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Vieja y nueva política

Cuatro verdades sobre el suicido (reincidente) de la derecha española

Cuatro verdades sobre el suicido (reincidente) de la derecha española


No es el problema más grave que tiene España, pero la flaqueza del PP ante las reformas autonómicas, sumada a otros gestos recientes, está disparando las alarmas: el PP flojea de remos.

27 de octubre de 2006. Lo de Arenas, claro: realidad nacional andaluza en la indisoluble unidad nacional española, con un par. Pero también está lo de Uriarte, que desprecia a la derecha desde la derecha. Y muchas cosas más. ¿Realmente se han preguntado estos señores qué siente la gente que les vota?

Una: el PP está poseído por el espíritu de UCD. Es que ya hemos pasado antes por aquí: una derecha política que monopoliza el voto de la derecha social, pero cuyo mayor empeño es ganarse la simpatía de la prensa de izquierdas a sueldo de unos poderes fácticos que desprecian a la derecha. Ciertas cosas –demasiadas- en el PP de ahora mismo recuerdan a la extinta UCD. Seamos justos: lo de UCD tuvo más delito porque explotó estando en el poder, grave pecado de soberbia que el PP no cometió (al revés: el poder lo unió, aun a costa de sonoras purgas). Pero el fondo del problema parece idéntico: estas derechas, lo que fue UCD y lo que buena parte de la cúpula del PP aspira a ser, no son derechas naturales, sino artificiales; no son reflejo de una realidad social, cultural, política, sino que son las derechas que el sistema necesita para mantener el ritual de la alternancia. Demasiada gente en el PP aspira a ser la derecha que le gusta a la izquierda. Como UCD. Pero esa derecha, ¿quién la necesita? Sólo la izquierda.

Dos: la derecha sigue entregando la iniciativa a la izquierda. Es lamentable este espectáculo de señoritos en traje de mil euros corriendo por ver quién es más progresista. En traje caro o en piercing, como ese grotesco cartel de las Nuevas Generaciones del PP. Esa derecha-poder sigue convencida de que uno no puede "estar in" si no sigue a pies juntillas los mandamientos del pensamiento único progre y de lo políticamente correcto. Y así los vemos como los vemos, dispuestos a pactar y a ceder en comunidades y ayuntamientos al primer guiño que la izquierda les dirige, ya sea sobre el aborto, sobre los estatutos de autonomía, sobre la "memoria histórica" o sobre la inmigración, horresco referens. Se han plantado, sí, en lo de ETA y se han plantado en el timo anti-corrupción. Bien está, y ojalá cunda el ejemplo. Pero ahí tenemos, por citar un solo caso, al "joven popular" Nacho Uriarte abominando de la derecha, como para ser más moderno. Demasiada gente en la cúpula del PP piensa que a la izquierda le corresponde marcar la dirección del camino y a ella, a la derecha, limitarse a templar gaitas. Ahora bien, ¿quién sale ganando con una derecha así? Sólo la izquierda.

Tres: la derecha sigue anteponiendo los intereses a las convicciones. Porque, en efecto, ¿qué eso de que ahora los "barones regionales" se blinden como nuevos reyezuelos de las taifas autonómicas gracias a unos estatutos propiamente pre-nacionales? No es más que puro interés: calculan que eso perpetuará su poder en sus respectivos feudos. Quizá sea comprensible, pero el problema surge cuando, por poder, uno renuncia a ser lo que es y se convierte en otra cosa –en otra cosa peor. Por ejemplo cuando, por poder, un partido que defiende la unidad nacional de España consiente en transigir con retorsiones conceptuales que sólo benefician a quienes quieren romper tal unidad. He aquí, una vez más, que la derecha de los intereses aniquila a la derecha de convicciones. Pero una derecha sin convicciones, ¿a quién le interesa? Sólo a la izquierda.

Cuatro: la derecha está empezando a dejar de estar en la derecha. Y mientras tanto, ¿quién se acuerda de la derecha de verdad, esto es, la derecha social y cultural, la gente que está en la derecha por unos principios, por unas ideas, y no por un coche oficial? Las familias, acosadas por todas partes. Los padres que quieren escoger efectivamente la educación de sus hijos. Los trabajadores autónomos, que son la iniciativa privada realmente popular. Los ciudadanos que por un sentido elemental del patriotismo desean, simplemente, poder decirse españoles y hacerlo sin miedo. Los ciudadanos que por su fe cristiana, ampliamente mayoritaria en toda España y muy especialmente en la derecha social, se sienten marginados en una cultura social creada por las tribus de la izquierda y cobardemente secundada por la derecha política. Toda esa galaxia, que es la derecha de verdad, hoy empieza a sentirse huérfana. El espejismo de Aznar –prosperidad y atlantismo- funcionó mientras estuvo en el poder; desaparecidos poder y espejismo a la vez, por todas partes se extiende la impresión de haber perdido una oportunidad histórica para construir una gran derecha amplia y plural en España, donde cupiera toda la derecha real. Porque esa derecha real no gusta en la derecha oficial; la toman por carca. Pero una derecha política que desprecia a la derecha social, ¿a quién beneficia? Sólo a la izquierda.

(No, no: no estoy diciendo que haya que inventar otro partido de derecha. Sólo digo que la derecha tendría que ser derecha. Si renuncia a serlo, las doce tribus de la derecha española tendrán que cruzar solas el desierto. Y la insolación suele conducir a la gente a comportarse de manera imprevisible.)

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 27 de octubre de 2006

Declaración de principios y valores del “Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional (MCRC).

Declaración de principios y valores del “Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional (MCRC).

