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Somos líderes en pornografía infantil... y en otras cosas

Somos líderes en pornografía infantil... y en otras cosas

La información facilitada por el Inspector Jefe de Delitos Tecnológicos del Cuerpo Nacional de Policía, en Cataluña, con motivo de la presentación del “Libro Rojo del cibercrimen”, no ha tenido el relieve necesario, a pesar de que el dato que apunta es grave y, junto a otros, señala en una misma y negativa dirección.

El hecho es el siguiente. España ocupa el segundo lugar, detrás de EEUU, en el ranking mundial, de visitas a webs con contenido de pornografía infantil.

 

En otras palabras los pedófilos abundan en nuestra sociedad, que parece haber abolido todos los límites. Es evidente que no todos ellos son o evolucionarán hacia la pederastia. Pero resulta evidente que a mayor masa crítica de los primeros, los pedófilos, mayor posibilidad de los segundos, y por consiguiente de que se produzcan agresiones sexuales a los pre-púberes.

 

La pregunta que debe formularse esta sociedad es ¿por qué esto es así? ¿Cuáles son las razones de esta singularidad?

 

La respuesta salta a la vista. España ha mutado sin control de una rígida moral a la más completa cultura de la desvinculación donde lo único que importa es la satisfacción de la pulsión del deseo.

 

El relativismo moral que lo acompaña conduce necesariamente a una sociedad donde las disfunciones sociales crecen. Lo hacen además, no solo porque el marco de referencia, la cultura dominante lo aplaude, sino porque las leyes establecen principios como este: hemos de reconocer los fenómenos sociales en nuestra legislación, y si la gente quiere divorciarse hay que ponérselo fácil, y si quiere abortar, pues que aborte.

 

La teoría del reconocimiento social del fenómeno prescindiendo de su bondad social solo genera sinsentido, el todo vale.

 

España también destaca en las visitas a las páginas de pornografía en general, dado que el 42% de los cibernautas españoles visitan páginas de este tipo. Hay que subrayar además que una parte de estos contenidos están dotados de una pornografía directamente violenta contra la mujer, donde el sexo y agresión andan de la mano.

 

La idea de un cierto feminismo y de la ideología de género, que vende que la agresión contra la mujer nace de una concepción tradicional de la misma, se revela, una vez más, a la luz de los datos, como falsa. La edad y características de los feminicidios ya lo ponían de manifiesto. Este otro dato lo completa, porque es del todo evidente que los mayores usuarios de Internet son personas que se sitúan por debajo de la franja de los 40 años y la gente más joven poco tiene que ver con la idea tradicional de la mujer. Pero esta idea “nueva” no evita ni el asesinato, la violencia, la pornografía y la prostitución.

 

Porque en este campo, el de la prostitución, España es uno de los grandes emporios de Europa y, por consiguiente, el lugar donde se ha desarrollado una gran trama de tráfico de mujeres y de dinero relacionado con el delito. Hay una ruptura en el sistema de valores de España que arroja a las personas de esta sociedad por una pendiente que parece no tener fin.

 

De los primeros en pornografía, en pornografía infantil, en prostitución, también, rápidamente, hemos accedido a los primeros lugares del ranking en uso de drogas.

 

Primeros en solo dos años en divorcios, últimos en natalidad, a la cola en productividad y competitividad.

 

Un fracaso escolar que dobla a la media europea.

 

Una implosión demográfica por falta de nacimientos que se carga el estado del bienestar y la renta futura.

 

Un crecimiento desmedido de la violencia doméstica, hombres contra mujeres, padres contra hijos y éstos contra madres.

 

Alcoholismo masivo del botellón, y diversión centrada en la noche, fenómenos insólitos en toda Europa, violencia creciente en el ocio juvenil.

 

¿Tan difícil es ver, si uno contempla la vida de cada persona como un todo y no como dimensiones aisladas, que todo esto se interrelaciona y que la responsabilidad es de la cultura todavía dominante, el imperialismo de lo políticamente correcto, la destrucción de los fundamentos sociales mediante la cultura de la desvinculación y la ideología de genero, y las desastrosas políticas, que fundadas en ello, practica el gobierno?

 

Vivimos una crisis moral, cultural y política, por eso es preciso que renazca el sentido religioso, impulsemos una revolución moral y regeneremos la política.

 

Josep Miró i Ardèvol

Forum Libertas, 11 de abril de 2008  

 

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