Blogia
Foro El Salvador

Vieja y nueva política

Zapatero hace milagros en Madrid y Navarra se defiende en Corella

Zapatero hace milagros en Madrid y Navarra se defiende en Corella


No sabría decirles, la verdad, si Zapatero ha hecho un milagro, una vez más. La verdad es que ha sido un fin de semana intenso, lleno de esperanza aunque también de riesgos para el futuro de nuestro país.

España ha cambiado. Durante mucho tiempo, sólo con tumultuosas excepciones, los partidarios de cambios revolucionarios habían dominado las calles y sus rivales –incluso siendo mayoría- habían permanecido callados y sumisos. El defecto histórico de la derecha española, junto a la nostalgia, la falta de elaboración doctrinal y el personalismo, ha sido la pasividad, en una tradición "institucionalista, providencialista, mesiánica y pasiva". Y todas las consecuencias inevitables al enfrentar eso con una izquierda antinacional y revolucionaria, pero constante y activa.

Mariano Rajoy lidera hoy un centroderecha político que encabeza una gran base social. Una derecha plural y de múltiples expresiones, capaz de tomar la calle contra la rendición del PSOE ante ETA. No es ya un partido técnico sino la única esperanza de más de media España, plural en contenidos y en orientaciones. Rajoy puede y debe ganar su apuesta, y el sábado se demostró su potencia en Madrid. Zapatero no puede movilizar nada parecido. El riesgo para Rajoy, por supuesto, es múltiple, y viene desde la complacencia por lo ya logrado hasta la tentación de pensar que la derecha española es uniforme, cuando no lo ha sido jamás. Apostar por una sola de las ideas que confluyeron el sábado en las calles de la capital sería regalar la victoria a Zapatero, y desaprovechar el milagro que éste ha hecho posible en la derecha española.

Mientras tanto, ayer, en Corella, Unión del Pueblo Navarro celebró su fiesta anual, unas mil y pico personas, buena convivencia, una misa y un discurso del presidente Miguel Sanz. Palabras firmes del presidente, jotas, y en el corazón de todos unos bertsos en eusquera de Pello Urquiola, para que luego los bienpensantes se avergüencen de mis amigos de Leiza. Todo muy bueno y necesario, porque al menos la mitad del destino de España se va a dirimir en y por Navarra. Tal vez no sea bastante; y no es un reproche a la cuidadosa tarea de organizar estas cosas desde el único partido que resiste en Navarra. Es simplemente la constatación de que oponer sólo una alegre comida familiar a la anulación de la identidad milenaria de Navarra es lo mismo que confiar a unas cuantas manifestaciones ocasionales la derrota de un plan de demolición de España. Todo muy bien, pero según se acerque la hora de la verdad hará falta más.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 27 de noviembre de 2006

Profecías cumplidas e incumplidas

Profecías cumplidas e incumplidas

Hemos comprobado la pertinencia de caracterizar como marxistas o marxistoides a Reig y sus lisénkicos pares. Hasta el título de su libro, Anti Moa, remeda el Anti Dühring, de Engels; aun si, con su incoherencia habitual, Reig niega a cada paso que valga la pena ocuparse de mis modestos escritos.

 

Nuestros marxistas, nunca muy brillantes, tratan la república, la guerra y el franquismo con un enfoque “de clase”, a veces confuso, pero discernible: movimiento obrero o partidos obreros por aquí, partidos burgueses, oligárquicos o fascistas por allá, represión “popular” por un lado, reaccionaria por otro, acción genocida del franquismo contra “el pueblo trabajador”, explotadores culpables de las peores injusticias contra las justas aspiraciones “democráticas” y “avanzadas” de los trabajadores, de “sus” partidos y la pequeña burguesía progresista, etc. Fulminan también la paranoia o histeria anticomunista con que los historiadores revisionistas osamos poner en duda el escrupuloso respeto de los marxistas a la legalidad republicana; o la incomprensible cerrazón con que los reaccionarios cuestionamos la conducta democrática de Stalin, que en definitiva defendió a la república española frente a la traición burguesa de Francia, y no digamos Inglaterra. En síntesis, la república fue un momento de esperanza y triunfo parcial del pueblo explotado, la guerra civil se debió a la reacción de los explotadores incapaces de aceptar la mínima reforma contraria a su interés de clase, y la era de Franco constituyó el triunfo genocida de estos últimos. Varían en matices y terminología, admiten fallos y hasta crímenes ocasionales e involuntarios de los progresistas, frente a la esencial criminalidad de las clases explotadoras: errores del “pueblo” y sus representantes, horrores de las oligarquías reaccionarias. Tal viene a ser el alfa y el omega de las versiones historiográficas progres.

 

Enfoque esencialmente marxista, repito. Pues bien, trataré de explicar brevemente a estos señores por qué ese enfoque solo puede extraviarlos. Decía Koestler que el dominio de la jerga marxista permitía a un idiota pasar por inteligente, y hoy se suele negar carácter científico a la teoría, entre otras cosas porque contiene la vacuna contra la crítica, contra la revisión o “falsación”, en términos popperianos. El marxismo no solo establece un cuerpo de doctrina, sino que achaca a intereses “de clase” reaccionarios la actitud de quienes no lo acatan. De este modo la crítica se vuelve inaceptable por principio y, en un régimen socialista, muy peligrosa para el crítico. Los marxistas no intentan esclarecer los hechos sino calificar rápidamente al discrepante. Lo vimos en el primero de estos artículos, al reseñar la ausencia de debate en torno a la historia reciente: por naturaleza, el crítico es un “enemigo de clase” (de gremio, en este caso), y, o entra en el redil o se le “erradica”, como a Ricardo de la Cierva.

