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Foro El Salvador

De víctimas del terrorismo

Una de Tantas: el reencuentro

Hace unos días, en la última concentración de la AVT en la plaza Colón, fui testigo de un reencuentro familiar, sin que los que se reencontraban fuesen familia. Varias víctimas del terrorismo coincidimos en un restaurante cercano a la zona en la que se iba a organizar la concentración. A muchas yo ya las conocía de otras actividades de la AVT. Al elegir la mesa, quedé en frente de dos personas, Antonio y Pilar, a los que conocía. La conversación surgió fácil y segura, pues entre las víctimas hay poco miedo a la incomprensión del que escucha.

Todos tenemos un gran equipaje de dolor, por lo que poder manifestárselo a alguien que ha pasado por lo mismo es una gran descarga emocional. Pilar es una mujer con cara de niña, con unos rizos negros preciosos que le hacen juego con los enormes ojos oscuros y con su mirada acuosa. Antonio es un hombre maduro con aspecto de serio, unos ojos inteligentes y una mirada a la que no se le escapa detalle, propenso a escuchar primero y luego a analizar. Estando sentados, Antonio le preguntó a Pilar “¿de dónde eres?”. Pilar le dijo con una sonrisa, “si te refieres al lugar de nacimiento, soy vasca; si te refieres al lugar donde me he criado, soy de todas las residencias de huérfanos de las Fuerzas de Seguridad de España.” Antonio, al oír la palabra residencia de huérfanos, se movió inquieto en el asiento: “¿no conocerás el colegio de huérfanos de…?”. Pilar le contesta “por supuesto, he pasado por todos los colegios”, y comenzó a relatar su infancia.

Cuenta Pilar que, con 8 años, la ETA mató a su padre, quedaron ella y dos hermanos más pequeños, su madre estaba muy enferma y no pudo hacerse cargo de todos sus hijos, el más pequeño quedó al cuidado de esa madre, pues no tenía edad suficiente para ir a la residencia de huérfanos, y las ridículas pensiones que le quedaban a las viudas no llegaban para poder atenderlos y, además, se pasaban meses hasta que las recibían. Muchos compañeros hacían colectas para esas familias hasta que llegaban las pensiones. Pilar y su hermano fueron trasladados a Madrid por compañeros de su padre. Cuenta que la sacaron de casa en pijama, que durante días por la noche le lavaban la ropita y se la ponía por la mañana hasta que pudieron traer sus pocas pertenencias infantiles. La visión de Pilar del colegio de huérfanos es tortuosa. No es de extrañar, era una niña de 8 años, fuera de su entorno familiar, de sus conocidos, de sus padres, y a uno jamás podrá volver a verlo. Esa niña veía pasillos enormes, oscuros, puertas cerradas, baños inmensos, literas altísimas y una taquilla de chapa que, dice, “jamás se llenó de juguetes, pues tenía poquitos.

Recuerda alguna fiesta de Navidad con dulces y caramelos y el día de su comunión, todas con el mismo vestidito. Recuerda que los niños mayores cuidaban de los más pequeños como ella… recuerda con amargura que le cortaron el pelo, ese precioso pelo rizado, negro como la noche… Antonio extendió la mano con su teléfono móvil y le dijo que, por favor, se identificase con la persona que estaba al otro lado, que era su mujer y que tanto él como su mujer estuvieron en esa misma residencia, que le dijese a ella como era de pequeña. Pilar, nerviosa, tomó el teléfono y se le oyó esta conversación:

-“Sí, sí, ésa, la del pelo rizado… no, aún tengo los rizos… sí, mi hermano estaba conmigo… sí, creo que te recuerdo… apúntate mi teléfono. Es que yo he cambiado, pues era una niña. Vosotros erais más mayores; seguro que no habéis cambiado tanto… no, hace cuatro años conseguí reunir a mi familia y vivimos los tres con mi madre… sí, sí, por favor, estaremos en contacto… adiós, besos”.

Con los ojos vidriosos, nos cuenta que la mujer de Antonio la cuidó cuando llegó de pequeña, que la recordaba y Antonio comentó que de esas residencias salieron muchas parejas. Niños que se criaron con sufrimientos parecidos, que crean lazos irrompibles.

Antonio también es huérfano, también la ETA mató a su padre y, poco después, su madre, ya enferma, murió. Antonio habla de la residencia con más alegría, seguramente porque tenía más años y más armas que Pilar para enfrentarse solo a la vida. Aún así, también era un niño y todo en la vida le ha costado mucho. Ahora es abogado, pero de esos que aprueban oposiciones sin ayuda de un apellido. Tiene una familia, dos hijos y un
trabajo estable y dice que jamás volverá a bajar a las catacumbas, que va a luchar por la memoria de su padre, que llenaríamos las plazas y que no dejaríamos que el olvido y la injusticia ensuciasen a nuestros seres queridos. Esta es la infancia de muchos hijos, víctimas del terrorismo, que han tenido que estar en residencias de huérfanos, olvidados, sin familia, sin fiestas de cumpleaños, sin padres a los que poder contar que han sacado un notable, sin nadie que los mimase cuando estaban con anginas... y todo porque un día unos mal nacidos decidieron quitarle la vida a tu padre, y el pilar de la estructura de tu familia se desmoronó como un castillo de naipes, quedando los niños, los más indefensos, a merced de instituciones pseudo caritativas.

