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Las macrovíctimas del terrorismo crean un nuevo sentido del vivir y del morir.

En la línea de eminentes especialistas de las ciencias antropológicas, jurídicas, sociales y teológicas, parece oportuno comentar por qué y en qué dimensiones las macrovíctimas del terrorismo crean un nuevo sentido del vivir y del morir.

Por Antonio BERISTAIN IPIÑA, S.J.
Catedrático emérito de Derecho Penal.
Miembro de la World Society of Victimology.
San Sebastián.

En la línea de eminentes especialistas de las ciencias antropológicas, jurídicas, sociales y teológicas, parece oportuno comentar por qué y en qué dimensiones las macrovíctimas del terrorismo crean un nuevo sentido del vivir y del morir.

Recordamos cómo en el campo de concentración Auschwitz, julio de 1941, los internos matan a un soldado vigilante. Inmediatamente se les reúne a todos los internos y se ordena que el último de cada diez dé un paso adelante, para ser torturados y ejecutados. Uno de los señalados muestra un dolor extraordinario porque tiene esposa e hijos. El que está junto a él, en el número 9, Maximiliam KOLBE, se ofrece al capitán del ejército alemán para ser ejecutado en sustitución del padre de familia. El capitán acepta y Maximiliam KOLBE, encerrado en la celda de castigo, muere de hambre y de sed.


Algunas personas, conocedoras de este acto heroico, aplicamos al santo polaco y a las víctimas del terrorismo las cuatro preguntas fundamentales de Emmanuel Kant: 1) ¿Quiénes son hoy Maximiliam KOLBE? ¿Quiénes son las víctimas?; 2) ¿Qué pueden saber las víctimas?; 3) ¿Qué hacer?; 4) ¿Qué esperar?

1) Diré ahora unas palabras acerca de quiénes son las víctimas del terrorismo. A continuación veremos qué saben, qué hacen y qué esperan. La Criminología nos enseña que, por desgracia, la sociedad desconoce (2ª victimación) a estas personas en toda su dignidad, aunque ya han aparecido algunos libros que nos informan de ellas, como el de Cristina CUESTA: Contra el olvido. Testimonios de víctimas del terrorismo. Merecen un calificativo muy distinto al tradicional de sujeto pasivo del delito o damnificado; su nombre es distinto, más noble; su amplitud numérica mayor, y su contenido más trágico. Así lo patentizan eminentes tratadistas. También los miembros de la “Sociedad Mundial de Victimología” y, en lo fundamental, la Declaración de las Naciones Unidas “Sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder”, de 29 de noviembre de 1985.

Por lo tanto, actualmente, en vez de referirnos al “sujeto pasivo del delito”, debemos referirnos a la “víctima”. Y, en el caso concreto del terrorismo, más que hablar de “víctima”, en singular, conviene hablar de “víctimas”, en plural, puesto que cada crimen terrorista causa varias víctimas: la directa y muchas más indirectas.

Por desgracia, las estadísticas empequeñecen la realidad. Si investigamos cuántas son las víctimas del terrorismo en España, generalmente nos dirán que 817 asesinadas y 77 secuestradas. Estas cifras se refieren sólo a las víctimas directas, pero olvidan las indirectas, que son más, casi inabarcables: sus familiares y amigos, etcétera. Por lo tanto, conviene saber que todo delito terrorista produce muchas víctimas, en plural; no una víctima, en singular. Y –lo que nos interesa especialmente– conviene proclamar que todos los delitos de terrorismo son de una gravedad trágica mucho mayor que los similares delitos del mismo género (un asesinato terrorista es más grave que un asesinato). Por eso, sus víctimas merecen el nombre de macrovíctimas. No se las puede equiparar con las víctimas de cualquier otro delito (A. BERISTAIN, Victimología, nueve palabras clave, Tirant lo Blanch, Valencia, 2000).

Los especialistas investigan el perfil de ellas. Comprueban que sus gestos, sus palabras, son venas auríferas que emanan significados metarracionales, hipersimbólicos. Son pebeteros ígneos que nos regalan su luz y su calor; son agentes morales de la convivencia más humana, rebosante de hospitalidad (Diego SÁNCHEZ MECA, “Del egoísmo a la hospitalidad: Lévinas o la intempestividad de un pensador judío”, Signa, Revista de la Asociación Española de Semiótica, UNED, núm. 5, 1996, pp. 76 ss.), libertad y fraternidad.

2) ¿Qué pueden “saber” las macrovíctimas del terrorismo?
Nuestros pebeteros ígneos saben y sienten que el ideal vale más que la vida. Saben y sienten el axioma del filósofo Emmanuel LÉVINAS: “Mi responsabilidad por el otro se impone antes que toda decisión, antes que toda deliberación. Es una pre-razón, una cognición, anterior al comienzo, una obligación anterior al presente”.

Si alguien nos dice que él no se responsabiliza por las macrovíctimas porque vive ideales de más importancia, respondámosle que se equivoca. Que la responsabilidad por el otro no es un ideal, es un axioma incontrovertible, un absoluto independiente.

Nuestros héroes saben y “sienten” con toda su corporeidad espiritual que muchos medios de comunicación comentan estos temas en su sección de “Política”, aunque, de acuerdo con el filósofo lituano de la transcendencia, estas cuestiones son pre-políticas y meta-políticas. Por lo tanto, en este campo todo ciudadano debe considerarse liberado de las propuestas de su partido político, de sus filósofos, de sus teólogos (es una clave pre-política, pre-filosófica y pre-teológica).

Nuestros agentes morales desplazan de su yo al “otro” el significado de la vida y de la muerte; la ofrenda, la compasión. Recuerdan los sólidos argumentos del Papa Juan Pablo II, en Loyola -Guipúzcoa- (1982), como en Madrid (2003), cuando expresó que “el cristianismo comprende y reconoce la noble y justa lucha por la justicia frente al odio y la muerte a todos los niveles”. En sentido parecido podemos leer la autorizada crítica a los que se callan, a los que con su silencio se hacen cómplices y encubridores de atrocidades y de asesinatos y de silencios consentientes, criminógenos: “Enfangados en la vileza de mirar a otro lado y decir que no han visto nada”. Ignorar lo que sucede es una frecuente y grave tentación, como proclamaron trece intelectuales europeos y americanos en su Manifiesto “Ante las elecciones del 25 de mayo en el País Vasco”, aparecido en los medios de comunicación el 7 de mayo de 2003. SETIÉN puede escribir en su último libro que “el silencio ante el terrorismo no significa siempre y necesariamente un modo de aceptación del mismo”. Pero, también puede escribir –y, que yo sepa, nunca lo ha hecho– que el silencio ante el terrorismo implica una omisión totalmente negativa de la moral elemental de todas las religiones, y es éticamente reprochable, y quizás objeto de un delito a tenor de los artículos 1, 10, 11, 407, 408, 412, 450 del Código penal (1).

3) ¿Qué hacen las macrovíctimas del terrorismo?
Realizan una acción muy compleja. Por una parte, dan la vida por la justicia y su fruto (la paz), y por la libertad. Ellas dan su vida, algo así como Jesucristo, cuando dijo: “yo doy mi vida por mis ovejas, nadie me la quita”. Las macrovíctimas, sobre todo las que han sido amenazadas previamente, dan su vida, puesto que no abandonan el barco, y siguen viviendo como antes de haber sido amenazadas.

Pero, por otra parte, no desean que les quiten la vida. Sería erróneo estigmatizar a las víctimas como personas de poca autoestima, como personas alienadas. No debe interpretarse en ese sentido el friso magnífico de OTEIZA, en Aránzazu: los apóstoles, como las macrovíctimas, dan su vida por los demás pero tienen una autoestima muy grande, quieren vivir. Por lo tanto, no se les puede acusar de victimismo. (Lo saben especialmente sus escoltas, a los que manifiestan –y nosotros también ahora– un muy merecido agradecimiento).

En la misma cosmovisión de Amnistía Internacional, fomentan la urgente necesidad de evitar la impunidad de los delitos terroristas. La necesidad de evitar que se presente como solución fundamental el diálogo, como si sólo se tratase de un conflicto. Como si los autores fuesen delincuentes de conciencia. (Éstos se autocuestionan sus actos, sus infracciones. A veces con angustias. En cambio, los terroristas no; sino que obedecen a sus jefes, ciega y tranquilamente, sin conciencia).

Algo extraordinario hay que no hacen las macrovíctimas: El milagro de que ninguna se haya tomado la justicia por su mano. Respetan la Justicia. Reconocen que la solución fundamental del terrorismo no es el diálogo, sino la sanción justa, humana y resocializadora, que ya desde el Derecho romano –que quizá no ha afectado al País Vasco– es la piedra sillar, básica, de la política; al contrario de lo que opinan numerosos profesores universitarios de la Comunidad Autónoma Vasca.

4) ¿Qué esperan las macrovíctimas?
Esperan, con sólidos fundamentos, que el bien triunfe sobre el mal. Esperan, y alcanzan ya ahora, el más allá del morir, una realidad más valiosa que la presente e inmediata.

Contra lo que muchos opinan, las macrovíctimas no esperan la venganza, ni la indemnización. Nada esperan para ellas egoísticamente. Sí esperan contribuir a crear un nuevo e innovador sentido del vivir y del morir. Esperan la disminución del dolor y del sufrimiento. Esperan la implantación de la justicia, que es camino de la paz. Esperan la implantación de una convivencia nueva e innovadora. Esperan, más que John RAWLS (Justicia como equidad), promover y alcanzar la realidad utópica.

Esperan y desean tener un rol social, un protagonismo, un estatus social… que nos beneficiará. Sin embargo, muchas personas e instituciones se lo niegan. El síndrome de Estocolmo les cierra los ojos a muchas personas bienintencionadas. Por ejemplo, a quien escribe: “No hagamos de la condición de víctima un estatus social y de su ejercicio un rol social”. Y a quien afirma: “Las víctimas no pretenden tener ningún protagonismo”.


Guste o no guste, las víctimas son protagonistas, y más aún que los políticos (A. BERISTAIN, Protagonismo de las víctimas de hoy y mañana. Evolución en el campo jurídico penal, prisional y ético, Tirant lo Blanch, Valencia, 2004). Sin duda, en un día no muy lejano conmoverán a Europa, como indica el Manifiesto antes citado.

Antes de terminar, ¿Qué debemos hacer nosotros?: Para dar voz a las macrovíctimas debemos erigir monumentos elocuentes a su memoria, debemos crear canales institucionales que les sirvan de foro público nacional e internacional, como exigía el Manifiesto “Ante las elecciones del 25 de mayo en el País Vasco”, del 7 de mayo de 2003.

Podemos recordar a Dietrich BONHÖFFER, con su compromiso contra el nazismo y su colaboración con las víctimas. Frente a él, las iglesias alemanas se sometieron al nazismo. Renunciaron a la defensa de la dignidad de los seres humanos por mantener su estatuto privilegiado y librarse de la persecución nazi. Aceptaron la protección del Führer mientras sus hermanos de la resistencia eran detenidos, acusados de alta traición y ejecutados, como fue el caso de BONHÖFFER. En un clima así –escribía Juan José TAMAYO-ACOSTA (“Dignidad y liberación: Perspectiva teológica y política”, Concilium, núm. 300, abril 2003, pp. 260 s.)–, y en medio de la incomprensión de no pocos hermanos cristianos y colegas teólogos, BONHÖFFER convierte la colaboración con las víctimas en el centro de la fe cristiana, de su vida, de su reflexión teológica y de su ética. Por eso él, en su libro Resistencia y sumisión escribe: “La Iglesia sólo puede cantar gregoriano, si al mismo tiempo levanta su voz a favor de los judíos”, señalando con el dedo acusador a la Iglesia alemana instalada cómodamente en el sistema.

Concluyo. Debemos agradecer a los miles de macrovíctimas directas e indirectas del terrorismo que nos enseñan un nuevo sentido del vivir y del morir, nos enseñan a responsabilizarnos del otro (como proclama LÉVINAS) y a hacernos cargo, como escriben ELLACURÍA y SOBRINO, de las víctimas.

Son las personas más dignas de nuestra sociedad, las más nobles. Merecen nuestra veneración, no menos que Maximiliam KOLBE. Como las reliquias de éste se colocan en los altares de muchas iglesias, así los recuerdos de nuestras macrovíctimas están colocados en el centro de nuestros corazones. Y junto a su recuerdo, el recuerdo de sus familiares y amigos… que cuentan con la gratitud de todas las personas de buena voluntad en el mundo entero, hoy y mañana. Les agradecemos porque hacen prevalecer el ideal paradigmático de que el otro, el más vulnerado, es la clave de la nueva justicia, es el alfa y la omega de todos los ciudadanos, de las instituciones políticas, pero también de las culturales, económicas y, no menos, las religiosas.

A nuestras macrovíctimas les brindamos nuestro profundo respeto y nuestra cordial gratitud.

(1) Addenda: La afirmación formulada en las líneas anteriores, de que el silencio ante un delito grave se critica y condena en la ética de todas las religiones y que, a veces, conlleva sanciones jurídico penales queda corroborada y robustecida en la ponencia que el Presidente del “Instituto Borja de Bioética”, Francesc Abel, S.J., presentó en el VI Encuentro de Responsabilidad Sanitaria, en el que argumentaba que “todo profesional sanitario tiene obligación de denunciar los hechos ante un posible caso de maltrato a un menor... El médico que incumpla este deber podrá incurrir en responsabilidad administrativa e incluso penal”. Diario Médico, del 23 de mayo de 2003, p. 11. Más información en www.diariomedico.com.

Los curas de ETA: la Iglesia vasca entre la cruz y la ikurriña

Una pormenorizada crónica periodística de varias décadas de vida española marcadas por una relación conflictiva y parasitaria: Iglesia católica y nacionalismo vasco.

Jesús Bastante es un periodista, especializado en información religiosa, que cuenta, pese a su juventud, con una dilatada experiencia profesional desarrollada en medios eclesiales. Con ese capital, publicó, ya en 2004, un libro a tener en cuenta con motivo de este «especial» dedicado a Foro El Salvador: Los curas de ETA. La Iglesia vasca entre la cruz y la ikurriña (prólogo de José Bono, La Esfera de los libros, Madrid, 428 páginas); la larga crónica de una de las expresiones más problemáticas y dolorosas de la actual Iglesia española.

Han sido numerosos los libros dedicados a esta tortuosa relación entre nacionalismo vasco e Iglesia local. No obstante, hemos escogido, de entre todos ellos, a éste, por ser una excepción en su tratamiento: no en vano, también contempla a aquellas realidades católicas que no han seguido la uniformidad nacionalista con que se ha pretendido anegar a la totalidad de la Iglesia en estas tierras.

Partiremos, para mejor exponer los contenidos de este texto, de la siguiente pregunta previa: el nacionalismo vasco y el catolicismo, ¿son consustanciales e inseparables? Evidentemente, no. La Iglesia es anterior al nacionalismo y éste último se ha nutrido, además, de diversas y, en ocasiones contradictorias, corrientes vitales y de pensamiento: marxismo, ecologismo, contracultura, etnicismo...

