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Foro El Salvador

Vieja y nueva política

Política juvenil: de Losantos y Sartori a Nacho Uriarte y Sergio Sayas

Política juvenil: de Losantos y Sartori a Nacho Uriarte y Sergio Sayas

La derecha española está cambiando de cara juvenil, la que institucionalmente representan las Nuevas Generaciones del PP antes de Carmen Fúnez y ahora de Nacho Uriarte. Excepto en Navarra donde UPN tiene unas Juventudes Navarras en cuya presidencia sucederá a mi amigo Ramón Casado un joven lingüísta de Buñuel, Sergio Sayas, tras el congreso de mañana en Pamplona, Dios mediante. Este amplio relevo generacional ha merecido distintos análisis.

Para Federico Jiménez Losantos la derecha española "tiene un complejo de legitimidad desde Suárez" pero ahora "por primera vez en España la gente joven de la derecha no es fascista, y eso se lo debemos a Libertad Digital". Esto último es cierto sólo si lo entendemos como una moderación generalizada de formas de la derecha juvenil. Comidas light, tonos pastel, personas suaves: lo que impera.

Un ilustre lector me escribe que "la renovación de las juventudes confirma lo que muchos tememos, una derecha muerta que baila al son de las izquierdas". Tampoco creo cierta esta premonición cadavérica, pero sí es verdad que los grupos juveniles políticos de derechas actúan de manera diferente a sus grandes rivales.

Razones para que un joven se meta en política

¿Sin pulso? No, por cierto. Giovanni Sartori dio contenido científico moderno a una intuición de Vilfredo Pareto, definiendo el partido político democrático como un grupo de personas que acude unido a las elecciones con la intención de colocar y sostener sus candidatos en cargos públicos. Un hecho científicamente demostrado sin lugar para el escándalo: los jóvenes de la derecha política hacen lo que se espera de ellos, lo que se les ha enseñado a hacer y aquello para lo que se preparan. Poner en primer lugar principios, estilo, militancia o ideas es hablar de un tipo de política que corresponde a otras coordenadas cronológicas, geográficas o ideológicas. Un movimiento juvenil es hoy un aparato de poder.

Sólo un joven con otros horizontes vitales puede inquietarse por esta mecánica. Y quien diga que "se valora más al incompetente que a alguien que aunque con ideas y orientaciones diferentes al aparato, pueda aportar algo diferente" olvida que ya aprendió que éstos son "aparatos burocráticos de selección de cuadros dirigentes y de cargos públicos". No hay que pedir imposibles.

Otra cosa es que en determinadas circunstancias esos imposibles sean necesarios para defender la libertad, la patria o las convicciones profundas de un país. El problema es que a una juventud moderna, liberal, sartoriana sin complejos, se enfrenta una izquierda fanatizada que aúlla "fóllate a la derecha" y unos abertzales que ofrecen –ellos sí- una respuesta total que integra un estilo vital y una lucha sugestiva, aunque sea por un mal absoluto. Jarrai/Segi no se vence con la razón pura ni con marketing. Por eso tiene razón Miguel Sanz al decir a los jóvenes que "es necesario adecuarse a la sociedad, y el simbolismo de la imagen es tremendamente importante", pero necesitará más que eso quien quiera enfrentarse a tales enemigos. De momento, felicidades al bueno de Sayas por la elección (de mañana).

(Nota para novatos: digo "derecha" para decir "oposición a la decadencia". No entro en debates. Me refiero a personas y grupos muy diferentes a los que les tocaría marchar juntos por España.)

Pascual Tamburri

El Semanal digital, 17 de noviembre de 2006

LA INCONSISTENTE ALIANZA DE CIVILIZACIONES. Zapatero no estuvo en Ratisbona

LA INCONSISTENTE ALIANZA DE CIVILIZACIONES. Zapatero no estuvo en Ratisbona

La foto de Zapatero en Estambul junto a Erdogán y Jatamí, para presentar a bombo y platillo su Alianza de Civilizaciones, es algo más que un poema. Si no fuese por la eficacia mediática del disfraz de lo políticamente correcto, sería evidente la vacuidad de este proyecto; más aún, sería transparente la irrisión que provoca en el mundo islámico.

