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Iraq, como Bosnia

Iraq, como Bosnia

Es una coalición insólita, transversal, bipartita, unida sólo por la convicción de que Iraq corre el riesgo de sufrir una limpieza étnica y necesita por esto soluciones al estilo de los Balcanes. Con la bajada al terreno de un autorizado comentarista conservador, toma fuerza en Estados Unidos el lobby de quienes defienden una suerte de Opción Bosnia: resignarse a dividir el país en tres áreas étnicas (suní, chií y kurda), coordinadas por un gobierno central reducido a su mínima expresión.

 

David Brooks, la voz conservadora de las páginas editoriales liberales y progresistas del New York Times, ha izado la bandera blanca respecto a Iraq y ha admitido que el sueño inicial de transformar el país en un ejemplo de democracia para Medio Oriente ya se ha esfumado. Brooks se ha alineado en las filas del presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, el demócrata Joe Biden, y en un grupo cada vez más numeroso de expertos que apuntan a una división soft del país como un mal menor a estas alturas para Iraq. “Es una opción que reconoce que Iraq está hecho pedazos y que su gente está abandonando sus hogares para sobrevivir”, escribe Brooks.

 

El editorialista, que promete de ahora en adelante una campaña sobre este tema, defiende la necesidad de utilizar la presencia militar americana para gestionar una dramática fase, que supone la transformación de Iraq en una composición de tres áreas rígidamente divididas en facciones para reducir la posibilidad de contacto y desencuentro entre ellas. “Cuando los diversos grupos que se enfrentaban en Bosnia fueron finalmente separados –afirma Brooks- llegaron las posibilidades de negociar la paz, por muy triste que eso fuera”.

 

Esta propuesta se inserta en una línea de pensamiento que cada vez adquiere más adeptos. Biden, uno de los primeros teóricos en proponer la división de Iraq, ha convocado estos días audiciones en el Senado por las que han desfilado expertos que casi siempre secundan la propuesta. Es el caso de Les Gelb, presidente honorario del Consejo de Relaciones Externas, uno de los más prestigiosos think tank de la política exterior americana. Gelb y Biden han preparado un planing que prevé garantías financieras para los suníes, una vez que la eventual división del país les deje fuera de los mayores pozos petrolíferos; y la creación de un grupo de contacto que gestione la fase del reparto de bienes y los éxodos de población de una zona a otra.

 

En la misma línea se sitúan Michael O’Hanlon, de la Brookings Institution; y Edward Joseph, de la Johns Hopkins University, que juntos han publicado un estudio donde el título lo dice todo: Una opción Bosnia para Iraq. La limpieza étnica en Iraq ya ha comenzado, según O’Hanlon, visto que 100.000 iraquíes al mes son obligados a dirigirse a otras áreas a causa de los enfrentamientos entre las diferentes facciones. Para Gelb, los Estados Unidos deben encargarse de garantizar “la protección y los medios económicos para que esta gente reconstruya su vida: se lo debemos”.

 

El intelectual más radical y convencido de la división de Iraq es el ex embajador de Estados Unidos en Croacia Peter Galbraith, hijo del desparecido economista John Kenneth Galbraith. Según el diplomático, que en el pasado indagó sobre el uso de armas químicas contra los kurdos por parte de Sadam Hussein, precisa reconocer que Iraq, “como país, ha sufrido una ruptura miserable desde su fundación” y sólo el puño de hierro del dictador era capaz de mantenerlo unido. En este punto, según Galbraith, es mejor que chiíes, suníes y kurdos vayan cada uno por su propio camino, porque la historia, según su informe, apunta en esta inevitable dirección.

 

Marco Bardazzi

Páginas Digital, 29 de enerote 2007

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