Comunicado de FIATYR (Federación ibérica de Asociaciones de Telespectadores y Radioyentes) ante la nueva Directiva de Televisión Sin Fronteras.
Desde la FIATYR, queremos hacer llegar a la Comisión Europea para la Sociedad de la Información, presidida por la Sra. Viviane Reding, nuestro desacuerdo más contundente ante la nueva ordenación de la Directiva Europea de Televisión sin Fronteras sobre Publicidad, que supone, en la práctica, un aumento de la publicidad en televisión, reduce sensiblemente el intervalo entre cortes publicitarios y flexibiliza, de hecho, la normativa referente a la publicidad encubierta, "producto emplazado" que quedará al libre albedrío de los países miembros. No solo eso: los conflictos se resolverán en los países de origen (aspecto especialmente negativo en el caso de España).
En el encuentro de EURALVA -organización europea de la que somos miembros fundadores- celebrado en Lisboa en enero de 2006, nos manifestamos inequívocamente en contra de las flexibilizaciones abusivas, y así lo hicimos llegar a las instancias europeas pertinentes.
Sabemos que la Portavoz en Europa de la OCU, Sra. Izverniceanu ha declarado que es "especialmente nociva y lamenta que los eurodiputados españoles hayan ignorado las reivindicaciones de los espectadores".
Considerando que en España no existe una autoridad audiovisual de ámbito nacional, y sin embargo o por consecuencia la mayor saturación publicitaria de Europa en televisión, la nueva directiva trae muy malas noticias al usuario español, aumentando su desprotección. Una vez más se ha dado prioridad a los intereses de los anunciantes y de las empresas multimedia, en detrimento de los derechos de los telespectadores.
Madrid 14 de Noviembre de 2006.
Maribel Martínez Eder
Portavoz de FIATYR.
El filósofo francés Michel Onfray, un antiguo profesor de instituto normando que vive sobre todo de los ingresos de sus best sellers, es uno de los autores de referencia obligada para el laicismo de nuestros días. Ese laicismo dice defender un humanismo basado en la razón, afirma que quiere contribuir al bienestar del hombre, pero tan loables propósitos se quedan en teorías por la violencia dialéctica que respira –por no decir el odio- el discurso de autores como Onfray. ¿Dónde queda la discusión filosófica, basada en el diálogo, la racionalidad, el consenso...? En realidad, no puede haberlos si alguien está convencido de la superioridad de sus argumentos y cree ciegamente que los otros no sólo están equivocados sino que su visión del mundo es, además de un error, es una superchería para engañar a los demás y que ha provocado baños de sangre a lo largo de la Historia. La consecuencia de todo esto lleva a blandir una especie de “espada de la justicia”, con el uso continuado de la ironía, la burla o la injuria. No es muy diferente esta actitud de la de afirmar que “los únicos demócratas somos nosotros”, planteamiento que es de, por sí, una invitación a la discordia civil.