Ciertamente, Zapatero no estuvo en Ratisbona, pero tampoco ha leído el discurso del Papa en la universidad de la bella ciudad bávara. En esa ocasión, Benedicto XVI explicó magistralmente por qué un Occidente racionalista y laicista, que ha reducido brutalmente el uso de la razón y ha desterrado a la religión al ámbito de las subculturas, no podrá jamás llevar a cabo un verdadero diálogo con el Islam. Eso será imposible, por más fotografías que se haga Zapatero con todos los mulás del ancho mundo, precisamente porque "las culturas profundamente religiosas del mundo consideran que la exclusión de lo divino de la universalidad de la razón constituye un ataque a sus convicciones más íntimas". Por cierto, Erdogan y Jatamí saben eso perfectamente, aunque les conviene explotar la simpleza culpable de un Occidente perfectamente representado en la sonrisa vacía de Zapatero.

Si se trata de "acercar Occidente y el Islam", como repica la trompetería laica de los telediarios, habría que empezar por curar nuestra cultura occidental de su enfermizo desprecio antirreligioso, y para eso Zapatero no es el mejor galeno. Lo patético del caso es que esa cultura que encarna el presidente español ha secado su "órgano religioso" y así se ha hecho sorda y ciega para el diálogo que dice querer entablar. Quien pretende erradicar el cristianismo de la esfera pública, quien considera la dimensión religiosa del hombre poco más que un hobby, cuando no una patología, ¿cómo puede acercarse a quienes consideran la religión el centro de toda la vida social, cultural e incluso política?

Claro que, bien mirado, el resultado que avala el quinteto de Estambul (nos faltan por citar a Mayor Zaragoza y Kofi Annan) tiene su lógica. Dado que ese Occidente representado por Zapatero no puede entrar en un verdadero diálogo con ningún aspecto del Islam, el documento de marras se dedica a establecer diques virtuales para impedir que explote la tormenta. Y así, para que el interlocutor musulmán no se enfade, se propone la autocensura de periodistas, intelectuales y líderes religiosos. Qué inapropiado Benedicto XVI citando al Paleólogo, claro. Qué molesto al recordar que el respeto a las respectivas identidades es condición sine qua non para el diálogo. Y sobre todo, qué inoportuno al reclamar libertad religiosa y reciprocidad en los derechos para todos.

Sin embargo, ni Zapatero, ni Mayor Zaragoza, ni Kofi Annan se han acordado de estas cosas a orillas del Bósforo. Y eso que en la propia Turquía, paradigma de lo que podría ser un eventual estado democrático de mayoría musulmana, no faltan motivos para la preocupación. Las minorías religiosas carecen de una tutela efectiva de sus derechos, la presión del islamismo radical es creciente y las libertades civiles son poco más que un intento débil e incipiente, sin restar importancia y mérito a los esfuerzos que una parte de la sociedad turca desarrolla desde hace décadas.

En todo caso, ya que Zapatero era el único líder de la UE en el happening de Estambul, podía haberse hecho cargo de las denuncias de su colega, el Presidente Papadopoulos de Chipre, que acaba de documentar ante el Papa la destrucción de 350 iglesias en la zona norte de la isla, ocupada por Turquía desde 1974. Una molesta denuncia, que era preferible censurar para no echar sombra sobre tan melosa como ficticia Alianza. Mientras tanto, esperamos la llegada de Benedicto XVI a tierras turcas, para profundizar en el verdadero diálogo que nuestros tiempos necesitan y esperan.

José Luis Restán

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 16 de noviembre de 2006

 

 

Por la libertad de expresión: desenmascarando a los amigos de GARA

Por la libertad de expresión: desenmascarando a los amigos de GARA

El Foro del Salvador desarrolla unas jornadas en Huesca sobre terrorismo, revela Elplural.com y Gara apuntilla. Siendo amigos ambos, se desprestigian. Son un plural de dos que son gemelos en imponer el silencio a los que piden justicia. Juzgue usted mismo.

Elplural.com señala y Gara apuntilla

Debatir, criticar, cuestionar… son magníficas expresiones de la razón. Insultar, juzgar sin defensa posible, deformar, mentir… son frutos de la sinrazón, la ideología y el totalitarismo.

Será una casualidad, faltaría más. Pero no deja de ser una significativa coincidencia. Elplural.com y Gara comportándose de la misma manera: “¡disidentes, a la picota!” Una auténtica brigada neochekista.

Pero, acaso, ¿no será que estamos haciendo algo bien y les molesta?

Y todavía se arrogan, en antidemocrática e irracional exclusiva, sublimes ejercicios de tolerancia, respeto a las libertades de expresión y de conciencia…

Como niños; pero peligrosos.