 

Sin embargo, y al revés que la mayoría de sus discípulos, Marx sí tenía espíritu científico. Elaboró unas teorías en principio hipotéticas sobre la evolución de la humanidad, pasó a comprobarlas investigando sobre la sociedad presente, llamada por él capitalista, sentó unas tesis y de acuerdo con ellas hizo diversas predicciones. Su análisis del capitalismo quedó inconcluso (porque comprendió sus errores básicos, sostienen algunos) aunque Engels compiló sus papeles últimos de forma bastante satisfactoria en el tomo III de El capital. Actitud científica y no dogmática, por tanto. Lo cual no quiere decir que acertase. A menudo se señala la naturaleza acumulativa de la ciencia, pero no debe olvidarse su simultáneo rigor selectivo o excluyente. La ciencia avanza también desechando ideas o hipótesis de carácter científico en principio, pero que se demuestran falsas al sufrir lo que Marx habría llamado “la prueba de la práctica”. De hecho suelen ser más las hipótesis desechadas que las aceptadas. Y esto es lo que ha ocurrido con el marxismo.

 

Un criterio clave en la ciencia para valora una teoría consiste en examinar sus predicciones. Pues bien, las de Marx no se han cumplido, y las retorcidas adaptaciones de sus discípulos han fracasado. Las sociedades que él condenó a la autodestrucción son las más ricas y libres del mundo, participando de su riqueza y libertad la “clase obrera”. Es en las sociedades socialistas u otras sin mercado libre ni democracia burguesa, donde cunden muchas de las plagas profetizadas por Marx.

 

En cambio sí se han cumplido las profecías de los críticos de Marx y del socialismo en general, y llaman la atención las coincidencias entre ellas, desde Donoso Cortés a Bakunin. Las ideas socialistas solo podían generar un despotismo sin precedentes en la historia. Y así ha ocurrido sin excepción. En la URSS, en Europa oriental, en China, en Camboya, en Vietnam, en Corea del Norte, en Cuba, en Etiopía, etc. se ha repetido el mismo esquema: sociedades encarceladas (¡el muro de Berlín y tantos otros, no para defenderse del exterior, sino para impedir la huida de la gente!), con otras cárceles internas mucho más brutales para los “enemigos de clase”. Decenas de millones de personas exterminadas y el resto privadas de libertad política y también personal, algo desconocido en otras dictaduras. El Gran Experimento para crear el “hombre nuevo”.

 

Ante esta experiencia histórica, cualquiera que se hubiera dejado deslumbrar por el aparente poder explicativo y predictor del marxismo debería plantearse honradamente algunas cuestiones elementales. Pero eso, ya lo he dicho, nunca lo hicieron Reig y sus pares, ni tampoco los partidos afines. Han sido propagandistas de la Gran Mentira. Y lo siguen siendo.

 

Pocos de ellos se declaran hoy comunistas. En su mayoría están cerca del PSOE, que no abandonó el marxismo hasta la Transición. Así, hasta entonces ese partido seguía la doctrina más opuesta a las libertades, junto con el nazismo, que haya producido el siglo XX. Este dato suele minusvalorarse, pero tiene importancia crucial, pues el marxismo del PSOE ayuda mucho a explicar su no muy ejemplar historia: enemigo cerrado del régimen liberal de la Restauración, en alianza de hecho con el terrorismo anarquista; colaborador luego de la dictadura de Primo, lo que probablemente fue bastante sensato y le permitió llegar a la república como el partido decisivo, el árbitro del nuevo régimen; radicalización revolucionaria desde 1933, pregonando y organizando la guerra civil, para promover luego el Frente Popular e impulsar, tras las elecciones de febrero de 1936, un proceso de aniquilación de la legalidad republicana; corrupción gigantesca, quizá no igualada en siglos, durante la guerra civil; luego, en el franquismo, oposición prácticamente nula a la dictadura, tan odiada ahora. Ciertamente podrían ponerse al lado de estos hechos otros más favorables, pero los citados bastan para entender qué ha significado el marxismo en la historia del partido y de España.

 

La tardía renuncia al marxismo, ¿supuso su repentina democratización? Una renuncia real tendría que apoyarse en un examen de la teoría y la historia del partido, lo cual no ocurrió en absoluto. Por el contrario, surgió entonces un lema eficaz electoralmente pero quizá el más mendaz que haya inventado partido alguno: “Cien años de honradez”. El “honrado” PSOE actual sigue sintiéndose heredero de aquel partido marxista, de la doctrina abandonada oficialmente por conveniencias de poder, pero cuyos tópicos, tics y enfoques básicos permanecen. Es la ideología, aguada en “progresismo”, que hoy atenta contra la convivencia democrática al lado de los separatistas, terroristas y “civilizaciones”.

 

Así pues, las predicciones o profecías marxistas no se han cumplido, y sí las de sus críticos del siglo XIX. Cabría objetar: ¿basta la experiencia histórica para desechar el marxismo y sus sucedáneos? Por mi parte me resistí a creerlo durante años. Después de todo, me decía, se trata de un tiempo insuficiente para juzgar un proceso nuevo en la historia, en el curso del cual habían de producirse, por fuerza, graves errores, sin que ellos destruyeran la teoría. Dudo de que piensen así nuestros lisenkos, afectos más bien a la fe del carbonero, pero por si acaso trataré el asunto en otro artículo.

