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Foro El Salvador

Vieja y nueva política

Savater dice que una mesa de partidos extraparlamentaria es una "concesión política a la violencia"

Si ETA no renuncia a apoyar la violencia no tienen cabida las reuniones con Batasuna. El filósofo y miembro del colectivo '`Basta ya!' Fernando Savater consideró que “no le gusta” que se dialogue con quien no “ha renunciado a apoyar la violencia"

Antes de una ponencia que dictó ayer sobre 'El mito de la culpabilidad social' en los Cursos de Verano de San Sebastián, Savater destacó que "cada vez que ocurre desde un accidente hasta un atentado" hay personas que dicen que "todos somos culpable, que todos tenemos algo de culpa".

Para Savater, según informó Europa Press, de esa manera "se crea una especie de culpabilidad universal para no buscar responsabilidades concretas", y sí "quitarse de encima el problema". "Pues no, el señor que mataba gente es el que tiene la culpa, y al que mataban no tenía la culpa por no darle la razón", defendió.

Por ello, denunció que "ahora se crea la idea de que el asesino que mata para imponer sus ideas y el señor que nos la comparte son los dos culpables", porque si la víctima le "hubiera dado la razón al otro, no hubiera necesitado matarle".

El filósofo, tras indicar que "es mucho mejor que no haya violencia", señaló que ve el proceso "con interés y con cierta preocupación porque se oyen cosas raras", como la creación de una mesa de partidos, que, a su juicio, supone una "concesión política a la violencia" y planteó "qué otra explicación hay" para la creación de "una mesa extraparlamentaria fuera de las normas", cuando existe un Parlamento y unas instituciones". "Salvo la de que sea una concesión política es inexplicable", añadió.

Asimismo, destacó que "nadie" ha "explicado por qué tiene que haber una mesa política", y puso lo ilustró con el ejemplo de una persona que "en vez de ir a comer al restaurante donde va todos los días", dice que hoy va a ir comer "en una alcantarilla". "Alguna explicación tiene que haber, y a mi, salvo que sea una concesión política no se me ocurre ninguna", insistió.

Preguntado por la política que lleva a cabo el Gobierno del PSOE, afirmó que quiere "ver las cosas concretas, porque ahora se habla más de intenciones". Destacó que "hay desde los que piensan que son unas intenciones diabólicas" y una "traición, hasta los que piensan que es maravilloso y que todo se va a arreglar en cinco minutos". "Vamos a ver los pasos", añadió.

Savater dijo que hay cuestiones que no le gustan, como "las reuniones con Batasuna antes de que haya cambiado su línea y haya renunciado a apoyar la violencia". "Ahora, vamos a ver cosas más concretas", concluyó.

Análisis Digital, 5 de agosto de 2006

La Iglesia y los símbolos de la democracia

La Iglesia y los símbolos de la democracia

El oráculo del desgobierno, el diario El País, ha anunciado, con grandes alardes tipográficos, que en la nueva ley de memoria histórica el gobierno va a pedir a la Iglesia la eliminación de los símbolos franquistas en los templos y lugres de culto. Una vez más, los socialistas radicalizados quieren arrojar a la cara de la Iglesia una historia manipulada y manipuladora.

El mensaje subyacente es claro: la identificación entre Iglesia y franquismo es una de las claves de nuestro reciente pasado. El franquismo supuso la ruptura con una tradición de progreso y democracia, un proyecto de modernización, de talante público –la II República– y la Iglesia es hoy la única institución vigente que legitima y permanece en la obstinación de la ruptura del progreso. Al fin y al cabo, nada nuevo bajo el sol. Lo que el gobierno, incitado y excitado por sus socios radicales, está haciendo no es recuperar la memoria, sino recuperar los odios fraticidas.

Mientras la modernidad tuvo una obsesión permanente, manipular la historia, la postmodernidad se ha entregado a la manipulación de la naturaleza. Vivimos en el primer período de la humanidad en el que el poder político incide, decisivamente, en la naturaleza, interviene en ella, actúa sobre ella, la manipulada a ciencia y a conciencia. La característica definitoria del gobierno de Rodríguez Zapatero es no sólo que está en la más desacreditada modernidad –obsesión por la historia– sino que se ha entregada a la más despreciable postmodernidad –destrucción de la naturaleza dada– en su afán por estar a la cabeza del progreso de la transformación radical y redefinición de lo humano –legislación sobre el matrimonio, la familia, la vida–.