Tras los análisis y comentarios realizados, el “Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional” (MCRC), del que soy portavoz, hace esta declaración de principios y de valores:

I. Porque los seres humanos no nacen iguales en capacidad física y mental, ni en condición social, la Sociedad y el Estado deben garantizar la igualdad de derechos y de oportunidades.
II. Porque existe un imperativo moral en todas las conciencias, es condenable el oportunismo personal, social y político.
III. Porque los individuos no pueden desarrollar sus vocaciones ni sus acciones fuera del contexto social, la lealtad es fundamento de todas las virtudes personales y sociales.
IV. Porque los españoles padecen temores derivados de su tradicional educación en el Estado autoritario, sólo la valentía personal puede crear la fortaleza de la sociedad civil frente al Estado.
V. Porque durante siglos se ha sacrificado y despreciado la inteligencia y el espíritu creador, apartándolos de los centros de enseñanza, del Estado y de los Partidos, esas facultades individuales han de organizarse para tener presencia activa en la sociedad civil.
VI. Porque la decencia constituye el decoro de la civilización, la sociedad civil debe civilizar a los Partidos y Sindicatos, sacándolos del Estado.
VII. Porque entre el Estado de Partidos y la sociedad civil no existe una sociedad política intermedia, la parte más civilizada de aquella debe orientar la formación de ésta, sin el concurso del Estado.
VIII. Porque la política afecta al universo de gobernados, si el lenguaje de políticos y medios comunicativos no es directo, correcto y expresivo del sentido común, disimula una falsedad o esconde un fraude.
IX. Porque no son legítimas las razones ocultas del poder político, siempre será ilegitima la razón de Estado.
X. Porque a la razón de gobierno sólo la legitima la libertad política de los que eligen el poder ejecutivo del Estado, son ilegítimos, aunque sean legales, todos los gobiernos que no son elegidos directamente por los gobernados y no pueden ser revocados por éstos.
XI. Porque la razón de la ley está en la prudencia de legisladores independientes, elegidos por los que han de obedecerlas, no son respetables, aunque se acaten, las leyes emanadas de Parlamentos dependientes del Gobierno.
XII. Porque la razón de la justicia legal está en el saber experto de una judicatura independiente del gobierno y del parlamento, no pueden ser justas ni dignas las resoluciones de una organización judicial dependiente de ambos poderes.
XIII. Porque la razón del elegido está en el mandato unipersonal, imperativo y revocable del elector, es fraudulento el sistema proporcional de listas, que sólo representa a los jefes de partido.
XIV. Porque los medios de comunicación forman la opinión publica, no puede ser imparcial ni veraz la información controlada por un oligopolio de poderes económicos.
XV. Porque la corrupción es inherente a la no separación de los poderes estatales, sólo la puede evitar, con su separación, el recelo y la desconfianza entre sus respectivas ambiciones.
XVI. Porque las Autonomías fomentan los nacionalismos discriminadores o independentistas, deben ser compensadas integrándolas en la forma presidencial de Gobierno.
XVII. Porque las Autonomías fomentan gastos públicos improductivos, sus competencias susceptibles de ser municipalizadas deben de ser transferidas a los Ayuntamientos.
XVIII. Porque la Monarquía de Partidos carece de autoridad para garantizar la unidad de la conciencia española, y ha sido foco de golpes de Estado y corrupciones, debe ser sustituida por una República Constitucional, que separe los poderes del Estado, represente a la sociedad civil y asiente el natural patriotismo en la forma presidencial de Gobierno.
XIX. Porque la única razón de la obediencia política reside en el libre consentimiento de los gobernados, éstos conservan su derecho a la desobediencia civil y resistencia pasiva, sin acudir a la violencia, frente a todo gobierno que abuse del poder o se corrompa.
XX. Porque el pasado no puede ser revivido, sin imponerlo la fuerza del Estado, no es posible la restauración pacífica de la II República, cuya forma de gobierno parlamentario tampoco era democrática.
XXI. Porque el sistema de poder de las naciones europeas, ideado para la guerra fría, no es democrático, los españoles están obligados a innovar su cultura política para llegar a la democracia como regla formal del juego político.

Por lealtad a la sociedad civil, los Partidos Políticos, Sindicatos y Organizaciones No Gubernamentales no pueden ser financiados por el Estado; y por lealtad a la conciencia personal de los integrantes de este Movimiento de Ciudadanos, el MCRC no se transformará en partido político, y se disolverá tan pronto como su acción se agote con el referéndum que ratifique la Constitución democrática de la III República Española.

http://www.republicaconstitucional.org/

 

 

Mientras la Guardia Civil desfilaba, ¿quién añoraba el golpismo?

Mientras la Guardia Civil desfilaba, ¿quién añoraba el golpismo?

El jueves 12 Zapatero volvió la vista atrás, saludó ante la bandera de Estados Unidos, pero insistió en que es la "derecha extrema" la que regresa, 25 años después. Y a la vez, Bangkok ha vivido lo más parecido a un 23-F exitoso. Los militares tomaron los edificios institucionales y los medios de comunicación. Tropas acorazadas se hacían visibles en las calles, con los efectos psicológicos que se conocen. Un comunicado militar anunciaba, desde la lealtad al rey Bhumibol Adulyadej, la deposición del Gobierno, la imposición de la ley marcial y la formación de una Junta castrense. "Ha habido una división social como nunca antes… en medio de la extendida corrupción", señaló el comunicado. Los golpes de Estado, como decía Gabriel Naudé en el siglo XVII y recordaba hace poco el profesor Jerónimo Molina, son "acciones atrevidas y extraordinarias" ejecutadas desde la fuerza supuestamente "por el bien público". Por ejemplo contra un Estado al que los golpistas ven "políticamente incapaz de prestar sus servicios".

Además de la Fiesta Nacional y del Día de la Raza, el jueves celebró la Guardia Civil la fiesta de su Patrona, en un momento en el que la imagen del Cuerpo ya no se asocia al recuerdo del 23-F más que en el inconsciente de una izquierda marginal. En pueblos y ciudades los guardias desfilaron sin que nadie piense en ellos como enemigos de la legalidad, sino como puros defensores de la misma. Y sin embargo hay quien preferiría que el recuerdo de Antonio Tejero en el hemiciclo del Congreso estuviese más vivo que el de los falsos incursores que nunca se llevaron el sillón de Zapatero.

El general Sondhi Bunyaglarin, salvadas las distancias, presenta su movimiento exactamente como lo habría presentado un Jaime Miláns del Bosch triunfante, o como lo hicieron en otras coordenadas golpistas clásicos de derechas, al estilo de Miguel Primo de Rivera, Augusto Pinochet o Jorge Rafael Videla. Un régimen parlamentario corrupto e ineficaz, incapaz de garantizar el orden, la paz y la libertad a los ciudadanos, es sustituido por un gobierno militar carente de otro programa político que no sea "restablecer el orden". Con la contundencia como principal mérito y la imprevisión política como principal rasgo, este tipo de golpes de Estado cumplen aparentemente a corto plazo su tarea pero dejan como legado un yermo en el que florecen con alegría las plantas más venenosas de la peor izquierda.