 

Pío Moa

MAYOR OREJA EN EL CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA. Así se ganan las elecciones

MAYOR OREJA EN EL CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA. Así se ganan las elecciones

Llegó, habló, convenció y venció. Jaime Mayor Oreja es un político vocacional de quien el pueblo, ahora se dice la ciudadanía, se siente orgulloso. Pero no porque, con las honrosas excepciones de Jorge Fernández, Eugenio Nasarre, y unos pocos más, represente la reserva católica del Partido Popular.

Ese grupo natural, por desgracia, está aparentemente menguado en su presencia pública y publicada y parece en peligro de extinción, como si fuera una especie que ha marcado y definido el pasado pero que, ahora, está inhabilitado para ejercer un liderazgo aglutinador en el futuro. Una de las causas del errático sino del Partido Popular es la contradicción interna que tiene cuando apalea a sus profetas, a los hombres que tienen convicciones y son capaces de crear convenciones para regirse por algo más que las encuestas y los sondeos de opinión. Si los líderes de la derecha española son sólo producto de la demoscopia, la realidad social de quienes les votan siempre se sentirá insatisfecha y mareada por el cambio.

Hablamos de un hombre que conoce las artes y las partes de su oficio, que se legitima por el ejercicio de una permanente responsabilidad acreditada en todas y cada uno de las tareas que se le han encomendado. Jaime Mayor Oreja es, sin temor y sin temblor, un político de los que no abandonan el barco.

La altura moral, cultural e histórica de las naciones también se mide por la altura de sus representantes políticos. La política profesional, de la que se ha hablado con profusión en las últimas décadas y que padecemos con algo más que sonrojo en nuestro país, no es una máscara para los disfraces de lo útil, de lo práctico, de la pura estrategia, de la revancha o del infantilismo de talante. La política, en el más pleno sentido de la palabra, es un bien escaso, porque parte siempre de unos presupuestos que no son principalmente políticos, son antropológicos y culturales, éticos en suma. El efecto de solaz y sorpresa que produjo la intervención de Mayor Oreja es un síntoma más de que el desprestigio de la clase política en la ciudadanía sólo tiene un remedio: los buenos políticos, los hombres y mujeres que sustentan su actuación en un juicio cultural de la realidad desde una concepción del hombre acreditada por la experiencia de la historia.

El pasado domingo, el portavoz del grupo popular en el Parlamento europeo ofreció a los participantes en el Congreso Católicos y Vida Pública uno de los testimonios más certeros sobre los principios que deben regir la actividad política. Sonaba su confesión de arte y parte, de razón y de razones, a descargo de conciencia, a secreto guardado en lo profundo de su corazón que, en este tiempo, es imposible callar. Ante un auditorio exigente en el mundo de las ideas y de la coherencia donde los haya; ante la atenta mirada de don Manuel Fraga, responsable de muchos de los derroteros de la derecha ideológica y sociológica de España; en presencia, entre otros, de Marcelino Oreja, o de José Manuel Otero Novas, Jaime Mayor Oreja grabó sobre la piedra del agitado hoy diez mandamientos del quehacer político que merecen inspirar el Olimpo de los programas electorales.

Se puede decir más alto, pero no más claro: "La situación política que atraviesa en estos momentos nuestro país es, en mi opinión, la más grave desde el momento en que empieza la Transición en España. Y cuando digo la más grave digo la más peligrosa, la más perjudicial y la más innecesaria", dijo el ponente. ¿Qué podemos hacer los católicos? ¿Qué deben hacer los políticos católicos? Grandes ideas, pequeñas acciones: "Atrevámonos a decir siempre la verdad; actualicemos, profundicemos y proclamemos nuestras convicciones y nuestros valores; la defensa de la familia y de la libertad de educación constituyen pilares esenciales y urgentes de nuestro quehacer público; sepamos estar siempre en la vanguardia de la libertad; seamos capaces de saber organizarnos de la mejor forma posible en cada momento; busquemos y encontremos el sentido adecuado de nuestro bienestar; hay que acrecentar el dialogo y la coordinación de los esfuerzos de los cristianos que estamos en la vida pública con la Iglesia y sus representantes; atrevámonos a diagnosticar a nuestro adversario más temible, al más difícil de combatir; sepamos alejarnos de lo políticamente correcto; no tengamos miedo". Así también se ganan elecciones.

José Francisco Serrano Oceja
Libertad Digital, suplemento Iglesia, 23/11/2006

 

INAGOTABLE FUENTE DE ERRORES

INAGOTABLE FUENTE DE ERRORES Quizá nuestros marxistas, marxistoides, criptomarxistas y filomarxistas se hayan sentido injuriados con la palabra “lisenkos”, pero se trata más bien de un halago. Lisenko, en definitiva, elaboró una teoría a partir del materialismo dialéctico, algo que nuestros marxistas jamás han logrado hacer. Los marxistas españoles (o antiespañoles), --reitero esta evidencia-- nunca han alcanzado a elaborar nada propio, ni siquiera a analizar los hechos. Sumidos, con raras excepciones, en cuatro tópicos y consignas, no les dieron qué pensar sucesos como las rebeliones de los obreros de Berlín, de Polonia o de Hungría contra sus gobiernos presuntamente obreros o populares y contra la URSS, “patria del proletariado”. Nada les dijo la barrera de muros, alambradas y puestos de ametralladoras que partía Europa en dos. Ni las gigantescas hambrunas con millones de muertos (esas sí eran hambres, por comparación con las de los años 40 en España, tan deploradas por ellos) en Rusia, China y otros paraísos. La misma denuncia de algunos crímenes de Stalin por Jrúschof apenas conmovió la fe carboneril de la gran mayoría. Tampoco supieron examinar, volviendo a la historia española, hechos tan llamativos como que los obreros en la república y la guerra civil no contasen con un partido, sino con cuatro, autoproclamándose cada uno representante exclusivo del proletariado, y asesinándose entre ellos con ardor. Y así sucesivamente.