Durante los primeros años del siglo XX, el laicismo operante actuaba en un frente, a lo sumo en dos. Hoy los ataques disolventes de lo humano y de lo cristiano se perciben desde una estrategia global, en varios frentes y de muy variadas formas, modos y estilos. Estamos asistiendo a una agresiva sustitución moral frente a una adormecida conciencia social. La pretensión sistemática de remover el pasado, la nocturnidad y alevosía estival de confundir a la opinión pública con leyes de memoria, es una maniobra política para que olvidemos los verdaderos problemas.

La política sobre la historia del gobierno respecto a la Iglesia se basa en una serie de lapsus imperdonables. Olvidan a los mártires de la persecución religiosa, la destrucción de Iglesia y conventos, la saña anticlerical y antieclesial, la ideología marxista subyacente en el proyecto de no pocos de los que tuvieron en sus manos el gobierno de la II República. Pero también olvidan –y eso es lo más importante– el papel de la Iglesia en la consolidación y desarrollo de la reciente democracia. Por más que se empeñen los socialistas radicales, la Iglesia hoy no tiene más símbolos que los del Evangelio, que es constructor de humanidad, de bien común, de democracia. Mientras el gobierno socialista se empeña en recuperar los símbolos laicistas, y en hacerlos visibles, la Iglesia campea por el respeto y la comprensión de y con la historia.

No se puede reivindicar la II República y la memoria de las víctimas de un bando en la Guerra civil sin tener en cuenta que llevamos treinta años de democracia y que ha existido una Transición que aceptó una serie de convenciones y convicciones sobre cuál sería el papel de la historia reciente en la construcción de la sociedad civil. El arzobispo de Pamplona, monseñor Fernando Sebastián, ha recordado en una reciente entrevista que "la influencia que el cardenal Tarancón y los obispos que trabajaban con él para orientar la vida de la Iglesia y sobre todo, las actitudes sociales de los católicos según las enseñanzas del Concilio Vaticano II, fueron decisivas para que grandes sectores de los católicos españoles aceptaran la democracia, aceptaran la renuncia de una manera habitual de ver las cosas e hicieran el esfuerzo generoso de acomodarse a unos esquemas nuevos de vida y a un estilo, nuevo también, de presencia y de acción de la Iglesia en la sociedad y en la vida pública. La Iglesia española, por fidelidad a sí misma y por servicio al bien de España, renunció a su estatuto jurídico, presuntamente de privilegio (porque también tenía muchas servidumbres) y entró muy decidida y sinceramente en el nuevo estatuto de Iglesia libre en un Estado libre, contando exclusivamente con el ámbito de las libertades civiles para ejercer su propia misión, sin ningún especial apoyo o privilegio, acomodándose a los espacios de libertad de una sociedad democrática para desarrollar su vida y anunciar el Evangelio".

Palabras que bien pudieran alentar una ley de agradecimiento histórico a la Iglesia y de memoria de quien ha contribuido, decisivamente, a la democracia.

Por José Francisco Serrano Oceja

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 27 de julio de 2006

Una mentira de treinta años

Hace treinta años “desapareció” Eduardo Moreno Bergareche, “Pertur” para la leyenda. Nadie supo cómo fue. El Gobierno español, al igual que el Francés, callaron o sencillamente no conocieron los secretos del asunto. ETA fue posiblemente la fuente que más calló, que más muda permaneció. Y empezó a sospecharse que “Pertur”, innovador de la idea de la lucha político-militar y, en el fondo, proclive a ir abandonando la llamada violencia, había caído en desgracia de ETA militar o, si se prefiere, de los duros de la organización, para encontrar un destino cuyas particularidades quedaron en conocimiento de unos pocos. El resultado fue, como se sabe, la ley del silencio o la ley de la omerta. Ahora, para sorpresa de algunos, sólo entre quienes recuerdan o tengan noticia de que ese hombre existió, podrá decirse que “Pertur” aparece como un fantasma al que se daba por olvidado. Ahora bien, lo que menos cabía esperar es que desde el mundo etarra se iba a maquillar la sospecha de que en su día ocurrió lo peor, es decir, que Moreno Bergareche fue asesinado por “los suyos”.


