao, monseñor Ricardo Blázquez, celebró que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, respaldara al Papa y pidiera "tranquilidad" a la comunidad musulmana

Monseñor Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española y obispo de Bilbao, afirmó en declaraciones a la Cadena COPE que siente “alegría y agradecimiento por las palabras del presidente Zapatero que ha respaldado al Papa".

Asimismo, expresó su cercanía con el Papa e invitó a rezar por él. Blázquez también consideró "muy acertada" la explicación que Benedicto XVI dio en su habitual audiencia de los miércoles e insistió en que "no se puede apelar a Dios justificando la violencia".

Monseñor Blázquez defiende necesidad diálogo interreligioso y reciprocidad

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Ricardo Blázquez, aseguró que uno de los efectos que debe tener la reacción por el discurso del Papa en Ratisbona, es la afirmación de la necesidad de un diálogo interreligioso y la reciprocidad.

Blázquez, que hizo estas declaraciones a RNE, reiteró que el discurso de Benedicto XVI se produjo dentro de una lección en un marco universitario y que se trata de citas con las que el Papa no se identifica, "sino que suponían un punto de partida para su discurso".

El también obispo de Bilbao agregó que "uno de los efectos que debe tener esta reacción tras el discurso del Papa es la afirmación de la necesidad de diálogo interreligioso que el Papa viene ejercitando e invitando a él", dentro de la "necesaria reciprocidad", y que sea un "diálogo franco, sincero y con respeto recíproco", afirmó.

Análisis Digital, 21 de septiembre de 2006

El «escandaloso silencio» de los políticos europeos

El «escandaloso silencio» de los políticos europeos

Son pocos los mandatarios que han defendido al Papa, señal de la «debilidad occidental»

Tan sólo la canciller alemana, Angela Merkel, salió en defensa del Papa Benedicto XVI en su polémica con el mundo islámico. Pero el resto de voces políticas e intelectuales de Occidente han dejado solo al Papa. Esto es lo que denunciaron ayer varios órganos de la Iglesia italiana, así como destacados religiosos y políticos de centro-derecha, que criticaron a los líderes de los países occidentales por haber «callado» y no defender al Papa Benedicto XVI de las duras críticas y amenazas vertidas contra él por el mundo islámico.
Una de las voces que más se alzó contra la clase política occidental fue la de Pier Ferdinando Casini, líder de los democristianos italianos (UDC), quien en una entrevista concedida al diario «La Stampa» y recogida por la agencia Efe arremetió contra sus compañeros de Parlamento, sin excepciones. «Lo que más me sorprende es la debilidad del mundo occidental. Ver a los políticos europeos e italianos legitimando a quienes piden explicaciones al Papa es una clara señal de sumisión ideológica realmente grave», aseguró.
Golpe a la libertad
Casini atacó tanto a Silvio Berlusconi, líder de la coalición de centro-derecha, como al premier Romano Prodi. «Tienen ambos un reflejo común, que pasa por pedir que las palabras del Papa se expliquen», señaló. Para Casini, este tipo de reacciones suponen un duro golpe para la libertad de expresión. «Esto acaba con la idea que tenemos de laicismo. El laicismo se basa en el concepto de libertad y en esta historia la libertad se les concede a todos menos al Papa. Occidente ha dejado solo al Papa», concluyó.
También desde los órganos de opinión de la Iglesia hubo reacciones similares. «En estos días me ha sorprendido el silencio de Jefes de estado e intelectuales de naciones democráticas que en el catolicismo o el cristianismo tienen su base. Occidente no ha tenido el coraje, aparte de algún caso aislado, de defender la libertad de expresión que no niega a ninguno», escribió SIR, la agencia de información religiosa de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), que expresó su «solidaridad» a Benedicto XVI. La agencia destacó unas palabras del filósofo Gaspare Mura, de la Universidad Urbaniana, en las que dice que las civilizaciones que pierden su propia identidad y memoria histórica no tienen futuro «y éste es -precisó- el riesgo que corre la humanidad actual».
Pedir perdón o retractarse
Al igual que SIR, el diario de la CEI, «Avvenire», también salió en defensa del Papa, preguntándose que si se impone la idea de que Benedicto XVI «debiera pedir perdón o retractarse, sin motivos, ¿quien podría a partir de ese momento hablar, discutir u opinar, aunque sea respetuosamente de la fe islámica?».
Otros destacados políticos italianos de la oposición trasalpina criticaron a los gobiernos occidentales de no haber defendido a Benedicto XVI y centraron sus críticas en el primer ministro italiano, Romano Prodi, del que dijeron que «su silencio frente la violenta campaña contra el Pontífice es escandaloso».En este sentido, el ex ministro de Liga Norte y actual vicepresidente del Senado, Roberto Calderoli, pidió la dimisión de Prodi y Maurizio Lupi, dirigente de Forza Italia (el partido de Berlusconi) y dijo que el «silencio de Prodi es insoportable» y que todos los gobiernos de Occidente deben expresar una posición clara.
El ex ministro de Justicia Roberto Castelli anunció hoy que los conservadores han presentado en el Senado una moción en apoyo de Benedicto XVI, y Enrico La Loggia, dirigente de Forza Italia, pidió al Gobierno que convoque a los embajadores de los países musulmanes que han criticado al Papa «y se han dejado llevar por esas horribles amenazas». En nuestro país, el voto en contra de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) impidió anoche que el Senado aprobase una declaración institucional de apoyo a Benedicto XVI, al considerar que «otros ataques a la libertad de expresión no han sido condenados».