 

La aplicación del marxismo ha producido innumerables crímenes. Pero, comentaba en el artículo anterior, cabría considerar insuficiente el tiempo transcurrido para juzgar sobre un experimento históricamente nuevo. Esta argucia desesperada no se sostiene ante las muchas décadas de empeño en el experimento, con la repetición de los crímenes y errores, una y otra vez. Solo valdría si viniera junto con un análisis de esos errores y crímenes, y propuestas realistas de superación de ellos sin abandonar la doctrina, algo finalmente imposible y que en todo caso apenas se ha dado en España. Por el contrario, quienes lo hemos intentado, abandonando por fin el marxismo tras larga reflexión y no por repentina conversión damascena, hemos recibido mil invectivas, y menos mal si la subsistente democracia española ha impedido a los lisenkos pasar de ahí, por ahora.

 

Cualquier análisis debe plantearse si no habrá en la doctrina algo que produzca por fuerza tales resultados. Pues bien, este es justamente el caso: no se trata de una teoría buena, pero mal aplicada, sino falsa de raíz y abocada, por ello, al error sistemático.

 

El marxismo se presenta como una teoría que explica el desarrollo histórico humano a partir de la economía. Ahora bien, su concepción de la economía difiere de la común. En el marxismo, economía y lucha de clases vienen a ser sinónimos: los hombres viven inmersos en sociedades de clases, basadas en el interés por controlar la producción y distribución de la riqueza. A partir de esos intereses surgen formas de pensar y ver la vida, las ideologías, desde la religiosa a la política; y también los aparatos destinados a asegurar el poder de unos pocos y la sumisión de la mayoría. Tal habría sido el sino de la humanidad hasta la aparición del capitalismo, cuyo fantástico desarrollo de las fuerzas productivas hace posible el paso a una sociedad de abundancia generalizada, siendo el obstáculo la propiedad privada de los medios de producción. La tarea revolucionaria consistiría en derrocar a la clase dominante capitalista y expropiarla para abrir paso a una sociedad emancipada material, moral e intelectualmente, de las taras del pasado. Estas especulaciones, aunque sugestivas, no rebasan las de cualquier otro utopismo, detestadas por el propio Marx. La diferencia de su doctrina, su carácter científico en principio, consiste en su análisis de la explotación burguesa y sus “contradicciones internas” que deben conducirle de crisis en crisis al derrumbe final bajo los golpes del proletariado.

 

La mejor teoría de Marx para explicar el destino ineluctable del capitalismo fue la del descenso tendencial de la tasa de ganancia. Básicamente se trata de la contradicción entre la avidez del capitalista por la masa de ganancia (que le lleva a emplear gran cantidad de “capital constante”: maquinaria, materias primas, etc.) y el supuesto hecho de que la ganancia no nace de ese capital, sino del que llama capital variable, es decir, de la plusvalía extraída a los obreros, la cual tiende a descender debido al menor empleo proporcional de éstos: aumenta la masa de ganancia y decae su tasa. Esa idea explicaría los ciclos, la tendencia al monopolio, las crisis y otros fenómenos típicos. Le he dedicado un ensayo y no puedo reproducirlo aquí, pero baste consignar que contradice la tesis básica de Marx sobre el origen de la ganancia, pues implica necesariamente que el capital constante produce también plusvalía. Se trata de una incoherencia clave, que afecta a la raíz misma de la construcción marxiana y remite a su vez al problema de la plusvalía y del valor.

 

Se ha generalizado el uso del término “capitalismo”, consagrado, aunque no inventado, por Marx, pero la palabra puede significar cosas muy distintas según quien la emplee. Para los marxistas define a la sociedad basada en la explotación del proletariado mediante la plusvalía. La teoría de la plusvalía es, como observó Lenin, la piedra angular del marxismo, y la que le ha dado esa apariencia científica (socialismo científico) superadora de las arbitrarias especulaciones utópicas. A ella debe la doctrina gran parte de su prestigio e influencia. La plusvalía es el valor extraído por el capitalista al trabajo del obrero por encima del salario que le paga.

 

La idea se basa en el supuesto de que el valor de las mercancías consiste en la cantidad de trabajo humano contenido en ellas. Parece una buena idea, pues provee de una unidad en principio objetiva para medir la riqueza de una sociedad, por encima de las continuas alteraciones de precios propias del sistema. Y la medida es esencial en la ciencia. ¿Cómo se mide, a su vez, el trabajo, esencia del valor? En tiempo. La plusvalía consiste en el tiempo que el obrero continúa trabajando para el patrón una vez ha cubierto las horas equivalentes al valor de su salario Saltan a la vista las objeciones que hacen inviable la tesis, por lo que Marx hubo de refinarla como “tiempo de trabajo socialmente necesario”. Lo cual convirtió el valor-trabajo en una medida de goma, en constante cambio según épocas, países y ramas productivas dentro de cada país. Adiós la medición económica objetiva en unidades de valor-trabajo. De hecho, ni los marxistas occidentales ni los de los países socialistas tuvieron éxito jamás en el intento de cuantificar y explicar las respectivas economías en términos de valor marxiano.