Por cierto, ¿alguien duda, todavía, que lo del “pensamiento único” sea una realidad? No obstante, no todas sus manifestaciones son análogas. El caso que denunciamos, aquí, es evidente, contundente en sí mismo. Pero existe otro “pensamiento único” más sutil, generalizado y venenoso.

Sorprendentemente, la implantación de este “poder cultural” coincide con un abandono masivo del ejercicio de la razón.

La razón. Ejercitarla, ensancharla, cultivarla…; una exigencia de nuestra naturaleza humana. Una bandera indisociable de la libertad.

Fernando Vaquero.

 

Aragón Liberal  (Enviado por: cartapacioliberal) 17/11/06

 

Gallardón, de derechas; Fraga, de centro; Rajoy, fuera de juego

Gallardón, de derechas; Fraga, de centro; Rajoy, fuera de juego


¿Fraga se ha hecho de centro? Hay que haber sido de derechas mucho tiempo para saber de qué centro hablaba el otro día en ABC el hombre más veterano y respetado de la derecha española. ¿Se acuerdan ustedes de la "mayoría natural"? Si ustedes estaban en la guardería como yo, pegando pasquines marxistas o haciendo pasillo ucedero como otros, no se pueden acordar. Pero la aspiración genuina del PP, de la derecha española, es situarse en el centro de la sociedad y gobernar desde ella para todos. Es bueno recordarlo, porque las etiquetas de "ser de derechas" han empezado a repartirlas en negociados otrora insólitos.

¿Gallardón se ha hecho de derechas? No puede, es imposible. Uno no puede hacerse de algo a lo que pertenece esencialmente. A ver si se olvida un poco de las ocurrencias de su equipo de comunicación y marketing, pero tiene su gracia que a él, hijo de su padre, nieto de su abuelo, yerno de su suegro, le vengan a explicar qué es ser de derechas. Aunque lo queramos llamar centro; el otro día se escribió que Josep Piqué es el último resto del "franquismo sociológico". Vamos a descubrir unos cuantos Mediterráneos como nos pongamos todos a pensar. Desde luego toda la derecha (la de siempre) sin excepción aplaudió ayer al alcalde que se negó a abrazarse con un enemigo de España como Teodoro Obiang.

¿Zapatero se ha hecho realista? Esa idea de que "los pueblos permanecen y las personas pasan" es el realismo aplicado a la política internacional. Es la doctrina permanente de España respecto a los regímenes de los países hispanos, sin distinguir su signo, desde Castro a Pinochet. Una idea que destruyeron los complejos centroides de la UCD, por cierto, y que nadie ha terminado de restaurar. Pero Zapatero no es realista sino oportunista sin amigos, y Obiang puede ser el máximo dignatario que nos visite este año.

¿Rajoy se entera de cómo va esto? Según los días. Tal vez dependa del sueño, de las lecturas o de los asesores. Ayer, mal: recibir a Obiang significaba respaldar ante la gente a Zapatero (y las masacres de esa dictadura), y la foto no puede contrapesarse con una razonable explicación profesoral. Un día muy notable para entender algo de lo que pasa en España, o para pedir el pasaporte de otro país menos enloquecido.

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 16 de noviembre de 2006

Cuatro verdades sobre el peligro que nos acecha (que no es sólo ZP)

Cuatro verdades sobre el peligro que nos acecha (que no es sólo ZP)

Y ¿por qué ZP quiere romperlo todo: nación, familia, educación? Porque tiene un proyecto mesiánico. Un proyecto que no empezó con él, pero del que él es agente. Miradle a los ojos.

Mirad a los ojos de Zapatero y tal vez veáis lo que yo veo: un tipo convencido de haber hallado la piedra filosofal. Porque Zapatero tiene un proyecto, y ése es precisamente el problema. Todo lo que estamos viviendo en estos años puede parecer una mezcla absurda de irresponsabilidad y azar, pero no lo es. Al contrario, tiene un sentido. En el zapaterismo han venido a confluir las peores emanaciones de la actual izquierda europea y de la vieja izquierda española. El resultado es de pesadilla. ¿Nos dejarán decir cuatro verdades?