Un recuerdo: básicamente esto era lo que pretendían algunos de nuestros golpistas, y con parecida justificación. Una predicción fácil: aunque solucionen los problemas más inmediatos de su país los militares tailandeses se demostrarán incapaces de dar una respuesta permanente a las necesidades de una sociedad moderna, como sucedió en España en 1923, en Chile en 1973 y en Argentina en 1976. Y un consuelo para todos: aunque la situación de España es en lo político objetivamente peor que en 1981 y bastante peor que la tailandesa hoy nadie plantea ni remotamente nada parecido a esto entre nosotros.

Y es que nuestra derecha en 2006, movilizada civilmente, es mucho más peligrosa para los planes revolucionarios de Zapatero que la extinta derecha fósil de Torrente y Martínez el Facha. Es la izquierda quien recuerda bien, y con nostalgia, la noche del 23-F. A pesar del susto, no pequeño, el golpe palatino de 1981 fue una vacuna eficaz, y sobre todo dio a la izquierda el control total sobre la legitimidad democrática. La foto de Manuel Fraga en la misma pancarta de Felipe González y Santiago Carrillo tras el golpe ya anunciaba que la izquierda esta vez no sovietizaría abiertamente la propiedad ni martirizaría en las checas al clero, pero podría gobernar libremente aplicando medidas revolucionarias de fondo. Con consecuencias culturales, educativas y sociales que hemos visto después.

Cierta izquierda echa de menos una tentación golpista en la derecha, extrema sólo en los deseos de Zapatero. Se encuentran con una derecha que se moviliza sin complejos, se organiza y está dejando de ser inerme –como lo había sido durante décadas como resultado del franquismo y también del 23-F- pero que respeta y cultiva la legalidad democrática mucho mejor que la izquierda. La izquierda –dispuesta ella misma a "casi cualquier cosa" para echar al PP del poder, como se ha visto a propósito del golpe de Estado del 11 y 13 de marzo de 2004- estaba hasta ahora acostumbrada a tener el monopolio de las luchas civiles, y por consiguiente de los proyectos a largo plazo. Esto, con permiso del nacionalismo vasco armado y desarmado, se está terminando. No hay atajos palatinos de tipo siamés que vayan a terminar en vacunas de tipo Boulanger, o Armada, y por la misma razón que aún no somos el británico Ulster ya no somos Tailandia.

Pascual Tamburri


El Semanal Digital, 15 de octubre de 2006

Aznar critica la fascinación de los progres frente al fanatismo islámico

Aznar critica la fascinación de los progres frente al fanatismo islámico

El expresidente del Gobierno sigue criticando la fascinación de los progresistas con el Islam radical, que ataca sistemáticamente todo lo que la izquierda dice defender (libertad de expresión, los homosexuales, la dignidad de la mujer...).

José María Aznar, expresidente del Gobierno, se mostró abiertamente crítico con los islamistas radicales en su última aparición pública, muy en la línea de otros colegas europeos, como Angela Merkel, y de forma completamente diferente a lo que ha hecho Rodríguez Zapatero.

En una intervención durante su nombramiento como profesor honorario en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Lima dijo:

"Otra fecha que todos recordamos es el 11 de septiembre de 2001. Es un día de ignominia y de vergüenza. Ese día despertamos del sueño en el que estábamos sumidos a final del siglo pasado. La realidad era difícil de asumir. Tenemos enemigos. Y esos enemigos quieren destruirnos".

Criticó con dureza la admiración que los progres en nuestro país profesan al Islam radical, y que se ve amparada por la Alianza de Civilizaciones y con llamamientos a la paz mundial. Una de las razones que explican la proclividad musulmana de la izquierda europea –tanto la caviar como la del puño cerrado-, es que percibe el islamismo como una fuerza antisistema y por tanto como un engorro para Estados Unidos.

Tal y como comentó Aznar:

"Una cierta izquierda, sin utopía y sin ideales, sin argumentos y sin proyecto ideológico, decide emprender sin complejos el camino del relativismo, excusa para socavar los cimientos de la sociedad libre, y abrazar las causas radicales".

Y es que, sólo con ese telón de fondo se puede entender que periódicamente bandadas de mujeres de la farándula, cuyas costumbres, hábitos, biografías y legítimas libertades las harían candidatas al flagelo o la lapidación en cualquier país islámico, se tomen la molestia de viajar a Gaza, a Iraq o cualquier territorio repleto de fieles al profeta Mahoma, para proclamar allí su apoyo al gerifalte de turno. Les da y les ha dado igual que el elogiado se llamase Sadam Husein, Yaser Arafat o Almanzor. El único requisito imprescindible suele ser que el venerado odie mucho a los norteamericanos, hable pestes de Occidente y amenace a Israel.

Texto íntegro de la conferencia.

 

Quiero que mis primeras palabras sean para expresar mi más profundo agradecimiento por el honor y la distinción que hoy recibo al ser investido como profesor honorario de esta prestigiosa Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Conozco desde hace años el trabajo excelente y los principios sólidos que cimentan el trabajo de esta Universidad. Por eso, a la satisfacción por recibir un honor como el que hoy se me hace, se une el orgullo de pertenecer a partir de ahora, si quiera de manera honoraria, a un claustro de profesores tan solvente y reputado.

Se me invita a hacer una reflexión, que hace las veces de primera lección, sobre los retos que hay en el mundo de hoy para la libertad y el progreso. No es una tarea fácil resolver en unos cuantos minutos la cuestión. Pero creo que la cuestión está bien planteada. La libertad y el progreso tienen retos en el mundo de hoy, es decir, que hay amenazas serias, vitales si se quiere, contra la libertad y el progreso.

Hay que decir que tampoco es algo nuevo. La historia nos enseña que la falta de libertad y la falta de progreso son abrumadoramente mayoritarios en la Historia de la Humanidad. Durante siglos millones de personas, en las distintas culturas, lugares históricos y tiempos, han vivido sus vidas con su capacidad de acción cercenada, con oportunidades muy limitadas, en definitiva, con su libertad muy mermada y en condiciones de bienestar que hoy nos parecerían francamente inaceptables.

Pero también hay que señalar con la misma contundencia que la libertad humana, la concepción de la persona como un ser lleno de dignidad inalienable y libre y responsable en sus actos es una aspiración y que se ha ido conformando a lo largo de los siglos. Me gustaría recordar hoy que ese es la concepción correcta y que cualquier otra concepción que niegue ese dignidad fundamental, sea cual sea la cosmovisión filosófica o religiosa que esté detrás, ha llevado en términos históricos a niveles de sufrimiento y de miseria humana inaceptables.

