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ETA, ¿no miente nunca?

Es uno de los tópicos que vienen circulando con más desparpajo entre políticos y, sobre todo, entre comunicadores poco avispados. Se asegura que ETA no miente nunca. ETA y, por extensión, el resto de la autodenominada Izquierda Abertzale que lidera y en cuyo nombre sermonea. Pero, realmente, ¿es así? ¿No fue acaso Arnaldo Otegui quien advirtió, el primero, que los atentados de Madrid del 11-M eran obra de la “resistencia árabe”?, recuerdan los listillos de turno. “Es que no mienten nunca”, insisten. Pero ETA, naturalmente, ha mentido en bastantes ocasiones. Y, en otras, ha callado. Sobre todo cuando no le convenía se difundiera algún “error” propio o cualquier noticia que le perjudicara. Ahí están las hemerotecas para recordarlo. No obstante, el tópico circula con fluidez y, sobre todo, últimamente. ¿Por qué, entonces, tamaño buenismo que todo se lo cree y que, para colmo, también quiere que nos lo creamos? Tal vez ello se deba, al menos en parte, a la aparente coherencia interna de los mensajes y discursos políticos de esa izquierda “abertzale”. Bien construidos, provistos de una incuestionable lógica dialéctica, trabados en una sucesión de silogismos y condicionantes… sin duda impactan en cualquier analista. Pero esa “lógica”, totalitaria y de raíces marxistas-leninistas, no es la “lógica” normal del sentido común y del universo democrático. No obstante, no es difícil caer en alguno de los presupuestos o premisas de ese discurso que, sobre todo para los “progres”, sigue siendo atractivo. Ya lo advirtió Rosa Díez en Pamplona, según reseñábamos días atrás: “el procedimiento determina el final”. La tentación es doble: asumir parte de su lenguaje (“proceso de paz”, “ejecución”, “verificación democrática”…) o insertarse en su lógica (“combatir las causas que originan todas las expresiones de violencia”, “remover los obstáculos del proceso de paz”…). Muy peligroso, además de “hacerles el juego”. Así las cosas, el asunto ya no es tanto afirmar bobaliconamente si ETA miente o no, pues ya sabemos que mentirá cuando le interese y punto, sino evitar caer en su diabólico juego eludiendo la trampa de su lenguaje perverso y predeterminado en sus conclusiones. No en vano, ese inteligente empleo del lenguaje, coloreando con un sentido muy preciso diversos conceptos genéricos y equívocos, ya es un triunfo de su estrategia terrorista global. Veamos un ejemplo, de entre cientos que podríamos mostrar. Los dos encapuchados portavoces de ETA respondieron, en la última entrevista que les publicara Gara, a una pregunta de su director sobre el supuesto nerviosismo del presidente del Gobierno Foral de Navarra Miguel Sanz, entre otras cosas muy interesantes, que: “… En realidad, Sanz está situando muy bien cuáles son los nudos que deben desatarse en este proceso y cuáles son realmente las claves políticas del proceso, precisamente el debate en torno a la autodeterminación y la territorialidad.
El empeño del fascista Sanz es colocar un muro frente a esa oportunidad de cambio político. Nosotros vemos en esa actitud a los de UPN, pero sobre todo los vemos totalmente inmersos en el actual debate político”. Fascinante. El pobre Sanz, nervioso y, además, bebiendo en su mano.
 Analicemos tales afirmaciones. Sanz habría analizado correctamente el alcance real del reto separatista que acarrea, en todas sus consecuencias, los conceptos de “autodeterminación” y “territorialidad”, aseguran los terroristas. De modo que Sanz, firme en sus principios y sagaz en sus análisis, es por ello ¡un fascista! Consecuencia que también se deriva de lo anterior: cualquier posición de este fascista será, según estos intelectuales de la capucha, un obstáculo para el “proceso de paz”. Avancemos un poco más. El navarrismo, únicamente por manifestarse como tal, será “fascista” y “enemigo al progreso ineludible hacia la paz”. Pero, ¿qué paz? Por favor, no sea usted aguafiestas. No es una cuestión baladí. Los navarristas empiezan a ser objeto de las diatribas dialécticas de los separatistas; en realidad siempre lo han sido. Reaccionarios, conservadores, caciques, herederos de los requetés que salieron a miles el 19 de julio del 36… y ahora, por si fueran pocos sus pecados ¡enemigos de la paz! Cabe, dentro de lo razonable, que sea ETA y su entorno quienes así lo afirmen, pero mucho tememos que el tópico se difunda, acrítica e irresponsablemente, entre otros muchos políticos y comunicadores. Y, si así sucede, ETA habrá logrado otra victoria. No sería la primera vez, ciertamente. 

No se trata, en definitiva, de analizar si ETA miente o no, sino de tomar conciencia del lenguaje perverso que emplean magistralmente y de no caer en semejantes trampas. Pero, ¿se tiene suficiente cultura política democrática y sentido común como para evitar tamaño riesgo? Recordando algunos antecedentes, numerosos por cierto, y comportamientos muy recientes, miedo nos da.

Fernando José Vaquero Oroquieta

Páginas Digital, 22 de mayo de 2006

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