Aunque este relato no tenga buen estilo literario y sea en exceso largo, me he limitado a transmitir emociones. Todavía hoy se me pone la piel de gallina cuando lo revivo, y sé que es importante que la gente conozca lo que la ETA ha hecho en muchas de nuestras familias, para que, cuando les miren a los ojos, nuestros dirigentes sepan con quiénes están hablando, la catadura moral de estos asesinos. Se lo debemos a nuestros hijos, víctimas vivas y con voz del terrorismo, y se lo debemos a esos padres, víctimas muertas, pero jamás olvidadas por el resto de las víctimas y confío que de mucha más gente. Además, al fin y al cabo, yo soy sólo “una de tantas” que pide MEMORIA, DIGNIDAD, Y JUSTICIA.

Maria Jesús Gómez

Debate 21

Idean levantar un monumento a las víctimas del terrorismo

La obra tendría forma de muro con bloques de granito por cada fallecido. Ha sido propuesta al ayuntamiento y rinde tributo a los 58 muertos extremeños.

Cáceres, Extremadura. elperiodico.com (02/07/2006)

Un homenaje para siempre a las 58 víctimas extremeñas del terrorismo. El artista cacereño Emilio González Núñez ya tiene preparado un proyecto pionero para levantar un monumento que mantenga vivo el recuerdo de los muertos en atentado desde 1975 hasta el último en 1995.

La idea, para la que el autor sugiere como mejor ubicación el parque del Príncipe, depende ahora del visto bueno del ayuntamiento al que González Núñez ha presentado hace unos días el contenido del proyecto. La obra, que llevaría por título Muro, se caracteriza por su sencillez y consiste en un total de 58 bloques de granito, uno por cada víctima, colocados cronológicamente y que formarían una pared en forma de sillería.

En cada bloque figuraría el nombre, la edad y su lugar de origen. Todos estarían recortados de manera distinta para conseguir ese efecto para conseguir esa sensación de sillería antigua, explica González Núñez, al que le ha inspirado el listado de víctimas de la región publicado en los medios de comunicación. Con este planteamiento, todo el monumento descansa sobre una base rectangular, perfectamente recortada y semipulida que se diferencia notablemente del muro, con unas medidas totales de 3,80 metros de largo y tres de alto.

En la cara frontal también iría grabado la frase Los grandes ausentes de Extremadura y una placa, colocada en la parte superior derecha, con la inscripción Cáceres con las víctimas del terrorismo, año 2006.

En cuanto a la ubicación, también propone el parque del Rodeo, "donde sólo se oiga el murmullo del agua o el trinar de los pájaros", aunque cree que esta decisión corresponde a responsables municipales. LAS RAZONES El responsable de la idea, que a principios de junio realizó en el Foro de los Balbos un happening de siluetas blancas como homenaje a las víctimas, quiere que su obra sirva para que los familiares de las víctimas "se sientan complacidos viendo que no se ha olvidado a un familiar querido y está con nosotros".

Aunque no ha tenido contacto con ellos, González huye de cualquier interpretación política a su proyecta y reitera que su intención es de que la obra sirva de tributo a los fallecidos. "No soy un político y sí un artista y, como tal, presento mi inquietud artística", subraya.

En este sentido, deja claro que se sintió "impactado" por la cifra de víctimas y asegura que "ojalá que esta obra valga para que no haya que colocar ningún bloque de granito más". Sobre el proceso abierto por el Gobierno, reflexiona que "sólo la palabra puede conseguir la paz, nunca con las armas ni la violencia".

González Núñez no ha calculado el coste del monumento, aunque cree que no sería costoso. Pide apoyo para llevarla a cabo, entre otras razones, porque en Cáceres no existe ningún motivo de homenaje a los muertos en atentado terrorista".

Carlos Ortiz

CARTA ABIERTA A LA FUNDACIÓN “BERNARDO ALADREN” (UGT-Aragón)

Estimados señores:

Habiendo tenido conocimiento de la jornada organizada por su Fundación titulada “Escenarios para la paz en Euskadi y una vez analizado el programa, los ponentes y moderadores, quisiéramos mostrarles nuestra sorpresa, estupor e indignación ya que, una vez más, se ha vuelto a ignorar y menospreciar a las victimas del terrorismo.

