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¿Y Navarra?

Zapatero ya tiene receta para Navarra: "Difícil, pero no imposible"

Zapatero ya tiene receta para Navarra: "Difícil, pero no imposible"

Sacar algo de su contexto es a veces casi tan malo como olvidarlo. Ir y venir entre los dos extremos, oscilar entre dramatismo y euforia y no mantener una postura firme es buena receta para que una opción política vaya mal. Bastante de eso está pasando estos días en Navarra: aunque ayer algo empezó a enderezarse en el Congreso de los Diputados.

 

UPN ha vencido las elecciones. El equipo de Miguel Sanz eligió para la larga campaña una síntesis de políticas de perfil bajo (más gestión que principios) con tonos alarmistas sobre el futuro de la comunidad. La cosa funcionó gracias al presidente (138.031 votos), pero no lo bastante como para lograr –solos o con Juan Cruz Alli- una mayoría absoluta. Con las leyes en la mano, hacen falta pactos.

 

El PSOE tiene la llave de cualquier pacto. Fernando Puras se mantiene en el suelo electoral del socialismo navarro, pero tanto Miguel Sanz como Patxi Zabaleta lo necesitarían para mandar establemente. UPN y PSN han gobernado con acuerdos básicos, aunque no en coalición, desde 1983 a 1991 y desde la crisis de Javier Otano hasta el advenimiento de Juan José Lizarbe. Por otro lado el PSOE tiene una amplia experiencia en pactos con nacionalistas, aunque en sitios que no son Navarra.

 

El PSN no ha decidido qué hará. Puras y Zapatero, derrotados de modo claro, se han colocado en situación de elegir pareja, pero realmente no se ha tomado aún una decisión sobre qué hacer. Así que queda por valorar ventajas e inconvenientes de cada opción, y ver si decide Ferraz o Pamplona. Porque el momento ya está claro: cuando se constituya el Parlamento y haya que elegir su presidente, sucesor de Rafael Gurrea; a partir de ahí, y sólo entonces, todo estará claro. Si Puras opta por un "pacto de progreso" con Nafarroa Bai y con IU Mariano Rajoy tendrá una gran baza electoral en el resto de España, y también UPN dentro de Navarra; a cambio, los socios tocarán poder y el "proceso de paz" podrá seguir. Si Zapatero consiente un pacto con UPN y vuelve la espalda a Zabaleta el PP y UPN deberán cambiar su argumentario, el PSOE pisará igualmente moqueta en Pamplona y además sus intereses electorales estarán mejor defendidos. Pero no habría, de momento, "proceso", y sí tal vez más muertos.

 

¿Y si deciden no elegir? Hay en camino unas elecciones generales. ¿Y si Zapatero elige no decidir hasta entonces? Así, llegaría a las urnas sembrando la confusión entre sus adversarios, y al mismo tiempo dejándose todas las puertas abiertas. Al fin y al cabo es cosa de meses, y nada más grato que tener a Miguel Sanz a su merced en minoría, con el Parlamento en contra, pendiente de un hilo. Si teniendo mayoría las políticas de UPN han sido pacatas y poco seductoras para sus electores -pueden pensar en el paseo de Valencia-, ¿qué mejor que acorralar al rival y ganar tiempo hacia 2008?

 

Que viene el lobo. Hace ya unos años se me llamó alarmista por anunciar el progresivo reforzamiento, no sólo político, del independentismo vasco en Navarra, así como sus causas. Ahora mi amigo Jaime Ignacio del Burgo habla de su incremento "significativo" y de la importancia de la cultura y la educación. Bien. En este escenario, en el que contrariamente a la costumbre española actual hay que hacer política de verdad, creo que UPN (sigue siendo el partido mayoritario y el centro de la política navarra), debe hacer suyas las palabras de Alberto Ruiz-Gallardón tras su triunfal reelección, y decir que "no es el momento de mirar atrás, de hacer reproches o de rencores, sino de convocar a todos".

 

Tengo para mí que las "horas buenas del reino" están aún por venir, y que todo lloriqueo nostálgico –sea cual sea su referente, está muerto y enterrado- sólo puede derivar en un integrismo marginal y estéril. A desafíos políticos hay que dar respuestas políticas. Replicar con formas estridentes asusta a la gente, lleva al desánimo y la debilidad, y renunciar a políticas ambiciosas en los valores y mediocremente limitadas a la gestión de la opulencia traslada la ilusión a otras latitudes. Zapatero y Puras están gestionando bien un capital político pequeño y frágil: sería lamentable dejarles saltar la banca con tan poca cosa.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 31 de mayo de 2007

Todos los datos sobre la polémica del momento. Por qué Navarra es Navarra y no puede ser otra cosa

Todos los datos sobre la polémica del momento. Por qué Navarra es Navarra y no puede ser otra cosa

Navarra no es el País Vasco. No lo ha sido jamás. Es una identidad política e histórica completamente singular que desde hace medio milenio siempre ha elegido ser española conservando su personalidad jurídica propia. En parte de Navarra se habla, entre otras, la lengua vasca, pero eso ya era así antes de que a nadie se le ocurriera hablar de “país vasco”. Anexionar Navarra al País Vasco no sería sólo una traición a la mayoría de los votantes navarros; sería, sobre todo, una traición a la historia.

