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El PP anhela la vuelta del PSOE al Pacto

El PP anhela la vuelta del PSOE al Pacto

Dirigentes de la derecha española ­los más claros ayer fueron el presidente del Gobierno navarro, Miguel Sanz, y el líder del PP vizcaíno, Antonio Basagoiti­ han comenzado a expresar públicamente que el PSOE está dando marcha atrás en el proceso y llaman a abrirle la puerta para su regreso al “Pacto Antiterrorista” que marcó la segunda legislatura del Ejecutivo de José María Aznar. Cabe esperar que las palabras de los portavoces del PP sean fruto de sus propios deseos y no de informaciones sobre las intenciones de la Moncloa. Porque, ¿cuál es la alternativa a la búsqueda de la paz y la normalización democrática por medio del diálogo?

Desde el PP ­y a buen seguro que también desde algunos sectores del PSOE­ se mantiene la idea de que la estrategia de aniquilación del independentismo puesta en marcha por el “Pacto Antiterrorista” estaba conduciendo a la derrota de la izquierda abertzale. Un análisis de la realidad objetiva de Euskal Herria evidencia que eso no es cierto. Puede que la ferocidad represiva hubiera conducido a las organizaciones de la izquierda abertzale a una actividad más clandestina, pero eso no significa que el Estado español hubiera resuelto su problema, sino simplemente que lo había escondido. De hecho, a la vista está que cuando después de casi todo un ciclo electoral sin una papeleta legal la izquierda abertzale encontró un resquicio para votar de forma más o menos normalizada, sin apenas campaña electoral mejoró su presencia institucional en el Parlamento de Gasteiz. Entretanto, en los últimos años, las encuestas van marcando un aumento de la conciencia nacional en Euskal Herria. Y, por si alguien necesitara un dato más, quizá le resultara conveniente hacer un seguimiento de cómo se están desarrollando las elecciones sindicales. La era Aznar comportó más sufrimiento, pero no una resolución de las cuestiones de fondo.

Desde que ETA declarara un alto el fuego permanente ­hace ya ocho meses­ Zapatero, en la práctica, se ha despegado bien poco de la estrategia que desarrolló su antecesor. De hecho, incluso tanto él como el PSOE se han jactado de haber dado menos pasos que el PP de Aznar. Si ahora pretendiera ­como sugieren algunas voces­ formalizar su vuelta al “Pacto PSOE-PP” no estaría avanzando hacia la resolución del conflicto, sino agravándolo. Ante la ciudadanía vasca se mostraría como un gobernante incapaz de cumplir sus compromisos ni de estar a la altura de las circunstancias, y ante la ciudadanía española vendría a dar la razón a la estrategia errónea del PP. -

Editorial de Gara, 5 de diciembre de 2006

«La decisión popular no puede estar cautiva de la Constitución», subraya LAB

«La decisión popular no puede estar cautiva de la Constitución», subraya LAB


LAB ofreció ayer su análisis sobre la situación actual, en la que la Constitución española es protagonista por dos motivos: la proximidad del 6 de diciembre y las declaraciones del Gobierno español negando el derecho a decidir porque «no cabe» en la Carta Magna. «Tienen razón. Esta Constitución nació para denegar los derechos de los pueblos. Por eso este pueblo dijo ‘no’. La decisión popular no puede estar cautiva de la Constitución», apuntó Rafa Díez.

 

Coincidiendo con la «celebración» del Día de la Constitución española, LAB ofreció ayer una rueda de prensa en la que su secretario general, Rafa Díez, recordó que la Carta Magna «nació para denegar los derechos de los pueblos» y que por ese motivo fue rechazada por la ciudadanía de EuskalHerria. En este contexto, subrayó la necesidad de situar «la voluntad de este pueblo por encima de la Constitución», ya que la segunda «no puede ser la cárcel» en la que encerrar a la primera.

Díez arrancó su intervención manifestando la «preocupación» que existe en su sindicato ante la evolución del proceso desde que ETA declarara en marzo su alto el fuego permanente, allá por marzo. Recordó que aquella decisión dio paso a «una increíble esperanza ante la gran expectativa que se abría para construir un escenario democrático». Desde entonces, sin embargo, la mayor parte de lo acontecido «no ha sido favorable. Hemos oído hablar de diálogo, paz o negociación, pero detrás no ha habido nada», lamentó el líder de LAB.

Por ello, se preguntó «si el PSOE y el Gobierno español quieren resolver el conflicto» o si, por el contrario, «detrás del talante sólo están las terapias de siempre». Si la respuesta es la segunda, Díez remarcó que «ya conocemos la noria de los últimos años: confrontación, violencia, tensión, cárcelesŠ»

Para este sindicato, el primer «paso» que se debe dar para que el proceso avance en la buena dirección es el reconocimiento de todos los interlocutores políticos, incluyendo a la izquierda abertzale.

Como segundo punto, destacó la necesidad de debatir sobre el «núcleo político», que se concreta en dos aspectos. El primero es la asunción de que «aquí hay un pueblo», que en la actualidad cuenta con diferentes marcos jurídico-políticos. «Y la única terapia es que todos debemos asumir lo que decida este pueblo», remarcó.

Rafa Díez defendió que éste sea «un principio democrático, no un proyecto político. Con ese derecho, el pueblo elegirá qué modelo quiere: esta u otra autonomía, federalismo, Estado asociado, independencia»

El secretario general de LAB dio la razón a quienes dicen que esta propuesta «no cabe en la Constitución», y situó el meollo del problema en que precisamente se ponga esa «legalidad», rechazada por la ciudadanía, por encima de la voluntad del pueblo. «La decisión popular no puede estar cautiva de la Constitución», sentenció.

 

Gara, 5 de diciembre de 2006

Convocatoria en Vitoria: La paz es la Constitución

Convocatoria en Vitoria: La paz es la Constitución

El día 6 de Diciembre, como viene siendo habitual en Vitoria a iniciativa de la asociación Ciudadanía y Libertad, se van a celebrar una serie de actividades- varias de ellas aptas para adultos y pequeños- (música, casetas...) en conmemoración de la Constitución española, en la Plaza de Correos a partir de las 12:00 h. y hasta las 14:00.