En la información que remiten sobre la citada jornada, hablan de las opiniones encontradas del llamado “proceso” y dicen querer crear un espacio para el dialogo entre los protagonistas del proceso. ¿A que protagonistas se refieren? A su jornada están invitados empresarios, sindicalistas, “cristianos socialistas”, vicarios, miembros de asociaciones ciudadanas y periodistas. Por las noticias que se han avanzado, la mayoría de estos protagonistas están a favor de la negociación con la banda terrorista ETA. Pero en ese escenario de dialogo se echa de menos la opinión de las victimas que han sufrido directamente la barbarie de la violencia. Deduzco que en su jornada de “debate” no les interesa conocer la opinión de las victimas.

Considero un despropósito y una muestra de sectarismo, el no haber incluido en ninguno de los escenarios a algún representante de las victimas del terrorismo que se han producido como consecuencia de la locura nacionalista.

Los miembros de la AVT en Aragón queremos mostrarle con esta carta nuestro descontento y nuestro rechazo a estos intentos de dirigir la opinión pública en una determinada dirección, sin ofertar todos los puntos de vista alternativos.

MEMORIA, DIGNIDAD Y JUSTICIA

Atentamente.

José Marco Jalle

Delegado en Aragón de la A.V.T.

Victima de ETA

Zaragoza, 27 de junio de 2006

Tres rosas blancas

11 de Junio de 2006 - 10:54:30 - Luis del Pino Ayer fue un día histórico. Habrá tiempo en los próximos días de analizar en detalle la manifestación, sus repercusiones y sus consecuencias, pero quiero quedarme ahora con las palabras de una de las oradoras.

Todos los discursos (el de Isabel San Sebastián, el de Gabriel Moris, el de Javier Gismero, el de Mari Mar Blanco, el de Francisco José Alcaraz) fueron contundentes y emotivos, pero el de Teresa Jiménez Becerril hizo que a buena parte del millón de personas congregadas ayer se nos saltaran las lágrimas.

Contó Teresa, con un impresionante tono de tristeza y de rabia, cómo esos asesinos con los que Zapatero se siente tan a gusto mataron al concejal Jiménez Becerril y a su esposa, dejando huérfanos a tres niños que desde entonces ha tenido que criar su abuela.

El día que la mataron, la mujer de Jiménez Becerril llevaba en la mano tres rosas blancas para sus hijos, porque al día siguiente se celebraba en los colegios el Día de la Paz. Mientras sus hijos esperaban a esa madre que ya nunca llegaría, aquellas tres rosas quedaron tendidas en la acera, manchadas por la sangre del concejal y de su esposa. Y, a pesar de ello, esas tres rosas blancas son mucho más puras, son mucho más luminosas, son mucho más albas que esa rosa que las tirititeras entregaron como premio hace unos días a Jone Goirizelaya, la abogada de asesinos. Porque esa rosa bardemita entregada a la defensora de terroristas está manchada con la sangre de un millar de inocentes, sangre que Zapatero está intentando lavar, pétalo a pétalo, en un vano intento de borrar las huellas del crimen.

¿Cómo explicarás, Zapatero, a esos niños por qué no pudieron celebrar en su momento aquel Día de la Paz? ¿Cómo les vas a explicar tu rendición ante los asesinos que se le impidieron? ¿Te atreverás a mirar a esos niños a los ojos y a explicarles que los canallas que les destrozaron la vida van, finalmente, a salirse con la suya gracias a tí?

Ayer te hemos vuelto a gritar todos que estás pactando con asesinos, Zapatero. Que estás vendiendo tu pais e incluso su propia memoria, quizá porque el 11-M que te permitió llegar al poder te impide hacer otra cosa. Y que no vamos a consentírtelo. Porque nosotros tenemos de nuestro lado la Justicia y tú no tienes forma de lavar tanto pétalo.

Nunca vamos a olvidar esa sangre de las rosas.

Libertad Digital, 11 de junio de 2006

La madre de Pagaza lo anunció hace un año: "harás muchas más cosas que me helarán la sangre"

Este lunes, El País pregunta a Patxi López si pasó "un mal trago" al anunciar que el PSE dialogará con ETA-Batasuna. "No, porque forma parte de lo que los socialistas vascos hemos defendido siempre", responde el líder del PSE. De forma clarividente, hace poco más de un año, la madre de Joseba Pagazaurtundua le escribió una carta a López: "Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son. A tus pasos los llamarán valientes. ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!".