No obstante, durante muchos años y casi sin discusión, aparentaron ser inseparables. Inmenso error. Pero aquello cambió, aunque cueste reconocerlo; hasta el punto de que el mayor núcleo de ateos militantes del Estado español se encuentra entre los jóvenes de una izquierda abertzale, estructurada desde ETA, que se ha alimentado de nacionalismo-revolucionario, marxismo-leninismo, feminismo radical, ideologías «emancipatorias» de todo tipo, ecologismo extremo, etc.

Un dato, de particular trascendencia en cualquier caso, emerge de la marea de nombres, fechas, documentos y circunstancias que nos desgrana el autor en su texto: la feligresía católica vasca, progresivamente, es, en sus convicciones políticas, menos nacionalista y más española. Por el contrario, importantes núcleos del clero, de los religiosos, y de las estructuras diocesanas, mantienen –siempre según el autor- un marcado tono nacionalista; aunque muy envejecidos. Sin duda, ese «intentar marchar al ritmo del pueblo y de su cultura», que llevó a tanto clérigo a posturas nacionalistas y radicales (una actitud que, conviene recordarlo, no ha sido un fenómeno exclusivamente vasco), en la actualidad les está alejando de la sociedad. Una paradoja histórica que muestra sin tapujos la verdadera naturaleza del nacionalismo y los perniciosos efectos de esa ideología en sus expresiones más totalitarias.

Pero, en esta atribulada Iglesia local, no todo ha sido unanimidad nacionalista, y así lo destaca el autor. Foro El Salvador, la entidad que agrupa a un núcleo organizado de católicos vascos movilizados frente al nacionalismo totalitario y excluyente, surgió, como una voz profética, en defensa apasionada de las víctimas del terrorismo; denunciando contundentemente la infección nacionalista del cuerpo eclesial. Nació con múltiples dificultades; desconociendo muchos de los católicos españoles, todavía hoy, su realidad y planteamientos. Se les acusó, incluso, de incurrir en algunos de los mismos vicios –por ellos denunciados- practicados por los nacionalistas; así como de romper, nada menos, la unidad eclesial. Transcurrido un tiempo, algunas de sus exigencias han sido recogidas por la propia Conferencia Episcopal Española en su instrucción pastoral Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y sus consecuencias, de 22 de noviembre de 2002. Y no podía ser de otra manera; recordemos la larga sucesión de posicionamientos, claros y sin ambigüedades de ningún tipo, pronunciados a lo largo de todos estos años, recogidos en La Iglesia frente al terrorismo de ETA (BAC, Madrid, 2001), una voluminosa compilación de textos efectuada por José Francisco Serrano. La historia, con el tiempo, contribuye a colocar a cada uno en su sitio.

En este contexto, de oposición a algunas actitudes eclesiales contaminadas por el nacionalismo, también encontramos cierto protagonismo de seglares católicos vascos, aunque cada uno con sus matices: Carlos García de Andoin, José Luis Orella, Inmaculada Castillo de Gortázar, Javier Elzo... Y no olvidemos otra circunstancia: ¡la mayoría de las víctimas del terrorismo etarra eran católicas!

No obstante, la vida de la Iglesia, a lo largo de todos estos años, no ha estado determinada únicamente por la política asfixiante que se denuncia en el libro. No olvidemos su inmenso trabajo en la cultura, la educación, la sanidad, entre los marginados... Por ello, es bueno alejar, un poco al menos, el prisma de la política para intentar entender qué ha ocurrido desde una perspectiva más global. De esta forma, podremos extraer una conclusión: aquellos grupos cristianos que se han dejado arrastrar por la ideología nacionalista han perdido, progresivamente, la sustancia de la fe. Tengamos presente, por otra parte, la meritoria, y en ocasiones callada, labor de pastores abnegados, como Fernando Sebastián en Navarra y el propio Ricardo Blázquez en Bilbao, quienes están aportando nuevos aires a sus ámbitos respectivos.

En este sentido, la Iglesia, al igual que toda la restante sociedad vasca, también ha sido víctima del impacto de la ideología nacionalista en su ser. Otra víctima más. En tanto le interesaba, el nacionalismo se ha alimentado de múltiples recursos de la Iglesia, de las actitudes de algunos de sus pastores y de muchas gentes bienintencionadas, para, posteriormente, prescindir de todo ello; o, desde otras corrientes nacionalistas más radicales, recurrir a modernas ideologías de moda que, presuntamente, cabalgan a lomos de la historia. El nacionalismo, ante todo, es eso: nacionalismo. Y cualquier compañero de viaje será vampirizado en aras de su proyecto totalitario y excluyente.

Esa es la lección. Para la Iglesia, para España, para todos los vascos.

Por Fernando José Vaquero Oroquieta

Uniformidad y etnicidad vasca, frente al universalismo cristiano.

El nacionalismo vasco es una doctrina política que ha ido mutando en la historia sus argumentos dialécticos en función de la necesidad del momento. En nuestros días, el nacionalismo es para muchos de sus votantes la traducción a la política de su amor al paisaje conocido, lengua, costumbres y tradiciones propias. No obstante, el término esconde una aceptación diferente, como es el rendir culto a la nación por encima de los derechos de los individuos y de la verdad histórica.

Por José Luis Orella Martínez (Prof. Universidad San Pablo-CEU)

El nacionalismo vasco es una doctrina política que ha ido mutando en la historia sus argumentos dialécticos en función de la necesidad del momento. En nuestros días, el nacionalismo es para muchos de sus votantes la traducción a la política de su amor al paisaje conocido, lengua, costumbres y tradiciones propias. No obstante, el término esconde una aceptación diferente, como es el rendir culto a la nación por encima de los derechos de los individuos y de la verdad histórica.

Pero los interrogantes son muchos en torno a un movimiento político, que no cuenta con la representación exclusiva de la sociedad vasca, y que en el origen nutricio de sus ideas se contradice con los principios fundamentales del liberalismo democrático, respetuoso con los derechos de la persona. Desde siempre, el nacionalismo vasco se ha arrogado la exclusiva representación de los intereses sociales, económicos, culturales, educativos, laborales y políticos del pueblo vasco. Por que se considera el único que defiende una concepción de la nación como ente abstracto, único e indivisible, a la que los individuos de la sociedad que la forman, quedan subordinados sin límites al interés general de la nación a redimir.

Su concepto de humanidad va ligado a la creencia de que la lengua, raza, costumbres y religión determinan el carácter primordial de un grupo social, como para darle el calificativo de nación. Al tener ésta el derecho inalienable de alcanzar su soberanía política, en pie de igualdad al resto de los países, la supuesta nación oprimida por un ente político superior, tendría la necesidad de hacer valer su identidad nacional a través de un movimiento político. Este organismo sociopolítico tendrá la única misión de obtener por las vías que considere necesarias la consecución de la independencia, porque la soberanía nacional es un valor primordial que esta por encima de los derechos más elementales de la persona como tal.

Estos individuos serán calificados de ciudadanos de una comunidad nacional si reúnen los requisitos que el movimiento político cree son los más acreditativos e indispensables de la identidad nacional. Estas características son culturales y lingüísticas, pero en el caso del nacionalismo vasco también étnicas. Una nación sólo puede llegar a su madurez política, en el caso de que la totalidad de la sociedad asuma las características identitarias de la comunidad nacional. Para ello, el nacionalismo se puso como fin prioritario lograr la homogeneidad cultural, racial y lingüística de la sociedad dentro de los límites territoriales prefijados como pertenecientes a su comunidad nacional.

Construcción de la nación.
 
Sin embargo, el camino que hay que recorrer para consumar la maduración nacional de una sociedad, sólo se puede realizar a través de su educación. El primer objetivo de una política nacionalista es establecer la capacidad identitaria en la persona. La autoafirmación de un individuo como miembro de una comunidad nacional se puede lograr cuando la educación se compromete a la transmisión de los valores patrióticos a la totalidad de la sociedad.

El elemento más concienciador de pertenencia a una comunidad diferenciada es la difusión de aquellos elementos que ayudan a crear un mayor distanciamiento con el resto de la comunidad nacional española, como la lengua. En este caso, la lengua vasca  reuniría los factores identificativos del pueblo vasco. El euskera representaría de esta forma, la expresión más lúcida del alma vasca, no sería un producto de la cultura, sino un absoluto trascendental fundado en la necesidad metafísica[1].

En palabras de Luis de Eleizalde, uno de los primeros colaboradores de Sabino Arana en el naciente nacionalismo vasco: “El idioma es la verdadera y genuina tradición nacional, es el espejo del complejo intelectual del alma, es el fiel inventario de los conocimientos del pueblo, la más exacta representación del carácter y de la civilización nacionales... Su léxico pobre o copioso, altivo o encanallado, nos da preciosas indicaciones sobre la mentalidad, la moralidad, la suma de conocimientos y las etapas de la evolución del pueblo”[2].

Sin embargo, la utilización del aprendizaje de una lengua para vertebrar una conciencia nacional, de modo semejante a lo que los pioneros sionistas realizaron con el hebreo para hacer posible el sueño de Israel, tiene efectos secundarios. La solución para preservar la supervivencia de la comunidad nacional esta en el derecho de la lengua más débil y autóctona a desarrollarse marginando a la extraña de los ámbitos oficiales. La comunidad nacional se definiría basándose en un solo grupo lingüístico, excluyendo de la participación a los miembros exclusivamente castellanoparlantes[3]. Aunque la voluntad individual deba quedar sometida a la voluntad nacional dirigida por las directrices del partido nacionalista.

El euskera, “como signo más visible y objetivo de identidad de nuestra comunidad... es el instrumento de integración plena del individuo en ella a través de su conocimiento y uso y de parte esencial de un patrimonio cultural, del que el pueblo vasco es depositario[4]. La aplicación práctica de esta medida se realiza a través de la educación, competencia que es ejercida por la autoridad autonómica. La instrumentalización de la lengua en función de la creación de una conciencia nacional se realiza a través de la obligatoriedad de la enseñanza en euskera en escuelas, institutos de enseñanza secundaria y universidades. Sin embargo, la aplicación de esta medida provoca la polarización de la sociedad en ciudadanos de primera por su euskaldunización, y de segunda por su carencia del distintivo nacional más preciado.

A pesar de todo, los medios encomendados a la profunda transformación lingüística y nacional del País Vasco son de primer orden. Téngase en cuenta que la población que tiene un carácter bilingüe representa al 10 % de la sociedad vasca. De este modo en el campo educativo, la partida dedicada a la euskaldunización del sistema educativo (programa IRALE) esta en torno a los 5.800 millones de pesetas, que supera con creces a los 1.600 dedicados a política científica o los 113 millones requeridos para la enseñanza en lenguas oficiales de la Unión Europea[5]. Aunque la demanda social no exista, de los 350.000 periódicos diarios que se leen, el 1 % son en euskera, en los sumarios recogidos por la ertzaintza en los tres primeros años un 0’4 % eran en la lengua de Aitor, y únicamente un 0’6 % de las declaraciones de la renta presentadas en la haciendas forales. La misión pedagógica de la lengua esta en crear una conciencia de nacionalidad uniforme conforme a unos criterios marcados por unos principios políticos.

De este modo, la única forma de hacer nación y crear una conciencia favorable a una identidad nacional alejada del actual marco político es mediante la instrumentalización a ultranza del sistema educativo y la demanda artificial como cualidad imprescindible para acceder a un puesto de trabajo. Ante este clima de imposición lingüística, donde la reconversión industrial ha destruido parte del tejido profesional del País Vasco, la oferta mayoritaria laboral ofrecida por las instituciones autonómicas ha permitido una mayor sensibilización de la sociedad hacia el euskera. La obligatoriedad del perfil lingüístico ha sido la verdadera espoleta que ha concienciado a la población de su interés en resaltar un modo de ser vasco acorde con los presupuestos ideológicos del nacionalismo.

En esta función de euskaldunización de la sociedad, se encuentra AEK, que es la principal institución de alfabetización de adultos, es un organismo privado que recibe cuantiosas subvenciones de la administración autonómica por su finalidad social. Sin embargo, como la concienciación nacional que realiza a través de su pedagogía es crítica con el gobierno autonómico, porque una parte considerable de su personal docente proviene de la militancia activa en la izquierda abertzale, hubo la necesidad de organizar desde las instituciones públicas una organización oficial. Desde el gobierno autonómico se organizó, HABE, de la que fue su primer director el actual diputado nacionalista, J. González de Txabarri, para alfabetizar en las normas marcadas desde el partido en el poder.

Del mismo modo, la enseñanza de la historia planteaba un gran problema. Según la constitución de 1978, la educación tiene por objeto el desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y deberes fundamentales. No obstante, la comunidad autónoma vasca al recibir la competencia de educación tiene la facultad de determinar el 55 % de los contenidos de la enseñanza secundaria. Este hecho ha sido aprovechado desde el partido en el poder para introducir medidas que potencien la presencia de elementos propios de la cultura vasca e inculquen en los estudiantes la pertenencia a una comunidad nacional diferenciada de la española. De esta forma, la historia estudiada debe subrayar los periodos más contemporáneos, por que antes no existía nacionalismo, y valorar de forma aislada aquellos hechos que impidan integrar a la sociedad vasca en un contexto histórico más amplio.

Este criterio ha sido llevado con total intransigencia. Los libros de Historia elaborados por las editoriales han sido examinados para proceder a su aceptación o rechazo en el uso del libro por los alumnos. De este modo, el CEI-IDC (Instituto para el desarrollo curricular y la formación del profesorado), encargado por el departamento de educación, universidades e investigación, es el que valora la idoneidad del texto educativo. De forma preferente se busca las cuestiones fundamentales de la historia de Euskal-Herria en el ámbito de las relaciones con el Estado español[6].

Como ejemplo se llega a criticar la afirmación de que la presencia francesa en 1808 acentuó el sentimiento de pertenencia de los españoles a una comunidad nacional, al no contraponer de algún modo ninguna solicitud de adhesión vasca al imperio francés. [7] Sin embargo, no se podía labrar esa excepcionalidad porque no la hubo. Del mismo modo, en cuanto se realiza alguna afirmación xenófoba del fundador del nacionalismo vasco es suprimida por entrar en contradicción con los principios de la educación para la paz, pues ofrece una visión de enfrentamiento dentro de la comunidad vasca que debe ser superada en la sociedad y fundamentalmente en el mundo educativo[8].

No obstante, una visión parcial y subjetiva de la historia no es sólo privativa del ámbito oficial. En el servicio diocesano de formación del laicado del Obispado de Bilbao, el informe realizado sobre “El País Vasco y su Iglesia, protagonismo de una historia singular” para el plan de formación de laicos, redactado en 1994, resulta lleno de errores y opiniones fuera de contexto. De este modo, la Iglesia es enjuiciada por no tener sensibilidad social, no formar intelectuales católicos y ser la propia causante de que durante la guerra civil fuese perseguida. A parte de entrar en errores de bulto, como que la anexión de Navarra a Castilla fue realizada por Carlos V, el autor critica el proceso de beatificaciones del actual Pontífice Juan Pablo II. En cuanto al fenómeno de la violencia terrorista, no deja de mostrar su comprensión en las acciones realizadas durante el franquismo.