La Razón, 20 de septiembre de 2006

Ángel Villarino/Juan Lara

 

“Las palabras del Papa se dirigen a una mentalidad muy difundida en Occidente, según la cual toda religión es fuente de violencia”

“Las palabras del Papa se dirigen a una mentalidad muy difundida en Occidente, según la cual toda religión es fuente de violencia” El Arzobispo de Granada ha expresado su plena comunión con las palabras del Papa en Ratisbona, y ha denunciado la instrumentalización que se ha hecho y se hace de ellas para justificar nuevas e inicuas explosiones de violencia, y para dar la impresión, absolutamente falsa, de que la Iglesia Católica o el Santo Padre fomentan la violencia. La polémica desatada, su tono y su hipocresía son una confirmación de la oportunidad de la reflexión del Santo Padre, y de la necesidad de un debate intelectualmente riguroso sobre la relación entre razón, religión y violencia.

Precisamente el sentido de las palabras del Papa, evidente para cualquier persona que las lea sin prejuicio, es criticar la manipulación y el “uso” del nombre de Dios para justificar la violencia. La violencia en nombre de Dios es “irracional”, y difícilmente puede presentarse como verdadera “religión”. Con ello el Papa da un criterio esencial para distinguir lo que es “religión” de lo que es un uso de la religión para otros fines, por ejemplo, para intereses ideológicos o políticos, o para satisfacer pasiones humanas, como es la pasión por el poder. Ese criterio sería reconocido sin dificultad por muchos grandes maestros y filósofos musulmanes del pasado. Lo que el Papa ha dicho en Ratisbona no es diferente de lo que Juan Pablo II dijo en su visita a Kazakistán poco después del 11 de septiembre del 2001: que el islam verdadero no es terrorista, ni quiere la violencia. Sería triste que la reacción del mundo musulmán ante unas palabras del Papa que reafirman algo tan obvio pudieran desautorizar esta convicción.

Por supuesto, el peligro del mal uso de la religión y de su instrumentalización ideológica acecha a todos. A lo largo de los siglos, también los cristianos hemos caído en él con frecuencia. Y también aquí, no por ser buenos cristianos, sino por no serlo suficientemente, o por no serlo de verdad, o por ceder a la seducción del poder. Por otra parte, las palabras del Papa sobre la irracionalidad de la violencia llamada “religiosa” no se dirigen tanto al islam cuanto a una mentalidad muy difundida en Occidente, según la cual la religión por sí misma, toda religión, es fuente de violencia. Este pensamiento, curiosamente, es central en unas ideologías que, a lo largo del siglo XX, han sembrado el mundo de muerte y que, aun siendo de signo político muy distinto, coincidían en su odio al cristianismo y a toda religión.

Sería trágico, para el propio islam y para el mundo, que esas mismas ideologías, o sus versiones más actuales, desde fuera o desde dentro del mundo musulmán, manipularan la buena fe de tantos buenos musulmanes que adoran sinceramente al Dios compasivo y misericordioso, haciéndoles creer que la Iglesia o el Papa son sus adversarios.

Páginas Digital, 20 de septiembre de 2006

Texto íntegro del discurso titulado "Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones", pronunciado por Benedicto XVI en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona, en el transcurso de su viaje apostólico a Alemania

Texto íntegro del discurso titulado "Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones", pronunciado por Benedicto XVI en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona, en el transcurso de su viaje apostólico a Alemania ¡Ilustres señores, gentiles señoras!