El 12 de mayo de 2005, Pilar Ruiz Albisu, madre de Joseba Pagazaurtundua, le escribió una carta abierta al líder del PSE, Patxi López. En esa misiva, publicada por el diario ABC, Pilar recordaba lo que había sucedido en el segundo aniversario del asesinato de su hijo Joseba: "Te hablé en público y en privado, Patxi, porque estaba cada vez más preocupada por algunas palabras y gestos de quienes te acompañan en el partido. Soy mayor, Patxi, tengo setenta y tres años y tú eres muy joven, como lo es el presidente del Gobierno. Por eso me atreví a decirte que pensaras en las cosas que son realmente importantes: la vida y la dignidad. La defensa de la vida y de la libertad y de la dignidad es más importante que el poder o que el interés del Partido Socialista. Sabes muy bien que mi hijo pensaba exactamente así. Y desde luego la defensa de nuestra dignidad como personas en las políticas antiterroristas es más importante que el mantenimiento de los actuales aliados del Partido Socialista, te lo digo tal y como lo pienso".

En aquel encuentro, la madre de Mayte y Joseba Pagaza le habló al secretario general del PSE de "la traición de los nacionalistas en Santoña en 1937" y de su infancia y le recordó a López "que el que pacta con los traidores se convierte en un traidor". "Tú me dijiste que nada de eso pasaría", continuó Pilar Albisu en su carta a López. Todavía no se hablaba de la palabra mágica, proceso de paz, ésa que va asomando poco a poco, que tanta ilusión provoca en gentes ansiosas de paz, y que cubre las posibles vergüenzas que puede traer una negociación —que no rendición— con los terroristas". "A mí me parece que la palabra viste el santo.

La negociación es un atajo, no es la solución democrática, Patxi –le recordó entonces la madre de Joseba. Quienes lloramos a los muertos hemos renunciado a vengarnos. Como sociedad no aplicamos la pena de muerte, ni la cadena perpetua. Ésta es la prueba de la inmensa generosidad de nuestra sociedad. Lo hemos comentado muchas veces en casa".

Pilar Albisu recordó también en esa carta que habló con José Luis Rodríguez Zapatero el 13 de diciembre de 2003. "Ahora estamos en el año 2005 y yo todavía tengo voz, y no callaré, pero ahora hay muchos ciegos en España y creo que serán ciegos y mudos ante nosotros.

Hay muchos ciegos que serán leales a lo que hagáis, aunque nos traicionéis, porque sólo ven las siglas y éste es el país de Caín y Abel, de unos contra otros, de la política que parece tantas veces un partido de unos forofos contra otros forofos. Y sí, los hinchas que escriben de vuestro lado dirán lo que vosotros no diréis en voz alta, que es lo que ya nos han dicho los nacionalistas: que estamos manipulados por el Partido Popular y por nuestro dolor, y que deberíamos estar callados cuando nos den un abrazo y un homenaje".

"Ay, Patxi, ya sé que no me enseñarás los lugares donde estuve refugiada. Tú me dijiste que mi vida había sido triste. Fui una refugiada de guerra miserablemente pobre, crecí como la hija de un rojo represaliado, no pude votar hasta los cuarenta y cuatro años. Y después vino el calvario de nueve años de ver sufrir a mi hijo, que veía llegar su propio asesinato.

Se jugó la vida por defender la libertad, no por lo que parece que viene de vuestra mano, eso que pomposamente se anuncia como un proceso de Paz", lamentó de forma clarividente hace más de un año la madre de los Pagaza.

Y sentenció: "Porque, Patxi , ahora veo que, efectivamente, has puesto en un lado de la balanza la vida y la dignidad, y en el otro el poder y el interés del partido, y que te has reunido con EHAK. Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son. A tus pasos los llamarán valientes.

¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!, Patxi. ¡Qué solos estamos los que no hemos cerrado los ojos!".

Libertad Digital, 5 de junio de 2006

Los desterrados vascos exigimos nuestro derecho a participar votando en nuestra tierra