En definitiva un informe en el cual, a parte de su tendenciosidad resulta inaceptable en cuanto su rigor histórico. Sin embargo, el obispado tomó nota del asunto, encargando a sus técnicos un informe interno para adecuar el texto a la verdad y transmitir una visión adecuada de la historia[9]. Del mismo modo, en el parlamento vasco los diputados no nacionalistas consiguieron aprobar la petición en octubre de 2000, a la Real Academia de la Historia de un informe valorativo sobre los textos de historia estudiados en la comunidad. Este organismo ya había acusado a las instituciones autonómicas de favorecer los aspectos separadores en los libros de texto. En cuanto al País Vasco, subrayaba esta tendencia, reforzada por una xenofobia hacia lo no vasco[10].

A pesar de todo, en el mundo educativo no se han seguido estas rectificaciones, más bien al contrario. Los profesores que en sus enseñanzas podían entrar en contradicción con los planteamientos de construcción nacional de Euskal Herria, no sólo no han tenido apoyo oficial, sino que se han encontrado solos frente a la presión ejercida contra ellos por los activistas radicales del sindicato de estudiantes Ikasle Abertzaleak. Organismo que no sólo no es reprendido, sino que recibe apoyo oficial, como sucede con el decanato de la Facultad de Filología de la UPV.

Este apoyo oficial a la sensibilidad patriótica de algunos alumnos ha propiciado que profesores como Fernando Savater y Aurelio Arteta, responsables de Ética y Filosofía en al UPV de San Sebastián o el de Estética, Mikel Iriondo, hayan sido amenazados y violentados. En cuanto a Jon Juaristi, catedrático de Filología, Mikel Azurmendi, de Historia de las Religiones; y Txema Portillo de Historia Contemporánea, han tenido que exiliarse por hacerse imposible realizar ninguna labor docente, por las amenazas y la presencia de los violentos dentro de la clase. El actual rector de la UPV, Manuel Montero, catedrático de Historia Contemporánea, ha sido amenazado repetidamente por sus declaraciones y apoyo a los compañeros docentes, que han demostrado una actividad negativa al proceso de concienciación nacional.

En cuanto a las instituciones privadas, como la Universidad de Deusto, se llegó a la contradicción de escuchar al decano de la Facultad de Sociología, en su discurso de inauguración del año académico, hablar sobre los valores universales de la educación universitaria y a continuación oír al Lendakari del gobierno vasco resaltar la función futura de una universidad vasca, como la de Deusto, en integrarse en su hábitat local y proporcionar aquellos cuadros que la sociedad vasca necesitase, olvidando su papel cosmopolita[11].

La misión formativa que la universidad realiza y en concreto, la que se orienta en el humanismo cristiano, tiene una trascendencia universal que se contradice en todos los términos con la función estrecha que los responsables educativos de algunas autonomías pretenden para las finalidades políticas de sus partidos.

Formación universal y pluralismo cultural.

Sin embargo, aunque resulte comprensible la voluntad de autodefensa que se levanta por doquier ante la tendencia a la globalización, ante el peligro de uniformización, ante la despersonalización. La mundialización de los circuitos económicos y de los valores hace impracticable toda solución basada en la creación de fronteras étnicas, nacionales o religiosas[12]. La aparición de las nuevas tecnologías está produciendo una socialización mayor de ciertos valores comunes y la extensión del término aldea global de la cultura. En un contexto moderno como éste, la sociedad debe afrontar el reto con una gran apuesta por la investigación tecnológica, acompañada por una apertura de la universidad, como entidad formadora de la conciencia de un país, a las nuevas revoluciones culturales y técnicas originarias en un formato sin fronteras.

La madurez humana no es admisible en el momento presente sin una connotación de apertura y conciencia de universalidad. No basta la relación interpersonal con el propio grupo, ni siquiera con otros grupos de la misma etnia o cultura: se hace cada vez más necesaria la adquisición de una conciencia de pertenencia a una realidad universal y globalizadora, denominada universo. En esta línea estaría la cosmovisión de Teilhard de Chardin, en cuya argumentación había colocado las bases de una concepción global generalizadora e interdependiente de un universo en plena y constante evolución. Esta evolución estaría dominada por el sentido de complejidad, es decir, en ella se procedería de los seres más simples a los más complejos, llevando también aparejados grados progresivos de inmanencia y conciencia[13].

La concepción teilhardiana, concebida como una reflexión meta-científica a caballo entre lo científico y lo filosófico, apunta ya con claridad una necesaria conciencia de unidad en la diversidad, que nos aparta totalmente de los personalismos individualistas, fomentadores de una conciencia encorsetada en los estrechos límites de la propia pareja, grupo, etnia o ambiente cultural[14]. Hacia esa concepción globalizadora avanza la ciencia y la cultura en la actualidad en clara incompatibilidad con el discurso político de los nacionalismos micronacionalistas. La ampliación de conciencia constituye un elemento insustituible en el proceso de maduración psicológico, sino en gran medida contribuye también al fomento de comportamientos tolerantes, al avivar y fomentar una conciencia unitaria hacia los demás. Por eso la necesidad obligada de que la educación y especialmente la universidad, mantengan estos valores. No obstante, la dirección actual que las instituciones educativas en manos de nacionalistas lleva, va por la dirección contraria. El fomento exclusivo de los conocimientos locales, la uniformidad ideológica, lingüística y étnica del profesorado contribuyen de manera grave a un empobrecimiento del mundo universitario y cultural, como ocurre en el País Vasco.

Esta referencia da una visión de lo que un nacionalismo particularista espera de un centro de estudios superiores. La conquista del aparato educativo por los nacionalistas culmina en la Universidad, que responde a su fase final de nacionalización de la sociedad. Pero, en esta fase, la Universidad y los centros de enseñanza superior han perdido su saber universal y tienen como fin principal la formación de dirigentes políticos, económicos y de cuadros ideológicos, adictos al nacionalismo, que han de estructurar y cohesionar la sociedad[15]. Por tanto, cualquier veleidad de saber universal y enlace con la cultura globalizadora que vivimos, va en contra de los intereses inmediatos del nacionalismo, aunque estos vayan en contra de la sociedad real a la que pretenden dirigir.

La visión particularista de los nacionalismos se contradice con el avance de la cultura y con la línea política que esta llevando la integración europea. Es cierto que el desplome del comunismo despertó a ciertos movimientos nacionalistas, pero también lo es que la mayor preocupación de estos ciudadanos es la incorporación a Europa, formar parte de su sociedad. La televisión fomenta unos valores comunes y los ciudadanos del Este quieren equipararse a nosotros, y no conservar sus particularidades. Todos ellos defienden su occidentalidad histórica para obtener el reconocimiento en el presente. La mentalidad es común y se defienden los mismos valores democráticos, después del derrumbe de los sistemas comunistas de los países del Este. En las distintas naciones surgen similares problemas sociales y se les aportan parecidas soluciones. Europa es el conglomerado de naciones más homogéneo del mundo a pesar de las diferencias idiomáticas y culturales[16].

Las entidades minoritarias tendrán que afianzarse en el marco de una democratización general de la vida pública, tanto en el seno de los estados como a escala europea. Por muchas cesiones que las naciones-Estado hagan a las instituciones europeas por un lado, y a las administraciones regionales y locales por otro, las entidades estatales son las verdaderas protagonistas de la política europea.

La Unión Europea sólo puede tener éxito si se asienta sobre la realidad. La realidad del Viejo Continente está conformada por la Existencia de unas seculares instituciones políticas, sociales y culturales, producto de un dilatado proceso de gestación histórica que denominamos naciones-Estado. Por ello, como señaló José María Aznar en el debate sobre Europa en el Congreso de los Diputados el 3 de enero de 1994, sería ingenuo cambiar o modificar la naturaleza de la Unión Europea como una unión de estados. En el mismo sentido, poco antes, se había manifestado el Tribunal Constitucional alemán al considerar sólo compatible con la Ley Fundamental de Bonn, una unión cada vez más estrecha de los pueblos europeos, organizados como estados, y no un único estado, basado en el pueblo europeo[17]. La misma opinión que había expresado el general De Gaulle en 1963, al creer que una federación europea estaría dominada por los Estados Unidos, mientras que una unión de Estados quedaría bajo el dominio franco-alemán[18].

Por tanto, la tan renombrada Europa de los pueblos no dejaría de ser una utopía peligrosa de llevar a cabo. La prudencia exige no tomar decisiones que puedan trastocar el delicado equilibrio generado por la historia, la tradición y la acción humana. La Europa comunitaria que empezó siendo un club de seis ha pasado a ser de diez, doce y en la actualidad de quince. Con la posibilidad futura de multiplicarse gradualmente según los antiguos países del Este vayan adquiriendo unas economías de mercado y sistemas políticos, equivalentes a los de sus homólogos occidentales y puedan resistir la integración.

 Este crecimiento ya esta provocando las primeras peticiones para controlar el número de cargos de la comisión europea, para mantener su efectividad. Por ello, toda posible traslación de la representatividad europea de los Estados-nación a particularismos más pequeños, como ciento setenta y seis que propugnaban algunos iluminados de la política es inviable. Cada región europea goza de políticas-administrativas diferentes, disponen de distintas configuraciones económico-sociales y tienen un mayor o menor grado de conciencia nacional-regional, la equiparación similar de todos estos factores para reconducir Europa a una federación de regiones o pueblos, únicamente crearía una selva de complicaciones jurídicas en el plano normalizador.

De modo similar, Juan Pablo II ha predicado sobre lo bueno de sentirse miembro de una comunidad nacional, sin embargo, ha señalado como uno de los peores males de fin de milenio, la deificación de la nación[19]. La iglesia Católica como universal, pero respetuosa con las diferentes culturas del mundo guarda un exquisito equilibrio entre ser católico y sentirse miembro de una sociedad con unos rasgos propios definidores. No obstante, el hipernacionalismo nos lleva a la exclusión del otro y a favorecer la desigualdad de los seres humanos. Incluso el alejamiento de Dios junto con un grado excesivo de ideologización política en los niveles de la juventud conllevan a actitudes violentas y justificativas del terrorismo[20]. En respuesta, Juan Pablo II nos llama a los católicos a proseguir la presencia en el mundo educativo, a todos los niveles, para educar para esa nueva sociedad y dar testimonio público de nuestra Fe en un mundo donde la sumisión a los valores de la mayoría, van atando a las personas a un relativismo tiranizador.



[1] C. Martínez Gorriarán, “Sobre los orígenes del nacionalismo lingüístico” en  Cuadernos de Alzate, nº 16, (1997).

[2] L. de Eleizalde, “La nacionalidad vasca” en Euzkadi 13 de diciembre de 1914.

[3] M. Keating, Naciones contra el Estado. Barcelona, 1996, Pág. 79.

[4] Ley 10/1982 de normalización lingüística del euskera.

[5] A estas cantidades habría que sumarles las gastadas en traducciones oficiales, euskaldunización de personal  y pago de sus sustitutos, subvenciones a publicaciones exclusivas en euskera, presupuesto de EITB... Se calcula en 100 mil millones como gasto anual.

[6] Informe del CEI-IDC, irteera 1860, data 99/1/27 Bilbo, del 1 de febrero de 1999.

[7] Idem.

[8] Idem.

[9] Documento del Obispado de Bilbao del 11 de diciembre de 1998.

[10] Informe sobre los textos de Historia en los centros de Enseñanza Media. Real Academia de la Historia, Madrid, 2000.

[11] Discurso de apertura del año académico 1995-1996, realizado por el Lendakari José Antonio Ardanza en la Universidad de Deusto.

[12] R. L. Acuña, Las tribus de Europa.;(Barcelona 1993) 11

[13] Manuel Marroquín, "tolerancia e intolerancia: claves psicológicas de su desarrollo" en Memoria de Deusto 95/96. Deusto, (1995) 24

[14] Ibidem, pág. 25-26

[15] J. Forné, Las dos caras del nacionalismo; (Haramburu, San Sebastián 1995) 134-135

[16] Ramón Luis Acuña, Las tribus...pág. 413

[17] G. Gortázar, "El rescate de Europa" en Visiones de Europa; ( Madrid 1994) 96

[18] J. Monnet, Memorias...pág. 433-435

[19] G. Weigel, Biografia de Juan Pablo II. Testigo de esperanza; (Plaza Janes, Barcelona 1999) 924.

[20] Declaraciones de Monseñor Asurmendi, obispo de Vitoria, ante el atentado moral de M. Casado, asesinado el 22 de octubre en Vitoria. Este argumento ha sido ya divulgado por la Conferencia Episcopal Española.

Radiografía del nuevo movimiento cívico vasco-navarro.

            Un movimiento cívico, heterogéneo y plural, ha nacido en el País Vasco y Navarra hace ya dos décadas, desarrollándose en una confrontación permanente frente a un hegemónico nacionalismo de pretensiones totalitarias.

Por Fernando José Vaquero Oroquieta

Introducción.

Cuando hablamos del País Vasco y de Navarra, nos vienen a la memoria, inmediatamente y ante todo, los rostros de un numeroso grupo de valerosas mujeres. Y decimos bien, pues las mujeres han destacado por encima de los varones en una labor callada y heroica: Maite Pagazaurtundua, Cristina Cuesta, Ana Iríbar, y tantas otras, testimonian con su vida las cualidades que carece la mayor parte de la clase política.

            Y nos siguen mostrando nuevos ejemplos de valor. Recordemos el caso tremendo de los padecimientos de Pilar Elías, concejal por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Azcoitia, viuda de Ramón Baglietto, quien, asombrada un día, descubriera que uno de los asesinos de su marido había abierto una cristalería en un local situado ¡debajo de su domicilio!
           
Pero, para enmarcar estas circunstancias, remontémonos en el tiempo. De la mano de unas pocas personas golpeadas por la violencia de ETA, nacieron, hace ya dos décadas, los primeros grupos de un incipiente movimiento cívico en respuesta al terrorismo y otras expresiones de la realidad totalitaria que se empezaba a imponer en el País Vasco y también, aunque en menor medida en Navarra, de la mano del nacionalismo vasco en sus diversas expresiones y tácticas.

Los primeros en constituirse fueron los grupos de familiares y víctimas del terrorismo de ETA, desamparados por los poderes públicos y sin una voz que les permitiera afrontar las dramáticas situaciones personales, que se les presentaron, asociadas a los atentados que marcaron sus vidas.

En segundo lugar, fruto de una reflexión realizada en buena medida en ámbitos de la Iglesia católica, surgieron los grupos de vocación pacifista. Cientos de concentraciones silenciosas, en decenas de localidades vascas y navarras, jalonan la historia de este movimiento.

En tercer lugar, espoleados especialmente por el llamado “Espíritu de Ermua”, los llamados Foros, grupos de vocación intelectual, articularon una respuesta y un pensamiento crítico coherentes a la situación política y social sufridas.

Por último, diversos movimientos activistas se estructuraron, en torno a la acción social y la lucha en el ámbito de la opinión pública, con una marcada vocación política.