Para mí es un momento emocionante estar nuevamente en la cátedra de la universidad y poder impartir una vez más una lección. Mi pensamiento vuelve a aquellos años en los que, tras un hermoso periodo en el Instituto Superior de Freising, inicié mi actividad de profesor académico en la Universidad de Bonn. En el año 1959 se vivían todavía los viejos tiempos de la universidad en que había profesores ordinarios. Para las cátedras individuales no existían ni asistentes ni dactilógrafos, pero en compensación se daba un contacto muy directo con los estudiantes y sobre todo entre los profesores.
Se daban encuentros antes y después de las lecciones en los cuartos de los docentes. Los contactos con los historiadores, los filósofos, los filólogos y también entre las dos facultades teológicas eran muy cercanos. Una vez al semestre había un 'dies academicus', en el que los profesores de todas las facultades se presentaban delante de los estudiantes de toda la universidad, haciendo posible una verdadera experiencia de 'universitas' --algo a lo que también ha aludido usted, señor rector, hace poco--: el hecho de que nosotros, a pesar de todas las especializaciones, que a veces nos impiden comunicarnos entre nosotros, formamos un todo y trabajamos en el todo de la única razón con sus diferentes dimensiones --estando así juntos también en la común responsabilidad por el recto uso de la razón--, hacía que se tratase de una experiencia viva.
La universidad, sin duda, estaba orgullosa también de sus dos facultades teológicas. Estaba claro que también ellas, interrogándose sobre la racionalidad de la fe, desarrollan un trabajo que necesariamente forma parte del 'todo' de la 'universitas scientiarum', aunque no todos podían compartir la fe, por cuya correlación con la razón común se esfuerzan los teólogos. Esta cohesión interior en el cosmos de la razón tampoco quedó perturbada cuando se supo que uno de los colegas había dicho que en nuestra universidad había algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía: Dios.
En el conjunto de la universidad era una convicción indiscutida el hecho de que incluso frente a un escepticismo así de radical seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y en el contexto de la tradición de la fe cristiana.
Me acordé de todo esto cuando recientemente leí la parte editada por el profesor Theodore Khoury (Münster) del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez durante el invierno del 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y la verdad de ambos. Fue probablemente el mismo emperador quien anotó, durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402, este diálogo.
De este modo se explica el que sus razonamientos son reportados con mucho más detalle que las respuestas del erudito persa. El diálogo afronta el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero necesariamente también en la relación entre las "tres Leyes" o tres órdenes de vida: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, Corán.
Quisiera tocar en esta conferencia un solo argumento --más que nada marginal en la estructura del diálogo-- que, en el contexto del tema "fe y razón" me ha fascinado y que servirá como punto de partida para mis reflexiones sobre este tema.
En el séptimo coloquio (controversia) editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la "yihad" (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: "Ninguna constricción en las cosas de la fe". Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa.
Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre los que poseen el "Libro" y los "incrédulos", de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: "Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba".
El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. "Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo.
Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas... Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte...".
La afirmación decisiva en esta argumentación contra la conversión mediante la violencia es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. El editor, Theodore Khoury, comenta que para el emperador, como buen bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. Para la doctrina musulmana, en cambio, Dios es absolutamente trascendente.
Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, incluso a la de
la racionalidad. En este contexto Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien revela que Ibh Hazn llega a decir que Dios no estaría condicionado ni siquiera por su misma palabra y que nada lo obligaría a revelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre debería practicar incluso la idolatría.
Aquí se abre, en la comprensión de Dios y por lo tanto en la realización concreta de la religión, un dilema que hoy nos plantea un desafío muy directo. La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o es válido siempre por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda concordancia entre aquello que es griego en el mejor sentido y aquello que es fe en Dios sobre el fundamento de la Biblia.
Modificando el primer verso del Libro del Génesis, Juan comenzó el "Prólogo" de su Evangelio con las palabras: "Al principio era el logos". Es justamente esta palabra la que usa el emperador: Dios actúa con "logos". "Logos" significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero, como razón. Con esto, Juan nos ha entregado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra en la que todas las vías frecuentemente fatigosas y tortuosas de la fe bíblica alcanzan su meta, encontrando su síntesis. En principio era el "logos", y el "logos" es Dios, nos dice el evangelista.
El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. La visión de San Pablo, ante quien se habían cerrado los caminos de Asia y que, en sueños, vio un macedonio y escuchó su súplica: "¡Ven a Macedonia y ayúdanos!" (Cf. Hechos 16, 6-10), puede ser interpretada como una "condensación" de la necesidad intrínseca de un acercamiento entre la fe bíblica y la filosofía griega.
En realidad, este acercamiento ya había comenzado desde hacía mucho tiempo. Ya el nombre misterioso de Dios de la zarza ardiente, que separa a Dios del conjunto de las divinidades con múltiples nombres, afirmando solamente su ser, es, confrontándose con el mito, una respuesta con la que está en íntima analogía el intento de Sócrates de vencer y superar al mito mismo.
El proceso iniciado hacia la zarza alcanza, dentro del Antiguo Testamento, una nueva madurez durante el exilio, donde el Dios de Israel, entonces privado de la Tierra y del culto, se presenta como el Dios del cielo y de la tierra, con una simple fórmula que prolonga las palabras de la zarza: "Yo soy". Con este nuevo conocimiento de Dios va al mismo paso una especie de ilustración, que se expresa drásticamente en la mofa de las divinidades que no son más que obra de las manos del hombre (Cf. Salmo 115).
De este modo, a pesar de toda la dureza del desacuerdo con los soberanos helenísticos, que querían obtener con la fuerza la adecuación al estilo de vida griego y a su culto idolátrico, la fe bíblica, durante la época helenística, salía interiormente al encuentro de lo mejor del pensamiento griego, hasta llegar a un contacto recíproco que después se dio especialmente en la tardía literatura sapiencial.
Hoy nosotros sabemos que la traducción griega del Antiguo Testamento, realizada en Alejandría --la Biblia de los "Setenta"--, es más que una simple traducción del texto hebreo (que hay que evaluar quizá de manera poco positiva): es de por sí un testimonio textual, y un paso específico e importante de la historia de la Revelación, en el cual se ha dado este encuentro que tuvo un significado decisivo para el nacimiento del cristianismo y su divulgación.
En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente desde la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, desde la naturaleza del pensamiento helenístico fusionado ya con la fe, Manuel II podía decir: No actuar "con el "logos" es contrario a la naturaleza de Dios.