Este año, además, a las 12:30 h. tendrá lugar en dicha Plaza un ACTO CÍVICO, bajo el lema:

LA PAZ ES LA CONSTITUCIÓN

El acto será presentado por CIUDADANÍA Y LIBERTAD, e intervendrán representantes de las asociaciones convocantes:

FORO ERMUA, BASTA YA, COVITE y FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD.

Fernando Savater leerá una declaración y cerrará el acto Mikel Buesa, presidente del Foro Ermua.

ACUDE A LA FIESTA DE LA CONSTITUCIÓN

"Hay que decir con claridad que el respeto a la Constitución y, por tanto a la unidad de España es la garantía de nuestra libertad"

Mikel Buesa, Presidente del FORO ERMUA

Ataques contra las religiones organizadas

Ataques contra las religiones organizadas


La religión en la encrucijada

LONDRES, domingo, 3, diciembre 2006 (ZENIT.org).- La religión organizada está recibiendo duras críticas. El cantante inglés Elton John afirmaba que la religión convierte a la gente en «odiosos roedores». También la acusaba de falta de compasión. Sus comentarios fueron recogidos en una entrevista concedida a la revista de música mensual del periódico Observer, publicada el 12 de noviembre.

Las críticas de la vieja estrella del pop tuvieron como base la forma en que la religión trata la homosexualidad. «Creo que la religión siempre ha intentado fomentar el odio hacia los gays», afirmaba.

Este punto de vista lo comparten otros muchos. En Estados Unidos, el programa de entrevistas de Rosie O’Donnell comparó el cristianismo al Islam radical. Su ataque, en un programa en octubre de difusión nacional, no fue bien recibido, según una nota de prensa del 13 de noviembre del Barna Group de California.

Una encuesta a nivel nacional llevada a cabo por esta organización descubrió que, aunque pocos norteamericanos desafiarían el derecho de O’Donnell a hacer este tipo de declaraciones, sólo unos pocos comparten sus puntos de vista.

Al otro lado del Pacífico, Pamela Bone, escribiendo en el periódico Australian el 15 de agosto, se regocijaba por los datos que, según ella, muestran que «en casi todas las democracias liberales prósperas, es fuerte el ateísmo».

Bone acusaba a la religión de ser «responsable directamente de incontables conflictos mundiales, que han dado como resultado las pérdida de millones de vidas humanas». La religión hoy todavía es un peligro, sostenía: «La verdad es que ahora es demasiado peligroso que se de a la religión el estatus especial que siempre ha tenido».

Bone añadía: «La mejor esperanza para un mundo menos religioso y así más seguro es que la religión – toda religión – se abra al examen racional y riguroso y a las críticas, y así, al ridículo».

En Canadá, el escritor Christopher Hitchens explicaba recientemente por qué «odia la religión», informaba el National Post el 18 de noviembre. Hablando en la Universidad de Toronto, Hitchens declaraba que odia el Islam porque exhibe un «horrible trío de odio a uno mismo, autosuficiencia y compasión por uno mismo», mientras hace un «culto a la muerte, al suicidio y al asesinato».

También odia al judaísmo, porque conduce al cristianismo. Su punto de vista negativo sobre el cristianismo es bien conocido, especialmente tras sus infames ataques contra la Madre Teresa de Calcuta en los años noventa.

Tras hacer públicos sus múltiples odios, Hitchens declaraba: «Estoy absolutamente convencido de que la principal fuente de odio en el mundo es la religión».

Libros antirreligiosos
Durante su conferencia en Toronto, Hitchens dio algunos detalles de su próximo libro, «Dios no es Grande». El libro, afirmaba, es «un juicio general contra la religión».

Los libros antirreligiosos están de moda estos días. El escritor norteamericano Sam Harris acaba de publicar una breve secuela (112 páginas) a su libro de 2004, «The End of Faith» (El Fin de la Fe). En una reciente presentación en la Biblioteca Pública de Nueva York, Harris condenaba al Dios del Antiguo Testamento, además de al del Nuevo Testamento, «comparando la historia de Jesús a un cuento de hadas», informaba el 26 de octubre el Washington Post.

Aprovechando la ocasión Harris también atacó el Corán, calificándolo de «manifiesto para la desunión religiosa».

Según el Washington Post, «The End of Faith» ha vendido más de 270.000 ejemplares. En su libro, Harris describía a la religión como «un matrimonio desesperado entre la esperanza y la ignorancia». También acusaba a la religión de promover la intolerancia. Pero su discurso no se limitaba a los grupos extremistas. «Uno de los temas centrales de este libro», declaraba Harris en el capítulo introductorio, «... es que los moderados religiosos son los mismos que portan un terrible dogma».

En un curioso uso de la terminología religiosa, Harris concluía el libro describiendo la fe como «la obra maestra del diablo». El libro también aboga por una campaña sostenida contra la religión, y la fe en general: «Debemos encontrar el camino a una época en la que la fe, sin evidencias, deshonre a cualquier persona que la mantenga».

El escritor británico Richard Dawkins también publicaba recientemente un libro denigrando a la religión, «The God Delusión» (La Desilusión de Dios). Dawkins es bien conocido por su hostilidad contra la religión. «El celebrado ateo y sumo sacerdote de la ciencia popular» es cómo lo describía una recensión del libro en el periódico Observer el 29 de octubre.

Dawkins no se limita a publicar. El Sunday Times informaba el 19 de noviembre de que planea crear una entidad sin ánimo de lucro que subvencione la publicación de materiales educativos para su distribución en las escuelas.

Su organización, según el artículo, intentará también desviar las donaciones de las manos de los «misioneros» y de las organizaciones de caridad de la Iglesia. Su fundación, que está en proceso de ser registrada en el Reino Unido y Estados Unidos, tendrá una base de datos de organizaciones de caridad libres de la «contaminación de la Iglesia».

El artículo del Times citaba la preocupación del clérigo anglicano, John Hall, deán de Westminster. Hall criticaba el proyecto como no basado en un argumento de peso.

Dawkins y otros críticos de la religión suelen recibir críticas por su visión superficial de la religión. Así lo expresaba recientemente el padre verbita Vincent Twomey, profesor retirado de teología moral en el St. Patrick’s College de Maynooth, Irlanda. En fechas recientes tomó parte en un debate en la College Historical Society del Trinity College de Dublín, sobre el tema «Bloquea la Religión el Progreso».

