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Con las encuestas de Pedrojota ¿alguna derecha da miedo a Zapatero?

Con las encuestas de Pedrojota ¿alguna derecha da miedo a Zapatero?

Explicaba hace pocos días en estas páginas Luis Miguez que "la derecha española cuenta con un caudal intelectual no desdeñable, pero que se ha desperdiciado, en parte por el complejo de inferioridad frente a la izquierda, y en parte también por la falta de flexibilidad de algunas de esas líneas de pensamiento a la hora de adaptarse a las nuevas circunstancias". La reflexión no puede ser más oportuna al hilo de las últimas encuestas de intención de voto: ahora mismo el PP de Mariano Rajoy no ganaría unas elecciones generales y no gobernaría España, a pesar de todos los desmanes del zapaterismo desde el 11 de marzo de 2004.

¿Qué rumbo conviene a Rajoy?

Algunos estrategas de la calle Génova han repetido con Rajoy errores que ya sufrió José María Aznar: se ha preferido vencer por los errores del rival y no por los análisis y propuestas propios, y se han abandonado terrenos decisivos para la política moderna, como la comunicación, la cultura y el debate profundo de ideas. Demasiados complejos, y soluciones demasiado timoratas, cerriles o inconexas. Un mal augurio en esta primavera electoral.

 

Lo peor del caso es que, junto al destino del PP y de su líder, está en juego el futuro de la nación; algo más importante que el de un partido, pero ligado hoy al de éste porque no cabe esperar salvación alguna de los demás actores del "proceso". Mucho menos, por supuesto, de actores inexistentes que ni están ni se les espera. Pero hay algo bueno, en cambio: que en el PP, casa común, centrada en la sociedad, de la derecha española, están las semillas de los cambios necesarios. Basta que, en vez de un centroderecha a la vez acobardado y vociferante, ligado sólo al liberalismo como ideología, asuma ser lo que su base ya es y lo que sus referentes en Europa son desde siempre: una derecha social y plural.

 

Un problema de ideas

 

"Las ideas son fundamentales en cualquier acción política. Sin un fuerte vínculo con ellas y sin esquemas interpretativos de la realidad la acción política perdería continuidad y estrategia. Se terminaría así viviendo al día y sin perspectivas". Lo que el ex ministro Gianni Alemanno enunciaba la pasada semana, en tono positivo, sobre la derecha italiana, vale también, aunque como reproche matizado, para la derecha española. "En las ideas hay que distinguir lo que es fundamental, como los valores, de lo ligado a circunstancias históricas o a condiciones más menos particulares y coyunturales". Libertad, persona, religión, familia, tradición, trabajo, Patria: cosas que cambian de forma sin cambiar de esencia. Es una cuestión de sentido común, como ha escrito Marcello de Angelis: la gente normal también entre nosotros es por ejemplo católica sin ser clerical, laica pero no laicista ni antireligiosa.

 

Ya, sentido común en la aplicación política de sus ideas. Tal vez sea lo que falta en la derecha española, como resultado de su historia, que la ha relegado –en palabras de Pierre Chaunu- a la cara habitualmente oculta del planeta. Mientras que la izquierda gobierna y aplica desde el poder sus principios sin complejos, la derecha, cuando llega al poder, tiene la tentación de disculparse por estar allí. Y se limita a "gestionar", de manera eficaz muchas veces, pero sin empuñar el timón del Estado, sin complejos, en la dirección marcada por sus principios. Y eso, después, se paga.

 

¿Quién teme a la derecha feroz?

 

Las malas encuestas para Rajoy llevaron al periódico que dirige Pedro J. Ramírez a recomendar "un estilo más centrista" al PP. Como si el problema fuese sólo de formas o de tonos, y no de coraje e inteligencia en el despliegue de sus propios contenidos. Determinadas estrategias del PP lo han hecho parecer un cordero envuelto en piel de lobo, ya que la renuncia, aplazamiento o mediatización de muchas políticas derivadas de sus principios han ido unidos a formas agresivas. Vamos, que han conseguido quedar como radicales sin ser, a veces, coherentes. Mal negocio, debería decir Pedrojota a Acebes y especialmente a Zaplana .

 

Son las cosas del pensamiento débil: por buenismo se termina aceptando la superioridad de los principios de los progres, y por cálculo electoral miope se renuncia a los principios propios. El riesgo es perder las elecciones y dejarse por el camino partes esenciales del programa profundo del centroderecha español. Y además quedando mal. Precisamente lo contrario –firmeza desde los valores, entereza desde la moderación- está al alcance del PP para convertirse, definitivamente, en una derecha que de verdad asuste a Zapatero. Aún están a tiempo.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 12 de abril de 2007

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