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Rafsanjani y el Hezbollah

Rafsanjani y el Hezbollah


La fiscalía especial que investiga el atentado contra la AMIA acusó recientemente al gobierno de Irán de haber planeado el ataque y señaló al grupo terrorista Hezbollah como la organización encargada de ejecutarlo.

El dictamen final del fiscal federal Alberto Nisman incluyó el pedido de captura de ocho ex funcionarios iraníes, entre ellos el ex presidente Alí Akbar Hashemi Rafsanjani, como responsables por la voladura de la sede judía, que causó ochenta y cinco muertes, el 18 de julio de 1994.

Según lo declarado por el fiscal Nisman en una conferencia de prensa, se habría acreditado que la decisión de atacar la AMIA fue tomada en agosto de 1993 por las más altas autoridades del gobierno iraní de entonces. Ellas habrían encomendado a Hezbollah la organización y ejecución del atentado.

Sin entrar en la consideración específica de la decisión de la fiscalía, creo de interés señalar que, mientras me encontraba en El Cairo, cuando me desempeñaba como embajador en Egipto, comencé a abordar este tema, el 20 de enero de 1994, es decir, siete meses antes del ataque a la AMIA. Lo hice por medio de un cable en el que expresaba mi total coincidencia con la preocupación manifestada por el embajador de Egipto en nuestro país. El embajador consideraba –una opinión que, según creo, era compartida por la SIDE– que Irán era el más importante proveedor de ayuda financiera a los sectores terroristas fundamentalistas.

El embajador egipcio opinaba que Irán también proporcionaba su apoyo a estos sectores –como etapa previa, de ideologización– mediante el desarrollo de actividades culturales y educativas. Y que, en definitiva, se trataba de un plan sin fronteras iniciado apenas se hubo instalado en el poder la revolución que derrocó al sha, con total vigencia entonces y en pleno desarrollo, que afectaría directamente a nuestro país por haberse involucrado en la Guerra de Golfo y en el proceso de paz de Medio Oriente.

Mi coincidencia estaba fundada no sólo en informaciones recibidas por intermedio de un sector de los servicios de inteligencia egipcios, sino también por el seguimiento que hice, durante casi un año, de todo el proceso de dicha revolución, como corresponsal en los Estados Unidos de un matutino de nuestro país.

Esa tarea me llevó, incluso, a viajar a Teherán, en agosto de 1980, para efectuar una serie de reportajes a jerarcas de la revolución iraní.

Máxima seguridad

Cumplida dicha labor con algunos incidentes que no es del caso narrar ahora, me sirvió para seguir recibiendo información privilegiada durante los meses subsiguientes. Tiempo después, entre septiembre de 1992 y julio de 1993, cuando volví a Washington DC para preparar un libro y hacer algunas notas periodísticas, pude comprobar la continuidad de dicho plan, ya entonces muy conocido por los medios.

Dada la actualidad que acaba de recobrar el tema por la decisión de la fiscalía especial, y como el ex presidente Rafsanjani –aunque sigue siendo todavía hoy un jerarca muy importante– no es muy conocido por nuestros medios, tal vez resulte de interés que transcriba algunos fragmentos de mi entrevista con él, que tuvo lugar a fines del mes de agosto de 1980, tiempo de los rehenes, cuando yo era el único periodista occidental que circulaba por las calles de Teherán, gracias a una visa de cortesía que me había extendido el entonces canciller Sadegh Ghotbzadegh.

Alí Hashemi Rafsanjani era entonces presidente del Parlamento y el hombre más fuerte del Partido Revolucionario Islámico.

Se me avisó que el entrevistado no hablaría en inglés sino en farsí, y que utilizaría un intérprete propio. Con el fin de poder controlar los dichos de ida y vuelta solicité que se me permitiera llevar por mi lado a una intérprete, que me cedió nuestra embajada en Teherán.

Cuando llegamos al edificio, los guardias no encontraron adecuado el atavío de la intérprete, porque no llevaba chador y porque usaba pollera. Después de arduas negociaciones, tuve que aceptar que se le proveyera el chador correspondiente. Ella se vio obligada a dejar en depósito sus cosméticos, el encendedor y los cigarrillos que llevaba en la cartera. Así pudimos llegar por fin al despacho del señor Rafsanjani.