Madrid, 7 de abril de 2006. Los ciudadanos desterrados por el régimen nacionalista del País Vasco que el 26 de febrero 2005 formamos las Comisiones de la Diáspora Democrática del Foro Ermua queremos manifestar ante la opinión pública y, muy especialmente, ante el presidente del Gobierno, que no se puede obviar la realidad de que “en Euskadi no estamos todos”, porque ETA no sólo es la autora de asesinatos, secuestros y extorsiones, sino el principal agente de la configuración de un censo electoral en el que decenas o centenares de miles de ciudadanos han sido excluidos.
Como vascos que nos hemos visto obligados (directa o indirectamente) a dejar nuestra tierra por causa del terrorismo y del nacionalismo impuesto, queremos intervenir en el debate político y manifestamos públicamente lo siguiente, en relación con la “nueva tregua” declarada por ETA, la actual situación política y la configuración del censo electoral vasco:
1º.- Resulta sorprendente y penoso comprobar cuánta gente está dispuesta a permitir que ETA nos engañe otra vez, consintiendo que la banda terrorista rentabilice de nuevo sus tácticas y estrategias. Asimismo, es sorprendente que ante una nueva declaración de “tregua” se les otorgue un voto de confianza que no merecen.
No debemos olvidar que ETA ha roto todas sus anteriores treguas, que poco antes de la declaración de su “alto el fuego” robó pistolas, uniformes, miles de placas de matrícula y material para confeccionar explosivos y que no ha renunciado a ninguno de sus postulados políticos, ni al chantaje terrorista.
A pesar de todo, podría abrirse una oportunidad para terminar con el terrorismo, si se demuestra a ETA que no tiene capacidad para condicionar en su favor el debate político y la aplicación de la Ley. Ni con treguas, ni sin treguas. Es responsabilidad del Gobierno aprovecharla trabajando para la aplicación de la Ley y sin hablar con ETA de nada que no sea de su rendición incondicional. Es responsabilidad del resto de fuerzas políticas y de la ciudadanía exigir y apoyar al Gobierno para que mantenga esa firmeza. Las políticas de apaciguamiento con el terrorismo están destinadas al fracaso.
2º.- En este sentido, vemos con preocupación la forma en la que el Gobierno de España afronta el actual escenario político. Aplaudimos la unidad entre los dos grandes partidos nacionales, pero esta unidad resultará vacía si no va acompañada de la firmeza antiterrorista y del cumplimiento estricto de la Ley. Y en estos momentos, no vemos firmeza, sino todo lo contrario. El Gobierno parece más interesado en no soliviantar a los terroristas, que en hacer cumplir la Ley.

Los elogios a Otegi por parte del Presidente del Gobierno, la pasividad ante el incumplimiento flagrante de la Ley por parte de BATASUNA y la reiteración de noticias nunca desmentidas sobre la existencia de negociaciones previas con ETA (antes negadas) y sobre el carácter pactado del texto del alto el fuego, son elementos que generan una máxima inquietud y que no permiten prever nada positivo. ¿Cómo entender que BATASUNA, organización ilegalizada y terrorista al servicio de ETA, lea públicamente un comunicado y realice todo tipo de declaraciones con absoluta impunidad? ¿Cómo admitir que se esté preparando para recuperar terreno en las Instituciones, cuando tiene prohibida toda actividad?
3º.- La actitud pasiva del Gobierno y su dependencia de los nacionalistas identitarios nos conducen a un País Vasco a la medida de Otegi, un paraíso para la chulería nazi-fascista de Batasuna y sus demás clones socio-políticos (el sindicato LAB, el Partido Comunista de las Tierras Vascas…) donde, antes que la libertad y los valores de la convivencia, lo único que campa a sus anchas es la intimidación, la amenaza, la descalificación sistemática de cualquier proyecto que no sea el nacionalista y de quienes lo compartan, la bravuconada y el orgullo criminal. Esa política, lejos de hacer más habitable nuestra tierra, garantiza su inhabitabilidad para nosotros y los nuestros. Los valores que hoy rigen en Euskadi son desgraciadamente los mismos, elevados a la categoría de norma, que propiciaron nuestra salida.
4º.- Para volver a casa necesitamos y exigimos un País Vasco en el que no estén crecidos ni los etarras ni sus cómplices, ni su ideología ni sus valores totalitarios. Un País Vasco donde no ser nacionalista no sea un delito castigado con la pena de muerte, ni con la humillación o el miedo permanentes, ni con atentados a los negocios, ni con la discriminación. Un País Vasco donde los nacionalistas sepan que la suya es una ideología más, no la base ni la premisa de todas. Un País Vasco donde se reconozca y se arrope a las víctimas. Un País Vasco donde no exista la extorsión, donde la escuela sirva para inculcar las ideas democráticas en las generaciones que se están formando; donde a nuestros hijos no se les aleccione en la cobardía, la doblez y el relativismo moral. Un País Vasco donde podamos tener la misma libertad que tenemos en las demás tierras de España en los que nos han acogido tras nuestro forzado destierro.
5º.- Nosotros hemos sido expulsados por la acción directa o indirecta del terrorismo, pero no renunciamos, como desearía ETA, a opinar sobre los asuntos que afectan a nuestra tierra. Consideramos que una democracia no debe permitir que una banda criminal consiga ninguno de sus objetivos y mucho menos el de articular un censo electoral favorable a sus intereses, como ha sucedido en Euskadi hasta ahora. Es hora de terminar con esta anomalía democrática, es hora de limitar el efecto de ETA sobre los resultados electorales, es hora de que la democracia tome medidas para que todos los que nos hemos visto forzados a marcharnos podamos participar activamente en la toma de decisiones políticas en el País Vasco. Tanto más, cuanto que nos podemos encontrar ante un proceso de reformas estatutarias de hondo calado.
Por ello, desde las Comisiones de la Diáspora Democrática Vasca, hemos preparado una iniciativa legislativa, que presentaremos a los grupos políticos democráticos, para que las personas que han abandonado Comunidades Autónomas especialmente afectadas por el terrorismo, puedan participar en las elecciones autonómicas, en las elecciones municipales -y en su caso forales- y en los referenda que pudieran convocarse en dichos territorios. Los vascos del destierro queremos poder votar en nuestra tierra, como ya vienen haciendo los vascos que viven en el extranjero.