            Con sus aciertos y carencias, tales grupos han generado una constelación social, una novedosa red asociativa y humana, que configura la actual resistencia de la ciudadanía vasca a los planes hegemónicos del nacionalismo gobernante y de los visionarios de la violencia ciega.

Un parto desde el dolor y la serenidad.

            Los familiares de víctimas de ETA, y las mismas víctimas supervivientes, sufrieron años de extrema dureza en silencio; más cuando apenas existía apoyo institucional a sus numerosas necesidades. Además, socialmente y en los medios de comunicación, este colectivo y sus dramáticas carencias pasaban desapercibidas. Fruto de esa situación de desamparo insultante, se empezaron a alzar voces, como la de Cristina Cuesta en San Sebastián, reclamando atención a su existencia, apoyo material, una voz para su colectivo y el reconocimiento a la memoria de sus familiares asesinados. Así surgió, de su impulso y el de otras personas, en 1981, la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT).

            La AVT ha atendido, hasta la actualidad, a unas 8.000 personas, habiendo sido su presidente más conocida Dª. Sonsoles Alvarez de Toledo, hasta la irrupción del combativo José Alcaraz. Definida como apolítica y benéfico-asistencial, tiene como fines: reivindicar derechos y reclamar justicia, prestar ayuda moral y material a víctimas y familiares, cooperación con cuantas actividades redunden en beneficio de las víctimas, todo tipo de actos que fomenten la solidaridad hacia las víctimas y, por último, promover y asistir en acciones judiciales a favor de las víctimas del terrorismo. La AVT se organiza en 6 áreas sectoriales de trabajo, delegaciones territoriales y una Junta de Gobierno.

            Ya en noviembre de 1998, se constituyó el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), donde destacó la incansable Cristina Cuesta, y que pretende ser un interlocutor imprescindible “en cualquier proceso de pacificación que pueda emprenderse en la Comunidad Autónoma del País Vasco”. También persigue defender los derechos éticos y materiales de las víctimas del terrorismo, proteger los principios democráticos básicos, el respeto a la legalidad vigente, y un clima social de libertad y ausencia de coacciones para todos los ciudadanos. Desde una firme postura ética, juzgan como imprescindible que “los criminales reconozcan sus delitos, que asuman el daño causado a millares de personas inocentes y que reconozcan el daño infligido a la sociedad vasca en particular, y a la colectividad española en general”, pues “nunca podrá haber paz sin justicia previa”.

            A nivel nacional, estos colectivos han logrado, después de muchos años, que el gobierno del Partido Popular, finalmente, diera pasos decisivos para subsanar las numerosas carencias materiales y morales sufridas por sus asociados y demás víctimas del terrorismo. Como frutos concretos de esta política popular, tenemos la legislación promulgada al respecto y la constitución de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, presidida actualmente por una extraordinaria Maite Pagazaurtundua.

            En este ámbito, el del entorno humano de las víctimas del País Vasco y Navarra, han surgido varias fundaciones que han adoptado el nombre de algunas de ellas, con el objetivo de mantener viva su memoria. Nacidas en el área de influencia de los partidos políticos constitucionalistas, y lideradas por familiares directos de las víctimas, encontramos a la Tomás Caballero en Navarra y la Miguel Ángel Blanco, junto a otras, en el País Vasco.

            Así, la Fundación Gregorio Ordoñez, constituida en recuerdo de aquel joven político popular donostiarra asesinado, tiene entre sus principios fundacionales: la conservación y divulgación de los principios éticos y democráticos, la atención a las víctimas del terrorismo, la reivindicación del reconocimiento público de sus derechos y, como novedad en su ámbito, la  promoción de San Sebastián facilitando a sus ciudadanos el acceso a la información en los asuntos públicos locales.

            La Fundación Fernando Buesa Blanco, por su parte, toma su nombre del político asesinado en Vitoria el 3 de noviembre de 2000. Su objetivo es mantener vivo el ejemplo de este socialista, de orígenes democristianos, en favor del progreso social, la búsqueda de la convivencia en paz, la política entendida como un servicio público, la pasión por la libertad y la defensa del pluralismo.

Pacifistas e intelectuales.

            A finales de los años 70 del pasado siglo, pequeños grupos de militantes cristianos se empezaron a reunir con el objetivo de reflexionar en torno a la violencia de raíces políticas practicada en el País Vasco y Navarra; realizando algunas concentraciones de carácter no violento en protesta por el creciente terrorismo. Esas concentraciones, que cristalizaron en una dinámica de movilización permanente con ocasión de todo de acto violento de esas características, estaban impulsadas inicialmente por Artesanos de la Paz.

Ya en 1986 se constituye la Coordinadora Gesto por la Paz, a partir de 6 grupos, integrándose en dicha entidad, en 1989, la Comisión Paz en Euskadi de Colectivos Vascos por la Paz y el Desarme. También en 1986 se constituye la Asociación por la Paz de Euskal Herria. El 24 de noviembre de 1989 confluyen ambas entidades, naciendo la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria, con un total de 52 grupos locales.

Esta entidad sigue persiguiendo la paz y una sociedad más justa y más humana, con los siguientes objetivos concretos: fortalecer la movilización ciudadana, impulsar la toma de conciencia de la sociedad en su responsabilidad frente a la violencia, velar para que la actuación institucional contra la violencia se enmarque dentro de la legalidad y los derechos humanos, y fomentar una cultura de paz dirigida especialmente a la infancia y la juventud.

Este movimiento mantiene vivo su espíritu originario, denunciando toda expresión de violencia y terrorismo, aceptando incluso espacios de encuentro con otras entidades, incluso procedentes del entorno del autodenominado MLNV, caso de Elkarri, que invoquen el cese de la violencia como requisito imprescindible para cualquier avance social o político.

El brutal secuestro y asesinato, un 12 de julio de 1997, del concejal del Partido Popular de Ermua Miguel Ángel Blanco, originó un movimiento ciudadano de respuesta como nunca se vivió en el País Vasco y Navarra durante las últimas décadas.

Para mantener ese “Espíritu de Ermua”, un grupo de intelectuales organizó el Foro de Ermua, entidad en la que tiene un peso decisivo un notable grupo de intelectuales de procedencia comunista e izquierdista. Ese mismo mes de julio de 1997, cinco profesores de la Universidad del País Vasco se reunieron, dando como fruto un manifiesto en oposición a la negociación con ETA, llamando a la ciudadanía a la “resistencia contra el fascismo vasco”. Así, el 18 de febrero de 1998 se presentó a la opinión pública el Foro de Ermua, difundiendo el primero de sus textos: “Manifiesto por la democracia en Euskadi”.

Su labor para concienciar al resto de la izquierda española, en la batalla de las ideas y los medios de comunicación, ha sido decisiva: hecho del que, sin duda, tomó nota ETA, lo que le llevó a asesinar al periodista José Luis López de la Calle, uno de los activistas más significativos del grupo. El trabajo de Foro de Ermua ha sido fundamental para que la izquierda española inicie la difícil labor de superar los demonios familiares asociados a una posible percepción positiva de la nación española en este sector político.

No obstante, se trata de una entidad especialmente golpeada por el nacionalismo vasco. El acoso al que han sometido a buena parte de sus impulsores y principales militantes, ha originado que, no pocos de ellos, hayan tenido que exiliarse fuera del País Vasco a lo largo de estos últimos años.

En el entorno de esa entidad, aunque con vocación propia, nació accidentalmente y con enormes dificultades Foro El Salvador, reuniendo a destacados clérigos y militantes católicos que, desde una perspectiva evangélica y con la mirada puesta en el proceso de paz vivido en El Salvador, intentan que la Iglesia católica vasca cambie de orientación, asumiendo su misión histórica, emancipándose de la hegemonía del nacionalismo vasco en la orientación pastoral de su jerarquía y sus estructuras diocesanas y parroquiales.

Algunos de sus miembros más conocidos son: Jaime Larrínaga, ex-párroco de Maruri y primer sacerdote vasco con protección policial, el conocido historiador Fernando García de Cortázar, Antonio Beristain Ipiña, también jesuita como el anterior y fundador del Instituto Vasco de Criminología, y el seglar José Luis Orella, otro historiador portavoz de la entidad. Nacido al margen de cualquiera entidad o movimiento eclesial, este Foro ha encontrado notables dificultades de interlocución ante otras realidades eclesiales; permaneciendo prácticamente desconocido -todavía hoy- para buena parte de la Iglesia católica española.

Los activistas.

            ¡Basta ya! configura un nuevo tipo de organización de pretensiones explícitamente políticas: con una manifiesta vocación de participación en la vida pública y en el campo de batalla de la opinión, difundiendo específicos pronunciamientos de hondo calado político, tomando la iniciativa con diversas movilizaciones y propuestas políticas.

Fernando Savater ha sido unos de los intelectuales que más ha destacado en las actuaciones de la entidad; ejerciendo, con su condición de portavoz, un indudable liderazgo en esta plataforma próxima, de alguna manera, al PSE-PSOE. Sus principios básicos son: trabajar contra el terrorismo en cualquiera de sus formas, apoyo a las víctimas de la violencia política, y la defensa del Estado de Derecho, la Constitución y el Estatuto de Autonomía del País Vasco. Subraya su carácter activista, más allá de la mera denuncia, por lo que ha realizado numerosas movilizaciones y actuaciones públicas de hondo calado mediático; habiendo recibido el premio Sajarov por la defensa de los derechos humanos que concede el Parlamento Europeo.

La entidad considera que, entre las razones de su nacimiento, también se encuentra el “auge del nacionalismo étnico y xenófobo entre los partidos nacionalistas moderados y otras entidades abertzales, que pretenden pactar con ETA acuerdos favorables para los intereses nacionalistas excluyendo a los vascos con otras ideas e identidades”. De todo ello se deriva que, a su juicio, la denuncia ética del terrorismo no sea suficiente, por lo que, en coherencia, realizan una crítica política del mismo. Así, conciben a las movilizaciones ciudadanas como instrumento de denuncia, pero también, como medio de recuperación de la calle, recordando así a las instituciones cuáles son sus obligaciones.

¡Basta ya! carece de organización profesional. Tampoco tiene una junta directiva. Ha optado por presentar portavoces autorizados ante la opinión pública. Con esta dinámica política, no obstante, afirman no pretender sustituir a los partidos políticos, ni competir con otros grupos sociales. Pero desean que sus actuaciones no estén marcadas por el terrorismo, por lo que pretenden que las mismas se desarrollen de forma independiente de los actos terroristas.

            Existen otras entidades de carácter mixto, caso de la Fundación por la Libertad, de la que una de sus figuras más conocidas fuera su expresidente, Edurne Uriarte, cuyo papel está, en parte, por desarrollar y que, sin duda, confluirá en la línea general de todas las anteriores entidades. Como fin fundacional tiene establecido el análisis, la reflexión y la difusión de los valores de la democracia y la libertad. Pretende de forma expresa “la defensa de un País Vasco plenamente integrado en la nación española, y una cultura vasca entendida e integrada en la pluralidad que configura la cultura española”. Para la consecución de esos objetivos, tiene clara conciencia del papel de la educación para llegar a toda la ciudadanía. Un factor novedoso que tiene un difícil, pero decisivo, papel a jugar en el futuro.

            Dentro de este ámbito, de entidades de naturaleza activista, podríamos hablar del colectivo Ciudadanía y Libertad, nacido en el entorno de antiguos militantes de EE integrados en el PSE-PSOE. Afirma, ante todo, su compromiso con la Constitución española y el Estatuto vasco; asegura estar integrado por vascos que consideran tienen los mismos derechos y deberes que los de convicciones nacionalistas; propugna la cooperación y la convivencia entre todos los vascos; y, por último, antepone la dignidad de la persona a lo colectivo, considerando como su patria la libertad y los derechos humanos. Para todo ello exigen que las instituciones defiendan y celebren la democracia, recuperando la memoria histórica. De ahí que esta entidad, en Vitoria, haya realizado diversas acciones públicas en defensa de la Constitución y el Estatuto, así como alguna llamativa presentación de libros. Se muestran especialmente preocupados por el valor de las palabras, su sentido político y el valor pedagógico del lenguaje. Sin duda, la prematura muerte de Mario Onaindía ha golpeado duramente en su ánimo.

Otra entidad que podemos mencionar aquí es el colectivo ¡Libertad ya!, nacido en el ámbito de las víctimas navarras de ETA, con cierta vinculación al partido regionalista Unión del Pueblo Navarro, y con una clara vocación de participación en la batalla por la opinión pública, impulsando concretas iniciativas sociales.

            Otro joven fruto, nacido del dolor de un asesinato y del activismo, es Vecinos de paz, enraizada en la localidad navarra de Berriorzar y uno de los grupos más activos de la Comunidad Foral. Se le ha sumado, por último, a esta línea de trabajo, la Fundación Leyre, que desde su vocación de foro intelectual y de análisis, no ha rehuido la movilización pública.

            Citemos, por último, a la asociación Denon Artean (Paz y Reconciliación), que desarrolló una importante labor de movilización social en momentos muy difíciles, especialmente en Guipúzcoa.

La crisis.

            Ya hemos visto que, sin duda, estas asociaciones, que en ocasiones comparten militantes y actuaciones, objetivos y tácticas, han protagonizado éxitos indudables en los terrenos de la opinión pública, el apoyo a las víctimas, la iniciativa social y ciudadana, y la elaboración de un pensamiento -coherente y sistemático- de crítica al nacionalismo vasco y al régimen de partido establecido por el PNV, así como al terror de ETA y su entorno. Todo un capital político, social, cultural y humano, realmente.

Pero, no obstante el enorme esfuerzo desplegado y las energías empleadas, encontramos la paradoja de que muchos de quienes ocuparon en su día la primera fila de este movimiento, ya no viven en el País Vasco o se han apartado del mismo, más o menos discretamente. Sin duda, el fracaso electoral que en su día no pudo llevar a la lehendakaritza a Jaime Mayor Oreja y la eliminación de Nicolás Redondo Terreros de la dirección del PSE-PSOE, cobraron un caro peaje personal y político.

            Pero este plural movimiento, a pesar de todo, y especialmente todas esas mujeres extraordinarias que hemos venido mencionando, ¡ahí siguen!, recordándonos que también la política debe estar iluminada por ineludibles exigencias éticas; y más hoy cuando se habla alegremente de negociación, diálogo, ofertas de paz, reactivación del plan Ibarretxe, del Plan López, de la asociación entre el proyecto de Estatut y la resolución del “conflicto vasco”.

Reflexiones finales.

En definitiva, la naturaleza de este complejo movimiento  es inicialmente reactiva, pues viene definida por su origen, es decir, es producto de una sana y necesaria reacción social frente a una clamorosa injusticia histórica y a la renuncia de sus obligaciones por los poderes públicos. No obstante, conscientes de este origen, se han esforzado por imaginar y lanzar diversas actuaciones sociales y mediáticas, tomando la iniciativa con análisis y convocatorias de naturaleza propositiva.