Una: El zapaterismo es un caso práctico de "ideología de la cancelación". Siniestro palabro, ¿verdad? Pero en realidad es muy sencillo. Hay que cancelarlo todo: patria, familia, moral, educación, identidad, porque todo eso es vestigio de un mundo retrógrado y oscuro. Hay que liquidarlo como se liquidan las existencias de una tienda –por cierre del negocio. Y hay que sustituirlo por unos dogmas nuevos de aliento progresista, "la revolución que nunca pudimos hacer", ahora con la anuencia de unos poderes financieros que ya no se sienten amenazados y que, aún más, están dispuestos a pagar la fiesta. Nihilismo y progresismo terminan siendo una única cosa. Por supuesto, el problema no es sólo nuestro: la "ideología de la cancelación" funciona en toda Europa. Pero sólo aquí se extiende desde el poder institucionalmente y sin resistencia. Todo lo que el Gobierno Zapatero está haciendo en España es pura ideología de la cancelación: un proyecto quizá descabellado, pero coherente, y que se ha convertido en horizonte único de la izquierda radical tras la caída del Muro de Berlín. Si no entendemos esto, no entenderemos nada de lo que vemos a nuestro alrededor.

Dos: A ZP le mueve una alucinación mesiánica, típica de la vieja izquierda española. Porque junto a esa "ideología de la cancelación", la zapateridad recoge, vulgarizada, una vetusta tradición de nuestra izquierda, a saber: que toda la Historia de España es un error gigantesco, que aquí no levantaremos cabeza hasta que haya una revolución como la francesa, que España no será un país digno hasta que la izquierda lo modele y que por eso, en fin, la izquierda tiene una misión providencial. Para esta visión de las cosas, si hay separatismo es porque la unidad nacional ha sido algo funesto, y si hay terrorismo, es porque la vieja España nunca ha sabido entender a los irredentos. La culpa siempre la tiene España, identificada todavía con el Imperio y la Contrarreforma, o sea "la derecha". Poco importa que haya habido revoluciones, constituciones y transiciones: estamos ante una interpretación mesiánica de la Historia que sencillamente prescinde de la realidad. Y así, bajo esta sugestión mesiánica, la disgregación del país no será tal, sino que aumentará la concordia, y el pacto con los terroristas no será claudicación, sino mensaje de paz. Patológico.

Tres: El objetivo supremo del poder, hoy, en España, es aniquilar cualquier vestigio de corte tradicional. Ya sea en la educación o en la estructura familiar, ya sea en la religión o en la identidad nacional, la política del PSOE marcha expresamente orientada al exterminio de todo lo que recuerde a la sociedad "vieja", de todo lo que pueda representar un obstáculo para la sociedad "nueva". Este proceso no ha empezado ahora: lleva muchos años en vigor. Pero sólo ahora se ha convertido deliberadamente en programa de gobierno. Se trata de dar la vuelta al mundo tal y como lo hemos conocido. Así se privilegiará a los transexuales y homosexuales antes que a las familias, a las minorías musulmanas antes que las mayorías católicas, a los que denigran a España antes que a los patriotas, a los terroristas antes que a las víctimas, a los alumnos incapaces antes que a los capaces, a los partidarios del aborto y la eutanasia antes que a los defensores de la vida, y todo ese largo etcétera de inversiones que nos está poniendo el mundo cabeza abajo.

Cuatro: Es urgentísimo tomar conciencia de lo que tenemos enfrente. No es sólo el programa pasajero de un Gobierno elegido por cuatro años. Es un proyecto muy amplio de ingeniería social. Esta gente quiere crear una sociedad nueva edificada sobre tópicos ideológicos considerados como dogmas de fe. Y como son dogmas, poco les importa que sean racionalmente infumables. A la tarea de expandirlos por todas partes se emplean no sólo los políticos, sino también la orquesta mediática afín, los funcionarios de altos organismos internacionales y una nutrida legión de fanáticos semi-ilustrados que creen combatir por el "progreso". Tan fuerte es su presión que no sólo se ejerce desde la izquierda, sino también, con frecuencia, desde la derecha. Hoy mandan. En realidad, llevan mucho tiempo mandando. Va siendo hora de plantear una resistencia.

Simpática nota de un lector: "Es que usted sólo critica, pero no propone soluciones". Respuesta en dos tiempos. Uno: para curar la enfermedad que nos aqueja, es imprescindible conocer antes cómo y por qué se ha contraído. Dos: el tratamiento, con su permiso, a partir de la semana que viene. Pero a más de uno no le va a gustar la receta.