Mi primera pregunta fue acerca de qué cambios traería aparejados la constitución del próximo gabinete, ya que se estaba produciendo en esos días una crisis política interna.

Me contestó que las dificultades internas estaban determinadas por la presencia de elementos no verdaderamente revolucionarios, pero que éstas se terminarían, de inmediato, con la presencia en el nuevo gabinete de la gente joven de la revolución.

Agregó que otra gran dificultad era la permanente presión extranjera que no quería quitar las manos de su nación. Que Irán era parte del Tercer Mundo, oprimido por los imperialismos, pero que la revolución estaba liberando a Irán de las superpotencias y de todos aquellos países –grandes o pequeños– que sólo trataban de sacar ventajas.

Citó entre esas naciones a Sudáfrica, Egipto e Israel, y otros más, que, dijo, habían recibido en el pasado gran ayuda de Irán, sin haberla retribuido jamás. Dijo también que Irán no quería estar aislada, como nación, de la comunidad internacional, sino que quería tener las mejores relaciones con la mayor cantidad de países posibles, pero que los Estados Unidos trataban de impedirlo.

Rafsanjani insistió en que, aun con la oposición norteamericana, nada los detendría en su determinación de seguir trabajando para conseguir los objetivos de amistad con las naciones que quisieran ser libres de la opresión de las superpotencias.

La cuestión de los rehenes

Después le pregunté cuándo iba a tratar el plenario del Parlamento, que él presidía, la cuestión de los rehenes. Me dijo textualmente: “Ya he contestado antes esa pregunta muchas veces. Cuando el Parlamento termine de tratar las cuestiones más importantes se ocupará de ese tema”.

Añadió Rafsanjani: “No entiendo por qué me preguntan eso con tanta insistencia, ya que no es tan importante”.

Como yo le señalé que la importancia dependía del punto de vista, ya que para la comunidad internacional era relevante la existencia de rehenes, porque implicaba una violación del derecho internacional, me contestó: “Lo que la comunidad internacional llama derecho internacional, es un derecho que ha sido establecido exclusivamente para el beneficio de los grandes poderes. Porque, por ejemplo, nuestra soberanía ha sido violada durante las dos guerras mundiales, por Rusia y también por sus aliados occidentales.”

“La dinastía Pahlevi –continuó– fue sirvienta de los gobiernos occidentales, particularmente de los Estados Unidos. Cada vez que nuestro país trató de liberarse de la opresión se enfrentó con la intervención directa o cubierta. El movimiento iraní para la nacionalización de la industria petrolera, hace treinta años, fue impedido por un golpe de Estado norteamericano. También fueron agentes norteamericanos los que impidieron la insurrección contra el sha el 5 de julio de 1963. Yo estuve detenido en las prisiones del sha y fui torturado por los agentes de la Savak, que estaba supervisada por expertos norteamericanos. Y cuando Estados Unidos dejó de proteger al sha, su régimen no pudo sostenerse más.”

Y luego, muy enfáticamente, me preguntó: “¿Eso es lo que Occidente denomina derecho internacional? ¿O acaso llama así a la ocupación de Afganistán por Rusia? ¿O a la ocupación de Jerusalén? ¿O a la ausencia de un Estado palestino? Los rehenes, de acuerdo con la ley islámica, están bien tratados y cuidados, y ya discutiremos oportunamente su situación en el Parlamento”.

Todos los altos jerarcas que entrevisté en ese agosto de 1980, incluidos el presidente de la Corte y el canciller, murieron. Fueron víctimas del proceso revolucionario. De ellos, el único sobreviviente fue Rafsanjani.

Como es sabido, los rehenes fueron liberados el 20 de enero de 1981, cuando asumió la presidencia de los Estados Unidos Ronald Reagan.

Pero la revolución iraní siguió su curso.

Por Albino Gómez (periodista, escritor y diplomático).

LA NACION.com, viernes 3 de noviembre de 2006

 

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/855220


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