            Estos movimientos también han sido semilleros de numerosos líderes sociales y de algunas cualificadas vocaciones políticas. Así, el polémico Javier Madrazo (actual socio del Gobierno Vasco por Izquierda Unida) procede de Gesto por la Paz, al igual que Maite Mur, concejal del ayuntamiento de Pamplona por UPN. En Foro de Ermua recaló Ernesto Ladrón de Guevara, uno de los últimos y valerosos líderes de la desaparecida Unidad Alavesa. Igualmente son numerosos los familiares de víctimas del terrorismo que se han incorporado a la vida pública. Es el caso, entre otros, de Javier Caballero (hijo del concejal pamplonés de UPN, asesinado por ETA, Tomás Caballero), actual Consejero de Presidencia, Justicia e Interior del Gobierno de Navarra por UPN.

            Sin embargo, existe un campo de vital importancia donde apenas se han dado pasos al respecto. Es el campo de la educación, si bien, Gesto por la Paz ha intuido esa importancia; al igual que la joven Fundación por la Libertad, al menos en un nivel teórico. Así como al movimiento de recuperación del euskera le siguió el movimiento de las ikastolas, de momento no existe un fenómeno análogo en la línea de las propuestas cívicas de estos movimientos que, sin duda, han constituido por otra parte un interesante tejido social, de mayor penetración en las grandes ciudades del País Vasco que en las pequeñas localidades de medios más rurales.

            Sí se han dado algunos pasos en las universidades vascas, de la mano de profesores que valerosamente han denunciado la violencia cotidiana etarra, el apoyo académico dado a los presos de ETA, etc. En ese sentido, la concejal del PSE-PSOE de Getxo, Gotzone Mora, ha sido una figura modélica. Pero, por el contrario, la política educativa desarrollada por el Gobierno vasco, durante muchos años, ha supuesto que miles de docentes hayan abandonado el País Vasco, por no encajar en los planes lingüísticos y pedagógicos del gobierno del PNV, y su sustitución por un profesorado afín o resignado. En cualquier caso, es el terreno de la educación donde, con vocación de futuro, deberán volcar sus esfuerzos y su imaginación estas entidades, como lógica prolongación de su trabajo intelectual y social. Ese ámbito constituye el privilegiado entorno social donde un nuevo modelo humano puede proporcionar a la juventud vasca un estilo de vida distinto, basado en unos principios de construcción y colaboración social, que huya de la violencia y del totalitarismo.

            Otro entorno social y geográfico, donde apenas han podido incidir estos novedosos movimientos sociales vascos, ya lo mencionábamos antes, es el de los pequeños pueblos del interior, cotos cerrados del nacionalismo radical donde los constitucionalistas viven –prácticamente- en la clandestinidad, en las catacumbas, sin que sea posible expresión alguna, pública o privada, de su identidad.

            Desde los medios de comunicación, de forma progresiva y con evidentes muestras de simpatía, se han ido acogiendo las iniciativas y denuncias de este plural movimiento cívico. También, los grandes partidos políticos constitucionalistas han tomado conciencia de la novedad y potencialidad de cambio y transformación de este movimiento, en su momento, imprevisible. Sin embargo, de la actitud de los partidos políticos puede surgir un riesgo: el intento, consciente o no, de instrumentalización del movimiento en aras de intereses  de partido a corto plazo. Ahí deberán ejercer, sus líderes políticos, un ejercicio de responsabilidad histórica, facilitando el libre desarrollo de estos movimientos, su pluralismo, su frescura y capacidad de iniciativa, su crecimiento. Posibilitar, impulsar; nunca ahogar. Es una oportunidad que no pueden desaprovechar; pero que el “buenismo” de Rodríguez Zapatero no parece haber valorado suficientemente.

            Resumamos: apoyo a las víctimas de ETA y reconocimiento de su memoria, movilización ciudadana y recuperación de la calle, construcción de un movimiento pacifista, movilización de intelectuales y elaboración de un pensamiento articulado, salto a la política partidaria de vocaciones allí alimentadas, iniciativa política y participación decidida en los medios de comunicación. Esa es la faceta positiva de esta pujante realidad social; tales son las herramientas enarboladas por estos modélicos colectivos y asociaciones nacidas y desarrolladas a pesar de la presión totalitaria del PNV y el régimen de partido organizado desde el Gobierno vasco y las instituciones públicas que controla.

También hemos visto algunas de sus dificultades y de sus riesgos: su escasa penetración en los pueblos pequeños; el acoso sufrido que ha llevado al exilio a muchos de sus impulsores; la inexistencia de un tejido docente específico y de un movimiento pedagógico que eduque a las nuevas generaciones en los valores impulsados por estas entidades que permita un País Vasco en paz, articulado armoniosamente con el resto de España en el marco de la nueva Europa.

            No obstante, la mayor dificultad existente en el horizonte de este movimiento y del resto de la nación española en la actualidad, es la errática, claudicante e ingenua política seguida por el presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Desde la debilidad y la ausencia de una estrategia realista y documentada no se pueden afrontar el reto del terrorismo ni, en consecuencia, apoyar y valorar adecuadamente a quienes se juegan la piel a diario. Pero la valoración del papel jugado por este Gobierno ya excede este texto que, ante todo, pretende ser un modesto homenaje a tantas víctimas y personas entregadas a su ideal.

Terrorismo y totalitarismos.

¿Existe alguna relación intrínseca entre terrorismo y totalitarismo? Pero, realmente, ¿qué es el totalitarismo? ¿Acaso no sería más adecuado hablar de «totalitarismos»? Y, en los tiempos actuales, ¿son factibles nuevas expresiones totalitarias que revistan formas «políticamente correctas»?

Por Fernando José Vaquero Oroquieta

Los orígenes del totalitarismo.

Hannah Arendt, en su fundamental libro Los orígenes del totalitarismo (Taurus, Madrid, 1974), realiza un esfuerzo sin precedentes para la comprensión, descripción y análisis de la verdadera naturaleza del totalitarismo; un fenómeno específico del siglo XX que encontramos en la base de las mayores sangrías padecidas por la humanidad. Afirma, en su página 564, que «Si la legalidad es la esencia del gobierno no tiránico y la ilegalidad es la esencia de la tiranía, entonces el terror es la esencia de la dominación totalitaria». Un terror absoluto que de medio instrumental deviene en fin por encima de leyes y principios de todo tipo, hasta el punto de que, según señala unas líneas más adelante, «“culpable” es quien se alza en el camino del proceso natural o histórico que ha formulado ya un juicio sobre las “razas inferiores”, sobre los “individuos incapaces de vivir”, sobre las “clases moribundas y los pueblos decadentes”».

Existe, pues, una evidente conexión entre terror y totalitarismo. Pero, ¿qué entendemos por totalitarismo?

Se considera, generalmente, que el totalitarismo se caracteriza por divinizar al Estado absoluto, de modo que éste exige la total subordinación de los grupos sociales y de la misma conciencia de todos y cada uno de los individuos a sus dictados políticos y culturales, sirviéndose para ello del empleo sistemático de la violencia. Conforme esta concepción, el Estado se atribuye un poder ilimitado, prescindiendo de los derechos fundamentales del hombre, y sin reconocer la división de poderes. Partiendo de una concepción que prescinde por completo de la persona, prima a la voluntad y el poder, por encima de la razón y la libertad. También le caracterizarían el empleo demagógico de la propaganda, la movilización de las masas encuadradas por un rígido partido único, y el rechazo de toda moral precedente.

Su método pasa, por lo tanto, por la dominación total de las personas, de modo que, tal y como describe Arendt en la página 554, «El totalitarismo busca no la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos. El poder total sólo puede ser logrado y salvaguardado en un mundo de reflejos condicionados, de marionetas sin el más ligero rasgo de espontaneidad. Precisamente porque los recursos del hombre son tan grandes puede ser completamente dominado sólo cuando se convierte en un espécimen de la especie animal hombre».

Todo totalitarismo se sustenta en una ideología que absolutiza una «idea» desde la que desarrolla una cierta racionalidad, ya sea por el método deductivo o por el dialéctico.

Sus expresiones más conocidas y depuradas han sido, sin duda, los regímenes marxistas implantados a lo largo del siglo XX, que llegaron a sumar a un tercio de toda la población mundial, y el nacional-socialista alemán. Todos ellos llevaron hasta las últimas consecuencias las exigencias de sus respectivas ideologías, desatando los genocidios más brutales que jamás haya conocido la humanidad. Ambos regímenes sacrificaron a millones de personas en aras de un futuro ideal, tal y como lo concebían a la luz de sus dogmas políticos y unas supuestas leyes que regularían el devenir de la Historia y de la Naturaleza; pues ambas coincidirían. Así, en nombre de la clase social o de la raza implantaron un régimen de terror que alcanzó a todas las expresiones de la vida pública y privada, de modo que bien pueden calificarse como regímenes terroristas en gran escala. La violencia se constituyó, de esta manera, en la base y razón de ser de tales «experimentos sociales».

Pero, además de tales experimentos concretos, existiría una tentación totalitaria en toda ideología, caso de propugnar la asunción de la sociedad entera por el Estado, sacrificando toda razón a la «razón de Estado».

Totalitarismo y terrorismo.

La inmensa mayoría de los grupos terroristas han compartido -o comparten- ideologías totalitarias. Y si la extensión del terror es su instrumento fundamental -y su razón de ser como medio para alcanzar sus objetivos políticos mediante el control progresivo de las personas- así prefiguran, desde sus inicios, la tentación totalitaria que en mayor escala han desplegado los regímenes políticos mencionados; modelo ideal al que imitar o superar.

El terror desatado por los grupos terroristas y el terror desplegado por los regímenes totalitarios comparten diversas características (voluntad de dominación psicológica de las masas, método de control social, suprema ley justificativa de su existencia); no en vano asumen las mismas premisas ideológicas e idénticos objetivos últimos. Por ello, la práctica totalidad de los grupos terroristas, fue alimentada por alguna de las grandes ideologías totalitarias del siglo XX o, desde la irrupción del yihadismo, por una arbitraria interpretación pseudoteológica y totalitaria del islam.

La mencionada autora también establece la conexión directa entre terrorismo y totalitarismo en su página 414 al afirmar que: «El activismo declarado de los movimientos totalitarios, su preferencia por el terrorismo sobre todas las demás formas de actividad política atrajeron al mismo tiempo a la élite intelectual y al populacho, precisamente porque este terrorismo era tan profundamente diferente del de las primeras sociedades revolucionarias. Ya no se trataba de una cuestión de política calculada que viera en los actos terroristas el único medio de eliminar a ciertas personalidades relevantes, quienes por obra de su política o de su posición, se habían convertido en el símbolo de la opresión. Lo que resultaba tan atractivo era que el terrorismo se había convertido en una clase de filosofía a través de la cual se podía expresar el resentimiento, la frustración y el odio ciego, en un tipo de expresionismo político que recurría a las bombas para manifestarse, que observaba con placer la publicidad otorgada a los hechos resonantes y que estaba absolutamente dispuesto a pagar el precio de la vida por haber logrado obligar al reconocimiento de la existencia propia sobre los estratos normales de la sociedad».

Ideología orientada al totalitarismo, búsqueda de publicidad mediante el empleo del terror, extensión del odio y del temor… la esencia del terrorismo.

Para defenderse de los totalitarismos.

Conviene, pensamos, extraer algunas conclusiones y enseñanzas para el futuro.

1ª. Toda ideología totalitaria constituye un grave riesgo para cualquier colectividad: su percepción falseada y reinterpretativa de la realidad entraña enormes riesgos para la salud moral de sus seguidores y para la vida de sus oponentes.

2ª. Del análisis de diversas experiencias que, desde presupuestos totalitarios incurrieron en prácticas terroristas o en otras modalidades de atentados contra los derechos humanos, consideramos que el mejor antídoto preventivo es la existencia de una sociedad civil viva, creativa, consciente de su potencial, orgullosa de su tradición y realista en el diagnóstico de la realidad.

3ª. Debemos insistir en las posibilidades reales de cambio antropológico de la propaganda masiva de una ideología totalitaria; aunque revista apariencias moderadas, aceptables y pseudodemocráticas.

Acaso la última afirmación resulte chocante y aparentemente contradictoria. Pero no son pocos los que se plantean tal posibilidad. Es el caso del intelectual francés Alain de Benosit, quien en su último libro publicado en España se interroga si no serían posibles otras expresiones totalitarias diferentes a las ya conocidas. Si ya Ernst Nolte adivinara un «liberalismo totalitario», Alain de Benoist le descubre algunos rasgos de su presumible rostro en la página 153 de su ensayo Comunismo y nazismo. 25 reflexiones sobre el totalitarismo en el siglo XX. 1917-1989 (Ediciones Áltera, Barcelona, 2005, 187 páginas): «naturaleza intrínsecamente prometeica de la actividad científica, automatización de la técnica (“todo lo que puede ser hecho técnicamente lo será prácticamente”), aceleración de la concentración industrial y constitución de monopolios, uniformización de las costumbres y orientación cada vez más conformista de los pensamientos, anomia social derivada de la paradójica conjunción del individualismo y el anonimato masivo, extensión de la “arbitrariedad cultural” que condiciona la socialización de los individuos a través de los medios de comunicación».

Tales características podemos encontrarlas en España. Nuestra sociedad, atomizada por un individualismo impulsado desde las factorías mediáticas e intelectuales de los emergentes poderes reales, se encuentra anestesiada y neutralizada ante modelos sociales que, aparentemente libertarios, arrastran a las mujeres y hombres de hoy hacia un pensamiento único cuya consecuencia es la pérdida de raíces, la ausencia del sentido de pertenencia y de la propia libertad individual y social. En este contexto, hechos muy concretos fruto de políticas concretas, caso del programa secesionista de determinadas regiones puesto en marcha, la progresiva eliminación de la libertad de educación, la imposición de un «pensamiento políticamente» correcto desde la escuela, la trivialización de la vida humana en su inicio y término, y la desarticulación de la vida familiar en beneficio de su modelos aberrantes, responden a impulsos de matriz totalitaria. En esta situación, únicamente desde la fidelidad a la propia tradición es posible afrontar los retos de la vida cotidiana, de la posmodernidad, de la globalización, y de la política real.

Riesgos del diálogo con los terroristas.

¿Tiene sentido dialogar con los terroristas? ¿Son sinónimos diálogo y negociación? ¿Existen razones que obliguen a negociar con los terroristas o que, por el contrario, poderosamente lo desaconsejen? Unas meditadas reflexiones, en torno a todas estas cuestiones, del presidente de Foro El Salvador.

 

Por Jaime Larrínaga, presidente del Foro El Salvador

 

Hace ya meses que el Gobierno de España está creando un ambiente favorable a la negociación con ETA, valiéndose de los poderosos medios de comunicación que tiene a su servicio y silenciando a los distintos foros cívicos, antaño defensores de las víctimas y sus derechos. Actualmente al Gobierno no le interesan las víctimas, yo diría que le molestan para hacer su política, sólo le interesan los etarras para negociar con ellos.