La novedad ha aparecido en Gara bajo el cínico titulo “Pertur: las mentiras del poder” —español y francés, claro—, con la firma de un tal Iñaki Agirre, que escribe en nombre del grupo “Joserra Goiketxea”. El texto no es muy explícito. Es una explicación más bien confusa, de la que lo más inteligible son estas líneas: “¿A quien beneficia su desaparición? Los Estados español y francés callan y no han hecho nada por devolvernos el cuerpo de Pertur. Son 30 años de silencio que con la complicidad de los medios de comunicación a su servicio nos hacen mirar a otro lado como si de un señuelo se tratara. Ellos esconden la mano”.

Probablemente, por no decir seguramente, si los restos y las huellas de “Pertur” aparecieran tendría que ser ETA la que más perdiese en el terreno de la opinión pública y sobre todo de la opinión vasca. Pero, ya se sabe, las “mentiras del poder” siempre se manipulan. Se manipulan tanto como las verdades. No sería la primera vez que la banda oculta la mano. Se podrían rastrear varias ocasiones en que prefirió no dar la cara ni reivindicar lo peor para su imagen dentro de su propio esquema de valores. Recordemos el asesinato de Yoyes, que ETA no pudo quitarse de encima pero lo intentó. En realidad le interesaba dar “lección ejemplar” a quienes sentían entonces (1986) la tentación de abandonar aquella mafia armada. Yoyes tuvo esa ocurrencia y tal vez sabía más de lo que a ella misma le convenía saber. Fue el 10 de septiembre de aquel mismo año. María Dolores González Katarain estaba acompañada de su hijo, de cuatro años. Yoyes pertenecía a ETA desde 1972. Formó parte de la dirección y abandonó la organización por discrepancias políticas. Yoyes se convertía a los ojos del resto de la militancia en un mal ejemplo. Antes de matarla embadurnaron las calles de su pueblo, Ordizia, con pintadas alusivas a su supuesta complicidad con la Policía. Era la preargumentación de su asesinato como acto de justicia revolucionaria.

Yoyes había escrito en su diario: “Del derecho a la diferencia se ha pasado al deber de la uniformidad, en nombre de un supuesto ‘movimiento de liberación nacional’ (…) Yo me subí al carro en 1972-1973 y bajé en 1979 previendo que el aspecto social del movimiento, su visión progresista, desaparecería aumentando el militarismo basado exclusivamente en el nacionalismo oscurantista y mítico”.

A quien se le ocurre decir la verdad? De Yoyes se supo casi todo. De “Pertur”, ahora, como no quedaron rastros, se puede trazar una idealización basada en lo que ETA domina mejor cuando no le conviene decir la verdad: el arte de la mentira.

Lorenzo Contreras


Estrella Digital, 25-07-2006

Verifiquemos el significado de las palabras

La situación es grave. Dramática me atrevería a decir. Los peores augurios que desde un primer momento se cernían sobre el "proceso de negociación" (en realidad de claudicación) del Gobierno del señor Rodríguez Zapatero con ETA-Batasuna se han confirmado y la pasada semana el diario proetarra Gara, en información que no ha sido desmentida por fuentes oficiales, anunciaba contactos entre responsables del PSE y de ETA-Batasuna desde febrero de 2004 (es decir, con anterioridad a la llegada al poder del señor Rodríguez Zapatero). Evidentemente, de confirmarse lo anterior, ello refrendaría las tesis de los que, desde un principio, sosteníamos que el Gobierno de la Nación estaba, además de jugando con fuego, traicionando a todos los españoles, pues el proceso abierto suponía, de facto, legitimar a los terroristas por un lado y, por otro, romper España.