 

Con ello naufragan las pretensiones de acierto científico del marxismo, a menos que nuestros lisenkos encuentren la salida al laberinto, cosa sumamente improbable, dada su bien demostrada ineptitud teorizadora. El marxismo queda reducido entonces a una de tantas lucubraciones utópicas, como aquellas que tanto irritaban a Marx. Y, como todas ellas, basada en una radical negación de la libertad.

 

Una teoría falsa en sus formulaciones de base sólo puede dar lugar a errores en cadena, y resulta inútil esperar que llegue a dar buenos resultados con el tiempo. Esto no han logrado entenderlo los Tuñón y sus discípulos Reig y compañía, y por eso sus versiones de la historia no solo son antidemocráticas, como he señalado otras veces, sino rotundamente equivocadas. Sin embargo, a partir de ideas erróneas es posible escribir libros y más libros, tan poco valiosos como las tesis generatrices, aunque puedan ser productivos para sus autores y proporcionar algunos materiales de derribo apreciables. Por esta razón Reig y sus pares siguen elaborando una historia cimentada en la propaganda de la Comintern, y pretenden convencernos de ideas tan peregrinas como la de que aquel Frente Popular, compuesto de totalitarios y golpistas, representaba la legalidad democrática. Con tal premisa se vuelve imposible entender nada, y los hechos se interpretan siempre al revés, deporte en el que Preston se lleva quizá la palma.

 

Pío Moa

 

Uno de los nuestros

Uno de los nuestros Hace algunos años un conocido dirigente nacionalista lloraba ante las cámaras de Euskal Telebista visiblemente afectado por la muerte de un empresario guipuzcoano y militante de su partido que había sido asesinado por ETA, al tiempo que afirmaba, justificando su dolor, que habían matado a «uno de los nuestros».


Conforme a ese mismo espíritu, que penetra profundamente a la clase política de nuestro país, el pasado fin de semana el PNV y el PSE, han celebrado diversos actos de homenaje al lehendakari Ibarretxe y al secretario socialista Patxi López con motivo de la admisión a trámite de sendas querellas y denuncias interpuestas contra los mismos ante la Sala de lo Penal del TSJ del País Vasco por cooperación en el delito de desobediencia a la sentencia del Tribunal Supremo ilegalizando a Batasuna. Recordemos que los hechos se remiten a las reuniones mantenidas con Otegi y otros dirigentes que actuaban en nombre de Batasuna y no en el suyo propio como personas físicas.


Cualquier partido tiene perfecto derecho a homenajear a uno de los suyos si considera que han hecho méritos suficientes para ello, pero lo que no debe es presentar la admisión a trámite de una querella contra un dirigente como una decisión política o un atentado directo contra la separación de poderes, pues que se admita a trámite una querella no es sino la forma normal u ordinaria de actuación de un poder judicial que tiene encomendada la función de someter a todos a la legalidad, incluyendo a los máximos responsables institucionales, mediante la interpretación y aplicación de la ley.


Efectivamente, todos, insisto, nos encontramos sujetos al imperio de la ley y la comprobación de si se ha cometido o no un delito, como controversia jurídica, es una tarea que corresponde en exclusiva a jueces y magistrados. Admitir lo contrario supondría tanto como aceptar que los políticos, situándose por encima de la ley, pudieran decidir caprichosamente si cumplen o no esa misma ley, o si acatan o no una sentencia judicial, desdeñando así la independencia de los poderes del Estado. Por eso es un disparate decir, como se ha dicho en Gernika este fin de semana, que al lendakari sólo le pueden juzgar los electores, o que los jueces faltan al respeto y consideración a las instituciones vascas.


En otro tiempo, cuando un responsable público era sometido a una investigación judicial se le apartaba prudencialmente del ejercicio de su cargo hasta que el procedimiento finalizaba y se despejaban las dudas ocasionadas sobre el carácter aparentemente delictivo de los hechos. En el momento actual, los querellados son objeto de homenajes y reconocimientos, se desacredita abiertamente a los miembros del Tribunal, y se pretende influir en sus decisiones mediante todo tipo de amenazas.


Efectivamente, cuando se trata de «uno de los nuestros», según expresión de resonancias cinematográficas, es preciso reaccionar, para demostrar al amigo la solidaridad corporativa y al enemigo exterior la capacidad de respuesta frente a lo que se considera una agresión. Pero en un verdadero Estado de derecho la respuesta debería ser estrictamente jurídica, sin injerencias, ni gestos cara a la galería que nos recuerdan a las lamentables peregrinaciones a la cárcel de Guadalajara para rendir homenaje a los dirigentes socialistas que fueron condenados por los gravísimos crimenes de los GAL. También entonces y salvando las distancias, las supuestas agresiones judiciales eran injustas y arbitrarias.


Situemos el debate en términos de estricto Derecho y dejemos trabajar a los Tribunales en la seguridad de que en ningún caso las presiones y las descalificaciones condicionarán la decisión de unos órganos que como el Tribunal Superior del País Vasco, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo han demostrado que cumplen y hacen cumplir la ley.