 

Por una causa o por otra, Navarra ha sido desde su aparición en la Historia una especie de milagro institucional. Lo fue en el siglo VIII cuando los primeros caudillos pamploneses se debatían entre el poder franco -luego carolingio-, que quería poner una marca a ambos lados de los Pirineos; los Banu Qasi islamizados, parientes de los Arista, y la monarquía astur, que deseaba unir fuerzas en la Reconquista. Navarra tuvo con Sancho Garcés I el primer rey con atributos de monarca medieval y éxitos notables de Reconquista. Su tataranieto Sancho el Mayor orquestó las monarquías medievales cristianas en la Hispania romano-visigoda renaciente. Sancho VII el Fuerte, después de la cruzada de las Navas de Tolosa en 1212, que confirió las cadenas heráldicas al escudo de Navarra, murió sin descendencia directa, y el trono fue ocupado por monarcas de dinastías francesas. Con la de Evreux en los siglos XIV y XV alcanzó Navarra un esplendor notable, particularmente con el rey Carlos III el Noble, que unió Pamplona, dividida hasta entonces entre la ciudad de la Navarrería, el burgo de francos de San Saturnino y la Población de San Nicolás. Carlos instituyó, hace seiscientos años ahora, la merindad de Olite, con merino propio, en esta circunscripción típica de Navarra.

 

Las horas buenas del reino no duraron mucho. Una feroz guerra civil de setenta años entre agramonteses y beaumonteses, que se disputaron sangrientamente, primero, la primacía del Príncipe de Viana o de su padre; luego, la unión con Castilla o Aragón; después, la incorporación a la monarquía de Fernando el Católico o de Francisco I, cuando ya la nueva época del mundo alumbraba las naciones-Estado, concentrando los reinos medievales. Navarra fue conquistada por las tropas castellanas de Fernando el Católico, formadas mayoritariamente por caballeros guipuzcoanos y alaveses. En las Cortes de Burgos de 1515 unieron el reino a Castilla y no a Aragón, para evitar la descompensación de los grandes reinos, vistas las afinidades históricas con la corona aragonesa. Tras un intento de reconquista en 1521 del destronado rey navarro, ya en la órbita de la monarquía francesa, Navarra, con paz interna e incorporada a empresas históricas de tan gran calado como la América Hispana, mantiene instituciones propias como sus Cortes, Consejo Real, Virreyes, etc. Hasta que las exigencias del centralismo liberal borbónico las hace incompatibles con la unidad constitucional de la Monarquía en 1836, en plena guerra carlista.

 

Personalidad jurídica propia

 

¿Qué tenía Navarra para andar por las sendas de la Historia con su propia personalidad? El entramado jurídico-político de la Ley Paccionada de 1841, pobre en su redacción, pero que supuso ser aglutinante de todos los navarros, con colorido político diverso, en defensa del patrimonio histórico común. La gran demostración fuerista de la Gamazada en 1893-1894 fue ocasión clara de afirmar el régimen foral pactado por los liberales, vencedores en la Guerra Civil Carlista de Navarra, con sus homólogos nacionales, incluyendo también las pretensiones de los vencidos carlistas, tan navarros y españoles como ellos.

 

La Ley Paccionada, celosamente guardada por todas las Diputaciones navarras, consagró un sistema hacendístico propio hasta nuestros días, un control paternal o maternal de la Diputación a los ayuntamientos que la elegían por merindades, y un régimen de Administración propia en todo lo no reservado al Estado en la Ley Paccionada. Quedaba muy cerca el recuerdo de las últimas Cortes de Navarra celebradas en 1828-29, la institución del Virrey, luego Capitán General, Diputación del Reino hasta 1836, y otras manifestaciones de la soberanía conservada por Navarra, reino independiente hasta 1515 y reino unido a los demás de la monarquía, con Cortes propias hasta esa fecha de 1836. Esto ha sido patrimonio común de todos los navarros, en esa institución tan querida hasta la muerte como son los Fueros.

 

En las dos constituciones republicanas de 1873 y 1931 se planteó la cuestión Navarra. En la primera, su carácter federal dio la posibilidad a Navarra de elegir. Y lo hizo manteniéndose con su personalidad propia. En la II República, con el Nacionalismo Vasco más fiel al integrismo político que en estas calendas, la derecha Navarra y más concretamente el tradicionalismo dudó sobre la conveniencia de un estatuto común. La minoría parlamentaria vasco-navarra luchó unida en las Cortes españolas en cuestiones importantes de visión de la vida pública y de la configuración institucional. Pero a la hora del Estatuto, Navarra fue por su camino y las tres provincias vascongadas, por el suyo.

 

Recuerdo en mi niñez, y lo he visto luego en documentos elocuentes, cómo en el régimen de Franco, personalidades destacadas en la vida Navarra dejaron sus cargos por entenderlos incompatibles con los gobernadores civiles de los Contrafueros, pronto relevados por Franco ante la menor queja de la Diputación Foral, que sabía hacer valer el papel de Navarra en las horas decisivas de 1936.

 

Navarra ha sido y es un milagro histórico al que han contribuido sus hijos y quienes han elegido esta tierra para vivir, tan diversa entre Montaña pirenaica y vascocantábrica, zona media de pequeñas sierras y Ribera de amplios horizontes. Diversa en sus gentes, con raíces distintas de procedencia vascona, ibera, franca con el Camino de Santiago que surca su territorio, judía, etc. Diversa en sus lenguas, cuna del romance hispano fue san Millán de la Cogolla, en el reino pamplonés cuando aparecen sus glosas; la lengua vasca tiene en Navarra sus plumas más insignes y la mejor riqueza dialectal; el occitano y el francés –que nace con la Chanson de Roncesvalles- han sido también habituales. El español de Navarra tiene una gran riqueza lexicográfica precisamente por el mosaico humano y cultural que esta tierra encierra y por su carácter de región periférica. Todo ello en un territorio que no ha tenido grandes variaciones geográficas desde que, en 1200, los caballeros guipuzcoanos y alaveses decidieron incorporarse a Castilla, a la que se sumó primero, en el siglo XI, con la derrota de Atapuerca la burgalesa tierra de Oña, y después la Rioja del Ebro, no así el apéndice alavés-riojano de la Sonsierra, que duraría hasta el siglo XV, como la tierra de Ultrapuertos abandonada por su difícil defensa por Carlos I. En contrapartida, tierras de Castilla como Fitero o Los Arcos pasaron al reino de Navarra.