Ante un horizonte tan distorsionado en términos políticos uno se pregunta: ¿qué tiene que negociar un Gobierno democrático con un grupo de asesinos confesos sin el más mínimo síntoma de arrepentimiento por los actos cometidos? Lo dramático, en este momento histórico, son frases como las de Patxi López a la salida de la reunión con Arnaldo Otegi, cuando afirmaba que aún se deberían realizar concesiones más amplias a los proetarras, concesiones que fueran más allá del simple acto de reunirse con ellos. Personalmente me sigo preguntando: ¿no reflejan tácitamente esas palabras y el mismo inicio del llamado "proceso para la paz" que el PSOE ya paga un precio político a la banda terrorista? Pero, es más, ¿dónde están, salvo contadas con los dedos de una mano, las voces críticas de mi partido, el PSOE, ante dicho "proceso"? ¿Dónde están todos aquellos que formaban parte de la Ejecutiva del PSE en tiempos de liderazgo de Nicolás Redondo Terreros y que justificaban la necesidad de unir a los dos grandes partidos (PSE-PP) para sacar del poder al nacionalismo vasco? Por cierto, una inmensa mayoría de esa Ejecutiva continúa en la actual, incluido Patxi López, y no muestran ni el mínimo sonrojo cuando se les cuestiona su cambio de postura. ¿Mentían entonces o mienten ahora? Cada vez que reflexiono sobre los interrogantes anteriores tiemblo y más cuando pienso que muchos de los que se sentaban con Fernando Buesa y conmigo en esa Ejecutiva hoy continúan sentados en la actual, habiendo sido capaces de negociar y realizar concesiones a los asesinos de Fernando.

Incluso, desde la experiencia personal acumulada en los últimos años, me atrevería a ir más allá y a afirmar que si todo esto le explotara en las manos al señor Rodríguez Zapatero –algo muy lógico porque quien pacta con asesinos y criminales siempre pierde–, veremos aflorar voces de dirigentes socialistas que hoy callan (y, por lo tanto, otorgan) y a otros que levantan su voz apoyando el "proceso" y que sostendrán sin sonrojarse que lo que ocurra en el futuro se veía venir, volviendo a subirse sin ningún pudor al caballo ganador.

A la vista del referido comportamiento por parte de nuestros dirigentes políticos es el momento de la ciudadanía, y por ello, debemos expresar nuestra radical oposición ante lo que viene gestándose. Cada paso, además de ser irreversible, nos acerca más al precipicio. No expreso nada original si manifiesto las consecuencias inderogables (en forma de precio político) que el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero y, por derivación, todos los españoles tendremos que asumir a resultas del "proceso de claudicación ante ETA". En breve asistiremos a decisiones como la legalización de Batasuna, el reagrupamiento de los presos de la banda terrorista en las cárceles vascas o de comunidades limítrofes, procesos masivos de indultos a los asesinos y a sus cómplices, ejercicio del "derecho" de autodeterminación vía referéndum –pues esto era a lo que se refería el presidente del Gobierno cuando en su comparecencia ante los medios, en una sala contigua al lugar donde se reúnen los representantes de la soberanía nacional, afirmaba que respetaría el "derecho de los vascos a decidir"–, e incluso, a pretensiones territoriales del nacionalismo vasco sobre Navarra. Evidentemente, lo anterior se nos "servirá" en pequeñas dosis y de manera progresiva. Ahora bien, nadie debe dudar lo más mínimo que esta es la hoja de ruta establecida por ETA-Batasuna y que, nuestro Gobierno, de forma absolutamente irresponsable se muestra dispuesto a negociar.

Lo que cabe preguntarse es con base en qué extraña decisión el señor Rodríguez Zapatero ha accedido a aceptar como interlocutor válido a un grupo de criminales y, por lo tanto, a abrir una negociación legitimando sus reivindicaciones cuando la derrota definitiva de ETA por parte del Estado de Derecho parecía más cercana que nunca. Desde mi punto de vista podría existir una respuesta que me arriesgaré a expresar: ETA-Batasuna y el Gobierno de la Nación constituyen los dos actores que interactúan en este mal llamado "proceso para la paz". Cada uno de los mismos mantiene su hoja de ruta con sus correspondientes intereses. Los de ETA-Batasuna han sido ya expuestos, los del Gobierno se nos clarifican por momentos: cambio del modelo de estado y del modelo de sociedad como fórmulas para garantizar la permanencia indefinida en el poder. Ambos intereses posibilitan que esas dos hojas de ruta se unan y para evitarse problemas intentan anestesiarnos vaciando de significado a las palabras. Nos hablan de "nación" para referirse a lo que hasta ayer denominábamos "Comunidad Autónoma", de "negociación para la paz", de "diálogo", de "proceso democrático"... pero bajo términos como los anteriores se esconde la trampa que nos debilita y destruye. A las palabras se les han hurtado su sentido y les han hecho partícipes del ceremonial de la confusión, de la mentira. Para combatirlo debemos desenmascarar el engaño y manifestar públicamente la verdad. Verdad que se encuentra en "lo fáctico", es decir, en los hechos y, por lo tanto, en la realidad.