«Dejando a un lado la crasa vulgaridad de algunos estudiantes oradores, lo que me chocó más fue la aparente ignorancia de muchos oradores sobre lo que constituye la religión en general y el catolicismo y el cristianismo en particular», observaba el padre Twomey escribiendo en el Irish Times el 13 de noviembre.

Muchas cosas que hoy en día se dan por logradas – la educación, los hospitales, la misma noción de persona, la distinción en lo sagrado y lo secular – deben su origen a la inspiración cristiana. «La amnesia cultural es una peligrosa enfermedad para cualquier sociedad», observaba.

Mostrar el tesoro
Aunque no se refería de forma específica a estos últimos ataques, Benedicto XVI tocó recientemente el tema de cómo se presenta a la religión como una fuerza negativa. «Con mucha frecuencia el testimonio de la Iglesia, que va contracorriente, es mal interpretado, como algo retrasado y negativo en la sociedad actual», comentaba el 28 de octubre a los obispos irlandeses en visita «ad limina» al Vaticano.

Lo que la Iglesia necesita hacer en estas circunstancias, recomendaba el Papa es actuar como el hombre sabio que saca de sus arcas «lo nuevo y lo viejo» (Mateo 13:52). De esta forma cada fiel será capaz de discernir lo que la sociedad de hoy le ofrece. «Ayudadle a reconocer la incapacidad de la cultura secular y materialista de dar satisfacción y alegría auténticas», continuaba el Santo Padre. «Sed audaces hablándole de la alegría que implica seguir a Cristo y vivir de acuerdo con sus mandamientos».

Además, aunque es necesario que los obispos adviertan contra los males que nos rodean, «debemos corregir la idea de que el catolicismo no es más que ‘una serie de prohibiciones’», indicaba Benedicto XVI. Para lograrlo se debe formular la enseñanza de la Iglesia de forma que comunique «la fuerza liberadora del Evangelio».

El Evangelio es bueno para la sociedad, sostenía el Papa en su discurso del 28 de septiembre al nuevo embajador alemán ante la Santa Sede. Comentando la favorable acogida del pueblo alemán en su visita pastoral reciente, Benedicto XVI observaba: «Cuando la sociedad crece y las personas se fortalecen en el bien gracias al mensaje de fe, también se beneficia la convivencia social y los ciudadanos incrementan su disponibilidad para asumir responsabilidades en beneficio del bien común».

La Iglesia no impone este mensaje, y de ahí que la fe exista en el contexto de la tolerancia. «La tolerancia nunca debe confundirse con la indiferencia, porque cualquier forma de indiferencia es radicalmente contraria al profundo interés cristiano por el hombre y por su salvación», apuntaba el pontífice.

Una aclaración para explicar que la Iglesia no se dejará intimidar por quienes esperan que guarde silencio.

Por el padre John Flynn
ZS06120313

Orientaciones morales ante la situación actual de España (I).

Orientaciones morales ante la situación actual de España (I).

Instrucción Pastoral de la LXXXVIII Asamblea Plenaria de la CEE, Madrid, 23 de noviembre de 2006.

Í N D I C E

Introducción

I. Una situación nueva: fuerte oleada de laicismo

A. La reconciliación, amenazada

B. La difusión de la mentalidad laicista

C. Sobre las causas de la situación



II. Responsabilidad de la Iglesia y de los cristianos

A. Superar la desesperanza, el enfrentamiento y el sometimiento

B. Anunciar el gran “sí” de Dios a la Humanidad en Jesucristo



III. Discernimiento y orientaciones morales

A. Desde una identidad católica vigorosa

B. Vivir la caridad social para el fortalecimiento moral de la vida pública

a. La Iglesia y la sociedad civil

b. Algunas cuestiones que dilucidar

1. Democracia y moral

2. El servicio al bien común

3. Mejorar la democracia

4. Respeto y promoción de la libertad religiosa

5. El terrorismo

6. Los nacionalismos y sus exigencias morales

7. El ejercicio de la caridad


Conclusión


Introducción

1. Los miembros de la Iglesia hemos recibido, por el don del Espíritu Santo, la capacidad de vivir en el mundo como hijos de Dios, en Cristo y por Cristo. Con este don inapreciable, hemos recibido también el encargo de continuar y extender la misión de Jesús, anunciando la llegada del Reino de Dios, con el perdón de los pecados y el nacimiento a la vida eterna.

2. La unión con Cristo por la fe y los sacramentos no nos aparta de la sociedad. Vivimos entre los hombres, con las mismas obligaciones y los mismos derechos; participamos, como los demás, en las solicitudes y trabajos de cada momento, sufrimos influencias semejantes y nos vemos interpelados por los mismos acontecimientos y situaciones. El mandato del Señor y la misión recibida nos vincula estrechamente al bien de nuestros conciudadanos y a la vida de la sociedad entera[1].

3. La Iglesia tiene sus raíces en la eternidad y, por tanto, en el origen y futuro divinos del tiempo. Los cristianos vivimos arraigados en Cristo y en comunión con la Trinidad Santa. Esta vida sobrenatural que Dios nos da por Jesucristo tenemos que vivirla en las circunstancias cambiantes de la sociedad de la que formamos parte. Por eso necesitamos intentar comprender mejor el mundo en el que nos encontramos: sus problemas, sus valores y deficiencias, sus expectativas y deseos; especialmente, cuando se producen situaciones nuevas. De este modo, podremos seguir anunciando los dones y las promesas de Dios a nuestros hermanos con un lenguaje directo y comprensible que responda de verdad a los interrogantes de cada momento.

4. Con esta Instrucción Pastoral, los Obispos de las Iglesias que están en España, reunidos en Asamblea Plenaria, ofrecemos nuestra aportación al discernimiento que hoy es necesario hacer. Deseamos favorecer la comunión eclesial en estos momentos de tanta complejidad y animar a los católicos a participar activamente en la vida social y pública manteniendo la integridad de la fe y la coherencia de la vida cristiana. A la vez, intentamos también ayudar a descubrir las implicaciones morales de nuestra situación a cuantos quieran escucharnos. La consideración moral de los asuntos de la vida pública lejos de constituir amenaza alguna para la democracia, es un requisito indispensable para el ejercicio de la libertad y el establecimiento de la justicia. Cumplimos así con el compromiso adquirido y anunciado en la Asamblea Plenaria Extraordinaria del pasado mes de junio[2].