 

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 10 de noviembre de 2006

Han ganado los demócratas, no Zapatero

Han ganado los demócratas, no Zapatero

Victoria rotunda de los demócratas en la Cámara de Representantes. Las elecciones legislativas en Estados Unidos (Midterm) apuntaban ya antes de celebrarse un claro cambio de ciclo. Se acaba la era Bush y probablemente se acabe el período de dominio republicano que comenzó con la década de los 80.

David Brooks, uno de los editorialistas más reputados del New York Times, apuntaba hace unos días que este declive no sólo se debe a los errores cometidos en Iraq. A diferencia de lo que sucedió hace 20 años, los conservadores han agotado su “agenda”. No tienen nuevas propuestas que desarrollar: ni en el campo fiscal ni en el terreno de la política exterior. Y, lo que es más importante, “han sido alcanzados por los escándalos (de corrupción), el factor fundamental que hace decaer a los movimientos y a los líderes políticos”. Ese fin de período ya ha estado muy presente en la campaña, en la que muchos senadores y diputados de su partido no han querido el apoyo que les ofrecía el presidente. En Florida Bush llegó a solicitar el voto para Charlie Christ sin que este candidato participara en el acto electoral para no aparecer fotografiado con el presidente.

Es muy probable que durante los próximos dos años el Congreso pretenda realizar una relectura de la política de Bush. Al frente de una Cámara de Representantes que puede llegar a ser muy hostil va a estar la diputada de San Francisco Nancy Pelosi. La nueva presidenta seguramente alentará que el Congreso investigue los métodos presidenciales para luchar contra el terrorismo. Hasta ahora Bush ha usado sólo una vez el veto para frenar una iniciativa legislativa del Congreso. A partir de ahora la tensión puede aumentar y el aire político se puede parecer al que se respiraba en la última época de Clinton. Aunque sin impeachment, Nancy Pelosi ya ha anunciado que no va a llegar a ese límite.

Pero el fin de mandato es complicado y el agotamiento republicano, según David Brooks, no supone que asistamos al comienzo de un ciclo demócrata: “aumenta la cantidad de gente que no se identifica con ellos. Muchos perciben, correctamente, que no tienen una agenda para los próximos años”. Los demócratas no tienen respuestas para los principales problemas que están planteados. “El primero de ellos es el aumento del islamismo radical. Está claro que los estados-nación no trabajan para hacer disminuir el extremismo. ¿Qué vamos a hacer?”. Los demócratas, de momento, callan ante la pregunta que plantea Brooks.

Por desgracia, el presidente de nuestro Gobierno no se mantiene en silencio. Su respuesta es relativizar de forma irresponsable la cuestión. Como hizo el fin de semana pasado, cuando aseguró que el calentamiento del planeta (que no está certificado científicamente) causa más muertos que el terrorismo internacional. Por muchos paralelismos que se pretendan hacer estos días, en Estados Unidos no ha ganado el zapaterismo. Aunque no haya respuesta demócrata para el yihadismo, a nadie se le ocurre mirar para otro lado.

Fernando de Haro

Páginas Digital, 8 de noviembre de 2006

La democracia directa en Estados Unidos

La democracia directa en Estados Unidos

Hoy en día sólo Suiza y los EEUU pueden ser definidos como democracias directas, debido a la gran cantidad de asuntos que son decididos por medio de referendos. Casi en el otro extremo se sitúan Alemania, donde este procedimiento está prohibido, y España, pues, aparte de reformas constitucionales, estatutarias y territoriales, el referéndum es meramente consultivo y sólo puede ser convocado por el Ejecutivo.

El contrapeso liberal a esta práctica democrática se halla en los tribunales, que a menudo invalidan el resultado de la votación si la medida aprobada por el pueblo restringe las libertades o limita el ejercicio de derechos inalienables. También se pueden llevar a cabo reformas constitucionales que anulen el resultado de un plebiscito. En definitiva, el ejercicio de la democracia directa y sus limitaciones es un ejemplo más de la aplicación del principio de "gobierno limitado de la mayoría" en los EEUU. Es el equilibrio entre democracia y demagogia o, si se prefiere, la proporción entre los principios popular y aristocrático del poder.