La libertad y el progreso han sido lentas conquistas de la humanidad, con aportaciones de distintas culturas y tradiciones. Y sin dudo la libertad humana es, en las palabras inmortales de Miguel de Cervantes, “el bien más preciado que los cielos dieron a los hombres y por el cual se puede y aun se debe arriesgar la vida”. Pese a los cuatro siglos transcurrido desde entonces, creo que no se puede sintetizar mejor de lo que estamos hablando y que es el asunto de mi disertación.

Por otra parte conviene recordar que el progreso económico está ligado históricamente a las sociedades en donde más libertad e iniciativa se reconocía las personas que las conformaban. Si miramos el mapa de las naciones más prósperas del mundo y las de aquellas que han gozado de más libertad política veremos que coinciden de manera perfecta. A más libertad hay más prosperidad. Y eso es una prueba de que las personas, en un ambiente de respeto a sus derechos y de libertad, pueden desarrollar la iniciativa, la imaginación y la innovación que han sido desde los albores de la historia los motores del progreso económico y del bienestar. Pero también hay que recordar que nada está ganado y que la historia no es lineal, que puede haber y de hecho hay retrocesos en la libertad y en el progreso.

Llegados a reste punto conviene hacerse una pregunta: ¿Cuándo empieza el mundo de hoy? Posiblemente sea una tarea imposible de resolver. Pero me parece que hay dos fechas que todos los que estamos aquí presentes tenemos vivas en nuestra memoria. Me refiero al 9 de noviembre de 1989 y al 11 de septiembre de 2001. Y las dos tienen una significación muy precisa y de la que es posible extraer algunas reflexiones útiles e interesantes para afrontar los retos del futuro. A ello hay que añadir un tercer elemento que es la revolución tecnológica y la globalización.

El 9 de noviembre de 1989 fue derribado el Muro de Berlín. A muchos nos sorprendió ese torrente de libertad que fue capaz de liquidar un símbolo de la infamia y de la opresión que había dividido a Europa durante décadas y que a vece3s parecía eterno. Fue un día de alegría y de esperanza desbordantes. El Muro era la encarnación de la opresión comunista, esa utopía totalitaria que causó millones de muertos el siglo pasado y que oprimió y arruinó las vidas de millones de personas durante décadas.

El comunismo es una clase de una especie común: la del totalitarismo utópico. Comparte muchas características con el otro horror del siglo XX, el nacionalsocialismo y el fascismo. Lo que une a todos ellos es el afán de implantar una utopía social por encima de los derechos de las personas. El llamado hombre nuevo no podía detenerse, en la mente y en la acción de los dirigentes comunistas así como en la de los nazis, frente a la pequeñez de las personas que tenían una dignidad y unos derechos.

La utopía no se detenía frente a la realidad de personas de carne y hueso con derechos y libertades. Los derechos del individuo tenían que ceder frente a los derechos de la colectividad, fuera este la comunidad racial y nacional de los nacionalsocialistas o la clase oprimida del proletariado que construiría el paraíso comunista.

El final de la Historia lo conocemos todos. Auschwitz y el Gulag causaron millones de muertos. Arruinaron naciones enteras durantes décadas. Los espejismos de supuestos éxitos económicos parecen hoy una cruel ironía ante los crímenes que fueron cometidos para construir esos supuestos paraísos que escondían la más brutal crueldad. Fue necesaria una guerra costosísima para hacer frente y derrotar al nacionalsocialismo. Antes muchos entonces se negaban a afrontar la realidad y pensaban que el apaciguamiento funcionaría. Ese error fatal no hizo sino complicar las cosas y causar más sufrimiento.

Para derrotar al comunismo fue necesaria otra Guerra, mal llamada fría si pensamos en los millones de personas que murieron al otro lado del Telón de Acero por defender su dignidad y su libertad, con el único delito de no ser uno sumisos absolutos al poder despótico de los creadores de la nueva sociedad. Gracias al coraje de los que supieron defender en ese infierno del totalitarismo comunista y al apoyo de personas con principios, el Muro De Berlín fue derribado esa noche de noviembre que está en nuestra memoria.

La diferencia es que hoy el nacionalsocialismo está desacreditado. Nadie presumiría de simpatías nazis. Sus crímenes fueron juzgados y condenados y hoy son sinónimo del horror sin límites. No ocurre así con el comunismo, que fue cortejado por los intelectuales de izquierda y aun hoy sigue siendo una referencia para muchos. Sus crímenes son menos conocidos y condenados, incluso disculpados, pero fueron mayores en número e iguales en crueldad a los del nacionalsocialismo

Al derribar y desparecer el Muro de Berlín, pensamos que el mundo iniciaba una senda de crecimiento y de libertad. Algunos pensaban que había llegado el fin de la Historia y que la libertad y los derechos de la persona se extenderían y se reconocerían a todos en el mundo. Las excepciones que pervivían, como la cruel tiranía de Cuba, se pensaba que aguantarían poco tiempo y que las excepciones cederían ante el impulso irrefrenable de la libertad. La utopía que había guiado a la izquierda durante décadas se había derrumbado estrepitosamente, dejando huérfanos a los izquierdistas que disfrutaban de las libertades occidentales pero que detestaban los fundamentos y los valores de las sociedades libres, imbuidos de la fatal arrogancia que tienen todos los ingenieros sociales.

En ese momento ocurre un fenómeno muy significativo cuyas consecuencias estamos sufriendo hoy en día. Una cierta izquierda, sin utopía y sin ideales, sin argumentos y sin proyecto ideológico, decide emprender sin complejos el camino del relativismo, excusa para socavar los cimientos de la sociedad libre, y abrazar las causas radicales.

Ante la ausencia de proyecto se dedica a intentar socavar los fundamentos de las sociedades libres. Se obnubila ante el radicalismo islámico, fascinado por otra utopía totalitaria, aunque ese suponga negar los derechos y la igualdad entre hombre y mujeres. Decide ganar apoyos dando la razón a grupúsculos extremistas. Han atacado con dureza y resentimiento a la familia; han dado la razón a quienes han utilizado la violencia para conseguir sus fines; se han fascinado con el radicalismo islámico y culpan a Occidente de los embates del terrorismo que quiere destruir nuestras sociedades.