I. Una situación nueva: fuerte oleada de laicismo


A. La reconciliación, amenazada

5. Es ya un tópico referirse a los rápidos y profundos cambios que se han dado en la sociedad española en los últimos decenios. Lo cierto es que nuestra historia reciente es más agitada y convulsa de lo que sería deseable. No se puede comprender bien lo que estamos viviendo en la actualidad, si no lo vemos en la perspectiva de lo ocurrido a lo largo del siglo pasado, respetando serenamente la verdad entera de la complejidad de los hechos. No vamos a entrar ahora en análisis pormenorizados a este respecto. Basta tener en cuenta la historia, a veces dramática, como maestra de sensatez y cordura[3].

6. Sólo queremos referirnos a dos datos de la historia reciente que tienen para nosotros especial importancia. El primero es el advenimiento de la democracia en España. El final del régimen político anterior, después de cuarenta años de duración, fue un momento histórico delicado, lleno de posibilidades y de riesgos. En aquella coyuntura, la Iglesia que peregrina en España, iluminada por el reciente Concilio Vaticano II y en estrecha comunión con la Santa Sede, superando cualquier añoranza del pasado, colaboró decididamente para hacer posible la democracia, con el pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos, sin ninguna discriminación por razones religiosas. Esta decidida actitud de la Iglesia y de los católicos facilitó una transición fundada sobre el consenso y la reconciliación entre los españoles. Así, parecía definitivamente superada la trágica división de la sociedad que nos había llevado al horror de la guerra civil, con su cortejo de atrocidades. Perdón, reconciliación, paz y convivencia, fueron los grandes valores morales que la Iglesia proclamó y que la mayoría de los católicos y de los españoles en general vivieron intensamente en aquellos momentos. Sobre el trasfondo espiritual de la reconciliación fue posible la Constitución de 1978, basada en el consenso de todas las fuerzas políticas, que ha propiciado treinta años de estabilidad y prosperidad, con las excepciones de las tensiones normales en una democracia moderna, poco experimentada, y de los obstinados ataques del terrorismo contra la vida y seguridad de los ciudadanos y contra el libre funcionamiento de las instituciones democráticas. Cuando ahora se dice que la Iglesia católica es “un peligro para la democracia”, se olvida que la Iglesia y los católicos españoles colaboraron al establecimiento de la democracia y han respetado sus normas e instituciones lealmente en todo momento[4].

7. Al parecer, quedan desconfianzas y reivindicaciones pendientes. Pero todos debemos procurar que no se deterioren ni se dilapiden los bienes alcanzados. Una sociedad que parecía haber encontrado el camino de su reconciliación y distensión, vuelve a hallarse dividida y enfrentada. Una utilización de la “memoria histórica”, guiada por una mentalidad selectiva, abre de nuevo viejas heridas de la guerra civil y aviva sentimientos encontrados que parecían estar superados. Estas medidas no pueden considerarse un verdadero progreso social, sino más bien un retroceso histórico y cívico, con un riesgo evidente de tensiones, discriminaciones y alteraciones de una tranquila convivencia.


B. La difusión de la mentalidad laicista

8. El otro factor que queremos resaltar, porque es decisivo para interpretar y valorar desde la fe las nuevas circunstancias, es el desarrollo alarmante del laicismo en nuestra sociedad. No se trata del reconocimiento de la justa autonomía del orden temporal, en sus instituciones y procesos, algo que es enteramente compatible con la fe cristiana y hasta directamente favorecido y exigido por ella[5]. Se trata, más bien, de la voluntad de prescindir de Dios en la visión y la valoración del mundo, en la imagen que el hombre tiene de sí mismo, del origen y término de su existencia, de las normas y los objetivos de sus actividades personales y sociales.

9. Dentro de un cambio cultural muy amplio, España se ve invadida por un modo de vida en el que la referencia a Dios es considerada como una deficiencia en la madurez intelectual y en el pleno ejercicio de la libertad. Vivimos en un mundo en donde se va implantando la comprensión atea de la propia existencia: “si Dios existe, no soy libre; si yo soy libre no puedo reconocer la existencia de Dios”. Éste -aunque no siempre se perciba con tal explicitud intelectual- es el problema radical de nuestra cultura: el de la negación de Dios y el de un vivir “como si Dios no existiera”. La extensión del ateísmo provoca alteraciones profundas en la vida de las personas, puesto que el conocimiento de Dios constituye la raíz viva y profunda de la cultura de los pueblos, y es el factor más influyente en la configuración de su proyecto de vida, personal, familiar y comunitario[6].

10. El mal radical del momento consiste, pues, en algo tan antiguo como el deseo ilusorio y blasfemo de ser dueños absolutos de todo, de dirigir nuestra vida y la vida de la sociedad a nuestro gusto, sin contar con Dios, como si fuéramos verdaderos creadores del mundo y de nosotros mismos. De ahí, la exaltación de la propia libertad como norma suprema del bien y del mal y el olvido de Dios, con el consiguiente menosprecio de la religión y la consideración idolátrica de los bienes del mundo y de la vida terrena como si fueran el bien supremo.

11. El Papa Benedicto XVI, con su habitual sencillez y profundidad, analizó hace poco esta misma situación en su discurso al IV Congreso Nacional de la Iglesia en Italia. Resumimos aquí algunas de sus afirmaciones más iluminadoras para nosotros[7].

12. En el mundo occidental se está produciendo un nueva oleada de ilustración y de laicismo que arrastra a muchos a pensar que sólo sería racionalmente válido lo experimentable y mensurable, o lo susceptible de ser construido por el ser humano, y que les induce a hacer de la libertad individual un valor absoluto, al que todos los demás tendrían que someterse. La fe en Dios resulta así más difícil, entre otras cosas, porque vivimos encerrados en un mundo que parece ser del todo obra humana y no nos ayuda a descubrir la presencia y la bondad de Dios Creador y Padre. Una determinada cultura moderna, que pretendía engrandecer al hombre, colocándolo en el centro de todo, termina paradójicamente por reducirlo a un mero fruto del azar, impersonal, efímero y, en definitiva, irracional: una nueva expresión del nihilismo. Sin referencias al verdadero Absoluto, la ética queda reducida a algo relativo y mudable, sin fundamento suficiente, ni consecuencias personales y sociales determinantes. Todo ello comporta una ruptura con las tradiciones religiosas y no responde a las grandes cuestiones que mueven al ser humano.