< Honestamente es necesario anotar, el tardío Medioevo, se han desarrollado teología tendencias rompen esta síntesis entre griego espíritu cristiano. En contraposición así llamado intelectualismo agustiniano y tomista, con Juan Duns Escoto comenzó un planteamiento voluntarista, final llevó a afirmación que sólo conoceremos Dios ?voluntas ordinata?.< p al en de

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Más
allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual Él habría podido crear y hacer también lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aquí se perfilan posiciones que, sin lugar a dudas, pueden acercarse a aquellas de Ibn Hazn y podrían llevar hasta la imagen de un Dios-Árbitro, que no está ligado ni siquiera a la verdad y al bien.
La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien dejan de ser un espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inalcanzables y escondidas tras sus decisiones efectivas. En contraposición, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía, en la que ciertamente las desemejanzas son infinitamente más grandes que las semejanzas --como dice el Concilio Lateranense IV en 1215--, pero que no por ello se llegan a abolir la analogía y su lenguaje.
Dios no se hace más divino por el hecho de que lo alejemos en un voluntarismo puro e impenetrable, sino que el Dios verdaderamente divino es ese Dios que se ha mostrado como el "logos" y como "logos" ha actuado y actúa lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor "sobre pasa" el conocimiento y es por esto capaz de percibir más que el simple pensamiento (Cf. Efesios 3,19); sin embargo, el amor del Dios-Logos concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón, como añade san
Pablo es "lógico" (Cf. Romanos 12, 1).
Ese acercamiento recíproco interior, que se ha dado entre la fe bíblica y el interrogarse a nivel filosófico del pensamiento griego, es un dato de importancia decisiva no sólo desde el punto de visa de la historia de las religiones, sino también desde el de la historia universal, un dato que nos afecta también hoy.
Considerado este encuentro, no es sorprendente que el cristianismo, no obstante su origen e importante desarrollo en Oriente, haya encontrado su huella históricamente decisiva en Europa. Podemos expresarlo también al contrario: este encuentro, al que se une sucesivamente el patrimonio de Roma, ha creado Europa y permanece como fundamento de aquello que, con razón, se puede llamar Europa.
A la tesis, según la cual, el patrimonio griego, críticamente purificado, forma parte integrante de la fe cristiana, se le opone la pretensión de la deshelenización del cristianismo, pretensión que desde el inicio de la edad moderna domina de manera creciente en la investigación teológica. Si se analiza con más detalle, se pueden observar tres oleadas en el programa de la deshelenización: si bien están relacionadas entre sí, en sus motivaciones y en sus objetivos, son claramente distintas la una de la otra.
La deshelenización se da primero en el contexto de los postulados fundamentales de la Reforma del siglo XVI. Considerando la tradición de las escuelas teológicas, los reformadores se veían ante a una sistematización de la fe condicionada totalmente por la filosofía, es decir, ante un condicionamiento de la fe desde el exterior, en virtud de una manera de ser que no derivaba de ella.
De este modo, la fe ya no parecía como una palabra histórica viviente, sino como un elemento integrado en la estructura de un sistema filosófico.
La "sola Scriptura", en cambio, busca la forma pura primordial de la fe, tal y como está presente originariamente en la Palabra bíblica. La metafísica se presenta como un presupuesto derivado de otra fuente, de la que tiene que liberarse la fe para hacer que vuelva a ser ella misma.
Kant siguió este programa con una radicalidad que los reformadores no podían prever. De este modo, ancló la fe exclusivamente en la razón práctica, negándole el acceso al todo de la realidad.
La teología liberal de los siglos XIX y XX acompaña la segunda etapa del proceso de deshelenización, con Adolf von Harnack, como su máximo representante. Cuando era estudiante y en mis primeros años como docente, este programa influenciaba mucho incluso a la teología católica. Tomó como punto de partida la distinción que Pascal hace entre el Dios de los filósofos y el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.
En mi discurso inaugural en Bonn, en 1959, traté de referirme a este asunto. No repetiré aquí lo que dije en aquella ocasión, pero me gustaría describir, al menos brevemente, lo que era nuevo en este proceso de deshelenización. La idea central de Harnack era volver simplemente al hombre Jesús y a su mensaje esencial, sin los añadidos de la teología e incluso de la helenización: Este mensaje esencial era visto como la culminación del desarrollo religioso de
la humanidad. Se decía que Jesús puso punto final al culto sustituyéndolo por la moral. En definitiva, se le presentaba como padre de un mensaje moral humanitario.
La meta fundamental era hacer que el cristianismo estuviera en armonía con la razón moderna, es decir, liberarle de los elementos aparentemente filosóficos y teológicos, como la fe en la divinidad de Cristo y en Dios uno y trino.
En este sentido, la exégesis histórico-crítica del Nuevo Testamento restauró el lugar de la teología en la universidad: Para Harnack, la teología es algo esencialmente histórico y por lo tanto estrictamente científico. Lo que se puede decir críticamente de Jesús, es por así decir, expresión de la razón práctica y consecuentemente se puede aplicar a la Universidad en su conjunto.
En el trasfondo se da la autolimitación moderna de la razón, expresada clásicamente en las "críticas" de Kant, que mientras tanto fue radicalizándose ulteriormente por el pensamiento de las ciencias naturales.
Este concepto moderno se basa, por decirlo brevemente, en la síntesis entre el platonismo (cartesianismo) y el empirismo, una síntesis confirmada por el éxito de
la tecnología. Por un lado presupone la estructura matemática de la materia, y su intrínseca racionalidad, que hace posible entender cómo funciona la materia funciona como es posible usarla eficazmente: esta premisa básica es, por así decirlo, el elemento platónico en el entendimiento moderno de la naturaleza.
Por otro lado, se trata de la posibilidad de explotar la naturaleza para nuestros propósitos, y en ese caso sólo la posibilidad de la verificación o falsificación a través de la experimentación puede llevar a la certeza final. El peso entre los dos polos puede, dependiendo de las circunstancias, cambiar de un lado al otro. Un pensador tan positivista como J. Monod declaró que era un convencido platónico.
Esto permite que emerjan dos principios que son cruciales para el asunto al que hemos llegado. Primero, sólo la certeza que resulta de la sinergia entre matemática y empirismo puede ser considerada como científica. Lo que quiere ser científico tiene que confrontarse con este criterio.