 

La Historia es ante todo escuela de humildad y no seré yo quien alardee de nada y de nadie. Todos descendemos del Creador y entre nosotros y Adán y Eva hay una cadena humana de nobles, santos, pobretones, calamidades… Navarra ha sabido integrar culturas, salvaguardar sus costumbres, proteger sus intereses. Hoy se pone en entredicho su personalidad y los navarros tienen dentro de su fortaleza gentes minoritarias que abren brechas para que invadan su corazón. Solo será posible si la política desenfrenada, si la contracultura del resentimiento, si la violencia sobre la vida y las haciendas, consiguen sus objetivos. Nos encontramos ante una página apasionante de la Historia de Navarra. Somos sólo seiscientos mil habitantes en un rincón de la España sufriente, en esta Europa itinerante del Camino de Santiago, entre el Pirineo esbelto y el llano del valle del Ebro. Comparta el lector nuestro latir del corazón, la preocupación del mañana y el sentido del ayer.

 

JESÚS TANCO LERGA

El Manifiesto, 29 de mayo de 2007

Nafarroa Ez

Nafarroa Ez

Nafarroa Bai es una formación legal que ha rechazado por activa y por pasiva la violencia, a diferencia de ANV, aquí no reside el problema para pactar con ella. El problema está en que tiene la misma concepción de la relación de Navarra con España que tiene ETA, no el PNV. El País advertía hoy a Zapatero en su portada a cuatro columnas de los riesgos del acuerdo de Zabaleta y Puras: "Dirigentes socialistas recelan de un acuerdo con nacionalistas en Navarra". ¿Se atreverá Zapatero?

 

Muchos de los que a principios de los años 90 vimos el distanciamiento veraz y creíble de Patxi Zabaleta de alguno de los planteamientos de Batasuna nos alegramos. Recibimos con satisfacción la valentía de su decisión de apartarse de la violencia justificada por parte de Batasuna. Fue uno de los primeros en dar un puñetazo sobre la mesa y, aunque sin condenar, expresar su total rechazo a la defensa de los planteamientos políticos a través del terror, la coacción y el asesinato.

 

Que alguien que participó del núcleo dirigente de Herri Batasuna se atreviera por fin a realizar algo de autocrítica y tener el coraje de comenzar un camino en solitario fuera de ese gueto parecía una utopía o una ingenuidad. Pero este abogado navarro lo emprendió.

 

Casi 10 años después es justo reconocer que, en lo que respecta exclusivamente al rechazo a la violencia de ETA, de sus aprendices callejeros y de los promotores o jaleadores de las coacciones, ha cumplido, a diferencia de ANV. Aralar, formación que constituyó Zabaleta en Pamplona, no ha dejado de rechazar todo tipo de violencia y todos los asesinatos desde entonces.

 

A la vez que hacía política en la calle, pueblo por pueblo de Navarra, Zabaleta no ha dejado de sumar apoyos y de crecer electoralmente. Los hechos y el tiempo han indicado efectivamente que estamos ante un partido político legal que pretende defender sus ideas exclusivamente con la palabra en los ayuntamientos o en el Parlamento foral.

 

Hasta aquí, una primera descripción de lo que es y ha sido Zabaleta, el bruñidor de la gran colación Nafarroa Bai, clara vencedora de los comicios en Navarra.

 

El rechazo de la violencia está confirmado por parte de Zabaleta, Aralar y Nafarroa Bai, por que lo que cualquier partido podría llegar a pactar o a votar conjuntamente una determinada ley en el Parlamento o en cualquier ayuntamiento. Aquí no está el problema respecto al posible acuerdo del PSN con Nafarroa Bai.

 

Igual que ETA

 

El problema está en la concepción que tienen Zabaleta y Nafarroa Bai de lo que es Navarra y su relación con el País Vasco y España. Jon Juaristi, en su artículo "Navarra, tiempos sombríos", publicado hoy en ABC, explica meridianamente claro que el nacionalismo navarro de Zabaleta defiende la concepción de la colonización de Navarra por parte de España. "No es el suyo (de Zabaleta) un planteamiento soberanista o confederal, como el PNV, sino anticolonialista, como el de la ETA alucinada de los orígenes. Y en ese planteamiento, España es el enemigo imperialista del que hay que desembarazarse".

 

He aquí el problema para pactar con Nafarroa Bai. Y si además añadimos las sospechas más que fundadas del posible pacto del Gobierno con ETA durante sus negociaciones de la puesta en marcha de un órgano de conexión vasco-navarro, la oposición al acuerdo de Patxi Zabaleta con Fernando Puras está más que justificado.

 

Este riesgo lo ha venido advirtiendo el Partido Popular durante toda su campaña electoral. Pero es curioso que también vean este peligro distintos sectores de la izquierda. El diario El País llevaba en portada esta mañana a cuatro columnas como principal noticia del día el siguiente titular: "Dirigentes socialistas recelan de un acuerdo con nacionalistas en Navarra". Es decir, Prisa está indicando al Gobierno que no se meta en aventuras independentistas de consecuencias imprevisibles, entre las que se encuentra a medio plazo el resultado de las próximas elecciones generales.