13. En nuestro caso, este proyecto implica la quiebra de todo un patrimonio espiritual y cultural, enraizado en la memoria y la adoración de Jesucristo y, por tanto, el abandono de valiosas instituciones y tradiciones nacidas y nutridas de esa cultura. Se diría que se pretende construir artificialmente una sociedad sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna, fundada únicamente en nuestros propios recursos y orientada casi exclusivamente hacia el mero goce de los bienes de la tierra.


C. Sobre las causas de la situación

14. El proceso de descristianización y deterioro moral de la vida personal, familiar y social, se ve favorecido por ciertas características objetivas de nuestra vida, tales como el rápido enriquecimiento, la multiplicidad de ofertas para el ocio, el exceso de ocupaciones o la obnubilación de la conciencia ante el rápido desarrollo de los recursos de la ciencia y de la técnica. Más profundamente, la expansión de este proceso ha sido facilitada por la escasa formación religiosa de muchas personas, creyentes y no creyentes, por ciertas ideas desfiguradas de Dios y de la verdadera religión, por la falta de coherencia en la vida y actuaciones de muchos cristianos, y por la influencia de ideas equivocadas sobre el origen, la naturaleza y el destino del hombre; y, no en último término, por la debilidad moral de todos nosotros y la seducción de los bienes de este mundo: por “la codicia, que es una verdadera idolatría” (Col 3, 5).

15. Por tanto, cuando hablamos de las deficiencias de nuestra sociedad, nos incluimos a nosotros mismos. Los católicos participamos de los bienes y de los males del momento. En otros lugares hemos señalado con cierto detalle las deficiencias doctrinales y prácticas de la vida de los católicos[8]. Por eso no es preciso volver a insistir ahora en ello. Es evidente que la falta de clarividencia y de vida santa en muchos de nosotros han contribuido también al oscurecimiento de la fe y al desarrollo de la indiferencia y del agnosticismo teórico y práctico en nuestra sociedad.

16. Muchos tenían la esperanza de que el ordenamiento democrático de nuestra convivencia, regido por la Constitución de 1978, y apoyado en la reconciliación y el consenso entre los españoles, nos permitiría superar los viejos enfrentamientos que nos han dividido y empobrecido a nuestra patria, uno de los cuales era sin duda el enfrentamiento entre catolicismo y laicismo, entendidos como formas de vida excluyentes e incompatibles. Y es posible que así fuera. Ahora vemos con pesadumbre que en los últimos años vuelve a manifestarse entre nosotros una desconfianza y un rechazo de la Iglesia y de la religión católica que se presenta como algo más radical y profundo que la vuelta al viejo anticlericalismo.

17. Así, el laicismo va configurando una sociedad que, en sus elementos sociales y públicos, se enfrenta con los valores más fundamentales de nuestra cultura, deja sin raíces a instituciones tan fundamentales como el matrimonio y la familia, diluye los fundamentos de la vida moral, de la justicia y de la solidaridad y sitúa a los cristianos en un mundo culturalmente extraño y hostil. No se trata de imponer los propios criterios morales a toda la sociedad. Sabemos perfectamente que la fe en Jesucristo es a la vez un don de Dios y una libre decisión de cada persona, favorecida por la razón y ayudada por la asistencia divina. Pero para nosotros es claro que todo lo que sea introducir ideas y costumbres contrarias a la ley natural, fundada en la recta razón y en el patrimonio espiritual y moral históricamente acumulado por las sociedades, debilita los fundamentos de la justicia y deteriora la vida de las personas y de la sociedad entera.

18. En no pocos ambientes resulta difícil manifestarse como cristiano: parece que lo único correcto y a la altura de los tiempos es hacerlo como agnóstico y partidario de un laicismo radical y excluyente. Algunos sectores pretenden excluir a los católicos de la vida pública y acelerar la implantación del laicismo y del relativismo moral como única mentalidad compatible con la democracia. Tal parece ser la interpretación correcta de las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de la escuela pública. En este mismo sentido apuntan las leyes y declaraciones contrarias a la ley natural, que deterioran el bien moral de la sociedad, formada en buena parte por católicos, como es el caso de la insólita definición legal del matrimonio con exclusión de toda referencia a la diferencia entre el varón y la mujer, el apoyo a la llamada “ideología de género”, la ley del “divorcio exprés”, la creciente tolerancia con el aborto, la producción de seres humanos como material de investigación, y el anunciado programa de la nueva asignatura, con carácter obligatorio, denominada “Educación para la ciudadanía”, con el riesgo de una inaceptable intromisión del Estado en la educación moral de los alumnos, cuya responsabilidad primera corresponde a la familia y a la escuela[9].

19. La solidaridad con la sociedad de la que formamos parte, el amor a nuestros conciudadanos y la responsabilidad que tenemos ante Dios, nos impulsan a advertir de los grandes males que se pueden seguir -y que ya están apareciendo entre nosotros- del oscurecimiento y debilitamiento de la conciencia moral que conllevan disposiciones como las mencionadas. Al hacerlo así, no perseguimos ningún interés particular. Nuestro propósito es sólo estimular la responsabilidad de todos y provocar una reflexión social que nos permita corregir a tiempo un rumbo que nos parece equivocado y peligroso. Cuando hemos alcanzado tantas cosas buenas que nunca habíamos logrado, no tenemos por qué abandonar otros valores de orden espiritual y moral que forman parte de nuestro patrimonio y que hemos recibido de nuestros antepasados como bienes de valor inestimable.

20. Junto con estas sombras, que suscitan en nosotros honda preocupación, reconocemos también en la sociedad de hoy aspectos positivos, tanto en el progreso material, que nos permite mejorar los servicios y aumentar proporcionalmente el bienestar de todos, como en la sensibilidad moral emergente en torno a determinados valores. Se aprecia y se cultiva la solidaridad con los necesitados, se desarrolla un respeto creciente por los derechos de la mujer, de los niños, de los ancianos y de los enfermos. Crece también el amor y el cuidado de la naturaleza, que los cristianos amamos y respetamos como creación y don de Dios para el bien de sus hijos, los hombres. Aunque no siempre la conciencia colectiva ni la personal sean del todo coherentes, es justo reconocer la aguda sensibilidad moral que se manifiesta en relación con cuestiones como las mencionadas. Este es nuestro mundo, el mundo en el que Dios quiere que vivamos, alabando su Nombre y anunciando la Buena Nueva de su amor y de su salvación.