 

La proliferación de referendos en los EEUU hace que en muchos estados se publiquen y repartan guías en las que los ciudadanos encuentran, entre otras cosas, una explicación "en lenguaje normal" de la medida propuesta, un resumen de los argumentos a favor y en contra de la misma y un pequeño estudio sobre las consecuencias que tendría su voto. Cada estado, condado o incluso municipalidad regula y organiza plebiscitos, aunque todos están sujetos a revisión por el Tribunal Supremo. Los gobernadores pueden convocar referendos sobre las medidas que estimen oportunas: de esta manera pueden superar vetos legislativos, deshacer bloqueos y resolver situaciones de parálisis.

 

Pero la mayoría de los plebiscitos son convocados desde abajo, es decir, por ciudadanos a título individual o agrupados. Lo único que se requiere es un número testimonial de firmas, que por lo general no supera el 3% de los votantes registrados, y el pago de una pequeña tasa. Los referendos se han profesionalizado tanto que a menudo los grupos políticos recurren a empresas especializadas en solicitar firmas a los ciudadanos para apoyar tal o cual propuesta. Junto a la convocatoria, los estados y condados también publican los argumentos en contra aportados por grupos o individuos, que también deben pagar un pequeño impuesto, que normalmente no excede los 200 dólares.

 

Debido al carácter flotante de muchos electores norteamericanos y al aumento de la abstención a partir de los años 60 (las últimas presidenciales fueron una excepción, aunque queda por ver si este acontecimiento es el inicio de una tendencia o simplemente un caso extraordinario), los partidos usan los plebiscitos como herramienta para aumentar la participación, sobre todo la de aquellos cuya ideología consideran afín.

 

Un reciente ejemplo de esto fue la convocatoria en numerosos estados de consultas populares sobre el matrimonio gay en coincidencia con las presidenciales. Dada la fuerte correlación entre conservadurismo, oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo y voto al partido republicano, algunos expertos han señalado que estos referendos fueron un factor tanto en el aumento de la participación como en la reelección de George Bush en 2004, ya que algunos votantes, más interesados en los asuntos particulares que en la elección presidencial, acudieron a las urnas con el objetivo de expresar su oposición al matrimonio gay... y de paso también apoyaron al candidato republicano a la Casa Blanca.

 

El martes, los habitantes de once estados podrán pronunciarse sobre esta cuestión y apoyar o rechazar la definición de matrimonio como unión entre un hombre y una mujer. Incluso en uno, Colorado, los ciudadanos opinarán sobre tres propuestas diferentes: definición del matrimonio como unión de hombre y mujer; legalización de las parejas de hecho sin que importe el sexo de sus componentes; clarificación de la naturaleza de estas uniones, lo cual indica que, aunque puedan compartir algunos derechos con el matrimonio, no son equivalentes a éste.

 

El caso de Colorado ilustra a la perfección el concepto de democracia directa como un mecanismo de auténtica deliberación que no tiene por qué aumentar la polarización ni traducirse en dilemas que cierran debates políticos de forma prematura.

 

Fenómenos como el de las elecciones de 2004 han llevado a los demócratas a aprobar leyes que restringen y dificultan la convocatoria de referendos con la excusa de que el proceso de recogida de firmas es fraudulento. Es el caso de Massachusetts, donde el Legislativo está intentando limitar los recursos a los que los grupos políticos recurren para convocar consultas populares y así evitar el llamado "efecto arrastre", que suele beneficiar a los conservadores y que es una prueba más del sesgo moderado y conservador de la mayoría de los norteamericanos, poco amigos de reformas radicales o de cambios institucionales, ya sea en asuntos políticos o sociales.

 

Como indiqué más arriba, en los plebiscitos se deciden múltiples cuestiones, desde ordenanzas municipales relativas a aparcamientos hasta leyes fiscales. Algunas propuestas son puramente testimoniales, como la de la república popular de Berkeley y San Francisco sobre la conveniencia de procesar al presidente Bush y al vicepresidente Cheney; otras no tienen posibilidad de prosperar, pues competen al Gobierno federal, no al del condado o el estado en cuestión. Sin embargo, con frecuencia los referendos atañen a cuestiones que afectan de forma directa a la vida de los ciudadanos, como los principios que en su opinión deben regir sus comunidades (caso del matrimonio gay) o el grado de intervención estatal en sus vidas y bolsillos, como demuestra el hecho de que la mayoría de los plebiscitos se refieren a impuestos y gasto público.