 

Pero Prisa no es el único en oponerse a este pacto. Hay algunos otros referentes de la izquierda con sentido común, como el secretario de CCOO, José María Fidalgo, que sin ningún tipo de tapujos ha apostado por un acuerdo PSOE-UPN para el Gobierno foral.

 

¿Será capaz de verlo también así Zapatero? Es posible que ahora no se atreva a pactar con Nafarroa Bai por miedo a las generales, pero la pregunta sigue estando en pie: ¿Será capaz de hacerlo?

 

Raquel Martín

Páginas Digital, 29 de mayo de 2007

 

NaBai sumó votos de nueve lados

NaBai sumó votos de nueve lados

La coalición ha «mordido» 12.500 votos de IUN, unos 4.000 de los ilegalizados, parte de los 18.000 nuevos votantes, algo del PSN, la mitad de EKA... Pero sus 77.000 pueden ser los 600.000 de Ibarretxe.

 

77.625 votos convierten a Nafarroa Bai en la fórmula de moda y algo más. El análisis de su evolución muestra que no sólo sumó los apoyos tradicionales de Aralar, EA, PNV y Batzarre, sino que ha entrado al abordaje en IUN, ha rascado 4.000 votos de la izquierda abertzale ilegalizada, ha arañado algo al PSN, al Partido Carlista y hasta a la abstención. La presencia institucional le ayudaría a ensamblar ese puzzle.

 

El sondeo realizado para EiTB a pie de urna y difundido a las 20.00 del domingo llegaba a situar a Nafarroa Bai como primera fuerza en Iruñea, por delante de UPN. Finalmente, Uxue Barkos se quedó a 18.000 votos y más de 16 puntos porcentuales de Yolanda Barcina, pero la anécdota sirve para constatar que votar a la coalición había adquirido una connotación positiva que se reflejaba ante las preguntas de los encuestadores, hasta el punto de distorsionar claramente el resultado final. NaBai es la fuerza de moda, y Barkos, su expresión más evidente.

 

Los resultados de Nafarroa Bai han suscitado notable sorpresa en el ámbito estatal. Pero no tanto en Nafarroa, donde la verdadera irrupción estuvo en los 60.552 sufragios logrados en las elecciones al Congreso de hace tres años, en su primera cita.

 

La lista liderada ahora por Patxi Zabaleta gana 17.000 votos respecto a esa cifra, lo que supone un avance importante, pero no espectacular. Tampoco lo es la comparación con los 54.321 logrados hace cuatro años, en estas mismas elecciones, por Aralar, EA-PNV y Batzarre cada uno por su lado.

 

Un análisis detallado de los resultados del resto de fuerzas confirma que Nafarroa Bai se ha convertido en un gran recipiente al que han ido a parar casi todas las expectativas de sacar a UPN del Gobierno. Y todas las formaciones que se podían situar en su órbita se han visto alcanzadas en mayor o menor medida por esta oferta.

 

En IUN, sobre todo, quizás estén a estas horas tirándose de los pelos por haber rechazado con cajas destempladas la invitación realizada hace tres años para sumarse a la plataforma. La candidatura de Ion Erro pierde de golpe casi la mitad de los votos al Parlamento (baja de 26.834 a 14.244), lo que supone un pellizco de más de 12.500 apoyos que se convierte en la primera fuente de alimento para NaBai. La OPA ha sido más dramática todavía en el Consistorio de Iruñea, de donde IUN desaparece tras perder casi 6.000 de sus 10.355 votos. Patxi Zabaleta tuvo ayer significativas palabras de consuelo y homenaje para Idoia Saralegui, su cabeza de lista.

 

El desarrollo de la campaña ya permitía preverlo. Tras aparcar las reivindicaciones abertzales y hacer bandera de las cuestiones sociales, Nafarroa Bai se había «comido» el discurso de IUN. Y el hecho de que en los otros tres territorios EB fuera de la mano de Aralar, principal fuerza de NaBai, no habrá ayudado a su electorado a situarse.

 

El veto a la izquierda abertzale en el Parlamento ha favorecido que NaBai encontrara un segundo caladero de voto en este sector. Lo muestra el hecho de que esta vez haya habido 4.000 nulos menos que en 2003. Para ello, además, NaBai no ha tenido que «mancharse» políticamente tanto como ocurrió en 2003. La petición de «voto útil» iba intrínseca en el mensaje de que había que echar a UPN del Gobierno, algo a lo que los ilegalizados no podían contribuir técnicamente. La erosión, en cualquier caso, no es grande; más se parece a un voto prestado. El caso de Iruñea evidencia que los simpatizantes de la izquierda abertzale votan a ANV donde es legal, pero no donde no servía para ese cambio (7.187 eligieron a Mariné Pueyo en Iruñea, pero de ellos sólo 4.524 optaron para el Parlamento por el «ilegal» Santi Lorente).

 

No acaba ahí la cosecha de NaBai. Anteayer votaron 18.000 personas más que hace cuatro años, y cabe intuir que muchos cogieron la papeleta de la coalición. Es lógico también pensar que hubo quienes apoyaron entonces al PSN, que se postulaba como el voto de cambio frente a UPN, y ahora se han ido a NaBai por ser quien lidera esta posición. Incluso se ve su huella en los 500 votos perdidos por EKA.

 

La opción de tocar poder en Nafarroa puede pasar ahora a ser una prioridad para una coalición que quedaría así apuntalada. En el acto central de campaña del Pabellón Anaitasuna se habló reiteradamente de la necesidad de mantener la unidad, que podía haber estado en entredicho si UPN-CDN retenían la mayoría y le condenaban a la ingrata oposición. Milagros Rubio (Batzarre) dijo que «necesitaremos un movimiento social fuerte», consciente de que la clave de su irrupción está más en los medios que en la calle, como quedó claro en el propio acto.