De este modo, las ciencias humanas, como la historia, psicología, sociología y filosofía, trataron de acercarse a este canon científico. Para nuestra reflexión, es importante constatar que el método como tal excluye el problema de Dios, presentándolo como un problema acientífico o precientífico. Pero así nos encontramos ante la reducción del ámbito de la ciencia y de la razón que necesita ser cuestionada.
Volveré a tocar el problema después. Por el momento basta tener en cuenta que cualquier intento de la teología por mantener desde este punto de vista un carácter de disciplina "científica" no dejaría del cristianismo más que un miserable fragmento.
Pero tenemos que decir más: si la ciencia en su conjunto no es más que esto, el hombre acabaría quedando reducido. De hecho, los interrogantes propiamente humanos, es decir, "de dónde" y "hacia dónde", los interrogantes de la religión y la ética no pueden encontrar lugar en el espacio de la razón común descrita por la "ciencia" entendida de este modo y tienen que ser colocados en el ámbito de lo subjetivo.
El sujeto decide entonces, basándose en su experiencia, lo que considera que es materia de la religión, y la conciencia subjetiva se convierte en el único árbitro de lo que es ético. De esta manera, sin embargo, la ética y la religión pierden su poder de crear una comunidad y se convierten en un asunto completamente personal.
Este es un estado peligroso para los asuntos de la humanidad, como podemos ver en las distintas patologías de la religión y la razón que necesariamente emergen cuando la razón es tan reducida que las preguntas de la religión y la ética ya no interesan. Intentos de construir la ética a partir de las reglas de la evolución o la psicología terminan siendo simplemente inadecuados.
Antes de esgrimir las conclusiones a las que todo esto lleva, tengo que referirme brevemente a la tercera etapa de deshelenización, que aún está dándose. A la luz de nuestra experiencia con el pluralismo cultural, con frecuencia se dice en nuestros días que la síntesis con el Helenismo lograda por la Iglesia en sus inicios fue una inculturación preliminar que no debe ser vinculante para otras culturas.
Esto se dice para tener el derecho a volver al simple mensaje del Nuevo Testamento anterior a la inculturación, para inculturarlo nuevamente en sus medios particulares. Esta tesis no es falsa, pero es burda e imprecisa. El Nuevo Testamento fue escrito en griego y trae consigo el contacto con el espíritu griego, un contacto que había madurado en el desarrollo precedente del Antiguo Testamento.
Ciertamente hay elementos en el proceso formativo de la Iglesia antigua que no deben integrarse en todas las culturas, Sin embargo, las decisiones fundamentales sobre las relaciones entre la fe y el uso de la razón humana son parte de la fe misma, son desarrollos consecuentes con la naturaleza misma de la fe.
Y así llego a
la conclusión. Este intento, hecho con unas pocas pinceladas, de crítica de la razón moderna a partir de su interior, no significa que hay que regresar a antes de la Ilustración, rechazando las convicciones de la era moderna.
Los aspectos positivos de la modernidad deben ser conocidos sin reservas: estamos todos agradecidos por las maravillosas posibilidades que ha abierto para la humanidad y para su progreso que se nos ha dado. La ética científica, además, debe ser obediente a la verdad, y, como tal, lleva una actitud que se refleja en los principios del cristianismo.
Mi intención no es el reduccionismo o la crítica negativa, sino ampliar nuestro concepto de razón y su aplicación. Mientras nos regocijamos en las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, también podemos apreciar los peligros que emergen de estas posibilidades y tenemos que preguntarnos cómo podemos superarlas.
Sólo lo lograremos si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo, si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, y si una vez más generamos nuevos horizontes. En este sentido, la teología pertenece correctamente a la universidad y está dentro del amplio diálogo de las ciencias, no sólo como una disciplina histórica y ciencia humana, sino precisamente como teología, como una profundización en la racionalidad de la fe.
Sólo así podemos lograr ese diálogo genuino de culturas y religiones que necesitamos con urgencia hoy. En el mundo occidental se sostiene ampliamente que sólo la razón positivista y las formas de la filosofía basadas en ella son universalmente válidas.
Incluso las culturas profundamente religiosas ven esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón como un ataque a sus más profundas convicciones. Una razón que es sorda a lo divino y que relega la religión al espectro de las subculturas es incapaz de entrar al diálogo con las culturas.
Al mismo tiempo, como he tratado de demostrar, la razón científica moderna con sus elementos intrínsecamente platónicos genera una pregunta que va más allá de sí misma, de sus posibilidades y de su metodología.
La razón científica moderna tiene que aceptar la estructura racional de la materia y su correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el que se basa su metodología.
Incluso la pregunta ¿por qué esto tiene que ser así? es una cuestión real, que tiene que ser dirigida por las ciencias naturales a otros modos y planos de pensamiento: a la filosofía y
la teología. Para la filosofía y, si bien es cierto que de otra forma, para la teología, escuchar a las grandes experiencias y perspectivas de las tradiciones religiosas de la humanidad, de manera particular las de la fe cristiana, es fuente de conocimiento; ignorarla sería una grave limitación para nuestra escucha y respuesta.
Aquí recuerdo algo que Sócrates le dijo a Fedón. En conversaciones anteriores, se habían vertido muchas opiniones filosóficas falsas, y por eso Sócrates dice: "Sería más fácilmente comprensible si a alguien le molestaran tanto todas estas falsas nociones que por el resto de su vida desdeñara y se burlara de toda conversación sobre el ser, pero de esta forma estaría privado de la verdad de la existencia y sufriría una gran pérdida".
Occidente ha estado en peligro durante mucho tiempo a causa de esta aversión, en la que se basa su racionalidad, y por lo tanto sólo puede sufrir grandemente.
Hace falta valentía para comprometer toda la amplitud de la razón y no la negación de su grandeza: este es el programa con el que la teología anclada en la fe bíblica ingresa en el debate de nuestro tiempo. "No actuar razonablemente (con 'logos') es contrario a la naturaleza de Dios" dijo Manuel II, de acuerdo con el entendimiento cristiano de Dios, en respuesta a su interlocutor persa. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran 'logos', esta amplitud de
la razón. Es la gran tarea de la universidad redescubrirlo constantemente."