 

Más allá de la caza del oso, la venta de vino y el cuidado de los perros, la democracia directa en los EEUU evidencia la vitalidad de una sociedad en la que, al contrario de Europa, los principios de subsidiariedad y soberanía individual no se limitan al papel mojado, sino que son llevados a la práctica de forma regular y frecuente. Cuestiones como quién debe disfrutar de exenciones fiscales, en qué lengua deben ser educados los niños o el salario mínimo no son en los EEUU asuntos reservados a los partidos o a alguna minoría de presión, sino que pueden ser decididos de forma pública y transparente en el seno de la sociedad civil.

 

Por desgracia, en nuestro continente el tema de la democracia directa no figura en la agenda política de casi ningún partido, ni es objeto de debate en las páginas de diario alguno, excepción hecha de los referendos irredentistas a punta de pistola y con previa exclusión de los forasteros, último invento de la alianza fascio-progre que nos invade. ¿Partitocracia frente a republicanismo, prudencia contra osadía o simplemente miedo y cinismo frente a nobleza y sinceridad? Algo de todo eso, y tal vez más.

 

ANTONIO GOLMAR (libertymad@gmail.com), politólogo y miembro del Instituto Juan de Mariana.

 

Este artículo ha aparecido también en USA Digital.

Libertad Digital, suplemento Exteriores, 7 de noviembre de 2006

 

Ciudadanos por Cataluña: parte del problema y no parte de la solución

Ciudadanos por Cataluña: parte del problema y no parte de la solución


¿Tenemos que alegrarnos del éxito de "una alternativa al nacionalismo en Cataluña"? Tras unas elecciones autonómicas en las que el partido más votado ha sido la abstención, creo que lo mejor para España ha sido el resultado nada malo del PP catalán. Y vamos a ver a qué es alternativa el nuevo grupo liberal.

¿El nacionalismo catalán? Un mal sin paliativos, un tumor basado en manipular la personalidad regional de una parte de España. Cataluña carece de los elementos históricos de una nación. De nación tiene, precisamente, sólo la parte enfermiza, que es el nacionalismo. Un nacionalismo insincero y cuyo principal resultado será, si triunfa, destruir la comunidad popular española y anular la identidad real de la gente a cambio de una mentira. Pero un nacionalismo vigoroso que no puede ser combatido desde otra mentira o desde prejuicios ideológicos.

Se nos ha vendido Ciudadanos de Cataluña como una crítica sin complejos al nacionalismo catalán. Y lo es, pero no sin pagar un precio. El nacionalismo catalán se puede criticar por ser mentiroso y enemigo de España, como hace la derecha social en toda su amplitud y como hace el PP. Pero Ciudadanos lo ha criticado por afirmar la existencia de una comunidad, una historia, unos principios y unos deberes por encima del puro individualismo; y no por la falsificación nacionalista de esa identidad y esa historia.

¿Ciutadans ha luchado contra el nacionalismo catalán? Sí, pero lo ha hecho desde una perspectiva aún más antigua. Contra la furia liberticida del Estatut el nuevo partido ha defendido unas libertades, pero ha negado otras aplaudiendo por ejemplo la eutanasia, el aborto y el laicismo educativo. El nuevo partido ha apelado al dogma libertario contra toda nación y contra cualquier sentido trascendente y comunitario de la vida. Menuda novedad.

Ciudadanos de Cataluña ha tenido una virtud, que es poner al descubierto peligrosas contradicciones en el "bloque anti ZP" fraguado desde 2004. El nuevo partido ha considerado enemigos a todos los alérgicos al libertarismo que predica, incluyendo el PP. Con la particularidad de que, con un programa de izquierdas, ha pescado votos en la derecha a la que desprecia, por las contradicciones partidistas y mediáticas de ésta.

Parte de la derecha tiene la tentación de vencer al enemigo de hoy, Zapatero y sus socios, sin afirmar a la vez sus propios principios permanentes. Por plural que sea, una derecha española no puede limitarse a decir "ciudadanía, libertad, igualdad, laicismo, bilingüismo y Constitución" sin añadir "patria, pueblo, justicia social, religión, comunidad, orden, identidad". Vencer en nombre de un cosmopolitismo apátrida no interesa a la nación española.

Albert Rivera parece un buen chico, con porvenir, pero quienes están detrás de él han intentado beneficiarse de las dificultades del PP para sacar adelante un experimento ideologizado. No es "aire fresco", sino un producto del siglo XVIII muy bien envuelto y vendido en un escenario favorable. Felicidades por los resultados, pero ahí no hay alternativa ni solución al problema de España.

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 2 de noviembre de 2006