 

El resultado global tapa también algunos fiascos como el de Leitza, donde Aralar no alcanza un solo edil tras haber tenido la Alcaldía, o el de Bera, donde se queda en dos actas. El coordinador general de Aralar, Patxi Zabaleta, es de Leitza; su vicecoordinador, Jon Abril, de Bera.

 

Zabaleta afirma que el resultado pone a NaBai en la rampa de lanzamiento para aspirar a ser primera fuerza en Nafarroa. Pero sus 77.000 votos también puede ser aquellos 600.000 de Ibarretxe en 2001.

 

Ramón Sola

Gara, 29 de mayo de 2007

Patxi Zabaleta, presidente de Navarra: ¿se rompe España?

Patxi Zabaleta, presidente de Navarra: ¿se rompe España?

UPN se ha quedado a un escaño de la mayoría absoluta en Navarra, y ahora los socialistas deben decidir si se alían con los antiguos batasunos que quieren la integración en el País Vasco.

 

Con una participación electoral superior a la de anteriores convocatorias –en contraste con un mayor desinterés en el resto de España- Navarra votó ayer. Unión del Pueblo Navarro ha vencido, como en todas las elecciones celebradas desde 1987. Sin embargo, el partido del presidente Miguel Sanz no ha tenido la mayoría absoluta, ni los votos de su escisión, el CDN de Juan Cruz Alli, bastan para alcanzarla.

 

¿Es un drama sin precedentes? ¿Se rompe España? Depende de qué medios de comunicación siga uno parecería que sí; de hecho, a pie de calle, las cosas son más sencillas, aunque no menos graves.

 

Uno. Nunca ha habido mayorías absolutas. En Navarra, en democracia, ha habido siempre Parlamentos muy variados y mayorías relativas. UPN ha estado a punto de lograr algo que con nuestra ley electoral es muy complicado, pero no ha sido así. La reflexión sobre las causas debe llegar dentro de unos días, pero sin angustias.

 

Dos. Normalmente, el partido mayoritario ha gobernado. El Amejoramiento del Fuero obligaba, en caso de faltar una mayoría alternativa, a que fuese presidente del Gobierno el candidato del partido más votado. Siempre se hizo así, salvo cuando el PSN de Javier Otano y el CDN de Alli se unieron a los abertzales moderados para cerrar el paso a Sanz en 1995. Los escándalos de corrupción devolvieron las aguas a su cauce, y esa disposición legal fue derogada, precisamente, por Miguel Sanz.

 

Tres. La única alternativa a Sanz pasa por el nacionalismo. La mayoría de UPN, aunque relativa, es tan grande que sería necesaria la unión de todas las fuerzas de la actual oposición para que el Gobierno fuese de otro color. El PSN está muy lejos por detrás de UPN, y si Fernando Puras quiere participar del poder sin contar con el centroderecha tendrá que pactar con los independentistas de Nafarroa Bai.

 

Cuatro. Todo depende del PSN-PSOE. En Navarra no es aplicable la división entre izquierdas y derechas, válida en el resto de España. Aquí existe, además, la trinchera excavada por el nacionalismo vasco. Si Zapatero quiere pactar con Patxi Zabaleta tendrá que explicarlo a sus militantes y afiliados, que comparten el modelo institucional defendido por UPN, pese a las lógicas diferencias políticas. La mano tendida de Sanz pondrá las cosas aún más difíciles para ZP y Puras.

 

Cinco. La convivencia está en peligro, pero España no se rompe. Haga lo que haga el PSOE, la Constitución y las leyes marcan unos límites infranqueables. El nacionalismo querrá su cuota de poder para construir su nueva "realidad nacional", pero los peligros de esa obra de zapa ser verán a medio y largo plazo. España no se rompe hoy, aunque Zapatero tendrá que explicar a los navarros por qué un hombre que fue abogado de ETA gobierna en la Comunidad Foral, pudiendo ser de otra manera. Porque lo que pone en riesgo la convivencia es la ambición zapateril de cambios institucionales, y no la sed de poder de sus gentes aquí, que podría quedar más que saciada en coalición con UPN.

 

Seis. Se manipula la autonomía. Navarra, gobierne quien gobierne, tiene unas competencias propias al servicio de sus ciudadanos y en el seno de la nación española. Navarra no es España porque lo digan las urnas –que, además, lo han dicho- ni dejará de serlo porque las componendas entre partidos vayan a entregar el poder a un secesionista. Zabaleta ha aprovechado la oportunidad que todos los demás candidatos le han dado al afirmar que "Navarra será lo que los navarros digan"; para Zabaleta eso quiere decir que "Navarra será lo que consigamos hacer firmar al PSOE a cambio de poder". NaBai sólo puede gobernar en Navarra si Zapatero quiere, y ambos están limitados en cualquier caso por la soberanía inviolable de la nación española. Que no se rompe así.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 28 de mayo de 2007

Una decisión de Sanz que puede costarle la presidencia

Una decisión de Sanz que puede costarle la presidencia

La campaña electoral ya ha empezado, o mejor dicho, se ha redoblado. No hay carteles que pegar, porque UPN no lo hace –salvo situaciones excepcionales- desde los años 80, en tiempos de don Jesús Aizpún; "una campaña limpia", se dijo entonces", aunque las razones fuesen otras. El PSOE de Fernando Puras sí usaría los viejos métodos, si pudiese, pero no anda sobrado de militantes jóvenes. Cuando Zapatero vino a Pamplona a finales de abril –la primera vez que se atreve en cuatro años- echaron mano de todos los menores de 35 años para que sirviesen de decorado en el mitin. Había pocos y aún se les coló alguno mayor. Así que han llegado las vacas gordas para las empresas y el merchandising, pero de eso ya hablaremos otro día, que hay mucha tela que cortar.