Considero que en el momento actual debemos aunar fuerzas entre quienes repudiamos la falsedad y el mal denominado "proceso para la paz" que no es otra cosa que una claudicación de nuestros gobernantes y una imposición a las demócratas por parte de los asesinos y sus cómplices. Verifiquemos el sentido de las palabras, combatamos las mentiras y demostremos nuestro coraje cívico-democrático.

Gotzone Mora es miembro fundador de Ciudadanía Democrática.

Libertad digital, 20 de julio de 2006

Abstención, mayoría absoluta en Cataluña

Si el referendum fuese en Italia o se aplicase la norma de la UE para Montenegro, la abstención anularía el Estatut.

La Cataluña con derecho a voto se ha dividido en dos mitades: la que fue a votar y la que no; éstos últimos, fueron más. En concreto, al final hubo más abstencionistas que votantes: los abstencionistas ganaron por 61.000 personas.

Fueron a las urnas algo más de 2 millones y medio de catalanes (2.569.268). El Estatut ha sido aprobado por 1,88 millones de votantes, el 73% de los que han votado. Pero en un referéndum, los votos en blanco y la abstención también cuentan. En Italia, con una participación del 49,4% -como ha sido el caso en este Estatut- un referendum no tiene validez y el Estatut no se habría aprobado.

Hace unas semanas, la Unión Europea ponía un listón de participación del 50% y un 55% de síes en el referendum de Montenegro. En Cataluña no se ha llegado a ese 50%.

Una participación tan baja, por lo tanto, deslegitima o invalida un referendum en muchos países y sistemas. La particularidad del sistema español es lo que permite brindar con cava hoy a los tres partidos que consiguieron reunir 1,88 millones de votos después de dos años y medio de campaña intensiva y con el apoyo de los grandes medios públicos y privados.

La UE pedía una participación del 50% en el referendum de Montenegro; Cataluña no ha llegado..La abstención ha sido la más alta de todos los referendos celebrados en Cataluña (excepto el pasado de la Constitución Europea, con sólo un 40,9% de participación). Este Estatut ha contado con una participación 10,2 puntos menor que el de 1979: del 59,6% al 49,4%. También es curioso comparar con las elecciones catalanas de hace tres años. Cuando a los catalanes se les pidió que se pronunciasen sobre quién les ha de gobernar durante sólo 4 años, el 63,4% fue a las urnas. En cambio, cuando se les pide que se pronuncien sobre un Estatut que les va a afectar 20 años o más, no va a votar ni la mitad del censo. L

a diferencia con las generales del 2004 es abismal (de ¡26 puntos!): el 75,6% del censo catalán fue a votar en 2004 quién gobernaría España durante 4 años. Una tercera parte de estos no ha ido a votar cómo se legislará en Cataluña los próximos decenios.

La abstención castiga a los partidos

Los partidos del sí (CiU, PSC, ICV) en las pasadas elecciones catalanas del 2003 sumaban un 43,18% de la población con derecho a voto (ojo, no sobre voto emitido). Los del no, un 17,66%. ¿Han conseguido activar e ilusionar a sus votantes para este referendum? En absoluto.

El "sí" sólo ha activado al 37% de las personas con derecho a voto y el "no" apenas un poco más del 10%. Miles y miles de votantes de los partidos se han quedado en casa. ¿Qué votantes y qué partidos? Esa es la clave para saber qué significa la abstención. Al final, después de dos años de campaña, con el Estatut ocupando portadas y más portadas, como el proyecto principal de los partidos catalanes, sólo el 37% de las personas con derecho a voto lo ha apoyado con su voto

¿Cuánta gente será gobernada bajo este Estatut?