 

¿Tiene algún riesgo el negociar con los terroristas?  ¿Se puede y se debe negociar con los terroristas? La negociación cuenta con mucha prensa a favor, con los partidos nacionalistas (no hay que perder de vista de que los terroristas son terroristas nacionalistas) e incluso las bendiciones de muchos eclesiásticos. Un religioso que intermedió en el conflicto irlandés se ha ofrecido para intervenir en la negociación de los terroristas con el Gobierno español, exigiéndole ya algunas medidas favorables a los presos. Este religioso ha sido incluso galardonado por las autoridades nacionalistas vascas. Su presencia en el País Vasco ha sido bien vista por la jerarquía vasca. Sus declaraciones a la prensa no han gustado a las víctimas, incluso han molestado y han dañado. No ha tenido ningún detalle en favor de las víctimas y, en cambio, trató a los terroristas como presos políticos. 

 

En una situación en la que el terrorismo, el peor enemigo de la libertad, manda en una región de España, como es el País Vasco -mientras que en el resto de la nación están hartos de tanta ETA, de tanto hablar de los vascos y ansiosos de paz- la propaganda del Gobierno a favor de la negociación y las instrucciones pastorales del Obispo de San Sebastián, en el sentido de que hay que aprovechar todas las oportunidades para conseguir la paz, exigen, más que nunca, que la gente responsable hable valientemente y con toda libertad.

 

La Iglesia no debe olvidar que su misión es la de iluminar toda realidad humana. Y nunca debe ser una pieza en el engranaje del programa soberanista y excluyente del nacionalismo, totalmente favorable a la negociación con sus terroristas. En esta línea, el documento “Preparar la paz” de los obispos de las diócesis vascas ahondaba en la división de la comunidad vasca y abría una brecha entre ésta y el resto de la sociedad española. En contra lo que afirmaba, el problema en Euskadi no está en la “fórmula de convivencia”, sino en quienes no respetan dicha fórmula que ya nos dimos con la Constitución y el Estatuto.

 

No basta con que la Iglesia condene los crímenes de ETA. Es preciso ir a su raíz para que la condena sea eficaz; condenar la ideología antidemocrática y anticristiana que los inspira. Todas las ideas y proyectos no merecen el respeto ni el amparo de la ley. Las ideas de Hitler y de Stalin llevaron la desgracia a millones de hogares. El origen de tales tragedias está en anteponer a la frágil vida del ser humano y a sus derechos individuales, abstracciones como la nación, la tierra, el pueblo o la etnia.

 

Basada sobre una de esas abstracciones deshumanizantes, la autodeterminación no es un derecho humano como se ha pretendido no pocas veces desde medios eclesiásticos. No lo es por propia definición y porque no tiene al ser humano como único sujeto de derecho. Sólo es una recomendación de la ONU muy posterior a la Carta Universal y ceñida a casos de invasión y colonialismo, entre los que no se incluye el vasco, donde no hay una nación ni un estado preexistentes y abolidos por la fuerza.

 

El acercamiento de los presos de ETA al País Vasco no es un derecho humano. Ni algo aconsejable, como supone la Pastoral de los obispos vascos (29-05-02), sino cuestionable según las más contrastadas fuentes del Derecho Internacional. La Ley Penitenciaria deja tal cuestión a criterio de los jueces y según convenga a la reinserción del preso. Acercar a un asesino convicto a una familia que le anima a reafirmarse en el delito, no es una opción acorde con la justicia ni con el Evangelio, y los presos tienen derecho a una dispersión que los aleje de un entorno favorable al crimen. La misión de la Iglesia es llevar la ley del amor a los que quebrantaron las leyes humanas y el Quinto Mandamiento, que prohíbe matar. Es suscitar el arrepentimiento en ellos y en esas madres que pasean orgullosas sus fotos, por las calles, como si fueran héroes.

 

En la Instrucción Pastoral “Valoración del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias”, de la Conferencia Episcopal Española de noviembre de 2002, el documento más importante de los últimos 30 años,  la Iglesia española se pronunció claramente sobre el terrorismo de ETA. Lo califica como “una realidad intrínsecamente perversa, nunca justificable”. “Quien quisiera servirse del fenómeno del terrorismo para sus intereses políticos, cometería una gravísima inmoralidad”. “No se puede se neutral ante el terrorismo”. Doctrina clara, que no ofrece dudas.

 

La Iglesia nos recuerda también que la paz es tarea de todos, y el valor de un diálogo respetuoso, leal y libre, como la forma más digna y recomendable para resolver los conflictos. Pero al hablar del diálogo no se refiere a ETA, que no puede ser considerada interlocutor político de un Estado legítimo, ni representa políticamente a nadie. No se puede dialogar con las pistolas, no se puede dialogar con los terroristas.

 

Juan Pablo II afirmaba que “no hay paz sin justicia”. No se puede construir la paz con terror, sin libertad.

 

Expondré a continuación algunas razones por las que no se debe dialogar, negociar con los terroristas:

1º) No se dan las condiciones mínimas. No es suficiente que no haya atentados mortales. Mientras que la mitad de la población, la no nacionalista, esté bloqueada por el miedo al terrorismo etarra, no se puede dialogar ni negociar: traería consecuencias peores y más graves que las que padece actualmente el País Vasco. No sería democracia; no hay que olvidar que el terrorismo es el peor enemigo de la libertad. No nos tenemos que olvidar de que más de 200.000 personas han tenido que huir del País Vasco por falta de libertad. ¿Qué quieren los partidarios de la negociación? ¿Eliminar por el terror a la oposición e iniciar un diálogo? Demos libertad y voz a la oposición y al Estado de Derecho.

 

2º) Antes de negociar hay que hacer justicia y reparar el daño cometido.

 

3º) Y ¿para qué se negocia? “Para que dejen de matar”, se dice. Es decir, parece ser que matar les da el derecho a negociar. Es lo más perverso e inmoral que puede hacer un Gobierno. Dialogar con los asesinos es darles una parte de nuestras propias razones.

 

4º) Al negociar para la paz, ¿con quién se ha de firmar la paz, si únicamente los terroristas persiguieron y mataron, sin ninguna respuesta violenta de las víctimas? Aquí no hay dos bandos como en una guerra. Aquí hay unos que matan, los terroristas, y un Gobierno que no cumple con su misión: acabar con los terroristas usando de toda la fuerza que le da el Estado de Derecho, pero nunca prostituyéndose ante los asesinos.

 

5º) Negociar sería inconstitucional en un Estado de Derecho, ya que supondría una discriminación insultante de los españoles ante la Ley. Un país que negocia un asesinato, ¿qué clase de ética o moralidad tiene? Es extraño que la justicia española, única y última esperanza de las víctimas, no tome medidas para impedirlo.

 

6º) Como decía Savater: “Del diálogo político con el nacionalismo radical, nadie ha conseguido nada, excepto Ernest Lluch, que consiguió que lo mataran”.

 

7º) Por las víctimas, no deberíamos de hablar nunca con los asesinos. Si por ello nos retiran la palabra, sabremos que ésta vale muy poco, comparándola con la de las víctimas que ya no pueden pronunciarla. Espero y deseo que a todas esas personas partidarias del diálogo y de la negociación con los asesinos, la voz interior de las víctimas del terrorismo les persiga a lo largo de esta vida por la monstruosidad que cometen o puedan cometer.

 

8º) Solamente una vez desaparecido el terrorismo, la justicia, basada en la libertad, traerá la paz.

 

           

 

Vigencia del Manifiesto Fundacional del Foro El Salvador.

Hace, ya, casi siete años, un grupo de católicos vascos dan vida a Foro El Salvador al que hacen público por medio de su manifiesto fundacional. ¿Sigue vigente? Responde su presidente y cofundador, D. Jaime Larrinaga.

 

Por Jaime Larrínaga

 

En la primera quincena del mes de junio de 1999 hizo público el Foro El Salvador su manifiesto fundacional, con el título: Por la verdad, por la justicia y el perdón en Euskadi. En la primavera de 2006, ¿tiene el manifiesto vigencia, actualidad, sentido en la vida de los españoles? ¿Tiene algo que decir o defender el Foro El Salvador? Veamos qué nos dice el manifiesto y si lo que dice tiene actualidad.

 

Decíamos: “es alarmante y escandaloso el amedrentamiento al que han sido y son sometidos aún los ciudadanos no nacionalistas el País Vasco; las agresiones y amenazas que les impiden presentar en libertad y en igualdad de condiciones su opción política en las elecciones. Y demandamos para ellos toda la solidaridad de la comunidad cristiana y de sus representantes eclesiásticos”. Este primer punto del manifiesto, por desgracia, sigue manteniendo una gran actualidad: hay más vascos que han tenido que salir del País Vasco, la sociedad vasca está más dividida; unos, con derechos y otros sin derechos. En el mundo rural la vida se ha convertido para un no nacionalista en asfixiante e irrespirable. Tal situación, no es denunciada ni criticada ni por la comunidad cristiana ni por los representantes eclesiásticos.

 

En el segundo punto decíamos: “no es aceptable ni desde la ética laica ni desde la cristiana incluir en una lista electoral a presuntos asesinos que se vanaglorian de tal condición y la hacen valer como seña de identidad ideológica. Semejante aberración desautoriza moralmente tal opción política, ofende gravemente a las víctimas y promete la perpetuación de la misma violencia sufrida por éstas”. En este punto hemos retrocedido, de tenerles asfixiados a los terroristas, han pasado a gozar de libertad para poner bombas, a organizar las “kale borrokas” y a volver a los ayuntamientos de donde habían sido expulsados.

 

En el tercer punto afirmábamos: “ETA debe disolverse y entregar las armas sin reclamar contrapartidas políticas que ni son acordes con la democracia ni con el verdadero espíritu de la Iglesia, que prohibe matar y que añade la ley del amor a las leyes de los hombres”. En este punto, estamos muy lejos de que ETA entregue las armas. Más bien, parece ser que es la ETA quien está poniendo las condiciones al Gobierno, como imponiendo un precio a la entrega de las armas e incluso a una tregua, que es para el Gobierno su gran aspiración.

 

En el cuarto punto: “no es aceptable desde la ética política un proyecto de construcción nacional que se cimenta sobre bases etnoculturales y que genera necesariamente procesos de exclusión incompatibles con el respeto a los derechos y libertades de todos los ciudadanos. El orgullo étnico y la ideología del privilegio no están en le espíritu de Cristo, que nos llamó hermanos, ni en el del Padre que nos hizo a todos iguales”. Esta denuncia sobre Euskadi, actualmente habría que hacerlo también sobre Cataluña, Galicia y por simpatía sobre otras comunidades en las que el “virus” nacionalista empieza a brotar.

 

En el quinto punto decíamos: “la paz no puede llegar de la mano del chantaje político ni del empecinamiento en una violencia ideológica que ratifique y reemplace a la violencia armada; ni del olvido, la injusticia o la mentira. Tomamos como referencia válida para Euskadi la experiencia de reconciliación vivida tras la guerra de El Salvador así como el programa de acción marcado por Francisco Estrada, rector de la UCA desde 1989, después del asesinato de los jesuitas, y resumido por el sacerdote José María Tojeira en tres palabras fundamentales e indisociables: verdad, justicia y perdón”. Actualmente somos pocos los que escuchamos y apoyamos el clamor de las víctimas pidiendo que se haga justicia antes de hablar de la paz. No hay paz sin justicia. Memoria, justicia y paz es lo que pide el colectivo de las víctimas y nosotros, los del Foro El Salvador, les apoyaremos incondicionalmente. Además, denunciamos la presión que está ejerciendo el Gobierno sobre distintos foros a favor de la negociación y de transitar a la paz por caminos que no pasan por la justicia.

 

En el sexto punto declarábamos: “ser fieles a la verdad nos obliga a reconocer los crímenes de ETA y del GAL, así como la vigencia del Estado de Derecho tanto para juzgarlos como para ejercer la generosidad de unas medidas de gracia que de forma ininterrumpida vienen concediendo todos los Gobiernos de la democracia, desde la amnistía general de 1979 hasta la vía de reinserción, todavía vigente. Y nos obliga asimismo a valorar el dramático y descomunal esfuerzo moral que esa generosidad ha requerido de toda la sociedad española y de las víctimas en particular”. No debemos olvidar el protagonismo axiológico de las víctimas. Nadie, en España, ha tomado la justicia por su mano. Las víctimas son sumamente respetuosas con el Estado de Derecho y su generosidad no ha dicho aún la última palabra.

 

En el séptimo punto decíamos: “ser consecuentes con la justicia nos obliga a asumir el poder judicial como pilar básico del Estado de Derecho así como a exigir y acatar la actuación de los tribunales. Y nos obliga también a honrar a las víctimas del terrorismo, a erigir monumentos en su memoria y rendirles homenajes públicos, pues no sólo han de ser indemnizadas económicamente sino moralmente por la sociedad y el Estado. Asimismo no aceptamos que se las equipare con sus verdugos ni desde las instituciones laicas ni desde la Iglesia. Tal equidistancia no sólo va contra la democracia y la civilización sino contra el propio espíritu cristiano. Se insulta e inflige dolor a las víctimas y se encubre la responsabilidad moral de sus verdugos”. En la Resolución de 18 de enero de 2000, la ONU pedía con insistencia a los gobiernos que estaban obligados a darles ayuda, asistencia económica, psicológica, así como a reconocer públicamente su protagonismo axiológico, a ofrecerles homenajes, a erigirles monumentos, a dignificarles. Hay Ayuntamientos que se oponen, democráticamente, a erigir monumentos a víctimas, como el Ayuntamiento de Bilbao y de Guecho. Y sin embargo los terroristas son recibidos como unos héroes, a los que les ofrecen distintos puestos de trabajo. Víctimas de terrorismo que se quejan porque les prohíben celebrar la misa de aniversario, por los motivos más pintorescos. Y la queja que más daño nos puede hacer como cristianos, es aquella de falta de amor y de calor que por parte de la Iglesia han recibido.

 

En octavo lugar: “el perdón debe ser pedido, no negociado ni con Dios ni con los hombres. Debe apelar a la generosidad, no al mercadeo político. Y no es exigible o gratuito ni siquiera en el Evangelio. En los verdugos está el solicitarlo, arrepentirse del daño hecho y adoptar el propósito de enmendarlo. El arrepentimiento y la penitencia son inherentes al perdón cristiano. Este debe pedirlo ETA y sus cómplices políticos a las víctimas. Debe pedirlo la Iglesia por haberlas tenido tan olvidadas. Y lo pedimos nosotros por si guardamos silencio o por si nuestra palabra no fue antes pronunciada en una voz lo suficientemente alta”. En este punto se ha echado una neblina deliberadamente sobre la sociedad española, que actualmente mantiene una confusión que no favorece en nada para una justa solución del problema terrorista.

 

Y por último, en el noveno punto decíamos: “como cristianos y personas libres, nos sentimos alarmados por la grave hegemonía del nacionalismo en la Iglesia en el País Vasco y el uso perverso que hoy se hace de la doctrina de la caridad y del perdón para amparar al fascismo de ETA y a sus cómplices políticos. Lamentamos lo desatendidos que hoy se encuentran por nuestra Iglesia los fieles que no son de ideología nacionalista y las propias víctimas del terrorismo. Y reclamamos con urgencia de esa misma Iglesia, a la que pertenecemos, un discurso que por fin concilie los valores cristianos con los derechos ciudadanos”. La Iglesia en el País Vasco debe hacer una autocrítica de estos últimos 30 años, su actitud ante el terrorismo nacionalista, ante las víctimas, ante los derechos humanos, diferenciando los derechos humanos inherentes a los pueblos pequeños o etnias o culturas, y los derechos humanos de las personas a la vida y a expresarse libremente, que son los derechos más antiguos y primario, sin cuya observancia no se pueden exigir otros derechos.