Sabíamos que los enemigos de la libertad no descansaban y que estaban dispuestos a imponer sus utopías sangrientas. Lo habíamos visto en los Balcanes, donde despertó con fuerza el nacionalismo radical, excluyente y asesino. Lo vimos también en África con el genocidio que se perpetró en la región de los Grandes Lagos. Occidente reaccionó con tibieza, perezoso y con miedo a defender con decisión sus principios y sus valores. Pensó que las tragedias sólo les ocurrían a los otros y que podía sufrir esos crímenes en las pantallas de sus televisores. No era una opción valiente, pero era cómoda y parecía que nuestra libertad y nuestro progreso no se verían afectados.

La otra fecha que todos recordamos es el 11 de septiembre de 2001. Es un día de ignominia y de vergüenza. Ese día despertamos del sueño en el que estábamos sumidos a final del siglo pasado. La realidad era difícil de asumir. Tenemos enemigos. Y esos enemigos quieren destruirnos.

Pero como en los años treinta del siglo pasado, cuando las utopías totalitarias mostraban claras señales de no arredrarse ante cualquier límite moral o humano, Occidente prefirió no hacer caso a las nubes de tormenta que se avecinaban.

El 11 de septiembre de 2001 esas nubes descargaron toda su ira destructora contra la civilización y contra los valores de Occidente. Ese día no sólo fueron atacados Nueva York y Washington. Fueron atacados los valores de la dignidad de la persona, la libertad y el estado de derecho. Y quienes lo hicieron tenían y tienen la voluntad de destruir a quienes no se plieguen a sus designios. No sólo en lo que llamamos geográficamente Occidente. También en la India o en los países musulmanes que buscan avanzar por el camino de la libertad y de la democracia.

Porque los islamistas totalitarios saben que su arma más eficaz es el terror y su objetivo primero es amedrentar a los que se oponen a ellos. Y su primer objetivo son los países musulmanes, destruir a Israel y continuar destruyendo a Occidente. Es una ideología totalitaria con ambiciones globales. Y eso es nuevo en los terrorismos que habíamos sufrido desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero no ajeno al nacionalsocialismo ni al comunismo.

Por eso creo que la expresión islamofascismo es correcta para designar a la ideología que mueve a los terroristas del 11 de septiembre o a los que han sembrado de sangre las calles de Estambul, Bagdad o Afganistán. Su fin es destruir o que se rindan aquellos que quieren reconocer los derechos de las personas en todo el mundo, con independencia de las herencias culturales o de las tradiciones religiosas.

Por eso creo que el reto más importante al que hoy se enfrenta la civilización es vencer a los enemigos de la libertad. Porque estoy convencido de que de ello depende nuestra supervivencia y el progreso de todo el mundo. Y para ello creo que es necesario ser firme en la defensa de nuestros valores de nuestra identidad. Sin ir más allá de Europa creo que lo que ha pasado con las caricaturas de Mahoma y con el discurso de Su Santidad Benedicto XVI en Ratisbona es muy significativo.

Lo primero que tenemos que hacer es asumir que tenemos enemigos. Que hay gente que está determinada a destruir nuestras libertades y que no reconoce límites para imponer su voluntad, incluyendo el uso más despiadado del terror. Y para ello hay que reforzar nuestra identidad, la de los valores que nacen de la tradición occidental pero que son sin duda universales.

También hay que reconocer que hay aliados de los enemigos de la libertad. Lo vemos en el resurgir de viejos fantasmas del pasado. Si quienes defendemos las sociedades abiertas y libres retrocedemos los otros llenarán el vacío. Y haríamos bien en tomar en cuenta esas nuevas amenazas. Lo vemos en el resurgir de la utopía comunista. Es más que inquietante que en esta región se empeñen en construir el socialismo del siglo XXI cuando sabemos los crímenes y las desgracias que causó el del siglo XX. Y eso ha ocurrido en este continente desde finales del siglo pasado. Los enemigos de la sociedad abierta han visto una oportunidad que podían aprovechar ante la ofensiva del islamofascismo. Y deberíamos pensar en qué significado tiene que una manifestación convocada por una organización terrorista como Hizbollah enarbole pancartas con las imágenes de su líder hermanado con un determinado dirigente latinoamericano.

Lo segundo que debemos hacer es tener determinación para derrotar a esos enemigos. Utilizando las herramientas que tenemos a nuestro alcance. Apoyando a los que defienden la libertad en países que la niegan a sus nacionales. Pensemos en la actitud valiente y gallarda de los millones de iraquíes y afganos que han desafiado las bombas de los fundamentalistas para ejercer su derecho al voto y acudir a las urnas. Pensemos en los disidentes cubanos que son perseguidos en su país por los últimos coletazos de una tiranía tan sangrienta como caduca. En los opositores iraníes. En quienes trabajan por la libertad de prensa e información en China. Quienes se empeñan en defender los derechos y las libertades de todos en Venezuela.

En tercer lugar creo que es importante unir y coaligar a los que amamos la libertad frente a los distintos enemigos que se ciernen sobre ella.

Por último creo que es importante no sólo exportar libertad, también prosperidad. Y creo firmemente que sólo hay un camino, porque no hay atajos para la lograr el progreso económico. La economía de mercado, la apertura, las instituciones, la confianza. Eso se puede hacer y se debe fomentar. Frente al proteccionismo, el nacionalismo económico, el intervensionismo. El mundo no se para. Asia está haciendo un avance espectacular. América Latina se puede sumar. Y las oportunidades llegarán si hay instituciones sólidas, que garanticen los derechos de propiedad y den oportunidades a la iniciativa y al espíritu emprendedor de la personas. Estoy convencido también de que ese el camino correcto para crear mejores condiciones sociales en los países que ahora sufren grandes bolsas de pobreza.

Concluyo estas reflexiones agradeciendo una vez más el honor y la distinción que recibo de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Me honra estar ligado a una institución que defiende y promueve los valores de la libertad y de la responsabilidad individual. Estoy convencido de que el trabajo de instituciones como la de esta Casa es fundamental para hacer frente con éxito a los retos que la libertad y el progreso tienen en el mundo de hoy.

Muchas gracias.

 

Periodista Digital, 3 de septiembre de 2006

Las confesiones de Sarkozy

Las confesiones de Sarkozy

Hubo profetas de lo suyo que aventuraron que la expansión de las libertades políticas, y la generalización de la democracia, traerían aparejados el olvido y el destierro de Dios y devolvería la religión a las catacumbas. La modernidad, como forma suprema de secularización, acabaría con la vitalidad religiosa.