El Estatut generará leyes que se aplicarán en Cataluña. ¿Cuántos habitantes tiene Cataluña? Aunque los niños y extranjeros no tienen derecho a voto, son muchos habitantes que serán gobernados bajo las leyes que salgan del Estatut.

Según anunciaba en enero de 2006 la consellera de sanidad, Marina Geli, el número de tarjetas sanitarias en Cataluña roza los 7,2 millones. Este documento se concede a quien esté empadronado y pasa a recogerlo, por lo que según Marina Geli la cifra de casi 7,2 millones de personas "es la Cataluña real", aunque admitió que la población puede ser ligeramente superior porque todavía quedan ciudadanos que, por ignorancia, no reclaman la tarjeta sanitaria para no desvelar la situación irregular en la que se encuentran.

Si hay 7,2 millones de habitantes, y serán regidos durante años por un Estatut que contó con 1,88 millones de votos, significa que sólo el 26% de los habitantes reales de Cataluña (de la "Cataluña real", que dice Geli) ha apoyado con su voto favorable el Estatut.

Es decir, el 74% de los actuales habitantes de Cataluña serán gobernados por una ley que aprobó sólo el otro 26% de habitantes (los que, pudiendo votar, votaron sí).

Más allá de la reflexión sobre cómo nuestro sistema político debería representar de alguna manera a los niños o los extranjeros (habitantes sin cauce de expresión en el actual sistema), el ciudadano puede pedir a los medios de comunicación que sean más estrictos al hablar de "el Estatuto de todos los catalanes" o incluso de "la mayoría de los catalanes".

Matemáticamente, sólo uno de cada cuatro habitantes ha votado a favor.

Forum Libertas, 19 de junio de 2006

Democracia de baja intensidad

Los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya estaban ayer llamados a pronunciarse en referéndum sobre una reforma estatutaria. La consulta estaba destinada a decidir sobre la versión sustitutiva del Estatut de Sau (1979), pero a diferencia de aquel, que se cimentó sobre el pacto del conjunto del catalanismo con el Estado, el nuevo texto ha sido rebajado entre CiU y PSOE.

El Estado español, ante cualquier intento de cuestionar el modelo territorial establecido tras el franquismo, saca a la luz una doctrina que se puede resumir en que un estatuto, y en general, cualquier otro acuerdo que incida en el modelo de relaciones entre una parte, en este caso Catalunya, y el todo, el Estado español, precisa de una mayoría clara, de un aporte de legitimidad en las urnas que no deje lugar a dudas sobre la voluntad de perdurar que acompaña a una norma básica. Ese dogma, bien discutible, es asumido a su manera por entidades supraestatales, como la Unión Europea, que lo han aplicado ante procesos que conllevan un cambio de estatus jurídico-político.

Tal es el caso del referéndum celebrado el mes pasado en Montenegro, en el que a los ciudadanos de esa república se les impuso desde Bruselas una doble premisa para ver reconocida su voluntad democrática. La primera, que votara el 50% del electorado, la segunda que la opción independentista cosechara más del 55% de los sufragios.

El primer baremo saltó ayer por los aires en el referéndum catalán. La abstención superó el 50% y el nuevo Estatut fue refrendado con el apoyo del 36,19% del total del censo ­aunque tres de cada cuatro de los electores que acudieron a votar dijeron «sí»­. Los defensores del Estatut festejaron anoche el respaldo de casi el 74% dado al acuerdo sellado en Moncloa por Mas y Zapatero, pero aunque el presidente español quiera con ese dato pasar la «página catalana», es difícil de ocultar la baja intensidad democrática de todo el proceso.

Frente al argumento simplista de que la ciudadanía eligió la playa frente a la urna cabe cuanto menos preguntarse por qué. Y habrá que sumar al análisis ambiental, factores de fondo como el hurto del acuerdo del Parlament, las maniobras tácticas de los partidos, la no respuesta a la demanda nacional ... No parece de recibo zanjar la cuestión con que ganó el «sí», sin tener en cuenta esa enorme reserva mostrada por la ciudadanía ante la forma y el fondo de esta reforma estatutaria. -

Editorial de Gara, 19 de junio de 2006

Zapatero cree que su negociación con los terroristas es "la victoria de la democracia"

El presidente ha declarado que el PP ha perdido su "capacidad de análisis" porque "hemos escuchado afirmaciones insólitas"

El presidente del Gobierno fue preguntado en La Vanguardia por la ruptura del PP de todo apoyo al Gobierno socialista, Zapatero espera que los populares "reconsideren su actitud". "Voy a hacer lo posible por que así sea. A día de hoy, el PP es el único partido de todo el arco parlamentario que no da un respaldo al proceso de paz", ha dicho.

