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MADERA DE ZAPATERO

MADERA DE ZAPATERO Esconderse ya no es una opción

 Son innumerables las bromas que se han hecho a cuenta de las limitaciones de Zapatero y su Gobierno, de sus torpezas e ignorancias. Pues bien: ha llegado la hora de ponerse serios. Porque muy serio es lo que se desprende del libro que Jesús Miguel de Toro ha dedicado al inquilino de La Moncloa. Madera de Zapatero confirmará en sus temores a aquellos que llevan tiempo advirtiendo del carácter pseudototalitario del proyecto del presidente, y debiera mover a la preocupación a los benévolos, los cachazudos y los despistados.

 

Tras su lectura, una sola cosa es segura: sólo los malpensados tenían razón, como se encarga de demostrar, sin vergüenza ni escrúpulos, el propio Zapatero. Y lo peor es que a lo peor se quedaban cortos.

 

Los indicios ya eran claros antes de que Zapatero se instalara en La Moncloa, pero ¡cuánto han tardado tantos en enterarse de qué iba realmente aquello del No a la guerra! Acertaban de plano quienes alertaban de que el activismo socialista no tenía que ver con el pacifismo o el buenismo: Zapatero se valió del No a la guerra para librar la madre de todas las batallas contra la derecha nacional y poner fin a la hegemonía popular. "La decisión de Aznar de llevar allí las tropas [era] la culminación [del] proyecto ultraconservador", le dice aquí a Toro; y añade: "Ahí culmina, ahí encalla, todo un intento de proyecto de situarnos como un país con ese pensamiento ultraconservador" (pág. 155).

 

En Madera de Zapatero, el presunto pacifista se confiesa: en 2003, su guerra estaba en España, no en el Golfo; y el enemigo no era Sadam Husein y el Baaz, sino José María Aznar y el PP. A ver qué hacen ahora quienes desde la derecha hablan y no paran de pasar página en lo relacionado con la guerra de Irak. Por cierto, y para los mismos: Zapatero sigue donde estaba, en la demolición de cualquier proyecto que salga de las filas liberal-conservadoras.

 

A estas alturas, conviene no llamarse a engaño; bueno, es que ni siquiera se puede: Zapatero tiene una revolución en mente, y plantará cara a todo aquél, a todo aquello que se interponga en su camino, Constitución incluida. Ha venido para romper con el pasado, hacer tabula rasa, refundar la sociedad. Lo dice bien clarito; aquí:

Nuestra democracia, a diferencia de la mayoría de las democracias, no es fruto de una revolución, de un cambio radical. Es fruto de un acuerdo, de una transición, modélica, pero no de un impulso en el que los profundos valores democráticos enseñan cómo hay que relacionarse con el poder, como hay que reverenciarlo. Esos valores deben estar ahí (pág. 178).

Y aquí:

Si hay algo que caracteriza a esta etapa de gobierno es que hay un proyecto. Precisamente porque hay un proyecto hay una resistencia tan inútil como activa de la derecha más dura, porque saben que hay un proyecto. Se han dado cuenta de que hay un proyecto de alcance en valores culturales, y por tanto ideológicos, que puede definir la identidad social, histórica, de la España moderna por mucho tiempo (pág. 150).

Difícilmente podrá encontrarse explicación más directa de la situación política española. Involuntariamente o no, ni el entrevistado ni el entrevistador esconden que estamos asistiendo a un proyecto de redefinición de la sociedad y que media España no está dispuesta a embarcarse en él. Esto, nos dice la teoría política, puede conducir a la desintegración nacional o al conflicto civil. O a ambas cosas a la vez.

 

Los ingenuos y los biempensantes ya no tienen excusas; de ello se ha encargado el propio Zapatero, al exponer de manera descarnada que pretende poner la revolución donde la Constitución y el Estado donde la sociedad civil. A partir de ahora, pues, la ingenuidad deviene, cuando menos, en irresponsabilidad. Hoy, los ingenieros de almas ni esconden ni disimulan sus planes, que son cualquier cosa menos constitucionales. Buscan cambiar la sociedad desde el poder y legislación mediante; una legislación puesta al servicio de la ideología. Al habla Zapatero: "Las grandes leyes, las grandes tomas de decisión, que son pocas, las que realmente marcan la impronta en una sociedad, en la forma de entender la cultura, determinan realmente la vida que vives" (pág. 211).

 

A estas alturas, repito, no cabe engañarse. Asistimos a la puesta en práctica de un proyecto de ingeniería social, que no es constitucional ni pluralista, en el que no hay lugar para el ideario liberal-conservador; tampoco para la derecha social y mediática.

 

Cada cual deberá sacar las conclusiones que considere oportunas. Pero está claro que esconderse ya no es una opción.

 

 

SUSO DE TORO: MADERA DE ZAPATERO. RBA (Barcelona), 2007, 224 páginas.

 

ÓSCAR ELÍA MAÑÚ, analista del Grupo de Estudios Geoestratégicos (GEES).

 

Libertad Digital, suplemento Libros, 21 de diciembre de 2007

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