JUAN PABLO GONZÁLEZ

VOCAL DEL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL PARA EL PAÍS VASCO

El Correo. 21 de noviembre, 2006

Todos en la pista

Todos en la pista

Han dado la vuelta a América durante meses como “candidatos a la sombra”, dejándose ver al lado de los aspirantes a senadores y diputados, tanteando el pulso a Estados clave como Iowa y New Hampshire. Ahora que el capítulo de las elecciones de Midterm está archivado por Hillary Clinton, John McCain y una muchedumbre de otros aspirantes a la Casa Blanca, es el momento de quitarse la máscara: la gran carrera por el voto del 4 de noviembre de 2008 ya ha comenzado.

Las próximas semanas estarán marcadas por el inicio formal de las “exploraciones” por parte de numerosos candidatos in pectore. Alguno hará anuncios oficiales rodeado de la familia y otros fingirán tomar tiempo, lanzándose en un tour de presentación de libros que sirven como tarjeta de presentación a los electores. Los mecanismos de la máquina del voto de 2008 están funcionando a pleno ritmo, sobre todo en la recogida de fondos electorales y en la creación de un staff fidelísimo en los Estados decisivos.

Las elecciones de 2008 se presentan como las más inciertas desde hace decenios. Por primera vez desde 1928, cuando el presidente Calvin Coolidge y su vicepresidente Charles Dawes decidieron no volverse a presentar, no serán candidatos procedentes de la Casa Blanca. Algo similar sucedió en 1952, en las elecciones que coronaron a Eisenhower, cuando el presidente en funciones Harry Truman apareció como candidato en las papeletas de las primarias en New Hampshire, pero después decidió retirarse.

La incertidumbre deja abiertas las esperanzas de un gran número de políticos que ya se reparten entre protagonistas y apariciones/comparsas.

- Hillary, McCain y Frist, los fijos. Las dos candidaturas dadas por supuestas, la de Clinton para los demócratas y el senador de Arizona McCain para los republicanos, han reunido ya a sus respectivos consejos de guerra para examinar los mapas electorales. Otro protagonista con las manos a la obra es el senador saliente del Tennessee Bill Frist, que en enero dejará su cargo al frente del Senado.

El staff de McCain se reunió justo después de la votación para valorar la situación y el senador compareció delante de los micrófonos para desdramatizar la derrota de los republicanos. “Soy un estudioso de la historia –dijo McCain– y recuerdo cómo perdimos de mala manera en el 1976. Pero Ronald Reagan marcó nuestro camino en 1977, volvimos a resurgir en 1980 y conquistamos la presidencia y el Senado. Los escenarios son temporales, volveremos a la pista”.

- Edwards y Giuliani, los hiperactivos. John Edwards, ex candidato a la vicepresidencia en 2004, ha elegido el día después de la votación de Midterm para lanzar un tour de presentación de su último libro, Home, y ha fijado paradas en Iowa, New Hampshire y Carolina del Sur, todos Estados clave de las primarias. Si no es todavía una candidatura oficial, poco le falta.

Por otra parte, el republicano Rudolph Giuliani desde años acumula fondos y se deja ver al lado de candidatos en todo el país para recordar su carisma como alcalde de Nueva York, la lucha contra el crimen que ha cambiado el rostro de la ciudad y los eventos que lo vieron surgir como figura nacional el 11 de septiembre de 2001. Gran parte de los observadores aguardan a que todo esto se traduzca en una candidatura.

- Obama y Bloomberg, las sorpresas. Entrevistado por Larry King mientras llegaban los resultados de la victoria demócrata en Midterm, un entusiasta Barak Obama pareció confirmar su probable candidatura, que aumenta de espesor en las últimas semanas. “El voto confirma que los americanos tienen ganas de moverse en una nueva dirección. Ahora me tomaré tiempo para hablar con mi mujer y reflexionar sobre qué es lo que quisiera ver que sucediera en este país. Pasará todavía algun tiempo antes de que tome una decisión final'’.

El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, que se encuentra ahora en el papel de republicano solitario en un Estado totalmente dominado por los demócratas, valorará a su vez si romper la propia hucha millonaria y lanzarse a la trifulca.

- Kerry y Allen, los cojos. El que desafió a Bush en 2004, John Kerry, está entre los pocos demócratas dispuestos a salir con los huesos rotos de la votación de Midterm, por un comentario a destiempo sobre Iraq que le ha obligado a retirarse en los últimos días. En su partido crece la convicción de que no es un candidato vencedor para el 2008. El incierto voto de Virginia decidirá también el destino político del senador saliente George Allen. Una derrota comprometerá para siempre sus ambiciones presidenciales, ya dañadas por la campaña de estos meses.

- Huckabee y los outsider. Entre los nombres que parten de la retaguardia pero que podrían representar sorpresas, resaltan los gobernadores demócratas Tom Vilsack (Iowa) y Bill Richardson (Nuevo México), el gobernador republicano saliente de Massachusetts Mitt Romney, los senadores demócratas Joe Biden, Russ Feingold y Evan Bayh, sus colegas republicanos Sam Brownback y Chuck Hagel, el diputado Duncan Hunter (que ha anunciado el inicio de la exploración) y el ex speaker de la Cámara Newt Gingrich.