Sin embargo, si observamos los temas y los temarios de los grandes medios de comunicación en los últimos años, nos daremos cuenta de que, lejos de cumplirse ese mal agüero, existen grupos religiosos cada vez más activos e influyentes. Por poner dos ejemplos no del ámbito católico, ahí tenemos a los hindúes en India y a los evangelistas en Estados Unidos. Por eso de que los números, números son, tengamos en cuenta que a comienzos del año 1900 apenas un 50% de la población mundial eran católicos, protestantes, musulmanes e hindúes. A principios del siglo XXI, casi el 64% pertenecen a una de estas confesiones; está previsto que en 2025 las cifras de pertenencia alcancen un 70%, según la Enciclopedia Cristiana Mundial.

El regreso de Dios, del pensamiento sobre Dios, se debe en gran medida al crecimiento de la libertad política. Las deformaciones de lo religioso y lo divino no son más que reacciones desaforadas ante esta ineludible comprobación de la capacidad de la religiosidad dinámica que se ha opuesto a las más diversas formas de autoritarismo y de totalitarismo destructor. Ahí están los casos de Europa del Este, Latinoamérica o África.

Recientemente ha aparecido en España la edición del libro del Ministro francés del Interior, ministro también de cultos, Nicolas Sarkozy, La República, las religiones, la esperanza. Bien merece que las confesiones del ministro francés del Interior se extiendan como un virus por nuestra España laicista que tiene como referente una no digerida laicidad a lo francés. Ya Alexis de Tocqueville, en su Democracia en América, apuntó que "hay en Francia quienes ven la República como un estado tranquilo y permanente, una meta necesaria hacia la cual las ideas y costumbres conducen día a día a las sociedades modernas, y que sinceramente desean ayudar a los hombres a ser libres. Éstos, cuando atacan a las creencias religiosas, siguen sus pasiones y no sus intereses. El despotismo puede prescindir de la fe; la libertad, no. La religión es mucho más necesaria en la República que preconizan que en la monarquía que atacan, y en las repúblicas democráticas que en todas las demás". El problema de España no es un proyecto de res publica basado en la aniquilación de la religión, sino una implantación de nuevas formas de despotismo que atentan contra la libertad.

¿Qué dice Sarkozy? Las más de las veces, cosas elementales y que producen no poca envidia por estos predios: "En la Francia de inicios del tercer milenio, el lugar que ocupa la religión es central". Ítem más: "En mi opinión, es tan importante abrir lugares de culto en las grandes zonas urbanas como inaugurar centros deportivos, que son de lo más útil". "Estoy convencido de que es preciso tener en cuenta el hecho espiritual y la importancia de la cuestión religiosa. Creer, vivir la propia fe, son libertades que es necesario defender. Para la nación, la fe y el compromiso de los ciudadanos creyentes son positivos. No son riesgos, amenazas o desviaciones".

Con los recientes acontecimientos vividos después de la última lección de Benedicto XVI en Ratisbona hemos tocado suelo. El filósofo Gustavo Bueno lo ha dicho de esa forma tan gráfica con que enseña la filosofía de la vida: "Recordar eso a la humanidad significa que no nos chupamos el dedo". Pues hete aquí que lo que se ha demostrado estos días pasados es que la clase política de Occidente, nuestros líderes sociales, padecen una galopante anorexia moral. Primo Levi, en Los náufragos y los supervivientes escribió algo que no debemos olvidar: "Estamos tan deslumbrados por el poder y el prestigio que olvidamos nuestra fragilidad esencial: pactamos con el poder, de buen o mal grado, olvidando que estamos todos en el gueto y que, no lejos de allí, el tren nos aguarda".

Por José Francisco Serrano Oceja

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 28 de septiembre de 2006

¿QUÉ HACER? La palanca migratoria

¿QUÉ HACER? La palanca migratoria

¿QUÉ HACER? La palanca migratoria

Los políticos andan sublevados con el asunto de la inmigración. De repente lo han convertido en un problema de trascendencia nacional que requiere medidas de choque. Lo cierto es que la inmigración encrespa los ánimos de gran parte de la sociedad, algo que los políticos saben estimular y utilizar para su propio provecho. La clase estatista sigue mintiéndonos y manipulándonos sobre las auténticas causas de este fenómeno para lograr perpetuarse en el poder a costa de una tragedia.

La existencia de una cierta migración es un fenómeno que no debería sorprender a casi nadie. Que la gente quiera trasladarse desde las zonas menos prósperas a las más ricas tiene bastante de lógico. Sin embargo, junto con las ventajas económicas consustanciales al desplazamiento, el inmigrante tiene que confrontar el desarraigo de su entorno social, su cultura y su modo de vida. O dicho de otro modo: cabe esperar una cierta resistencia por parte de los inmigrantes a abandonar su lugar de origen, máxime si dicho lugar no es excesivamente pobre o, en especial, si las inversiones pueden afluir libremente a él.

La ciencia económica sabe perfectamente que existe una tendencia a que los trabajadores vayan allí donde los salarios están más altos, o bien a que el capital acuda allí donde los salarios son más bajos. En el primer caso, el mayor número de trabajadores reducirá los salarios; en el segundo, la mayor inversión los incrementará.

Este aumento de salarios en las zonas pobres derivado de la inversión procedente de las zonas ricas (lo que los progres tildan hoy de deslocalización) reduce aun más el incentivo para marcharse de unas zonas cada vez menos pobres.

En la actualidad podemos observar que la contención de la migración hacia Occidente funciona en lo relativo a los trabajadores asiáticos, pero parece carecer de la más completa influencia con respecto a los africanos. Con la irrupción del pánico social derivado de la "invasión africana", los políticos han adoptado, como de costumbre, la más irresponsable de entre las opciones disponibles: atacar los síntomas y no las causas y criminalizar a los africanos.

Ya vimos en otros artículos que la causa última de la pobreza en África es la falta absoluta de respeto a la propiedad privada por parte de sus gobiernos tiránicos. Allí donde el ser humano no sea libre de contratar y gestionar sus dominios libremente, nadie estará dispuesto a realizar cuantiosas inversiones que mejoren la vida de los consumidores, trabajadores y accionistas.