Las macrovíctimas del terrorismo crean un nuevo sentido del vivir y del morir.

En la línea de eminentes especialistas de las ciencias antropológicas, jurídicas, sociales y teológicas, parece oportuno comentar por qué y en qué dimensiones las macrovíctimas del terrorismo crean un nuevo sentido del vivir y del morir.

Por Antonio BERISTAIN IPIÑA, S.J.
Catedrático emérito de Derecho Penal.
Miembro de la World Society of Victimology.
San Sebastián.

En la línea de eminentes especialistas de las ciencias antropológicas, jurídicas, sociales y teológicas, parece oportuno comentar por qué y en qué dimensiones las macrovíctimas del terrorismo crean un nuevo sentido del vivir y del morir.

Recordamos cómo en el campo de concentración Auschwitz, julio de 1941, los internos matan a un soldado vigilante. Inmediatamente se les reúne a todos los internos y se ordena que el último de cada diez dé un paso adelante, para ser torturados y ejecutados. Uno de los señalados muestra un dolor extraordinario porque tiene esposa e hijos. El que está junto a él, en el número 9, Maximiliam KOLBE, se ofrece al capitán del ejército alemán para ser ejecutado en sustitución del padre de familia. El capitán acepta y Maximiliam KOLBE, encerrado en la celda de castigo, muere de hambre y de sed.


Algunas personas, conocedoras de este acto heroico, aplicamos al santo polaco y a las víctimas del terrorismo las cuatro preguntas fundamentales de Emmanuel Kant: 1) ¿Quiénes son hoy Maximiliam KOLBE? ¿Quiénes son las víctimas?; 2) ¿Qué pueden saber las víctimas?; 3) ¿Qué hacer?; 4) ¿Qué esperar?

1) Diré ahora unas palabras acerca de quiénes son las víctimas del terrorismo. A continuación veremos qué saben, qué hacen y qué esperan. La Criminología nos enseña que, por desgracia, la sociedad desconoce (2ª victimación) a estas personas en toda su dignidad, aunque ya han aparecido algunos libros que nos informan de ellas, como el de Cristina CUESTA: Contra el olvido. Testimonios de víctimas del terrorismo. Merecen un calificativo muy distinto al tradicional de sujeto pasivo del delito o damnificado; su nombre es distinto, más noble; su amplitud numérica mayor, y su contenido más trágico. Así lo patentizan eminentes tratadistas. También los miembros de la “Sociedad Mundial de Victimología” y, en lo fundamental, la Declaración de las Naciones Unidas “Sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder”, de 29 de noviembre de 1985.

Por lo tanto, actualmente, en vez de referirnos al “sujeto pasivo del delito”, debemos referirnos a la “víctima”. Y, en el caso concreto del terrorismo, más que hablar de “víctima”, en singular, conviene hablar de “víctimas”, en plural, puesto que cada crimen terrorista causa varias víctimas: la directa y muchas más indirectas.

Por desgracia, las estadísticas empequeñecen la realidad. Si investigamos cuántas son las víctimas del terrorismo en España, generalmente nos dirán que 817 asesinadas y 77 secuestradas. Estas cifras se refieren sólo a las víctimas directas, pero olvidan las indirectas, que son más, casi inabarcables: sus familiares y amigos, etcétera. Por lo tanto, conviene saber que todo delito terrorista produce muchas víctimas, en plural; no una víctima, en singular. Y –lo que nos interesa especialmente– conviene proclamar que todos los delitos de terrorismo son de una gravedad trágica mucho mayor que los similares delitos del mismo género (un asesinato terrorista es más grave que un asesinato). Por eso, sus víctimas merecen el nombre de macrovíctimas. No se las puede equiparar con las víctimas de cualquier otro delito (A. BERISTAIN, Victimología, nueve palabras clave, Tirant lo Blanch, Valencia, 2000).

Los especialistas investigan el perfil de ellas. Comprueban que sus gestos, sus palabras, son venas auríferas que emanan significados metarracionales, hipersimbólicos. Son pebeteros ígneos que nos regalan su luz y su calor; son agentes morales de la convivencia más humana, rebosante de hospitalidad (Diego SÁNCHEZ MECA, “Del egoísmo a la hospitalidad: Lévinas o la intempestividad de un pensador judío”, Signa, Revista de la Asociación Española de Semiótica, UNED, núm. 5, 1996, pp. 76 ss.), libertad y fraternidad.

