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Los peligrosos socios del PP

Los peligrosos socios del PP No es verdad que el Partido Popular esté solo. Esa es su situación, por supuesto, si pensamos únicamente en el acompañamiento de fuerzas parlamentarias y en el juego democrático en las instituciones. En esos escenarios el PP ha conseguido, en efecto, visualizar día tras día su soledad en cualquiera de los debates. Es más: en algunas ocasiones, como en la reciente votación sobre los transexuales, sus senadores han votado junto a los otros grupos, y luego, en el Congreso, sus diputados, salvo dos, han dado marcha atrás y han hecho transparentes, al fin, serias contradicciones y un liderazgo poco sólido. Pero el PP tiene socios, o mejor dicho, es el socio de referencia de otros grupos más activos, extraparlamentarios, que le han arrastrado a la calle, para confundir en un mar de banderas la nacional, que es de todos, pero que intentan exhibir como si fuera patrimonio del bando vencedor en una contienda civil, con las que, inequívocamente, simbolizan no ya un tiempo pre-constitucional sino la añoranza de una dictadura.

Junto a votantes y militantes populares que simplemente protestan contra la política del gobierno, cada día más se advierte el peso y determinación de quienes apelan a la rebelión –Alcaraz, Mikel Buesa- o la acción, como el tristemente conocido Sáenz de Ynestrillas. Algunos socios del PP han aprendido ya el camino de la calle Ferraz y terminan allí, amenazadoramente, sus manifestaciones. Otros, al igual que los cachorros de la izquierda abertzale en Euskadi o Navarra, lanzan cócteles molotov contra una sede del PSOE y pintan la fachada con los mismos textos que exhiben en la calles junto a los más altos dirigentes del Partido Popular.

 

Es el turno de Mariano Rajoy. A él corresponde marcar distancias con esos peligrosos compañeros de viaje -buena ocasión tendría para hacerlo olvidándose de la movilización anunciada- o liderar sin reparos la extrema derecha española. No lo tiene fácil: la jauría mediática, que le desprecia íntimamente pero que se regodea comprobando que puede orientarle cuando le golpea con dureza, se encargará de sacar a la luz el líder alternativo que tanto complace a Sánchez-Dragó, por ejemplo. Pues bien, señor Rajoy, es el momento de desmentir a José María García. Tiene que mancharse las manos y organizar un partido conservador en España, al modelo de su admirado Sarkozy, o convertirse en un remedo de Le Pen, para lo que no debe usted servir. No parece usted capaz de cabalgar sobre el tigre. Redúzcalo a su verdadera dimensión de gato salvaje. Escuche, por ejemplo, al alcalde popular de Ávila -precisamente un feudo de Acebes- rechazar sin ambages la compañía de consignas y banderas no deseadas. También así pueden ganarse unas elecciones. Que es el único camino para gobernar en la España del siglo XXI.

 

EDUARDO SOTILLOS

Elplural.com, 04/03/2007

 

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