"Nosotros estamos con el Papa"

Don Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, ha realizado la siguiente declaración respecto a los ataques de que ha sido objeto Benedicto XVI por parte de algunas personalidades islámicas:

“Sobre las acusaciones a Benedicto XVI hay tres cosas evidentes: 1.- El Papa no quería de ningún modo ofender a los creyentes islámicos, sino reclamar a todos que hagan uso correcto de la razón. 2.- El Papa es claramente consciente de algunos aspectos extremos vinculados al islam que son verdades históricas y que están delante de los ojos de todos. 3.- Hay una intolerancia hacia cualquier debate que nazca de una crítica pacífica que es intolerable, tanto en lo que respecta a las posiciones preconcebidas de ciertos exponentes islámicos como en la indiferencia y la superficialidad de muchos comentaristas occidentales. Nosotros estamos con el Papa, afirmando que “no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios”. Benedicto XVI afirma algo que es verdadero para cualquiera, en primer lugar para nosotros, cristianos. Esta posición del Papa salva la posibilidad de una auténtica experiencia religiosa para todo hombre y permite un encuentro en la paz. No es cuestión de choque de civilizaciones, sino de la experiencia elemental de los “pobres de espíritu”: éstos viven una relación razonable con Dios, a partir de la exigencia de verdad, belleza, justicia y felicidad que hay en el corazón de todo hombre, y por esto no podemos seguir las degeneraciones violentas de aquellos que, en nombre de una ideología, renuncian por el poder a la razón, estén en Occidente o en cualquier otra parte”. Madrid, 16 de septiembre de 2006 