El socialista afirma además que el "proceso de paz" tiene "el respaldo de todos los gobiernos europeos, de la Unión Europea, del secretario general de las Naciones Unidas". A continuación, Zapatero se pregunta: "¿Cómo se pueden romper las relaciones en democracia? Si la democracia es tener relaciones. Usted podrá decir "yo no apoyo esto", pero no romper relaciones, porque donde no hay relaciones no hay democracia. Por tanto, creo que deben meditar".

El presidente ha declarado que el PP ha perdido su "capacidad de análisis" porque "hemos escuchado afirmaciones insólitas". "El Partido Popular tiene un error profundo de análisis de su derrota electoral. Y en vez de rectificar desde el 14 de marzo del 2004 hasta hoy, ha ido enquistándose en el error. Su error es que partieron de la premisa de que el resultado electoral fue un error, cuando los resultados electorales, en democracia, siempre expresan la voluntad del pueblo", ha manifestado el presidente.

"El no reconocer su error les llevó, desde el primer momento, a intentar hacer creer que todo lo que hace el Gobierno es un error. Es una especie de necesidad psicológica que no tiene nada que ver con la evolución de la sociedad española, ni nada que ver con lo que necesita, piensa y quiere la ciudadanía de este país", ha manifestado.

Análisis Digital, 12 de junio de 2006

Comunión y Liberación propugna el NO en el próximo referéndum en Cataluña

Estamos ante una consulta popular para que los ciudadanos se pronuncien sobre una reforma del Estatut que la gran mayoría no consideraba necesaria y que los políticos han forzado por sus equilibrios de poder.

Esto contribuye a un desinterés creciente por la res publica y alimenta la cultura del relativismo que se está imponiendo en nuestro país, donde todo es igual y donde las conciencias están adormecidas.

Todo esto nos distrae del verdadero contenido del Estatuto, que es inquietante: la concepción de la persona humana y el vaciamiento de su significado nos induce a una profunda preocupación sobre el futuro de nuestra sociedad y de nuestros hijos.

Queremos asumir responsablemente nuestra posición ante del referéndum ayudados por la intervención del Papa Benedicto XVI ante un grupo de políticos europeos el 30 de marzo.

«Respecto a la Iglesia católica, lo que pretende principalmente con sus intervenciones en el ámbito público es la defensa y promoción de la dignidad de la persona; por esto, presta conscientemente una atención particular a principios que no son negociables. Entre estos, hoy pueden destacarse los siguientes:
- protección de la vida en todas las etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural;
- reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la malogran y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su imprescindible papel social;
- protección del derecho de los padres a educar sus hijos.

Estos principios no son verdades de la fe, aun cuando quedan iluminados y confirmados por la fe; están inscritos en la naturaleza humana, y por lo tanto son comunes a toda la humanidad.

(…) negar o tergiversar estos principios constituye una ofensa contra la verdad de la persona humana, una grave herida causada a la justicia misma.»

Este Estatut no reconoce estos principios, aún más, los combate abiertamente.

Tampoco podemos aceptar un Estatut que instaura una fuerte intervención de la Generalitat, incluso en los detalles de la vida de los ciudadanos, que reduce terriblemente la posibilidad de construir algo que no sea el proyecto omnipresente del Estado, negando así una auténtica subsidiariedad que promueva la libre iniciativa de la sociedad civil.

Es evidente que este Estatut no es un hecho aislado, sino que forma parte de un proyecto más amplio que pretende afirmar ideológicamente nuestras diferencias, negando la positividad de una convivencia de siglos, que es un bien para todos.

Ante esta imposición, proponemos un diálogo efectivo y libre entre las diferentes identidades, en que el punto de partida sea la común condición humana: su deseo de felicidad y su necesidad de realización.

Por estas razones invitamos a VOTAR NO en el referéndum.

COMUNIÓN Y LIBERACIÓN
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