 

El miércoles 8 los políticos se desayunaron con la primera encuesta publicada, aunque no hecha. Obra de Demoscopia para Antena 3 y Onda Cero, es decir para Diario de Navarra. Oh, sorpresa, ganará UPN. Sin novedad en el frente navarro, el centroderecha lo ha ganado todo desde 1989. 22 ó 23 escaños de los 50 para UPN, que tiene ahora 23: aquí, como en Murcia, no hay desgaste. El equipo de campaña que coordina Eradio Ezpeleta y dirige Alberto Catalán tiene unas rentas acumuladas que para sí las quisieran otros. La única pega es que el CDN de Juan Cruz Alli podría no llegar al 3% de los votos, y podría no aportar esos dos escaños necesarios para llegar a la mayoría. Decían en el siglo XIX del Imperio Austrohúngaro que "uno no se alía con un cadáver"; pues ahí estamos, en el filo de la espada, aunque el presunto cadáver sea culto, encantador y simpático.

 

Ahora, una explicación para el resto de españoles: ¿cómo puede no gobernar el partido que gana las elecciones, si además saca una docena de parlamentarios de ventaja al segundo clasificado? En 1982 la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Fuero de Navarra (o sea, nuestro régimen de autonomía) estableció en el artículo 29 que, salvo que hubiese una mayoría parlamentaria en contra, el candidato del partido más votado podría ser presidente de manera automática. Así fueron presidentes el socialista Gabriel Urralburu, el regionalista Juan Cruz Alli y también Miguel Sanz en la legislatura tormentosa de 1995. En la Transición se había pensado en la estabilidad...

 

Sin embargo, en el año 2001, Miguel Sanz decidió, y UPN pactó con el PSOE, la supresión de ese procedimiento automático, que en los Ayuntamientos sigue existiendo sin que nadie lo tache de antidemocrático. Un día de estos hablaremos de cómo fue aquello, y de cuáles de los protagonistas han cambiado de opinión. Baste por ahora una reflexión: si no se hubiese cambiado el Amejoramiento Sanz no dependería del volátil CDN, Patxi Zabaleta y Fernando Puras tendrían que decirnos a la cara que se van a unir, y Navarra sería un poco más estable. De lo que no cabe duda es de que aquella decisión institucional del presidente va a animar mucho esta campaña.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 11 de mayo de 2007

Zapatero pasa por Iruña sin aportar ninguna iniciativa

Zapatero pasa por Iruña sin aportar ninguna iniciativa

«Los navarros ya han dicho qué quieren ser en el marco de la Constitución». Con esta afirmación despachó el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, la cuestión clave que ha llevado al bloqueo el proceso de búsqueda de solución al conflicto. Fue en Iruñea, donde ofreció su primer mitin en más de tres años y donde amenazó de nuevo con aplicar la Ley de Partidos «en todos sus términos».

 

El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, da por sentado que «los navarros ya han dicho qué quieren ser en el marco de la Constitución española». Así lo afirmó en un mitin realizado ayer en el Baluarte de Iruñea y que tenía otro punto de atención -las elecciones del día 27- que solventó en una sola frase: «El Gobierno aplicará en su letra y espíritu la Ley de Partidos en todos sus términos; lo harán el fiscal y la Abogacía del Estado».

 

Escogiendo las palabras con cuidado, el líder del POSE añadió dos impresiones personales sobre la cuestión de la territorialidad. Primero afirmó: «Si me preguntan, yo digo: `Navarra está muy bien como está'». Más tarde añadió: «Tenéis la suerte de ser una comunidad singular, y eso es algo que merece la pena defender apelando a la tolerancia y la convivencia». Paradójicamente, en el mismo mitin tanto Zapatero como Fernando Puras criticaron al PP por desembarcar en Iruñea para imponer a la ciudadanía navarra su decisión, en la marcha del 17 de marzo.

 

En coherencia con la afirmación de Zapatero de que «los navarros ya han dicho qué quieren ser», en ningún momento del acto político, de hora y cuarto de duración, se expuso alguna vía que pueda materializar de modo directo esa capacidad de decisión. No se aludió siquiera a la propuesta del secretario general del PSN, Carlos Chivite, para que por vez primera se realice un referéndum sobre un Amejoramiento «maquillado».

 

Sentado ese criterio, Zapatero y Puras abogaron por la necesidad de un cambio de gobierno que fomente fórmulas de convivencia y de relaciones «con todas las comunidades autónomas». El primero de la candidatura del PSN fue más explícito en este terreno al enumerar una larga lista de localidades del herrialde y reivindicar «una Navarra en la que quepan todas, cada cual sin imponerse sobre el otro. Navarra es así, es plural y así debe seguir siéndolo sin que lo dilapiden unos y otros».

 

El aspirante a sentarse en el sillón que hoy ocupa Miguel Sanz habló, en la misma línea, de que «Navarra no se merece que la zarandeen unos y otros, que la exhiban en la plaza pública cuestionada, inestable, con un futuro incierto». Lamentó que «nuestra imagen es cada vez peor», de lo que culpó al discurso de UPN-PP y la citada manifestación de marzo.

 

Por contra, apenas hubo referencias a la izquierda abertzale y su propuesta de una autonomía a cuatro que resolvería el conflicto. Sólo de modo muy tangencial lo hizo Fernando Puras, al apuntar que el PSN «es contrario a veleidades y aventuras que son ajenas a la voluntad de la inmensa mayoría de esta comunidad».

