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Propuesta desafortunada

Propuesta desafortunada

Miguel Sanz afronta su cuarta legislatura al frente de la presidencia de Navarra. En primer lugar, resulta de cortesía y de justicia darle la enhorabuena. Ha tenido que sortear la difícil situación, marcada por los resultados electorales.

Hay que reconocer que Miguel Sanz ha jugado bien sus cartas, en interés de Navarra y en el suyo propio, lo cual es de lógica en todo buen político, y Miguel Sanz lo es. A tenor de los datos que han ido aflorando, Sanz ha negociado directamente con Zapatero, puenteando a los socialistas navarros y al margen del Partido Popular, con el que está coaligado. De esa manera se ha conseguido evitar la peor de las opciones posibles, como era el pacto del PSN con Nafarroa bai, muy inquietante para la unidad de la nación.

Esa negociación directa ha generado una situación harto curiosa. De alguna manera, Sanz se ha convertido en el hombre de Zapatero en Navarra, muy por encima de Carlos Chivite. Por ello, Sanz viene multiplicando los guiños hacia los socialistas. Ha conseguido, a cambio, acceder al poder y desactivar a la oposición, situarla en una posición vicaria y seguidista. No sería de extrañar que, en el inmediato futuro, las buenas relaciones Zapatero-Sanz se escenificarán con gestos y fotos, muy bien recibidas, en los tiempos presentes preelectorales, por los equipos de propaganda de Moncloa.

 

Los beneficios para Zapatero no son menores. Consigue, con Navarra de por medio, lavar, en parte, su negociación con ETA y clarificar que no ha asumido compromisos con la banda terrorista.

 

Es preciso recordar que UPN es un partido autónomo, coaligado con el PP, pero no una franquicia. Esa condición ha prestado indudables servicios a Navarra, desde la misma fundación de UPN, que se enfrentó a la posición claudicante de UCD. Además, Navarra se ha blindado a cualquier tentación, por parte del PP, de desactivar el discurso foral frente a los nacionalistas. No ha ocurrido lo mismo en Cataluña, que fue sacrificada en aras del pacto con CiU.

 

Sin embargo, Sanz corre el riesgo de excederse en el coqueteo con su nuevo aliado monclovita y también de oscilar hacia curiosas posiciones de supuesto nacionalismo navarro que están muy alejadas del sentir de su electorado. La propuesta de generar un grupo parlamentario propio resulta altamente desafortunada. Ni tan siquiera con la excusa de poder confrontarse en la Cámara con Nafarroa-bai. UPN no ha tenido nunca ningún problema en hacer escuchar su voz en el Congreso, con todo el respaldo del PP. UPN necesita al PP tanto o más que el PP a UPN, y esa propuesta cuestionaría el activo popular de decir lo mismo en todos los territorios. Al margen de que sería interpretada como un factor de distanciamiento cuando no de división, sometería a UPN a tentaciones estériles para marcar diferencias y, en un momento en que el centroderecha navarro debería marchar hacia la más completa unidad, a tensiones internas. El PP y Mariano Rajoy han adoptado una posición prudente, abiertos a negociar y sin hacer apenas declaraciones.

 

Es comprensible que Sanz esté agradecido a su nuevo aliado Zapatero, pero quizás convendría que no lo manifestara tanto. La situación aconsejaría sosiego, distancia y, sobre todo, ponerse a trabajar.

 

Enrique de Diego

Minuto Digital, 16 de agosto de 2007

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