Los estados occidentales son en buena parte responsables de sustentar las dictaduras y regímenes socialistas africanos. Muchos de sus dirigentes han sido respaldados y educados por jerarcas europeos, y sus gobiernos reciben multimillonarias ayudas a través de la ONU y de patochadas altermundistas como el 0’7%. Sin ir más lejos de nuestro país, Zapatero ha defendido en varias ocasiones incrementar la ayuda para los tiranos africanos.

Con este tipo de propuestas sólo se logra reforzar un poder centralizado y opresor, que impide a los africanos abandonar la pobreza extrema. Si la inmigración supone un problema para Europa, los estados europeos deberían dejar de castrar las posibilidades de promoción de esos inmigrantes dentro de sus sociedades nativas.

Pero aun en el caso de que las sociedades africanas fueran un Edén de libertades, no parece que nuestros políticos tengan ningún interés en facilitarles las cosas. Los aranceles de la Unión Europea restringen enormemente los movimientos de capitales y las inversiones hacia África, ya que reducen la rentabilidad de las exportaciones hacia Europa.

De nuevo, no parece que obstaculizar las inversiones occidentales en África sea la mejor solución para contener las migraciones masivas. Si el capital no acude al trabajo, el trabajo acudirá al capital.

Estado de Bienestar

Uno de los peligros más grandes que supone el desarraigo está relacionado con el desamparo a que puede sucumbir el inmigrante. En las sociedades nativas existe una suerte de vínculos familiares y amistosos que, en buena medida, sirven de colchón cuando la mala fortuna se ceba con una persona en concreto. Sin embargo, cuando el inmigrante se introduce en una sociedad extranjera esos vínculos se ven enormemente debilitados. La sociedad receptora no tiene por qué ayudar a un desconocido en caso de necesidad y, por tanto, el riesgo de fracaso acarrea un coste considerable que refrena el impulso migratorio.

En Occidente, con todo, la asistencia social es un auténtico free lunch para los inmigrantes. El Estado, a través del expolio fiscal, crea toda una red educativa, sanitaria y de subsidios varios que trata de eliminar la inseguridad. El inmigrante sólo tiene que acudir a Occidente para saber que, en caso de necesidad, la sociedad extranjera forzosamente le ayudará.

Es más, en muchos casos convendrá simplemente migrar a esas sociedades extranjeras por el beneficio neto que supone dicha red de asistencia social. Mientras que en una sociedad africana la sanidad puede resultar prácticamente inaccesible, en España es gratuita. ¿Qué sentido tiene permanecer en esa sociedad, por muchos vínculos familiares y amistosos que se tengan?

El Estado de Bienestar occidental, por consiguiente, no sólo atrae inmigrantes, sino que socava las bases de la convivencia y de las relaciones entre los africanos. La necesidad de colaborar entre ellos desaparece por mor de la posibilidad de parasitar al Estado europeo.

Si de verdad queremos reducir la presión migratoria, basta con que eliminemos el Estado de Bienestar y hagamos que el inmigrante soporte enteramente el coste y los riesgos de migrar. Pero, por supuesto, los políticos mienten nuevamente cuando dicen que su voluntad es solucionar el problema de la inmigración.

¿Qué quieren realmente los políticos?

Tres simples –pero a la vez profundos– cambios serían necesarios para reducir el flujo migratorio hacia Europa: eliminar las ayudas al desarrollo, suprimir los aranceles y desmantelar el Estado de Bienestar. No obstante, a los políticos europeos les interesa poco o nada contener la inmigración. Como siempre, la única preocupación de todo político es ampliar su esfera de poder y control sobre la población.

La inmigración supone un medio perfecto: el problema es generado por los políticos de un modo que la mayoría de la población no comprende, y la inmigración genera un evidente pánico social. El resultado es previsible: el Gobierno reclamará "poderes extraordinarios" y "recursos adicionales" para hacer frente al problema.

Por un lado, parte de esos recursos se destinarán a enriquecer aún más a las dictaduras africanas, con la excusa de la ayuda al desarrollo; por el otro, se destinarán a crear una red de acogida de inmigrantes que dé respuesta al "drama humanitario", de modo que la inmigración se verá aún más estimulada.

Por si esto fuera poco, los poderes extraordinarios en materia militar y policial suponen la creación de nuevos e inquietantes controles sobre la sociedad civil. El control de las fronteras se incrementa, y los estados europeos adoptan cada vez más la apariencia de un centro de presidiaros.

No es casualidad que ocho estados europeos, entre ellos España y Francia, hayan solicitado a la Comisión Europea más fondos y medios policiales para controlar la inmigración. Como ya hemos visto, todo forma parte del mismo juego obsceno de los políticos: estimular la inmigración para generar un pánico que legitime la ampliación de su poder.

Ninguna de las propuestas de los "estadistas" occidentales pasa por una mayor liberación del comercio internacional, ni por la inmediata retirada de apoyo financiero a los regímenes tiránicos. Más bien discurren por la dirección opuesta. La consecuencia de todo este desaguisado no será menos sino más inmigración y, gracias a su habilidosa manipulación, no menos sino más Estado. Sólo denunciando las auténticas causas del problema podremos darle solución.

Ningún error podría ser mayor en este caso que el de criminalizar a unos pobres individuos que acuden a Europa a intentar mejorar sus míseras condiciones de vida, mientras confiamos nuestras almas a unos panzudos políticos que son los genuinos creadores de este caos. Precisamente porque eso es lo que ellos esperan que hagamos.

Por Juan Ramón Rallo

El Semanal Digital, suplemento Ideas, 27 de septiembre de 2006

Aznar recupera la "memoria histórica": España unida contra el Islam

Aznar recupera la "memoria histórica": España unida contra el Islam

"No oigo a ningún musulmán que pida perdón por conquistar España y estar allí ocho siglos". Y después se hizo el escándalo. El ex presidente del Gobierno español José María Aznar pronunció esas palabras fatídicas durante una conferencia en el "Instituto Hudson" de Washington, en Estados Unidos. Y a continuación la izquierda política, social y cultural –no hablemos de la historiográfica- se ha alzado en armas, secundada por la tímida, sonrojada y balbuceante comprensión de la derecha políticamente correcta. Porque ya se sabe que los complejos no son otra cosa que dar por verdaderas mentiras cuya falsedad uno conoce pero no se atreve a desvelar por miedo a las críticas de los demás.