Uno que ya ha comenzado a “correr”, literalmente, es el gobernador republicano saliente de Arkansas Mike Huckabee, que sería un candidato insólito: su historia de ex gordito que ha perdido 45 kilos gracias al jogging para combatir la diabetes se ve como una posibile arma vencedora en un país de decenas de millones de obesos.

- Rice y Gore, los improbables. Repiten desde hace meses que no se presentarán, pero sus nombres continúan apareciendo en la bolsa electoral del 2008: son la secretaria de Estado Condoleezza Rice y el ex vicepresidente Al Gore.

Marco Bardazzi (traducido por Inma Mateos).

Páginas Digital, 21 de noviembre de 2006

Los Bardajíes, Porteros y otros "neocon" españoles, a lo suyo

Los Bardajíes, Porteros y otros "neocon" españoles, a lo suyo

El Partido Republicano se pega un batacazo electoral por la guerra de Irak y no pasa nada. Los mismos que predican aplastar el islamismo abren la puerta a sus troyanos en España.

A medida que pasa el tiempo se abre una brecha cada vez mayor entre la clase política, representante del poder y acaso instrumento del mismo, y el pueblo que los soporta y padece. El fenómeno es común a todo Occidente y no solo en España. Por ejemplo, ahora, en los EEUU, el pueblo ha votado en unas elecciones para echar a los republicanos de un senado que dominaron durante doce años ¿El motivo? La desastrosa guerra de Irak, que ha empantanado al Gobierno estadounidense, que drena todos los días cientos de millones de dólares de los contribuyentes y que es el mayor núcleo de terroristas del orbe, todo ello gracias a una política exterior equivocada. Fue una guerra impulsada por una secta de visionarios y alucinados izquierdistas, ultrasionistas y belicistas, en contra de la voluntad del pueblo americano.

Ahora los conspiradores reptan despavoridos hasta sus madrigueras ¿Todos? No. Una pequeña troupe de belicistas tardíos resiste a los deseos del pueblo americano que piensa que la guerra fue un error y que está cansado de ver la enorme sangría diaria de vidas.

Y es que, frente a los visionarios neocon, el pueblo norteamericano nunca ha tenido vocación de reformar la humanidad y de elevarla a una nueva era de paz y democracia. Es un mito que los Estados Unidos fueran a la guerra para derrotar al fascismo: fueron a la guerra porque Japón había bombardeado Pearl Harbour y veían amenazados intereses vitales; no porque el ejército alemán hubiera barrido a los ingleses de Europa y amenazara a los comunistas en la URSS.

Pero nada de esto importa y los conspiradores, esos que mentan al pueblo solo cuando les da la razón y en todo caso como coartada. Se están reagrupando en torno al senador demócrata John McCain, uno de los pocos que quiere aumentar los efectivos en Irak. Resulta patético leer el artículo de Rafael Bardají en ABC (17.11.2006), sin el mínimo asomo de crítica, o los melifluos análisis de Florentino Portero en Telemadrid, como si la debacle del Partido Republicano no tuviera nada que ver con el fiasco de una política exterior desastrosa para Occidente.

Por todo ello es muy posible que la doctrina Bush siga adelante tras haberse demostrado un gigantesco fracaso y tras haber sido rechazada en las urnas. Al fin y al cabo el cartel demócrata Clinton-Kerry-Edwards-Biden-Reid-Daschle votó con Bush en octubre de 2002 para que el Partido de la Guerra franqueara el camino hacia Bagdad. E igualmente al fin y al cabo, como escribe el gran pacifista israelí Ury Avnery, "si el Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos propusiera una resolución para abolir los diez mandamientos, 80 senadores y 300 congresistas lo firmarían de inmediato". El aparato del poder y los intereses creados pesan mucho más que los deseos del pueblo.

En España Gustavo de Arístegui, en La Razón (15.11.2006) arremete contra el fanatismo islámico y dice que "hay que recordar que los derechos y libertades fundamentales son universales, irrenunciables, innegociables y atemporales. Ningún gobierno o dirigente del mundo tiene el menor derecho a decidir quiénes pueden gozar de los mismos y quiénes deben seguir sometidos a regímenes totalitarios y autoritarios, sin respeto, protección o garantía alguna de los derechos humanos". No está muy claro si esta equiparación de los "derechos fundamentales" con el Absoluto equivale a respaldar una cruzada universal militar; es decir, si es la versión elaborada del "guerra aquí, allí y en todas partes" de la política neocon de siempre, cada vez más fracasada. En todo caso este apoyo acrítico del PP a las tesis neocon pueden aislar al partido de la oposición en la formulación de políticas auténticamente alternativas a los delirios socialistas del tipo de la "alianza de las civilizaciones".

Si el Islam es tan radical y fanático ¿por qué el gobierno de Aznar, como luego Caldera, regularizó a cientos de miles de marroquíes y otros islamistas, a fecha de hoy auténtico caballo de Troya en el seno de nuestro país? Pues porque la política del lobby neocon no está hecha para salvaguardar la integridad de los países sino para modelar un Oriente Medio conforme a la visión de un puñado de fanáticos. Y lo que es seguro es que si, efectivamente, a medio plazo nuestros países fueran nuevamente enrolados en una "cruzada" por defender los "derechos fundamentales" de alguien que no los desea en absoluto –como ha podido verse en las elecciones en Irak-, estoy seguro de que ni los Bardajíes, ni la plana mayor de FAES ni Gustavo de Arístegui estarán en el frente. En definitiva, en Washington o en Madrid el pueblo puede ser sacrificado a las elucubraciones de los ideólogos.