 

Decepcionados con Sanz

 

Zapatero apareció más suelto cuando hizo referencia al presidente del Gobierno navarro y líder de UPN. A Miguel Sanz le llovieron críticas de todos los lados, desde la presentación del acto hecha por la parlamentaria Elena Torres hasta el discurso de Puras y el del presidente español, que comenzó precisamente por este punto.

 

«Hemos cumplido con un esfuerzo de trabajar por el fin de la violencia de ETA -explicó Zapatero-. Hoy os digo una cosa: el futuro es la paz necesaria y el pasado es la violencia intolerable. En esa tarea he contado con apoyo sabiendo que es una tarea difícil, larga, pero un deber para un gobernante. Me hubiera gustado contar con ayuda cierta, responsable, de todos, también del presidente de la Comunidad de Navarra. Nunca le hubiera pedido siquiera lo que dijo en la tregua de 1998 al salir de La Moncloa: `Navarra sabrá ser generosa'. Pero lo mínimo que podía haber hecho era ser prudente y responsable».

 

Ante un auditorio entregado de inicio pero que luego no encontró excesivas ocasiones para jalearle en su discurso, Zapatero sí recibió aplausos cuando habló de la manifestación de la derecha en Iruñea: «Vino Rajoy y Sanz se puso detrás. Hoy os digo una cosa: votar a Sanz es votar a Rajoy. Seguro que no le gusta que lo diga, pero es así. En cambio, yo digo que votar a Puras es votar a Zapatero», concluyó.

 

En un tono más enfático que el del inquilino de La Moncloa, el candidato a la Presidencia del Gobierno navarro también tuvo muchas descalificacioines para Miguel Sanz. «¿Cómo no va a querer cambio la sociedad navarra, si está harta del Gobierno y de Sanz? Necesita tener enemigos, peligros y fantasmas», dijo.

 

Para Puras, esta actitud tiene una explicación: «Se siente débil, no cree en el compromiso cívico de la sociedad y reduce su credibilidad al polígrafo». Más tarde, abundó en que «Sanz no inspira más que freno, pasado y crispación, mientras que Zapatero es impulso, futuro y convivencia». Censuró además que el 17 de marzo «nos trajeran a Rajoy y su cofradía para decirnos que los navarros no nos bastamos para resolver nuestros problemas». Y reiteró el concepto de que UPN y el PP sólo trasladan «fantasmas». En este contexto citó los artículos y libros de Jaime Ignacio del Burgo, que encuadró irónicamente «en la colección PP: Patrañas Populares». Recuperando el tono serio, Puras se mostró muy molesto porque «Navarra no merece que la pongan en manos del PP y a su servicio».

 

Sin palabras sobre alianzas

 

Pero la mayor parte del acto político fue destinada por el PSOE a movilizar a sus simpatizantes de cara a las elecciones del 27 de mayo y a reivindicar a este partido como «cambio». A ello se dedicaron tanto Puras como Zapatero, con una extensa exposición sobre su propia gestión en el Gobierno español en materias como la economía, el empleo, la vivienda, la igualdad entre sexos y otros derechos.

 

Fernando Puras insistió en que la sociedad navarra demanda con claridad otro gobierno, pero volvió a evitar posicionarse sobre las alianzas postelectorales. Y cuidó con mimo su equidistancia, como queda de manifiesto en la frase final de su discurso: «Nuestra misión no es facilitar que otros lleguen al gobierno, sino llevar al gobierno el proyecto socialista. Unos nos piden responsabilidad [por UPN] y otros progresos [por Nafarroa Bai]. Pero responsabilidad y progreso no pasan necesariamente por ellos, porque son conceptos de puro socialismo».

2.000 personas

 

La sala principal de Baluarte, con capacidad para 1.500 personas, se abarrotó y otros 500 simpatizantes siguieron el acto por pantalla en una sala anexa. Es la misma cantidad que reunió el PP, con Rajoy, en su último mitin en Iruñea.

SIN REFERENCIA NAVARRA

 

En el escenario no había referencias concretas a Nafarroa, sino el montaje standard: las siglas del PSOE y su lema en la precampaña: «Miramos adelante». Torrens saludó al auditorio con un «Egun on, Iruñea». Fueron las únicas palabras en euskara.

ÁNIMOS PARA AVANZAR

 

Cuando Zapatero se declaraba obligado a buscar la pacificación, desde el público se escucharon con nitidez dos voces que le animaban: «Dí que sí» y «Adelante». El líder español no hizo afirmación alguna sobre si considera rota o no esa posibilidad.

 

FERNANDO PURAS

 

Al Parlamento navarro

 

«Mirad las listas: a Sanz le están abandonando los mejores de los suyos, y será porque le ven las orejas al lobo»

 

JAVIER TORRENS

 

Al Ayuntamiento de Iruñea

 

«Basta ya de olvidarse de la mayor parte de la ciudadanía y de los colectivos que no se pliegan ante UPN»

Puras, «patriota"

 

Torrens presentó a Puras, que al ser nuevo candidato sigue siendo un desconocido para muchos, como «persona con talento y talante, que genera confianza y tiene muy clara la idea de Navarra. Un patriota navarro de los de verdad, no de los de palabra».

