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El poder de ETA, hoy, es mucho

El poder de ETA, hoy, es mucho

El propósito de conseguir el fin de la violencia en el País Vasco es absolutamente laudable. En este sentido, en el ámbito de los principios, la actitud de Zapatero resulta irreprochable. El problema radica en que lo que cuenta en política, además de unos principios correctos es, sobre todo, la práctica. Y ahí es donde el propósito del gobierno ha partido de dos errores muy graves que lastran la situación y pesan como una losa sobre la sociedad española.

Estos dos errores son, en primer lugar, el intentar una operación de este calibre, una operación de Estado, sin un consenso previo y una estrategia compartida, con el partido de oposición que es alternativa de gobierno.

Zapatero tiene una tendencia extraordinaria a resolver cuestiones muy importantes por la vía de su pequeña mayoría parlamentaria. Es un error que va dejando cadáveres sin sepultar, a lo largo del recorrido. Posiblemente el más grande de todos ellos sea éste, el de la negociación con ETA.

A partir del momento que ha pretendido utilizar el fin del terrorismo como un beneficio de partido, Zapatero se ha atado de manos para hacer concesiones significativas que puedan allanar el camino porque cuentan con la dura oposición del PP y con él de una gran parte de la sociedad española. Este error se ha acentuado por otra equivocación: fiarlo todo a la voluntad negociadora de ETA, entregándose así al ritmo y condiciones que la organización vaya marcando.

Evidentemente deben subrayarse dos datos positivos: ETA lleva cerca de cuatro años sin matar, y el gobierno no ha realizado ninguna concesión política. Pero estos factores se encuentran a su vez contrapesados por las consecuencias negativas:

Una es la división de los demócratas. La dinámica creada ha generado una división crispada entre PP y socialistas que se ha extendido a parte de la sociedad española. Lo más grave es que ha dado pie a un discurso en el que el PP se presenta como el “malo”, camuflando el hecho de que el único malo real y tangible es la gente que asesina a quienes no piensan como ellos, es decir ETA.

Otra es el deterioro de la justicia, ya de por si en una situación cada vez más crítica y con menor prestigio ante los ciudadanos. Las exigencias de la negociación y la necesidad de generar gestos, provocan decisiones, incluso sentencias, absolutamente contradictorias. El proceso para el fin de la violencia está convirtiendo a la justicia española en una especie de chicle. Mal asunto.

Finalmente la más grave de todas. ETA es quien tiene el poder político. En sus manos está no sólo marcar el ritmo sino que ahora la dependencia socialista es tal que las próximas elecciones municipales y autonómicas, preludio de las generales, están en manos de la banda armada.

Si ETA decide cometer algún acto violento, no digamos ya un asesinato, el PSOE recibirá un castigo electoral notable, y como lo sabe, hará lo necesario para que este asunto no se produzca. Entre hoy y las generales del 2008, el poder de ETA sobre el gobierno español será muy alto. Este es el resultado del llamado proceso de paz, al menos hasta ahora.


Editorial de Forum Libertas, 18 de diciembre de 2006

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