21. Declaramos de nuevo nuestro deseo de vivir y convivir en esta sociedad respetando lealmente sus instituciones democráticas, reconociendo a las autoridades legítimas, obedeciendo las leyes justas y colaborando específicamente en el bien común. Nadie tiene que temer agresiones ni deslealtades para con la vida democrática por parte de los católicos. Católicos y laicistas tenemos, en algunas cosas, diferentes puntos de vista. Nuestro deseo es ir encontrando poco a poco el ordenamiento justo para que todos podamos vivir de acuerdo con nuestras convicciones, sin que nadie pretenda imponer a nadie sus puntos de vista por procedimientos desleales e injustos. En este contexto, los católicos pedimos únicamente respeto a nuestra identidad, y libertad para anunciar, por los medios ordinarios, el mensaje de Cristo como Salvador universal, en un clima de tolerancia y convivencia, sin privilegios ni discriminaciones de ninguna clase. Creemos, además, que el pleno respeto a la libertad religiosa de todos es garantía de verdadera democracia y estímulo para el crecimiento espiritual de las personas y el progreso cultural de toda la sociedad.



[1] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 1; y Carta a Diogneto, fragmentos citados en Catecismo de la Iglesia Católica, 2240.

[2] Cf. Comunicado Oficial de la LXXXVII Asamblea Plenaria (Extraordinaria) celebrada los días 21 y 22 de junio de 2006, BOCEE 20 (30.VI.2006) 60.

[3] Cf. LXXIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, La fidelidad de Dios dura siempre. Mirada de fe al siglo XX, BOCEE 16 (31.XII.1999) 100-106.

[4] Es muy instructiva a este respecto la relectura de la Declaración colectiva de la XVII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, de 1972, titulada La Iglesia y la comunidad política. La continuidad en los planteamientos de aprecio por la democracia se hace patente en la colección de documentos titulada Moral Política. Magisterio de la Conferencia Episcopal Española 1972-2002, edición preparada por Fernando Fuentes Alcántara, Edice, Madrid 2006.

[5] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 36.

[6] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 7.

[7] Cf. Benedicto XVI, Discurso al IV Congreso Nacional de la Iglesia en Italia, Verona, 19 de octubre de 2006, www.vatican.va.

[8] Cf. LXXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Teología y secularización en España. A los cuarenta años del Concilio Vaticano II, BOCEE 20 (30. VI. 2006) 31-50. Y también, LXX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Dios es amor. Instrucción pastoral en los umbrales del siglo XX, BOCEE 15 (31. XII. 1998) 111-124, esp. números 10-11; LIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, “La verdad os hará libres” (Jn 8, 32). Instrucción Pastoral sobre la conciencia cristiana ante la situación moral de nuestra sociedad, BOCEE 7 (7. I. 1991) 13-32, esp. números 30-33.

[9] Cf. LXXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Algunas orientaciones sobre la ilicitud de la reproducción humana artificial y sobre las prácticas injustas autorizadas por la Ley que la regulará en España, BOCEE 20 (30. VI. 2006) 26-30; Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, El Proyecto de Ley de Investigación Biomédica no protege el derecho a la vida y permite la clonación de seres humanos (19 de octubre de 2006); Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, En favor del verdadero matrimonio, BOCEE 18 (31. XII. 2004) 97; Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, Nota acerca de la objeción de conciencia ante una ley radicalmente injusta que corrompe la institución del matrimonio, BOCEE 19 (30. VI. 2005) 31; Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, Ante el Proyecto de Ley Orgánica de Educación, BOCEE 19 (31. XII. 2005) 89-90; Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, La LOE no cumple los Acuerdos con la Santa Sede, BOCEE 20 (39. VI. 2006) 62.

Mimbres teóricos y prácticos para el cesto de la territorialidad

Mimbres teóricos y prácticos para el cesto de la territorialidad


La cuestión de la territorialidad de Euskal Herria vuelve a estar en el primer plano de la actualidad política. En estas líneas se repasa cómo se ha recogido el tema en algunos textos y proyectos legales, y se muestra cómo se aborda la cuestión en los documentos de las formaciones que protagonizan ahora el debate para la creación de la mesa de partidos.

El Estatuto de Lizarra, con un anteproyecto redactado por Eusko Ikaskuntza, recibió en 1931 el respaldo mayoritario de los ayuntamientos de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa. En su primer artículo decía literalmente: «Se declara que el País Vasco, integrado por las actuales provincias de Alava, Gipuzkoa, Nabarra y Bizkaia, constituye una entidad natural y jurídica, con personalidad política propia, y se le reconoce como tal el derecho a constituirse y regirse por sí mismo, como Estado autónomo dentro de la totalidad del Estado español». Añadía que «el pueblo vasco es reconocido como soberano en todo lo que no está limitada su soberanía por las atribuciones de que taxativamente hace cesión, en este estatuto, al Gobierno español».

Como se ve, los dos nudos que todavía hoy siguen sin desatarse en Euskal Herria ­territorialidad y soberanía­ se situaban en el frontispicio de la de- claración de aquel Estado vasco, que no fue finalmente aceptado por el Gobierno español y que, con el paso de los años y la traición de los portavoces de algunos ayuntamientos al mandato popular, derivó en 1936 en un Estatuto de Autonomía para Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, aprobado cuando la guerra ya había estallado.

1977-1978

Tras la muerte de Francisco Franco se comienzan a dar pasos hacia una descentralización administrativa. La mayoría de la ciudadanía de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa, además de la mayoría de los partidos, defendía la creación de un único ente autonómico. El dato no se oculta hoy ni siquiera desde ámbitos del PSN, aunque con explicaciones sobrevenidas. José Antonio Asiáin señala en el libro “Navarra durante el Siglo XX”, editado por la Fundación Encuentro con Navarra, que el apoyo del PSOE a esa idea se debía a su «oposición a la derecha» navarra y a sus lazos con el Gobierno Vasco en el exilio. De hecho, estos electos del PSN formaron parte de la Asamblea de Parlamentarios Vascos.