Por puente de plata

 

No cabe atribuir a la casualidad ni a las apreturas del calendario el hecho constatable de que el presidente español no hubiera comparecido en Nafarroa en estos tres años en que lleva las riendas del Gobierno. De hecho, era la única comunidad autónoma en la que no había ofrecido un solo acto político entre el 14 de marzo de 2004 y ayer. Esa aparente despreocupación no se corresponde con la importancia política del herrialde en el tablero político general, y mucho menos todavía concuerda con el peso específico que Nafarroa tiene en la cuestión central de la legislatura: la búsqueda, o no, de una solución al conflicto en Euskal Herria. Tampoco se le recuerdan a Rodríguez Zapatero excesivas afirmaciones sobre Nafarroa que no se salgan del tópico. Así que poca duda hay de que ha gestionado con mucho mimo esta cuestión. Y con un criterio: uno es esclavo de sus palabras, pero dueño de sus silencios. Probablemente, con una campaña electoral por delante a Zapatero en realidad simplemente no le quedaba ya otra opción que dejar de escurrir el bulto. Sea como sea, el mitin podía abrir cierta posibilidad de que el presidente español entrara en harina. Sin embargo, las vísperas han retratado con claridad el amplio margen de maniobra con que cuenta también en esta cuestión. Tres ejemplos: el jueves en Barcelona, Josu Jon Imaz emulaba a UPN-PP al manifestar que el PNV no aceptará que «Navarra sea moneda de cambio» de la solución, como si no fuera justo lo contrario: la moneda de cambio del conflicto; el viernes, Uxue Barkos manifestaba en Iruñea que «el futuro de Navarra lo decidimos los hombres y mujeres de esta comunidad», o sea, lo que ayer dijo Zapatero; y en la misma rueda de prensa, Patxi Zabaleta formulaba un interrogante solemne ante el acto del Baluarte: no consistía en emplazar a Zapatero sobre si aceptaría la decisión libre de la ciudadanía, sino en reclamarle «si está dispuesto a participar en un gobierno de progreso». El líder español, evidentemente, no tuvo problema en hacer suyas todas estas frases, reducir el acto a un brindis al sol y huir por puente de plata en dirección contraria a la de la solución. Y en la vuelta a Madrid quizás soñó con que dentro de tres años ya volverá para decir lo mismo.

 

Ramón SOLA

Gara, 30 de abril de 2007

"No aceptamos nada sin Navarra y autodeterminación"

"No aceptamos nada sin Navarra y autodeterminación" La autodeterminación y la inclusión de Navarra en una comunidad autónoma conjunta con Euskadi, siguen siendo las condiciones de la izquierda abertzale para aceptar un nuevo marco político para el País Vasco. Este planteamiento fue hecho por los dirigentes de Batasuna en el acto que habían convocado en Baracaldo para oficializar su posición, tras la ruptura del alto el fuego por ETA el pasado 30 de diciembre. El acto había sido prohibido por el juez Baltasar Garzón, que finalmente aceptó que se celebrase, siempre que no se hiciera mención a Abertzale Sozialisten Batasuna (ASB), el nuevo partido abertzale cuya inscripción ha sido solicitada, y que se encuentra bajo investigación para determinar si está o no relacionado con la ilegal Batasuna.

El dirigente de la izquierda abertzale Pernando Barrena fue el encargado de plantear el mensaje fundamental del acto: dijo que no aceptarán nada "por debajo de la territorialidad -es la alusión a Navarra- y la autodeterminación". Barrena dijo que el PSOE debe "sentarse y entablar la batalla de las ideas", y que "la izquierda abertzale tiene muy claro que no va a haber nada por debajo de la territorialidad y la autodeterminación".

 

También señaló que "la lucha va a ser determinante para un nuevo escenario democrático de resolución", añadiendo que "la lucha mantenida por la izquierda abertzale ha provocado la actual crisis del Estado español". "La ultraderecha sabe que está en juego el modelo de transición y el PSOE debe atreverse a romper amarras con el fascismo y la ultraderecha, y para eso sí contará con la izquierda abertzale", aseguró.

 

Pernando Barrena manifestó que, "frente al intento de la izquierda abertzale de encauzar el proceso", el PSOE y el PNV han actuado de una forma "irresponsable, dilatando el diálogo y priorizando el partidismo". Indicó que lo "grave", en el caso del PSOE, es "no haber permitido crear la mesa de partidos". Por último, dijo que tanto PSOE como PNV saben que la propuesta que la izquierda abertzale hizo en Pamplona de una autonomía conjunta para Navarra y País Vasco es "sensata, democrática y factible", agregando que esos dos partidos "evitan el debate, amparándose en denunciar la violencia de otros, como si la suya no fuera violencia". Por su parte, Arnaldo Otegi manifestó que "la izquierda abertzale estará en las próximas elecciones tal y como es, sin subterfugios y sin disfraces".

 

El acto comenzó con una hora de retraso al no poder entrar los organizadores al recinto, porque una orden de la Audiencia Nacional impedía la entrada a todos ellos hasta que no tuviera en su poder las firmas de los promotores del acto comprometiéndose a que durante el mismo se citaría a Abertzale Sozialisten Batasuna. En total, 41 de los promotores se comprometieron por escrito a respetar las condiciones impuestas por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. Otros de los convocantes del acto no pudieron firmar el escrito por encontrarse en prisión.

 

El compromiso consistía en una renuncia "a efectuar cualquier referencia directa o indirecta, verbal, visual, estática o dinámica, por medio de pasquines, propaganda o manifestaciones verbales, comunicados o cualquier otra forma a la organización Abertzale Sozialisten Batasuna (ASB) su existencia, presentación o intención de acudir a las elecciones con este nombre y estatutos".

 

De todas formas, Garzón solicitó a la Ertzaintza que elabore un informe detallado sobre las incidencias que puedan llegar a producirse durante la celebración del acto de la izquierda abertzale. Garzón había explicado, mediante un auto, que la razón para solicitar este requisito es que "en la situación actual, y visto el contenido de sus estatutos", se estima que ASB podría ser continuación de Batasuna, cuyas actividades están suspendidas.

 

Diario Ibérico, 1 de abril de 2007