El desafío de los cristianos venidos del Islam (II)

El desafío de los cristianos venidos del Islam (II)

Entrevista a Giorgio Paolucci, redactor jefe de «Avvenire»

ROMA, martes, 12 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Giorgio Paolucci, redactor jefe de «Avvenire», ha escrito junto a Camille Eid, periodista libanés y enviado del mismo diario a Medio Oriente, un libro en italiano titulado «Los cristianos venidos del Islam» («I cristiani venuti dall’Islam», editorial Piemme), que recoge los testimonios de musulmanes residentes en Italia convertidos al cristianismo.

En esta segunda parte de la entrevista concedida a Zenit, Paolucci relata y describe algunas de estas historias de conversión, nacidas de un encuentro tan gozoso como misterioso con Jesús y del descubrimiento de las respuestas a las preguntas existenciales hasta entonces sin respuesta.

La primera parte de la entrevista fue publicada en el servicio del 11 de septiembre.

--Cuéntenos algunas de las historias contenidas en su libro.

--Paolucci: Una chica argelina, de padre católico y madre argelina musulmana, nacida en Varese, Italia, educada en el Islam. Un día fue al instituto y tenía al lado a una chica del movimiento eclesial «Comunión y Liberación» que se convirtió en su mejor amiga. Empezó a estudiar con ella, a los 15 años se preguntó por qué esta amiga suya siempre estaba alegre, feliz y le preguntó: ¿Puedo ir yo también a las excursiones y encuentros que organizáis? Sólo después de convivir con grupos de jóvenes unidos por la fe cristiana, comprendió que el origen de esta alegría era Jesús y su amor. Y dijo entonces: «también lo quiero yo». Al principio tuvo problemas con la madre que no aceptaba que fuera al centro juvenil de la parroquia, a misa, luego eligió ella.

A menudo, dentro de la familia musulmana, el padre, la madre, o la comunidad se oponen radicalmente a la conversión al cristianismo. Hay casos extremos, con personas que son asesinadas si se alejan de las costumbres musulmanas. De las diferentes historias, he sacado la convicción todavía más clara de que en el fundamento de la conversión está la atracción humana representada por el testimonio cristiano.

Un chico turco que no encontraba respuestas convincentes dentro de la tradición islámica, iba al imam y éste le respondía que leyera el Corán. El chico turco leía el Corán pero las respuestas no las encontraba. Así un día visitó a un franciscano, le hizo determinadas preguntas y recibió las respuestas precisas y satisfactorias, y esto le llevó a la conversión.

--¿Es verdad que algunos se han convertido leyendo el Evangelio?

--Paolucci: Exacto. Hay un bosnio que combatía en los Balcanes en las milicias musulmanas contra los serbios y los croatas. Durante la noche escuchaba en la trinchera una radio de Sarajevo que transmitía al mismo tiempo los discursos de Mustafa Ceric, jefe de la comunidad islámica de Bosnia-Herzegovina, y los discursos del cardenal Vinko Puljic sobre la guerra. Ceric decía: tenemos que hacer la guerra santa («yihad») y combatir para que esta tierra se haga musulmana, y es deber de cada musulmán hacer la «yihad». Por su parte, Puljic decía que no habrá paz en esta tierra hasta que no tengamos el valor de perdonarnos; la reconciliación, añadía, es la única vía que llevará a la amistad.

Y él quedaba impresionado por el hecho de que mientras su líder incitaba al uso de las armas, su enemigo invitaba a la reconciliación. Por motivos diversos vino a Italia donde acabó en la cárcel injustamente por un incendio con el que no tenia nada que ver y de hecho luego fue absuelto. En el tiempo pasado en la cárcel, encontró a una religiosa croata que iba a visitar a los detenidos, y le preguntó si quería leer el Corán, pero el oficial bosnio respondió que el Corán lo conocía ya y que quería leer el Evangelio, porque recordaba una frase del cardenal Puljic que decía que Jesús en el Evangelio nos enseña el perdón. La religiosa quedó impresionada, y le regaló un Evangelio en lengua croata. Él lo leyó e inició una amistad que al final le llevó al bautismo. Son historias milagrosas, como es milagrosa toda conversión.

Otra historia se refiere a la conversión de una chica turca que tuvo un sueño. Ella amaba a un italiano con el que se casó por lo civil en Turquía y enseguida vino a vivir a Verona; tenía que casarse pero el obispo tardaba en darles el consenso para el matrimonio mixto y había obstáculos de naturaleza burocrática. En ese momento la chica tuvo un sueño en el que se le apareció un hombre con la nariz curva y vestido blanco que le dijo: soy Juan, no te preocupes porque tu vida será feliz.