En diciembre de 1977, las fuerzas se midieron en las calles de Iruñea. El día 3, 7.000 personas se manifestaron con el lema “Navarra sí, Euskadi no”. Cinco días más tarde, el 8, 25.000 personas, convocadas por las formaciones abertzales y de izquierda, exigían “Una Diputación democrática y un Consejo Foral representativo”.

El tema estaba en el candelero y fue tratado en el Consejo de Ministros del 30 de diciembre. Los dos primeros reales decretos-ley de 1978 tuvieron la cuestión de la futura preautonomía vasca y su territorialidad como protagonistas.

El real decreto-ley 1/1978 define la creación del Consejo General Vasco y recoge que «las provincias o territorios de Alava, Guipuzcoa, Navarra y Vizcaya decidirán libremente su plena incorporación al Consejo General a través de sus juntas generales o, en el caso de Navarra, del organismo foral competente».

En todo caso, se explicaba que «la mención a Navarra que en el real decreto-ley se realiza que tiene otros precedentes históricos, en modo alguno prejuzga su pertenencia a ninguna entidad territorial de ámbito su- perior».

Un segundo decreto, de esa misma fecha, especificaba que «el Gobierno [español], de acuerdo con la Diputación Foral de Navarra, determinará el órgano foral competente a quien corresponde la decisión», y añadía además que «en el caso de que el órgano foral competente decidiese aprobar la presencia de Navarra en el Consejo General del País Vasco, será necesario, para que tal acuerdo alcance validez, que esta decisión sea ratificada por el pueblo navarro mediante consulta popular directa a través del proce-dimiento y en los términos que determine el Gobierno de acuerdo con la Diputación Foral».

La unidad de los cuatro herrialdes era cuestión de Estado o, mejor dicho, del Alto Estado Mayor. Según relató en su día el ministro de UCD Iñigo Cavero al diputado del PNV Iñaki Anasagasti, en el asunto de Nafarroa fueron los militares los que se cerraron en banda, porque la unión de los cuatro herrialdes daba a una entidad territorial importante a la comu- nidad resultante.

Constitucion y estatutos

Las órdenes miliares se impusieron a la voluntad popular. En la Constitución española quedó la Disposición Transitoria Cuarta (que ahora la derecha española cuestiona), en la que se recoge que «en el caso de Navarra, y a efectos de su incorporación al Consejo General Vasco o al régimen autonómico vasco que le sustituya (...), la iniciativa corresponde al órgano foral competente, el cual adoptará su decisión por mayoría de los miembros que lo componen. Para la validez de dicha iniciativa será preciso, además, que la decisión del órgano foral competente sea ratificada por referéndum expresamente convo- cado al efecto, y aprobado por mayoría de los votos válidos emitidos».

Los impulsores de las negociaciones estatutarias consumaron la partición, pese a que en aquellos momentos, todavía, el PSN, por ejemplo, formaba parte del PSE, del que no se desgajó hasta 1982.

El Estatuto de la CAV recoge que «el territorio de la Comunidad Autónoma del País Vasco quedará integrado por los Territorios Históricos que coinciden con las provincias, en sus actuales límites, de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, así como la de Navarra, en el supuesto de que ésta última decida su incorporación de acuerdo con el procedimiento establecido en la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución».

El Amejoramiento ­que, por cierto, nunca ha sido votado por la ciudadanía navarra­ concreta que el órgano foral competente del que habla la Constitución será el Parlamento foral. La ley, sin embargo, no puede sustraerse a los lazos existentes entre los cuatro herrialdes, y a la hora de hablar del establecimiento de convenios y acuerdos de colaboración cita expresamente a «la Comunidad Autónoma del País Vasco», diferenciándola de «las demás comunidades limítrofes», que no son más que La Rioja y Aragón y tampoco costaba tanto nombrarlas.

La doctrina actual del PNv

Así están las cosas legalmente en la actualidad. Pero en estos momentos de debate, donde se sabe que la cuestión de la territorialidad está en el eje de los contactos para la formación de una mesa de partidos (en las que tienen un protagonismo determinante PNV, PSE y Batasuna), es conveniente conocer cuál es su doctrina en estos momentos, bien a través de sus ponencias y resoluciones o de otros textos teóricos.

En los últimos tiempos, el discurso público del PNV en esta materia viene marcado por declaraciones del tipo de «será la ciudadanía navarra quien deba decidir el futuro de Nafarroa».

Sin embargo, la ponencia política aprobada por unanimidad en la Asamblea General del PNV de enero de 2004 parte de la base de que la partición de Euskal Herria en tres entidades administrativas es una imposición de los estados español y francés. (Comprensiblemente, no hace mención a su propia responsabilidad en la aceptación de dicha partición).

«Ambos estados ­se lee en la ponencia­ están utilizando todos los recursos políticos, jurídicos y mediáticos a su alcance para impedir todo lo que suponga estrechar lazos de cooperación entre los diferentes ámbitos institucionales vascos. Madrid y París harán todo lo posible para impedir el reconocimiento de Euskal Herria ya que eso supone aceptar la existencia de conflictos en torno a sus modelos de Estado».

Siendo así las cosas, no parece que todo pueda solucionarse, como sugieren algunos dirigentes del EBB, con declaraciones voluntaristas que no tengan en cuenta contrapesos a la acción de los estados.

A la hora de abordar los nudos del conflicto ­soberanía y territorialidad­, la ponencia del PNV recoge las conclusiones de la Asamblea General del 2000.

Sobre la soberanía, afirma que «el objetivo es consolidar un marco político y jurídico en el que el sujeto colectivo del Pueblo Vasco en su integridad tenga afirmado y definido el derecho pleno a decidir su futuro político: el reconocimiento del derecho de autodeterminación y su consolidación en los textos políticos básicos que conformen la cúspide del ordenamiento jurídico resultante».

Para abordar la territorialidad se extiende más: «A pesar de la diversidad institucional y, también, de las diferencias derivadas de los sistemas constitucionales español y francés, lo cierto es que Euskal Herria se define por ser una comunidad innegable de profundas raíces históricas, culturales, lingüísticas y sociales».

«Nuestra forma de entender el concepto de territorialidad ­asegura­ es que, con respeto al diverso grado de desarrollo de la conciencia nacional en los siete territorios, de su capacidad de decisión y de su libre adhesión, el resultado del proceso polí- tico que nos comprometemos a llevar a cabo suponga que todos, ciudadanos y territorios, puedan incorpo- rarse al sujeto político Pueblo Vasco, removiendo y superando los obstáculos y creando las condiciones jurídico-políticas necesarias para que tal derecho pueda ejercerse».

