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Foro El Salvador

Vieja y nueva política

Negociación con ETA: Los nombres que no son

En los lugares comunes acaban encerrándose comunes engaños. Suele decirse que España y los españoles saben mucho de terrorismo porque llevan padeciéndolo durante cuatro décadas. Sin embargo, es más correcta la proposición contraria: el terrorismo ha sobrevivido durante tanto tiempo porque no se ha sabido combatirlo. Y no en el terreno técnico y policial, sino en el político. Me dirán, y con razón, que la pervivencia de ETA en democracia, no como banda marginal, al estilo del GRAPO, sino como amenaza omnipresente y condicionadora, se explica por los refugios y los colchones de que ha disfrutado: el safe haven de Francia, en otro tiempo; la complicidad de los nacionalistas, siempre; la comprensión de la izquierda, fluctuante. Pero los errores políticos han contribuido de forma decisiva.

 

La disponibilidad de sucesivos gobiernos a negociar con la banda terrorista, sólo ha podido animar a ésta a continuar su actividad criminal. Es indiferente, para el caso, que a negociar se le llame dialogar, tomar la temperatura o, en el cursi lenguaje zapaterita, mirarles a los ojos. Todos ellos son nombres que no son, como decía en su carta a Patxi López-–uno que no es– la madre de Joseba Pagazaurtundua, Pilar Ruiz Albisu. Los terroristas entienden el verdadero significado de esos eufemismos a la perfección.

 

No hay precedentes para lo que se trae entre manos ZP. No los hay, porque nunca se había llegado tan lejos en las concesiones políticas que encierra la voladura del marco constitucional, ni en las presiones al poder judicial, ni en el cese de actuaciones policiales, ni en los lametazos cariñosos al entramado terrorista. Ni tampoco en el enmascaramiento de todo ello y en la ocultación de lo que se ha tejido en la oscuridad. Pero el hecho es que un pasado de negociaciones con ETA explica que ahora muchos ciudadanos no rechacen a priori que el gobierno decida sentarse con un grupo terrorista. Y que, a la vez, paradójicamente, no quieran saber nada de satisfacerlo con concesiones.

 

Pero ha habido otro error político de gran calado en todo esto: la idea de que bastaría unirse todos para que el terrorismo se fuera al rincón del que no habría de salir jamás. El cuento de la unidad. Porque una cosa es declamar a coro condenas al terrorismo y otra querer derrotarlo. Y eso no lo han querido nunca los que desean recoger las nueces del árbol. La "unidad de los demócratas" ha creado otra ilusión. Ha sido otro nombre que no es. Pues no fue la unidad, sino la claridad, la firmeza y la decisión de no darle ni agua al enemigo, lo que puso a ETA contra las cuerdas. Hoy, embisten ZP y los suyos con la unidad, sabedores de que ese mantra tiene su público. Es cierto, quieren la unidad sinceramente. Pero la unidad para que todos juntos, de la mano, y en alegre compañía, vayan por la senda del desistimiento y de la cesión. Si la dirección del PSOE no tuviera en mente, o ya pactadas, contrapartidas inadmisibles, a buenas horas iba a suplicar la complicidad del PP.

 

Cristina Losada

 

Libertad Digital, 8 de junio de 2006

¿Democracia y nacionalismo son compatibles?

4 de junio de 2006. La visión nacionalista no concibe al hombre-persona sino al hombre-grupo, tribal, hombre-borrego. Para un nacionalista que se precie, los derechos no los detentan los individuos sino el ente abstracto, el Volk: el territorio, la etnia y la lengua. La ética política liberal no existe para los nacionalistas. Ésta se fundamenta en el respeto a la individualidad de cada persona. Mas, en la cosmovisión nacionalista, el sujeto político no es el ciudadano sino el pueblo como ente abstracto.

La política nacionalista tiene su origen en el "estado de la naturaleza" de Hobbes que aboga por una tensión permanente por el poder y por el dominio -el "todos contra todos"- al margen del derecho positivo, implantando el orden del más fuerte, no del más justo. Se utiliza la ley a conveniencia. Y se ignora al Estado de Derecho basado en el contrato social de los ciudadanos. De ahí deviene la comprensión hacia quienes practican la violencia como método. Y como somos híbridos, esa identidad separadora y excluyente la depositan en la lengua, pues hay que lograr como sea el "hecho diferencial", con una comunidad mítico-mística, a través de la sustitución de la religión por la pascua de resurrección nacionalista.

Hasta ahora eso ha sido el sustrato de la ideología nacionalista. A esta deformante filosofía política se suma, en la actualidad, esa izquierda que corroe las bases morales de nuestra democracia. Por ejemplo, planteando de forma explícita una negociación con un colectivo ilegalizado, burlando la propia ley con impunidad insultante, y subvertiendo el propio marco constitucional por la supeditación del orden jurídico y jurisdiccional al propio poder político, liquidando la separación de poderes y las bases del funcionamiento democrático.

Estos días hemos leído que un senador del PNV ha soltado una perla del siguiente tenor: "Quien no es nacionalista no tiene derecho a vivir". Hace no mucho, otro parlamentario nacionalista llamó "ratas" a la gente identificada con el espíritu de Ermua. Vamos a suponer que el Sr. Maqueda quisiera expresar una idea metafórica aludiendo a lo inaudito de que haya alguien que no se sienta nacionalista. En esa benevolente versión tampoco encuentro razón objetiva para tamaña deformación. Y proyecta una mentalidad fanática o perturbada en el mejor de los casos. O una táctica canallesca de conformar la percepción colectiva en el peor. El uso perverso del lenguaje es una de las principales características de esta forma de hacer política. ¡Cuidado con la degeneración semántica del lenguaje! Recomiendo la lectura de La nacionalización de las masas, de George L. Mosse, que nos descubre cómo Hitler fue conformando el conjunto de percepciones, contravalores y actitudes de la sociedad nazi.

Este tipo de cosas no debieran sorprendernos viniendo de donde vienen. Sabino Arana, afirmaba cosas como lo que sigue: "La ciudadanía bizkaina pertenecerá por derecho natural y tradicional a las familias originarias de Bizkaya, y en general a las de raza euskeriana,[...] y con las restricciones jurídicas y territoriales que señalara, a las familias mestizas euskeriano-extranjeras".

Lo extraño no es que los nacionalistas nieguen el derecho a vivir a los que no lo son, por muy alarmante que resulte para la higiene democrática. Lo demencial es que los socialistas rían la gracia. De tanto mimetizarse con este tipo de planteamientos están adoptando la misma pose y semántica de los nacionalistas. Y cuando socialismo y nacionalismo se juntan nada bueno puede surgir. Experiencias en la historia tenemos para tomar como ejemplo.

Ernesto Ladrón de Guevara

El Semanal Digital, 4 de julio de 2006