 

Además, después del 11-M la situación en España es más compleja y exige más valentía y claridad. Especialmente después de las últimas declaraciones de la Vicepresidente del Gobierno español que dice “que sobre el 11-M se sabe prácticamente todo”. ¡Qué barbaridad! ¿Estará nuestra vicepresidente entre los autores? porque yo y muchos millones de españoles no sabemos casi nada. En todo ello hay mucha materia orgánica de mal olor. Tenemos que trabajar por llegar a la verdad de los hechos.

Apuntes para una historia de Foro El Salvador.

Apuntes para una historia de Foro El Salvador.

Cuando más arreciaban las críticas dirigidas contra la Iglesia católica española por su presunta indiferencia ante el terrorismo y el dolor de las víctimas, nació Foro El Salvador: una valiente expresión no nacionalista del catolicismo vasco. Unos apuntes nos acercarán a su historia.

 

Por  José Basaburua

 

Un parto doloroso y tardío.

 

            El de Foro El Salvador no fue un parto sencillo. Por una parte, llegó algo tarde. Por otra, fue doloroso. Pero difícilmente podría haber sido de otra manera. Llegó tarde, pues entrada en años y con malas rutinas vivía su madre: una Iglesia local vampirizada por el nacionalismo, esclerotizada y envejecida, que pocas facilidades, por no decir ninguna, había dado a las nuevas expresiones de la creatividad católica universal encarnada en los llamados «nuevos movimientos eclesiales». Y fue doloroso, como correspondía a su estado biológico. De modo que, cuando el 10 de junio de 1999 en el hotel Ercilla de San Sebastián tuvo lugar la presentación pública del Foro, su nacimiento fue recibido, a partes iguales, con nuestras de escepticismo o de frialdad… que tornaron rápidamente en general indiferencia, cuando no en abierta hostilidad. Pero esas escasamente deseables muestras de desafecto expresadas ante la nueva criatura no se manifestaron únicamente entre padres y hermanos, sino que los primos, tíos y vecinos, miraron hacia otro lado; como si el evento no fuera con ellos y la criatura no entrara con todos los honores dentro de la familia… o de sus planes.

 

De su fundacional «Manifiesto por la verdad, la justicia y el perdón en Euskadi», hecho público aquel 10 de junio de 1999, recordaremos unos pocos párrafos en los que se calificaba, ya inicialmente, como «alarmante y escandaloso el amedrentamiento al que han sido y son sometidos aún los ciudadanos no nacionalistas en el País Vasco; las agresiones y amenazas que les impiden presentar en libertad y en igualdad de condiciones su opción política en las elecciones». Rechazaban, en consecuencia, «incluir en una lista electoral a presuntos asesinos que se vanaglorian de tal condición y la hacen valer como seña de identidad ideológica». Aseguraban que «ETA debe disolverse y entregar las armas sin reclamar contrapartidas políticas que no son acordes con la democracia ni con el verdadero espíritu de la Iglesia, que prohíbe matar y que añade la ley del amor a las leyes de los hombres». No aceptaban un proyecto de construcción nacional que se «cimienta sobre las bases etnoculturales y que genera necesariamente procesos de exclusión incompatibles con el respeto a los derechos y libertades de todos los ciudadanos». Por todo ello, «La paz no puede llegar de la mano del chantaje político ni del empecinamiento en una violencia ideológica que ratifique y reemplace a la violencia armada; ni del olvido, la injusticia o la mentira» Y se adoptaba ese nombre al considerar como válida «la experiencia de reconciliación vivida tras la guerra de El Salvador así como el programa de acción marcado por Francisco Estrada, rector de la UCA desde 1989, después del asesinato de los jesuitas, y resumido por el sacerdote José María Tojeira en tres palabras fundamentales e indisolubles: verdad, justicia y perdón». Después de rechazar tanto los crímenes del GAL como los de ETA, valoraban como «descomunal» el esfuerzo de sus víctimas para las que proponía precisas medidas de acompañamiento y reconocimiento. Se realizaban algunas consideraciones, todavía vigentes, en torno al perdón y la generosidad y, por último, en su punto noveno, manifestaban su alarma ante «la grave hegemonía del nacionalismo en la Iglesia vasca y el uso perverso que hoy se hace de la doctrina de la caridad y del perdón para amparar al nacionalismo de ETA y a sus cómplices políticos. Lamentamos lo desatendidos que hoy se encuentran por nuestra Iglesia los fieles que no son de ideología nacionalista y las propias víctimas del terrorismo…». Releyéndolo… ¿no lo encontramos totalmente vigente?

 

Lógicas reacciones.

 

            De manera inmediata, algunos de los supuestos firmantes rechazaron haber apoyado el manifiesto. Además, se acusó a sus promotores de romper la unidad eclesial, de actuar movidos por intereses políticos, de rebeldía y soberbia… Todo un repertorio característico de lo «clericalmente correcto», dentro del País Vasco, pero, curiosamente, también al sur del río Ebro.

 

            Objetivamente analizadas las circunstanciasen en que el evento se produjo, pensamos que no podía haber sucedido de manera distinta: ni el propio nacimiento, ni tales reacciones.

 

            La Iglesia vasca venía sufriendo un largo proceso de esclerotización y de envejecimiento, que la burocracia clerical, y la autodenominada laica progresista, no podían frenar a pesar de servirse de buenos medios: una tupida red de centros, órdenes religiosas todavía muy presentes en casi todo el territorio vasco, programas, comisiones, subcomisiones y comités de subcomisiones. Mientras tanto, la sociedad marchaba en otras direcciones: hacia el nacionalismo etnicista radical, de carácter explícitamente pagano y anticristiano; o abocado al consumismo de la globalización y la uniformización cultural de unos valores reducidos a su mínima expresión. ¿Podría haber actuado de otra manera? Acaso pudo: dando entrada a las nuevas realidades eclesiales; abriéndose a la feligresía mayoritariamente no nacionalista; etc. Pero, ciertamente, no lo hizo. Y el divorcio Iglesia/sociedad se aceleró y acentuó como en pocos otros espacios del Estado español.

 

            Con todo, la criatura vino al mundo con un rostro muy definido: el proporcionado por el jesuita Antonio Beristain Ipiña (pionero de la Victimología y la Criminología y activista por los derechos humanos); Fernando García de Cortázar (jesuita, historiador de enorme prestigio y uno de los mayores intelectuales españoles); y José Luis Orella (laico de denominación de origen Navarra, crianza vizcaína), también historiador. Cuarentas firmas más respaldaban el manifiesto fundacional en representación de medio millar de católicos «de la base». Y, poco después, un cura rural, Jaime Larrínaga, presidente del Foro, protagonizaría una epopeya que mostraría, a una sociedad adormecida y a una Iglesia que no quería mirar ciertas realidades, su auténtica crudeza, sin atenuantes ni justificaciones.

 

            No obstante, esa extrañeza, en buena medida, se fue limando. Y a ello contribuyeron diversos gestos, pronunciamientos y actitudes manidestadas entre los diversos interlocutores eclesiales y sociales; y, acaso, algunos posicionamientos del mismo Foro en apoyo de concretas manifestaciones de jerarquías de la Iglesia española; expresión de su plena comunión católica. Así, el 23 de noviembre de 2003 expresó su apoyo a las críticas que el entonces presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco, dirigió al llamado plan Ibarretxe. El portavoz del Foro se manifestó, después de que el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, se desvinculara de la oposición de Rouco al proyecto soberanista del lendakari, calificándola como «postura personal». El Foro manifestó su discrepancia respecto a las declaraciones de Uriarte y sostuvo que Rouco «no puede pedir el voto para un partido», pero sí «dar sus razonamientos como presidente de la Conferencia Episcopal». El portavoz añadió que en su colectivo estaban «muy identificados» con las palabras de Rouco, porque en su trayectoria ha demostrado tener «clarividencia» y, además, «puede hablar con más libertad que los obispos vascos». Y no fue la única muestra de sincero apoyo.

 

            Como prueba de esa progresiva recepción, recordemos, a título de ejemplo, la sesión celebrada el 14 de marzo de 2005 titulada ¿La unidad de España, en cuestión? organizada por la histórica y revitalizada Asociación Católica de Propagandistas en Madrid. En el encuentro, moderado por Ezequiel Puig-Maestro Amado, participaron como ponentes Jaime Larrinaga, como presidente del Foro El Salvador, María Teresa Compte, doctora en Ciencias Políticas y Sociología; y Pedro Fernández Barbadillo, profesor del Instituto de Humanidades del CEU y periodista. Un ejemplo de pluralidad en la comunión, reconocimiento y hermandad.

 

Naturaleza del Foro.

 

            Foro El Salvador nació con una marcada característica: la de ser un Foro, un espacio de libertad, un ámbito informal de encuentro de diversas personas y colectivos movidos por el único ideal que merecía la pena; el evangélico, y sin otros aditamentos. No cuajó, pues tampoco se lo propuso nunca, un movimiento férreo, militante, réplica acaso de los habituales en este territorio, sean del color que fueren. Ahí está su debilidad… pero también su riqueza. Marginados de las estructuras diocesanas y parroquiales, sus mensajes y manifiestos llegaban a la clerecía no nacionalista nítidamente y sin adornos. Ésa es una de las grandes paradojas de esta Iglesia local: las estructuras burocráticas han envejecido, a la vez que crecían, separándose más y más de unos fieles cada vez más ajenos al nacionalismo. No en vano, el nacionalismo más dinámico se ha despegado de sus remotos orígenes cristianos para navegar por nuevas y frescas corrientes ideológicas completamente ajenas al espíritu evangélico: marxismo, ecologismo radical, ultrafeminismo, contracultura… Sin duda la Iglesia vasca está cambiando… y más que cambiará. La biología así lo impone.

 

            Foro El Salvador tenía que nacer, pues al menos un hijo de la Iglesia local tenía que salvar el honor de casi toda una generación de la familia que había acampado por otros territorios, alejándose de sus orígenes: universalidad, amor a los semejantes, crítica de las ideologías, propuesta de un Jesucristo Encarnado y concreto… Su vida, empero, no podía ser fácil. Y sigue sin serlo. Pero las fuerzas biológicas y espirituales que lo engendraron siguen presentes. Su papel, acaso, sea el de dar el relevo, junto a las demás manifestaciones vivas, a otras realidades eclesiales que encarnen a la Iglesia vasca del futuro. En cualquier caso, sigue vivo y con su misma capacidad de crítica, propuesta para la convivencia.

 

            Su historia no puede deslindarse de las peripecias personales de sus impulsores. Pero tampoco puede confundirse con ellas; pues son muchos los católicos vascos –y de otras regiones españolas- que han encontrado en este Foro un espacio donde reconocerse y seguir ocupando su lugar en la Iglesia universal.

 

Vivir peligrosamente, vivir en el Foro.

 

            La mayor de todas esas aventuras, acaso, sea la sufrida por su presidente, Jaime Larrínaga. La «carga del cargo», que diría algún castizo. Un sacerdote rural, entregado a sus feligreses, antiguo docente, deportista… un «cura moderno», diríamos con un lenguaje algo trasnochado. El 3 de agosto de 2003 oficiaba por última vez en la que fue durante treinta y cuatro años su parroquia: Maruri. Desde hacía unos meses, Maruri, localidad prácticamente desconocida en el resto de España, formaba parte de las primeras planas de los periódicos y de las cabeceras de los noticiarios. El posicionamiento total que mantenía públicamente su párroco con las tesis de Foro El Salvador, que en realidad venía manteniendo desde siempre, le acarreó una campaña de acoso y derribo por parte de los nacionalistas del pueblo... y del resto de Euskadi. Era todo un espectáculo ver en sus misas dominicales a ateos y agnósticos que asistían a las mismas en solidaridad ante sus crecientes dificultades. Sí era, aquello, ecumenismo y diálogo, pero del de verdad. Finalmente tuvo que marchar, al igual que otros muchos vascos. Pero no por ello ha permanecido alejado de la problemática de su tierra, pregonando sus razones por toda España y en cuantos foros se le ha llamado: centros culturales, partidos políticos, universidades de verano, parroquias…

 

            Pero esa vida es inimaginable sin el apoyo concreto a las víctimas del terrorismo en sus circunstancias. Recordemos, así, como en enero de 2003, el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, no facilitó la celebración de una misa en homenaje al edil Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en 1995. La familia de Gregorio acudió a Uriarte ante las reiteradas negativas de los párrocos consultados. No obstante, según denunció su hermana Consuelo, el obispo le comunicó que «los criterios» de la iglesia respecto a las misas íntimas «seguían igual». Por ello, la familia Ordóñez realizó un acto sencillo en el cementerio de Polloe de San Sebastián para rezar una oración en su recuerdo, acompañados, además de otros ciudadanos anónimos, por el miembro de Foro El Salvador, Antonio Beristain, Rubén Múgica, hijo del socialista Fernando Múgica, también asesinado por ETA, concejales del Partido Popular en el Ayuntamiento de San Sebastián y el diputado del mismo partido, Gonzalo Quiroga.


Un Foro dialogante que propone.

 

            Foro El Salvador se relacionó, desde sus inicios, con el nuevo movimiento cívico vasco: asociaciones de víctimas, fundaciones, foros, grupos activistas… Y encontró pleno apoyo en algunas entidades, caso del juvenil Foro Arbil y los impulsores de la navarra Fundación Leyre.

 

            Su vocación pasa por formar parte de una «red de redes». Por ello, participó en diversas plataformas. Así, se integró en la primavera de 2001 en la Plataforma Libertad, formada también por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Foro de Ermua, la Asociación por la Tolerancia de Cataluña y el Movimiento contra la Intolerancia. Asimismo, esa Plataforma Libertad formó parte, junto al Foro de Nápoles y al de Viena, de la Plataforma de la Libertad Continental, un organismo de carácter europeo que buscaba «reivindicar espacios de libertad y terminar con la xenofobia y los totalitarismos como el que trata de imponer ETA». Una de sus primeras decisiones fue su petición, realizada a los ciudadanos vascos, para votar a los partidos «que se han dado en llamar constitucionalistas», así como a que secunden la marcha que en «defensa de la libertad» se convocó, por entonces, en Vitoria.