2) ¿Qué pueden “saber” las macrovíctimas del terrorismo?
Nuestros pebeteros ígneos saben y sienten que el ideal vale más que la vida. Saben y sienten el axioma del filósofo Emmanuel LÉVINAS: “Mi responsabilidad por el otro se impone antes que toda decisión, antes que toda deliberación. Es una pre-razón, una cognición, anterior al comienzo, una obligación anterior al presente”.

Si alguien nos dice que él no se responsabiliza por las macrovíctimas porque vive ideales de más importancia, respondámosle que se equivoca. Que la responsabilidad por el otro no es un ideal, es un axioma incontrovertible, un absoluto independiente.

Nuestros héroes saben y “sienten” con toda su corporeidad espiritual que muchos medios de comunicación comentan estos temas en su sección de “Política”, aunque, de acuerdo con el filósofo lituano de la transcendencia, estas cuestiones son pre-políticas y meta-políticas. Por lo tanto, en este campo todo ciudadano debe considerarse liberado de las propuestas de su partido político, de sus filósofos, de sus teólogos (es una clave pre-política, pre-filosófica y pre-teológica).

Nuestros agentes morales desplazan de su yo al “otro” el significado de la vida y de la muerte; la ofrenda, la compasión. Recuerdan los sólidos argumentos del Papa Juan Pablo II, en Loyola -Guipúzcoa- (1982), como en Madrid (2003), cuando expresó que “el cristianismo comprende y reconoce la noble y justa lucha por la justicia frente al odio y la muerte a todos los niveles”. En sentido parecido podemos leer la autorizada crítica a los que se callan, a los que con su silencio se hacen cómplices y encubridores de atrocidades y de asesinatos y de silencios consentientes, criminógenos: “Enfangados en la vileza de mirar a otro lado y decir que no han visto nada”. Ignorar lo que sucede es una frecuente y grave tentación, como proclamaron trece intelectuales europeos y americanos en su Manifiesto “Ante las elecciones del 25 de mayo en el País Vasco”, aparecido en los medios de comunicación el 7 de mayo de 2003. SETIÉN puede escribir en su último libro que “el silencio ante el terrorismo no significa siempre y necesariamente un modo de aceptación del mismo”. Pero, también puede escribir –y, que yo sepa, nunca lo ha hecho– que el silencio ante el terrorismo implica una omisión totalmente negativa de la moral elemental de todas las religiones, y es éticamente reprochable, y quizás objeto de un delito a tenor de los artículos 1, 10, 11, 407, 408, 412, 450 del Código penal (1).

3) ¿Qué hacen las macrovíctimas del terrorismo?
Realizan una acción muy compleja. Por una parte, dan la vida por la justicia y su fruto (la paz), y por la libertad. Ellas dan su vida, algo así como Jesucristo, cuando dijo: “yo doy mi vida por mis ovejas, nadie me la quita”. Las macrovíctimas, sobre todo las que han sido amenazadas previamente, dan su vida, puesto que no abandonan el barco, y siguen viviendo como antes de haber sido amenazadas.

Pero, por otra parte, no desean que les quiten la vida. Sería erróneo estigmatizar a las víctimas como personas de poca autoestima, como personas alienadas. No debe interpretarse en ese sentido el friso magnífico de OTEIZA, en Aránzazu: los apóstoles, como las macrovíctimas, dan su vida por los demás pero tienen una autoestima muy grande, quieren vivir. Por lo tanto, no se les puede acusar de victimismo. (Lo saben especialmente sus escoltas, a los que manifiestan –y nosotros también ahora– un muy merecido agradecimiento).

En la misma cosmovisión de Amnistía Internacional, fomentan la urgente necesidad de evitar la impunidad de los delitos terroristas. La necesidad de evitar que se presente como solución fundamental el diálogo, como si sólo se tratase de un conflicto. Como si los autores fuesen delincuentes de conciencia. (Éstos se autocuestionan sus actos, sus infracciones. A veces con angustias. En cambio, los terroristas no; sino que obedecen a sus jefes, ciega y tranquilamente, sin conciencia).

Algo extraordinario hay que no hacen las macrovíctimas: El milagro de que ninguna se haya tomado la justicia por su mano. Respetan la Justicia. Reconocen que la solución fundamental del terrorismo no es el diálogo, sino la sanción justa, humana y resocializadora, que ya desde el Derecho romano –que quizá no ha afectado al País Vasco– es la piedra sillar, básica, de la política; al contrario de lo que opinan numerosos profesores universitarios de la Comunidad Autónoma Vasca.

4) ¿Qué esperan las macrovíctimas?
Esperan, con sólidos fundamentos, que el bien triunfe sobre el mal. Esperan, y alcanzan ya ahora, el más allá del morir, una realidad más valiosa que la presente e inmediata.