Pasado un mes, estaba lavando los platos en la cocina cuando vio en la televisión la plaza de San Pedro con una imagen del rostro de la misma persona que había soñado. Nariz curva, vestido blanco, un poco gordito. Llamó a su marido y le dijo: ven a ver, ése es el hombre con el que soñé. Se trataba de la beatificación de Juan XXIII: la chica turca había soñado con el pontífice. Y tras pocos días de esta revelación llegó a la Curia de Verona la notificación de que el matrimonio podía celebrarse. Ella quedó tan impresionada que pidió el bautismo. Todas son historias de personas que han sido tocadas por Cristo de manera misteriosa, absolutamente no programada.

--¿Es verdad que hay también quien se ha convertido escuchando «Radio María»?

--Paolucci: Exacto. Es un argelino que quería aprender italiano. La universidad estaba cerrada porque hubo desórdenes, él era un apasionado de los idiomas, había comprado un curso de casetes en italiano, y se encerró en casa a estudiar. Para mejorar su conocimiento de la lengua usaba la radio. Una tarde encontró una emisora que repetía continuamente las mismas palabras, y le servía mucho esta letanía para aprender la lengua. Era el padre Livio Fanzaga, que rezaba el rosario y las palabras repetidas eran el Avemaría.

El chico estaba aprendiendo italiano y quedó fascinado por esta oración. Siguió escuchando «Radio María», profundizó su conocimiento del cristianismo y de María en los libros.

Se convenció de que quería seguir la religión cristiana. Un sacerdote francés de Argelia no le quiso bautizar porque era muy peligroso en aquel momento. Y entonces vino a Italia, fue a visitar la redacción de «Radio María», se bautizó y ahora vive en Toscana. Se ha hecho un gran devoto de María, pero es todavía uno que vive escondido porque tiene la familia en Argelia y su hermano entró en un grupo islámico radical.

Anexa al libro está la historia muy hermosa de un libanés musulmán que se convirtió al cristianismo, se hizo sacerdote y luego convirtió a centenares de musulmanes. Su historia llegó hasta la Secretaría de Estado. El entonces pontífice Pablo VI lo invitó a Roma, y de rodillas le pidió la bendición, diciéndole: «Tú eres el ejemplo de que la libertad de Dios no tiene confines».

--Existe una pastoral para los convertidos del Islam?

--Paolucci: La Conferencia Episcopal Italiana ha preparado un documento, «Catecúmenos provenientes del Islam», escrito por Walther Ruspi. Hay justamente mucha cautela porque muchos de los musulmanes convertidos arriesgan la vida. Es un problema de libertad que no toca sólo a los países islámicos. Lamentablemente se está dando un problema de libertad también en un país como Italia, porque el Islam prevé sólo una religión de la que no se puede salir. Desde este punto de vista, es muy importante pedir a las comunidades musulmanas que reconozcan a sus hermanos la libertad religiosa para poderse convertir y vivir libremente.

--¿Cuáles son las conclusiones que han sacado de esta investigación?

--Paolucci: El libro lanza tres desafíos: desafía al Islam para que reconozca la libertad religiosa, desafía a las autoridades civiles para que garanticen esta libertad y nos desafía a nosotros, cristianos «tibios». para que se reencienda el amor a Jesús.

Como está escrito en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, aprobada en 1948, el derecho a la libertad religiosa es fundamento de toda sociedad civil. Es legítimo que las comunidades musulmanas presentes en nuestro país pidan la tutela de sus derechos religiosos, pero justo por esto deben reconocer el mismo derecho también a quienes libremente desean convertirse a otra religión.

Desde este punto de vista, las autoridades civiles italianas deben garantizar el derecho y la práctica de la libertad religiosa. No es admisible que un convertido del Islam tenga que vivir clandestinamente, ir a una iglesia que está a 30 kilómetros de su casa porque tiene miedo que la comunidad musulmana lo castigue.

En tercer la Iglesia tiene un desafío, porque estos convertidos son parte de la nueva primavera del cristianismo, en un país en el que el catolicismo se ha convertido a menudo en un adorno. Durante la investigación, Camille Eid y yo quedamos impresionados por la frescura y el coraje de estos convertidos del Islam, los cuales nos decían. «No os dais cuenta del tesoro tan grande que tenéis... Jesucristo ha revolucionado nuestra vida».

Un argelino nos dijo: «Vosotros tenéis el joyero con la tapa cerrada y dentro hay un tesoro. Nosotros vamos a vuestras iglesias y no vemos el tesoro, venimos a un país católico, como Italia, y vemos que el joyero está cerrado; en cambio debéis tenerlo abierto porque hay un tesoro que es para todos. Debéis comunicar a Jesús a los inmigrantes que llegan, y sin embargo sois tímidos y tenéis vergüenza».

En estos convertidos hemos visto una fe extraordinariamente vital que nos ha recordado la revolución que Cristo ha realizado en el mundo.
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