No es sorprendente que la izquierda cultural, los que se llaman a sí mismos intelectuales y masivamente ocupan también las cátedras desde el franquismo (y gracias a él), se escandalicen por la expresión pública y política de lo que no dejan de ser verdades históricas objetivamente establecidas. Sí es más sorprendente que los supuestos independientes, técnicos y profesionales, que realmente saben que Aznar será discutible en sus conclusiones pero en este caso no lo es en sus premisas, callen, contemporicen y se vayan por los cerros de Úbeda. Para ellos, cuatro hechos y el reto de refutarlos.

Uno. España, como comunidad política libre, independiente y dotada de personalidad propia institucional, jurídica, demográfica, social, religiosa y cultural, existía en 711. Era el fruto de la síntesis hispano – romana en el reino visigodo de Toledo, similar a otros reinos romano – germánicos del Oeste de Europa en su tiempo.

Dos. Esa España goda, romana y católica, en la que no existían ni atisbos de los matices regionales actuales, fue invadida y conquistada en el contexto de una guerra civil por los ejércitos islámicos del Norte de África. Una rápida campaña facilitada por la división entre los godos facilitó la invasión, que fue sentida como tal por los invasores y los invadidos.

Tres. En la misma generación de la invasión surgió una resistencia armada, religiosa, cultural y política a la invasión. Esa resistencia fraguó en distintos núcleos del Norte de España que compartían un solo proyecto, desplegado a lo largo de ocho siglos: la recuperación de la libertad y la unidad perdidas.

Cuatro. A lo largo de esos ocho siglos quedaron ampliamente demostrados dos hechos que hoy pueden constatarse aunque no gusten en todas las opciones políticas. El primero, que lo español y lo musulmán son condiciones incompatibles; España nace en el contexto espiritual occidental y el Islam representa un Oriente siempre extranjero e invasor entre nosotros, aunque ocupase partes de nuestro territorio original y actual durante siglos y atrajese masas de inmigrantes y conversos. El segundo, que todas las regiones de España compartieron en su origen, como identidad común, la tarea de la lucha contra el Islam invasor.

Seguramente Aznar se equivoca si piensa que el Islam va a pedir perdón por una invasión de hace trece siglos. Del mismo modo, sería absurdo pedir a Benedicto XVI que se disculpe por decir lo que todo cristiano consciente ha pensado durante este tiempo: que los musulmanes pueden ser respetables y el mismo Islam también, pero que no es compatible con la civilización europea occidental y cristiana. Los que vean en el Islam un aliado en la destrucción de las sociedades europeas no se encontrarán al término del camino con las sociedades agnósticas y frígidas que sueña el zapaterismo, sino con sociedades teocéntricas en las que habrían desaparecido a la vez nuestra identidad y nuestra libertad.

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 24 de septiembre de 2004

Carrillo en El País: Islamocomunismo

Carrillo en El País: Islamocomunismo Cuando en un Estado ya no se sabe qué Derecho es el vigente y se ha entregado su tutela a un grupo terrorista, a cambio de una supuesta paz, ya no queda sino someterse a lo que decida esa banda terrorista. En España y en el Líbano ése es el problema. Pretender contentar a los que no se van a contentar tiene dos resultados: la pérdida de tiempo, y la rendición de la voluntad de las mayorías en manos de los que tienen el Mal por programa.

Viene esto a cuento de un reciente artículo del Sr. Carrillo, comentarista político, antes secretario general del partido comunista, y todavía antes otra cosa peor, titulado “Un rumbo equivocado”, en “El País”. Hay que confesarlo: nos ha aclarado bien un tema complejo. ¡Por fin lo hemos entendido!

Ya Revel nos había puesto sobre la pista en “La gran mascarada” hablando del intento del comunismo por renacer de sus cenizas – y de sus montañas de cadáveres - a base de disfrazarse con otros nombres y abrirle un proceso a la democracia liberal. Pero esto es ya una prueba definitiva.

El Sr. Carrillo al defender con tanto entusiasmo que se haga “diplomacia” con los grupos terroristas Hamas y Hezbolá, basándose en la idea de que proporcionan ayuda social a grupos desfavorecidos, y no sólo se dedican a matar judíos – y demás occidentales - por deporte, disipa muchas confusiones. En otros tiempos, los más perspicaces no se sorprendieron del Pacto Germano-Soviético que marcó el principio de la II Guerra Mundial. Al fin y al cabo, los dos totalitarismos estaban juntos, que era lo normal. Se dice hoy que no hay que ser “simplistas”, y que hay que acercarse a los “parias de la tierra” y no al “bárbaro” Bush. ¿Y no será más bien que el comunismo y los demás restos del “progresismo” que nunca tragó la caída del Muro, se han convertido en los primeros defensores de sus herederos, los nuevos totalitarios? Si así fuera, habríamos encontrado un nuevo nombre para el terrorismo radical islámico: “Islamocomunismo”.

Se hace eco además el ex secretario comunista de un artículo – la verdad es que no sabemos si llegan a tanto sus lecturas o sólo ha oído las campanas - de Seymour Hersh, premio Pulitzer en su día, izquierdista reconocido, que dejó caer que los Estados Unidos habían fomentado y planeado el “ataque”israelí. Coincide así con las declaraciones de Nasralá diciendo que no se esperaba que secuestrar a dos soldados fuera para tanto. Para don Santiago, esto es “banal”. Claro, porqué habría de suscitar animosidad un acto tan “pacífico”.

La afinidad de los totalitarios y de los totalitarismos entre sí resulta muy esclarecedora. A ella ha contribuido la labor de los medios de comunicación dominantes generando confusión moral e intelectual. El resultado de la equiparación entre el bien y el mal, el democrático y el totalitario, el terrorista y su víctima, es además de una foto de Reuters, la infinita comprensión por el crimen y el asesinato.

Pronto, bien pronto, la necesidad de la realidad hará inútiles hasta las más elocuentes explicaciones. La necesidad crea virtud, se dice en español. Estamos acercándonos peligrosamente a la comprensión vital de este refrán. Ningún cinismo, ningún rencor, ningún odio, ninguna cobardía cambiarán esta realidad. Y cuando llegue, sólo los principios del Estado de Derecho, asentados durante generaciones, nos servirán de algo. Sólo entonces se verá hasta qué punto era vano prestar atención a las palabras de “El País” o a las sesudas cogitaciones (?) de “Le Monde diplomatique”. Y entonces, el que siga con vida, podrá darse cuenta cuánto tiempo perdió escuchando los cantos de sirena de los que, con tal de comprender al Mal, se convirtieron en él.

Por GEES

Libertad Digital, 30 de Agosto de 2006.