Contra lo que muchos opinan, las macrovíctimas no esperan la venganza, ni la indemnización. Nada esperan para ellas egoísticamente. Sí esperan contribuir a crear un nuevo e innovador sentido del vivir y del morir. Esperan la disminución del dolor y del sufrimiento. Esperan la implantación de la justicia, que es camino de la paz. Esperan la implantación de una convivencia nueva e innovadora. Esperan, más que John RAWLS (Justicia como equidad), promover y alcanzar la realidad utópica.

Esperan y desean tener un rol social, un protagonismo, un estatus social… que nos beneficiará. Sin embargo, muchas personas e instituciones se lo niegan. El síndrome de Estocolmo les cierra los ojos a muchas personas bienintencionadas. Por ejemplo, a quien escribe: “No hagamos de la condición de víctima un estatus social y de su ejercicio un rol social”. Y a quien afirma: “Las víctimas no pretenden tener ningún protagonismo”.


Guste o no guste, las víctimas son protagonistas, y más aún que los políticos (A. BERISTAIN, Protagonismo de las víctimas de hoy y mañana. Evolución en el campo jurídico penal, prisional y ético, Tirant lo Blanch, Valencia, 2004). Sin duda, en un día no muy lejano conmoverán a Europa, como indica el Manifiesto antes citado.

Antes de terminar, ¿Qué debemos hacer nosotros?: Para dar voz a las macrovíctimas debemos erigir monumentos elocuentes a su memoria, debemos crear canales institucionales que les sirvan de foro público nacional e internacional, como exigía el Manifiesto “Ante las elecciones del 25 de mayo en el País Vasco”, del 7 de mayo de 2003.

Podemos recordar a Dietrich BONHÖFFER, con su compromiso contra el nazismo y su colaboración con las víctimas. Frente a él, las iglesias alemanas se sometieron al nazismo. Renunciaron a la defensa de la dignidad de los seres humanos por mantener su estatuto privilegiado y librarse de la persecución nazi. Aceptaron la protección del Führer mientras sus hermanos de la resistencia eran detenidos, acusados de alta traición y ejecutados, como fue el caso de BONHÖFFER. En un clima así –escribía Juan José TAMAYO-ACOSTA (“Dignidad y liberación: Perspectiva teológica y política”, Concilium, núm. 300, abril 2003, pp. 260 s.)–, y en medio de la incomprensión de no pocos hermanos cristianos y colegas teólogos, BONHÖFFER convierte la colaboración con las víctimas en el centro de la fe cristiana, de su vida, de su reflexión teológica y de su ética. Por eso él, en su libro Resistencia y sumisión escribe: “La Iglesia sólo puede cantar gregoriano, si al mismo tiempo levanta su voz a favor de los judíos”, señalando con el dedo acusador a la Iglesia alemana instalada cómodamente en el sistema.

Concluyo. Debemos agradecer a los miles de macrovíctimas directas e indirectas del terrorismo que nos enseñan un nuevo sentido del vivir y del morir, nos enseñan a responsabilizarnos del otro (como proclama LÉVINAS) y a hacernos cargo, como escriben ELLACURÍA y SOBRINO, de las víctimas.

Son las personas más dignas de nuestra sociedad, las más nobles. Merecen nuestra veneración, no menos que Maximiliam KOLBE. Como las reliquias de éste se colocan en los altares de muchas iglesias, así los recuerdos de nuestras macrovíctimas están colocados en el centro de nuestros corazones. Y junto a su recuerdo, el recuerdo de sus familiares y amigos… que cuentan con la gratitud de todas las personas de buena voluntad en el mundo entero, hoy y mañana. Les agradecemos porque hacen prevalecer el ideal paradigmático de que el otro, el más vulnerado, es la clave de la nueva justicia, es el alfa y la omega de todos los ciudadanos, de las instituciones políticas, pero también de las culturales, económicas y, no menos, las religiosas.

A nuestras macrovíctimas les brindamos nuestro profundo respeto y nuestra cordial gratitud.

(1) Addenda: La afirmación formulada en las líneas anteriores, de que el silencio ante un delito grave se critica y condena en la ética de todas las religiones y que, a veces, conlleva sanciones jurídico penales queda corroborada y robustecida en la ponencia que el Presidente del “Instituto Borja de Bioética”, Francesc Abel, S.J., presentó en el VI Encuentro de Responsabilidad Sanitaria, en el que argumentaba que “todo profesional sanitario tiene obligación de denunciar los hechos ante un posible caso de maltrato a un menor... El médico que incumpla este deber podrá incurrir en responsabilidad administrativa e incluso penal”. Diario Médico, del 23 de mayo de 2003, p. 11. Más información en www.diariomedico.com.