Así, y para abundar más en la arbitrariedad y servilismo de nuestros políticos con los poderosos, Miguel Sebastián asegura que "en España existe margen para aumentar población en un 50%. Es decir, pasar de los 44 millones actuales a unos 66 millones". De ello deduce Sebastián que España podría admitir 200.000 extranjeros más al año, ya que la densidad de población española está en 83 habitantes por kilómetro cuadrado frente a los 117 de la UE. Es difícil calibrar la estupidez de este majadero. Está tan ciego en su nebulosa ideológica y es tan servil con los intereses de los que pagan que, ofuscado totalmente en su inteligencia, resulta incapaz de ver las consecuencias de convertir España en Manhattan, aún las económicas, que se supone que domina.

Y es que los políticos occidentales ni van a la guerra, ni les preocupa la integridad de una sociedad con referencias en un pasado y en una identidad, ni les molesta que la gente viva al día para garantizar el aumento de parámetros macroeconómicos que no reflejan en absoluto la prosperidad y la estabilidad de las clases trabajadoras. El poder actual ha quedado transmutado en una mera reformulación de la más primitiva vanidad humana. Nuestros dirigentes abren cada día más y más la gran brecha entre sus acomodadas vidas y las turbulencias de la gente de a pié. Por eso hoy lamentan la pérdida del rutilante Milton Friedman –verdadero teorizante de la esclavitud - y mañana crean un nuevo guetto en la puerta de algún barrio humilde de Madrid o Barcelona para que los vecinos "convivan". Ellos son así.

Eduardo Arroyo

El Semanal Digital, 18 de noviembre de 2006

Pese a la recuperación que indica el CIS. ¿Adónde va el PP?

Pese a la recuperación que indica el CIS. ¿Adónde va el PP?

Las declaraciones de Núñez Feijóo, presidente del PP gallego, desobedeciendo expresamente a Rajoy al admitir aquél la posibilidad de que aceptaría la definición de Galicia como nación si eso sirve para llegar a un acuerdo con socialistas y BNG, son mal síntoma para el único partido de la oposición.

El Partido Popular es, con mucho, la principal esperanza de los españoles que apuestan por las libertades, la democracia pluralista y la unidad nacional. Pero lo es más por defecto que por méritos propios a tenor de lo que sus actos, la variopinta imagen que presenta en cada autonomía y en el conjunto de España, revelan. Vista la pendiente antiliberal, antiespañola y peligrosamente postmoderna por la que rueda el PSOE de Zapatero y necesitados los ciudadanos de una formación que de verdad articule a España y defienda las libertades, el PP es el clavo ardiendo que queda.

Pero, ¿cuál es el juego que Mariano Rajoy practica con los diferentes PPs que bullen bajo su presidencia?

Los datos son de todos conocidos. En Madrid salva la vida política a un Ruiz Gallardón aniquilado entre las bases del Partido por Esperanza Aguirre, pletórica de brillantez, defensa de principios y buen estilo político. El alcalde de la capital representa, por contra, la derecha acomplejada, la que le gusta a esta izquierda radical porque concibe su presencia en la vida pública no en términos políticos, sino de mera gestión. Gallardón deja la política a la izquierda y en su agenda figura prioritariamente la pequeña política de obtener el poder sea cual sea el marco que le ofrezcan quienes pretenden desmantelar al Estado. Y Rajoy se niega a “reorientarle” porque en el fondo cree que puede ser una buena opción si el Estado confederal y “progre” de Zapatero triunfa al final.

Lo mismo puede asignársele a la perniciosa dirección que Piqué ejerce en el PP catalán. Que sea desbordado en respeto a España por una formación de centro izquierda como es Ciudadanos por Cataluña, después de haber sido los “populares”, bajo Vidal Quadras, la referencia liberal y española en crecimiento, confirma la vía suicida que Rajoy protege en esa región.

Lo pactado en Andalucía y las palabras citadas de Núñez Feijóo son ya la gota que colma el vaso de la poca credibilidad que va adquiriendo este partido como garante de la Constitución del 78 tal y como fue concebida en su momento y se mantuvo gracias al valioso consenso entre los dos grandes partidos y que fue su principal pilar.

Los cargos autonómicos del PP no creen en España. Sus intereses pasan más por perpetuarse en las asambleas legislativas regionales y las respectivas administraciones que por un proyecto político de Estado. El partido que con tanto esfuerzo fundara José María Aznar, que puso a ETA contra las cuerdas y al PNV bajo límites constitucionales, es hoy una caricatura de lo que fue. Mariano Rajoy, con su “bajo perfil”, de brillantes palabras en las Cortes y débiles acciones en el día a día de la vida nacional y de la de su partido, más parece preferir una tranquila espera a ver pasar el cadáver de Zapatero ante él.

Mal se pinta el panorama para España con tales actitudes. Aún cuando las encuestas le den un indicio de recuperación de la intención de voto, como la del CIS de ayer, si la España que aspira a gestionar Rajoy es la que diseña Zapatero, puede dar por derrotado a su partido. Se podrá tardar más pero, a buen seguro, de las ruinas de un PP confederal surgirá una formación de la derecha liberal que renueve la idea de una España recentralizada y garante de un auténtico pluralismo.

Editorial de Diario Liberal, 21 de noviembre de 2006