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ZP juega con dos barajas

El errático viaje del Estatuto catalán debería proporcionarle a Zapatero importantes lecciones. El “no” aprobado hace unos días por la dirección de Esquerra Republicana ha convertido este proyecto en una victoria pírrica para los socialistas, que ven cómo el Gobierno de Maragall se desmorona y se avecinan unas elecciones que podrían hacerles perder esta plaza fuerte.

El presidente ha sufrido ya los estragos de haber pactado con un nacionalismo extremista como es el de ERC y sabe que el apoyo de última hora que le brindó CiU para aprobar el Estatuto fue la única posibilidad de salvar la cara y salir del atolladero. Es imposible que no trate de aplicar esta enseñanza a lo que se ha convertido en el producto estrella de esta legislatura y en el único asunto de interés en su propia agenda: el fin de la violencia de ETA.

Así pues, Zapatero seguramente revisa una y otra vez el guión que le escribió Eguiguren (PSE) y no termina de creer que sea posible un pacto con Batasuna en Euskadi y en Navarra. En el laberinto catalán, CiU fue una puerta falsa, una salida de emergencia, y ahora el jefe del Ejecutivo sabe que, en la cuestión vasca, necesita tener una salida de emergencia, un Plan B, por si las cosas se ponen feas con Batasuna/ETA. Es una jugada arriesgada y ZP la va a jugar con dos barajas.

Éste es el sentido del acercamiento del presidente del Gobierno al sector más moderado del PNV, representado por el presidente, Josu Jon Imaz, que fue escenificado el pasado jueves en La Moncloa. Todo apunta entonces a que el Plan B pasaría por llegar a acuerdos con el PNV, reforzando el ala más constitucionalista de este partido frente a los soberanistas. Jugar con dos barajas y a dos velocidades.

Por ello tiene importancia el mensaje que está transmitiendo el propio Imaz y el presidente del Senado y secretario del PSE en Álava, Javier Rojo, pidiendo cautela y unos plazos más largos. “Primero, la paz; luego la política”, recomienda el presidente del PNV, pidiendo que la mesa de partidos se aplace, se haga en el ámbito parlamentario e incluya al PP. “Hoy es imposible un pacto entre el PSE y Batasuna”, advierte Javier Rojo, quien sostiene que tendrán que pasar “varias generaciones” para que pueda darse una alianza como ésta.

El presidente del Senado va más allá y reconoce la enfermedad que aqueja a la sociedad vasca desde su raíz, que es la desconfianza y la división que han provocado 30 años de terror. Eso no se resuelve en unos meses. Zapatero debe tomar nota de estas advertencias fundadas en el realismo. Sobre todo cuando Batasuna sigue haciendo exactamente lo contrario de lo que se espera de una formación que quiere alcanzar una normalidad legal y democrática. La organización de Otegi exige que se cambie la ley para no tener que plegarse a ella. Esto y los últimos sabotajes no le ponen las cosas nada fáciles al Gobierno, que ya está renunciando a la idea de llevar al Parlamento la consulta sobre la negociación con los terroristas.

La realidad es testaruda y los hechos demuestran que hoy no se dan las condiciones de libertad y neutralidad que permitan iniciar un proceso de reformas políticas en el País Vasco. La ausencia de asesinatos es necesaria y muy saludable. Pero hace falta mucho más. Es imprescindible que quienes han ejercido durante décadas la violencia y la amenaza renuncien expresamente a ellas y garanticen el respeto escrupuloso a todas las opciones políticas y a las reglas del juego democrático. Zapatero no debe ceder a los cantos de sirena que le urgen a tender la mano a Batasuna y ha de cambiar el guión. Sería un ejemplo de realismo y altura de miras.

Ignacio Santa María

Páginas Digital, 9 de mato de 2006

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