 

La Plataforma por la Libertad de los Europeos fue otra entidad promovida por el Foro Arbil y por personalidades de reconocido prestigio y entidades de gran relevancia cívica, como Foro El Salvador. Hizo público un Manifiesto por una legislación europea que respetara la dignidad de las personas promoviendo la regeneración social. A su juicio, «el Tratado de la Constitución europea debería reconocer un mínimo de derechos». Proponía una adhesión a la defensa positiva de mínimos para la convivencia, con independencia de las convicciones políticas o religiosas personales. En diez puntos muy concretos pedía: una garantía real y efectiva de la lucha contra el terrorismo, la defensa de los derechos básicos, empezando por el derecho a la vida, el respeto a la fe y el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus credos y valores, la educación en la verdad histórica y en el amor a España, la moralidad en el ejercicio de la política, el derecho a la información y el bien común como meta social, con el amor y la justicia como claves para la convivencia. Por último, consideraba negativa para la construcción de Europa cualquier legislación ajena a tales fines, como era el caso de la propuesta de contenidos del Tratado de Constitución europea sometido en referéndum en España el 20 de febrero de 2005.

 

¿Una voz en el desierto?

 

Sus manifiestos, difundidos y elaborados con ocasión de determinados eventos, fueron una de sus expresiones públicas más conocidas. A lo que acompañaron las numerosas declaraciones de su portavoz, presidente y miembros más destacados a requerimientos de los medios de comunicación.

 

Así, además del ya mencionado manifiesto fundacional hecho público el 10 de junio de 1999, destacaremos, entre otros, el titulado «El Foro El Salvador, por la verdad, la justicia y el perdón en el País Vasco», elaborado para su entrega a Juan Pablo II en la primavera de 2001.

 

Le siguió «Por la convivencia en Euskadi», una respuesta, en buena medida, elaborada en el año 2002, al polémico documento «Preparar la Paz» de los obispos de las diócesis vascas; pronunciamiento que coincidió con la petición efectuada el 3 de junio por Monseñor José Manuel Estepa, a la Conferencia Episcopal, de una reunión extraordinaria de la Comisión Permanente para elaborar un comunicado más clarificador sobre dicha pastoral de los obispos vascos. «Debemos saber -dijo- que existe una importante parte del País Vasco que sufre y que tiene miedo, y a la que hay que respetar (…) No es suficiente la nota del Episcopado, hay que ser más claro», concluyó.

 

Recordemos, por último, la «Comunicación del Foro El Salvador» manifestada en el II Encuentro Cívico celebrado en Madrid, el 11 de diciembre de 2004, y que reunió a asociaciones y grupos de personas preocupadas por los problemas de la violencia política en España.

 

El Foro en la Universidad.

 

            Los medios universitarios vienen siendo otro espacio en el que Foro El Salvador ha encontrado buna acogida. Recordemos, a modo de ejemplo, algunas de tales ocasiones.

 

Los prestigiosos Congresos Católicos y Vida Pública, organizados en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, también vienen acogiendo a diversos miembros y amigos de Foro El Salvador en sus encuentros anuales. Fue el caso del IV, denominado Desafíos globales: la Doctrina Social de la Iglesia hoy, celebrado los días 15,16 y 17 de noviembre de 2002. Así, el domingo 17 de, la mesa titulada «Paz, justicia y perdón», residida por Ramón Armengod, Embajador de España, acogió a Jaime Larrinaga, presidente de Foro El Salvador; Santiago Petchen; Catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid; y Jesús Romero Trillo, por la  prestigiosa Comunidad de San Egidio.

 

 

Casi un año después, Jaime Larrínaga participaba en el curso de verano Terrorismo: Nuevos retos y respuestas sociales, de la Universidad Complutense, dirigido por los catedráticos Mikel Buesa y Carlos Martínez Gorriarán, y que dedicó una sesión al tema «La iglesia española frente al terrorismo», junto a Rafael Aguirre, sacerdote y catedrático de Teología de la Universidad de Deusto, el escritor y periodista Iñaki Ezkerra, y Antonio Beristáin, otro histórico de Foro El Salvador.

 

            En la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, tuvo lugar en el Salón de Grados, un 25 de febrero de 2004, una mesa redonda titulada: Aralar, el rostro amable de la izquierda abertzale, en la que participaron José Luis Orella Martínez, Pascual Tamburri Bariain (profesor de historia, miembro del Consejo Político de UPN, analista de Elsemanaldigital.com)  y el escritor Fernando Vaquero.

 

La Universidad Cardenal Herrera-CEU organizó en marzo de 2005 unas Jornadas sobre Política, información y terrorismo, que contempló, entre otras actividades, una conferencia titulada: «Terrorismo de ayer, terrorismo de hoy. Del nacionalismo al independentismo», a cargo de José Luis Orella, como portavoz del Foro El Salvador.

 

Por último, mencionemos la mesa redonda celebrada el 10 de mayo de 2005, en el Aula de Grados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, sobre el futuro del País Vasco en España en la que participaron el ya mencionado José Luis Orella, el Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Sevilla José Martín Ostos, Gary Bedell, ex diplomático y colaborador habitual de Carlos Herrera en Onda Cero, Antonio Rivero, Director de «La Casa del Libro» y Escritor, y el Doctor en economía de la Universidad de Sevilla, José Manuel Cansino. Fue organizado por Club Minuto Digital.

 

El Foro en la calle.

 

            Y ha participado en cuantas manifestaciones, concentraciones, encuentros cívicos, etc., han tenido lugar para mantener y extender una visión no nacionalista de la convivencia y de la política y en solidaridad con las víctimas del terrorismo. Ello no quiere decir, no obstante, que se propugne una opción política concreta, pues entre ellos encontramos desde entusiastas de una «derecha social» hasta convencidos socialdemócratas.

 

            Su presencia en concentraciones y manifestaciones callejeras de todo tipo, en diversas localidades vascas y del resto de España, ha sido, pues, constante en su devenir. Sería interminable citarlas con sus motivos y fechas. Por ello, únicamente, mencionaremos algunas de las últimas. Fue el caso, de entre tantas otras, el de su participación en la celebrada en Madrid por la Asociación Víctimas del Terrorismo, con el lema «Por ellos, por todos. Negociación en mi nombre no» el 4 de junio de 2005. Participaron en primera línea, entre otras, las siguientes personas de relevancia social: Cristina Cuesta (por la Fundación Miguel Ángel Blanco y por COVITE); Ana Iribar, viuda de Gregorio Ordóñez y presidenta de la Fundación que lleva su nombre; Mikel Azurmendi, Profesor universitario, (por las Comisiones de la Diáspora Democrática Vasca); Capilla  Argote, presidenta de la Asociación de Víctimas “Verde Esperanza” (Jaén);  Javier Elorrieta  e Ignacio Martínez Churiaque (vicepresidente y secretario general, respectivamente, de la Fundación por la Libertad); Iñaki Ezkerra, por el Foro Ermua; Jaime Larrínaga, sacerdote y presidente del Foro El Salvador; Antonio Beristain, catedrático y presidente del Instituto Vasco de Criminología; Jesús Laínz, escritor, por la Plataforma Unidad y Libertad, de Cantabria;  Lorenzo Nebrera, por la Confederación Española de la Policía Nacional (CEP); Francisco Caja (presidente de Convivencia Cívica Catalana); Isabel Calero (presidenta de Ciudadanos para la Libertad) y Marita Rodríguez (presidenta de la Asociación por la Tolerancia).

 

Pamplona fue testigo, el 21 de enero de 2006, de una concentración por la «Unidad de España, por la igualdad y solidaridad de todos los españoles», convocados por el Foro Ermua. José Luis Orella, portavoz del Foro El Salvador, recordó al convocarse que en ella se reivindicaría «la idea de España como una única comunidad nacional, plural y patrimonio de todos los españoles, defendida por gente de toda condición: izquierda, derecha, agnóstica, católica...que tiene en común la defensa de la idea de la unidad nacional».

 

            «Por ellos. Por todos. ¡… …! En mi nombre ¡no!». Fue el lema que encabezó otra multitudinaria manifestación celebrada el 25 de febrero de 2006 por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Al convocarla, el presidente del Foro El Salvador, Jaime Larrinaga, insistió en la necesidad de salir a la calle «si se quiere dormir con la conciencia tranquila». No se puede hablar más claro.

 

Un compromiso personal y colectivo.

 

            Pero, desde una postura comprometida nacida de las convicciones, el mismo ejercicio profesional de sus integrantes, y otras oportunidades de participación en diversos foros, han sido ocasión para la exposición y difusión de las ideas del Foro El Salvador en ámbitos diversos.

 

            Fernando García de Cortázar es uno de los intelectuales españoles más relevantes. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea y en Teología, es Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto. Director de la Fundación Grupo Correo, colabora habitualmente en diversos periódicos de ámbito nacional. Es uno de los más amenos y creativos divulgadores de la Historia. Es director de la revista de pensamiento “El noticiario de las Ideas”. Autor de más de cuarenta libros y guionista de series divulgativas de temática histórica en televisión. El pasado 15 de mazo de 2006 presentó en Madrid su nueva obra Los perdedores de la Historia de España (Planeta, Barcelona, 2006). Con tal ocasión, reiteró su compromiso social cuando, entre otras cuestiones, afirmó que: «Bien está que el historiador hable de los papiros egipcios, pero también debe hablar de lo que está ocurriendo ahora mismo; la gente quiera respuestas a lo que le preocupa, por eso el historiador debe opinar e implicarse en el presente». En este sentido, y al hilo de las posibles negociaciones del Gobierno con la banda terrorista, García de Cortázar fue taxativo: «ETA no puede poner de rodillas a un Estado de Derecho». A su juicio, «los únicos perdedores de esta historia son las víctimas del terrorismo».

 

            Su compromiso, articulado en Foro El Salvador y Foro de Ermua, ha dado numerosos frutos: artículos, recepción de premios y homenajes, testimonio permanente, divulgación universitaria… Así, como una de tantas perlas universitarias, aquí recordaremos el Curso titulado De la frontera a la globalización. Una nueva ciudadanía. Extremadura y Portugal, organizado por la Universidad de Extremadura en Badajoz a partir del 22 de julio de 2004, fue inaugurado por García de Cortázar con una conferencia sobre Los nacionalismos y la idea de España del siglo XXI.

 

            Y también colabora con otras entidades. Así, en el IV Seminario Fernando Buesa La laicidad, el poder y lo sagrado, ciudadanía y libertad, habló el 25 de julio de 2005 del nacionalismo como una religión laica.

 

Veamos otro ejemplo de creatividad y movilización intelectuales. José Luis Orella escribió un libro de historia significativamente titulado Los otros vascos, editado por Grafite Ediciones en 2003; difundiéndose por varias localidades españoles por medio de diversos actos de presentación. Y en esa labor de recuperación de esa otra «memoria histórica», Foro Arbil, Foro El Salvador y Fundación Leyre de Pamplona se dieron la mano para difundir, mediante presentaciones públicas, otro texto histórico del autor navarro Víctor Pradera: Fernando el Católico y los falsarios de la historia (Grafite Ediciones, Bilbao, 2003). Eventos que tuvieron lugar, entre otros, en Zaragoza, en su prestigiosa Biblioteca de la DGA el día 14 de marzo 2003 y en Pamplona el día 16 de mayo. Cultura, compromiso y presencia.

 

No obstante, el influjo de las ideas del Foro no se ha limitado a las actuaciones directas y orgánicas, así como a las más significativas de prestigiosas primeras figuras. No en vano, muchas personas se han adherido al mismo, participando en una u otra forma de su «vida», animando iniciativas y trasladando sus puntos de vista a otros ámbitos. Es el caso, entre otros, de Fernando José Vaquero Oroquieta. Bastante alejado de compromisos sociales significativos hasta entonces, contactó con quien fuera su profesor de Criminología, Antonio Beristain Ipiña, nada más hacerse público el manifiesto fundacional, quien le presentará al también navarro y portavoz, José Luis Orella. De esos contactos fructificó su vocación al compromiso social y a la opinión pública. De hecho lo encontraremos, después, formando parte de una mesa redonda con ocasión del Meeting Madrid 2003, denominada: «Vivir con libertad en el País Vasco y en Navarra» y en la que participó junto al senador por Navarra  José Iribas Sánchez de Boado, José Luis Restán y Cristina López Schlichting. Aquel evento, celebrado el 21 de junio de 2003 en el Pabellón de Convenciones de la Casa de Campo de Madrid, reunió a unas 600 personas. Posteriormente, lo volveríamos a encontrar impartiendo un Seminario titulado «Terrorismo y globalización», celebrado  el 5 de octubre de 2004 en la Fundación Leyre de Pamplona. En definitiva, el Foro ha servido de plataforma, revulsivo y cauce para personas con inquietudes que han dado el «salto» a una más plena participación social.

 

Alegrémonos con el Foro.

 

En el Foro también ha habido ocasiones para la alegría. Así sucedió cuando la Conferencia Episcopal emitió un documento excepcional, acaso uno de los más importantes que nunca haya elaborado: la Instrucción pastoral Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias (fechada el 22 de noviembre de 2002 con motivo de la LXXIX Asamblea Plenaria de la misma). Estructurado en 44 breves puntos, califica al terrorismo como forma específica de violencia armada. Establece la pertinencia de un juicio de esta materia, que no es otro que el terror criminal ideológico. Lo califica, posteriormente, como «intrínsecamente perverso y nunca justificable», definiéndolo igualmente como una «estructura de pecado». Denuncia los dos efectos más importantes del terrorismo: el intento de extensión sistemática del odio y el miedo. Denuncia como inmoral «toda forma de colaboración» con el terrorismo. Juzga al nacionalismo totalitario como la matriz del terrorismo de ETA, determinando qué peligros concretos supone para la convivencia española. En el punto 29, al nacionalismo que pretende en todo caso la independencia por encima de todo se equipara, en el caso de las personas, a un «individualismo insolidario». Así, afirma que «La Doctrina Social de la Iglesia reconoce un derecho real y originario de autodeterminación política en el caso de una colonización o de una invasión injusta, pero no en el de una secesión»; coincidiendo de esta manera con la doctrina emanada por el Derecho Internacional y Naciones Unidas al respecto. Y, por último, la propia Iglesia se propone, con un abanico de medidas tendentes a la conquista de la paz y de reflexiones específicamente religiosas, como instrumento de conversión para los terroristas y de acompañamiento de sus víctimas. Difícilmente podría haberse emitido un documento que recogiera, tan espléndidamente, buena parte de los criterios defendidos, en ocasionas en la más absoluta soledad, por los integrante de Foro El Salvador.

 

También han paladeado algunas otras mieles; caso de diversos homenajes que han disfrutado sus impulsores. Recordemos algunas de tales celebraciones. El 10 de febrero de 2003, Foro Arbil de Bilbao organizó en la Villa de Durango una comida-homenaje a Jaime Larrínaga, cuando todavía era párroco en Maruri y ya estaba protegido por escoltas.

 

Un año después, correspondió a José Luis Orella ser homenajeado por la Fundación Leyre, el 12 de febrero de 2004, en Pamplona. Unas semanas después, Jaime fue objeto de otro homenaje en Zaragoza el 21 de mayo de 2004, con una cena a la que asistió una plural representación de la sociedad zaragozana. Y, de nuevo, en Pamplona, le tocó otro turno de brindis y discurso, un 1 de junio de 2005, de nuevo a cargo de la Fundación Leyre.

 

            Ésta ha sido, y sigue siendo, la vida de Foro El Salvador. Acaso, un hijo no deseado que está dando bastante guerra y que, tal vez por todo ello, sea finalmente, uno de los más queridos.