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La ley del silencio

La ley del silencio

Después de todo lo ocurrido con el atentado de ETA, y del fallido debate —por todos— sobre lo ocurrido y la respuesta a dar a la banda terrorista, el Gobierno de Zapatero, en aras de la unidad de los demócratas, pretende volver a arrinconar al PP e imponer una ley de silencio a la oposición, a la que le exige la condición de ir sin condiciones o sin una sola propuesta a la reunión del Pacto Antiterrorista, a la vez que les niega el derecho de presentar iniciativas contra Batasuna y ETA en el Congreso de los Diputados, lo que constituye un atropello contra el parlamentarismo democrático, que va mucho más allá de las diferencias o desencuentros partidarios. Sobre todo porque resulta sospechoso que Zapatero no permita que ni siquiera se debatan propuestas que van en contra de ETA y de Batasuna, entre otras cosas para no aparecer de nuevo del lado de quienes se niegan a condenar el atentado de Barajas del día 30D.

 

Lo que esconde la estrategia del Gobierno y de su “no pacto” contra el terrorismo en el que sólo caben nacionalistas, sindicatos y ONGs es esencialmente el temor a que ETA vuelva a atacar dejando, por segunda vez, en evidencia a Zapatero y al PSOE. Y para ello están intentando arroparse con lo que consideran una incipiente posibilidad de revuelta en el seno de Batasuna frente a ETA —“parece ser que Otegi se distancia, algo se mueve en LAB”, dicen como el náufrago que ve un oscuro punto en el horizonte— y un vuelco histórico en las posiciones del PNV, a pesar de que Ibarretxe ha dicho que hay que acercar los presos de ETA al País Vasco y permitir que Batasuna participe en las elecciones municipales.

 

Y además pretenden que todo esto discurra y se haga en medio de un gran silencio para que los etarras no se enfaden demasiado y con una aparente unidad del PSOE en torno a un presidente como Zapatero, que aún no ha explicado por qué fracasó el proceso y qué garantías tenía para iniciarlo. Y que le vuelve a pedir a los suyos otro cheque en blanco, al igual que a sus aliados nacionalistas e incluso al PP. Pretenden desde la Moncloa que se le vuelva a otorgar al presidente fracasado otra oportunidad con todos los poderes y sin ningún control o garantía de éxito. Y a cualquiera que abra la boca le dicen “chitón”, como le dijeron a Blanco cuando reconoció errores, o como le dicen ahora a González porque se ha permitido el lujo de reprocharle a Zapatero iniciar la negociación con ETA sin tener otra hipótesis que el éxito. Cosa que ha sentado a cuerno quemado en el palacio de la Moncloa, por lo que otra vez ha tenido que ser el ministro Rubalcaba el que salga a rectificar al ex presidente del Gobierno diciendo que lo tenían todo previsto, lo que no es cierto, como ha quedado patente y a la vista está.

 

Callar a Blanco ha resultado fácil, como en su día Blanco calló a Pastor, pero silenciar a González es harina de otro costal. Y no digamos pretender amordazar a la oposición, y para ello, y sobre cuestiones tan graves, pretender cerrar el Parlamento y boicotear los debates y las propuestas, cuando todavía estamos a la espera de que Zapatero haga una sola propuesta sobre cómo piensa responder al bombazo de ETA en lo policial y lo judicial. Lo que no hace porque no tenían nada previsto, como lo dice González, y porque no saben qué hacer para que no se enfaden Batasuna, el PNV y sobre todo ETA, no vaya a ser que los de la banda decidan poner otra bomba y, como en Madrid se ha dicho que el proceso está liquidado, ellos empiecen también a liquidar vidas.

 

Cuidado, pues, porque a este Gobierno y al PSOE les está volviendo a pasar lo que ya les ha pasado con el Estatuto catalán, la Alcaldía de Madrid y la negociación con ETA: que prometen lo que no pueden dar. Y ahora están prometiendo o intentando cerrar ni más ni menos que el Parlamento, y eso no se puede consentir porque el reglamento de la Cámara ofrece alternativas muy variadas que llegan hasta la moción de censura, amén de otras respuestas en la calle, o incluso de la retirada del PP del Congreso hasta que el Gobierno acepte debatir y votar sus propuestas ¡contra ETA y Batasuna! Después, ni más ni menos, que de la reaparición mortal de ETA en Madrid.

 

La cadena de graves errores de Zapatero en lo que va de legislatura no se acabó con su florida declaración del 29 de diciembre, y su breve “suspensión” del proceso de paz con ETA. Van a seguir y ya se vislumbran en el horizonte inmediato por jugar con el fuego de Batasuna y PNV y sobre todo por pretender silenciar al Parlamento, cosa que no se puede consentir en una democracia y que además no lo van a lograr, y si no, al tiempo. Y es verdad que Rajoy y el PP no han estado muy acertados en su actuación tras la crisis del coche bomba, pero todo apunta a que van a tener muy pronto otras oportunidades porque los estrategas de la Moncloa no cesan de disparatar. La confabulación que han puesto en marcha con otros grupos parlamentarios les va a salir, si no rectifican lo antes posible, muy mal.

 

Pablo Sebastián

Estrella Digital, 19 de enero de 2007

 

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