«El elemento territorial del proceso político ­concluye el PNV­ significa, así entendido, crear una opción constitucional hoy inexistente, pero perfectamente deducible del reconocimiento y garantía de los Derechos Históricos del Pueblo Vasco. Opción consistente en que la pertenencia a la comunidad socio-cultural vasca pueda implicar, también, el reconocimiento de derechos políticos colectivos correspondientes a un sujeto político, si ésa es la voluntad de los respectivos ciudadanos».

Como puede observarse, la mención a «remover y superar los obstáculos» no concuerda con la aceptación pasiva de los marcos actuales.

Los breves apuntes del PSE

No es fácil encontrar entre los papeles del PSE referencias a la territorialidad. De hecho, por ejemplo la cuestión ni siquiera aparece recogida en las resoluciones de su último congreso. Hay que retrotraerse, por tanto, al congreso anterior para encontrar una referencia que después se repite en su propuesta de “Más Estatuto”. En ambos casos se indica que el PSE, «en el marco de la Constitución, del Estatuto y del Amejoramiento del Fuero», propone «una nueva relación institucional con la Comunidad Foral de Navarra, desprendida de cualquier discurso unificador y de conflicto territorial que han llevado al traste, en el pasado, los posibles intentos de colaboración entre ambas comunidades. Una relación especial surgida no sólo de la mera vecindad, sino también de las raíces profundas de afinidad cultural, lingüística, histórica y social».

También busca «la potenciación, en el marco de la cooperación transfronteriza, de un nivel de relación a todos los niveles con las instituciones del País Vasco-Francés, considerando la existencia de rasgos culturales compartidos y de intereses diversos que nos son comunes».

Junto a estos textos, que obedecen a la doctrina oficial del partido, existen otras elaboraciones teóricas, como las que ha ido realizando Jesús Eguiguren, actual presidente del PSE y uno de los interlocutores en las negociaciones para la conformación de la mesa de partidos.

En sus “Bases para un arreglo”, contenidas en el libro “Los últimos españoles sin patria (y sin libertad)”, recoge unos apuntes sobre cómo podría llegarse a una resolución del conflicto y, aunque no aborda específicamente la cuestión de la territorialidad, se entiende que sus propuestas, como la constitución de una mesa, afectan a los cuatro herrialdes del Sur, cuando señala textualmente que «la aplicación de los acuerdos y decisiones políticas adoptadas a lo largo de todo el proceso se deberá llevar a cabo siguiendo los procedimientos previstos en el Estatuto de Gernika, la Ley de Reintegración y Amejoramiento del Fuero de Navarra y la Constitución española de 1978».

Batasuna en el Carlos III

En relación a la cuestión territorial, en su libro-entrevista Arnaldo Otegi señala que la izquierda abertzale ha querido ir corrigiendo errores heredados del abertzalismo clásico, «que inventó una bandera, un nombre y una patria cuando eso ya había existido y se le había arrebatado al conjunto de los vascos, que era el Estado de Navarra.Eso nos llevó en determinada época a hacer un discurso de anexión o integración de Navarra que probablemente ha sido muy mal entendido por la sociedad navarra». El objetivo, por tanto, debe ser crear un marco de estabilidad democrática en el que en diez o quince años el conjunto de la ciudadanía vasca vea que el proyecto más atractivo, en el que se vive mejor, es «un proyecto nacional independiente que recupere la estatalidad perdida de Navarra», dice Otegi.

Por lo que respecta a la situación actual, Batasuna parte del principio de que existe un único pueblo y un único conflicto, no tres pueblos y tres conflictos. En mayo de este año hizo público en los cines Carlos III de Iruñea, un “Documento sobre el proceso democrático en Navarra”, en el que afirma que «como quiera que el actual estatus de Navarra no es fruto de una decisión democrática, no puede considerarse como el marco referencial para este proceso. Sería de todo punto ilógico poner en marcha un proceso democrático partiendo de la aceptación de una partición que no obedece a la voluntad de la sociedad libremente expresada. Para ello, para que este proceso pueda avanzar, los estados deben respetar el derecho de la ciudadanía de los diferentes territorios vascos a articular libremente su organización político-institucional. Las erró- neas soluciones que se han dado a la cuestión territorial en los últimos siglos, basadas en la imposición y la partición, no han hecho sino generar nuevos problemas».

Batasuna considera que Nafarroa «debe implicarse desde el primer momento en el proceso democrático de toma de decisiones sobre el futuro de Euskal Herria, para evitar que se vuelvan a imponer dinámicas particionistas que sean un obstáculo para la libre participación y el libre ejercicio de derechos por parte de la ciudadanía».

Propone que los acuerdos que se adopten entre los partidos, deberán ser sometidos a la decisión de la ciudadanía navarra «mediante consulta». Y añade que «corresponde a la ciudadanía y los grupos sociales, sindicales y políticos de Navarra decidir la forma y manera más conveniente de participación en este proceso».

Estos son los precedentes históricos modernos, el marco legal existente y las aspiraciones teóricas de las partes. Estos son, en definitiva, los mimbres con los que intentar alcanzar una fórmula de consenso.

 

Gara, 4 de diciembre de 2006

Otegi denuncia el intento de «intoxicación» en torno a las cuestiones políticas

Otegi denuncia el intento de «intoxicación» en torno a las cuestiones políticas


Replica a Rubalcaba que «no planteamos la anexión, pero tampoco la partición: nuestra fórmula es más democrática»

En alusión a los últimos mensajes lanzados por Alfredo Pérez Rubalcaba y Josu Jon Imaz, Arnaldo Otegi afirmó ayer que el actual momento se caracteriza por los intentos de «intoxicación» en torno a las cuestiones políticas, territorialidad y autodeterminación en especial, y por la represión. «Lo que plantea la izquierda abertzale (preguntar a la gente qué marco quiere) es algo mucho más democrático», incidió. Como antídoto para la actual situación, «cada vez más grave» en su opinión, situó la toma de compromisos por todas las partes.

OIARTZUN

Desde el entorno mediático de UPN se han acogido con satisfacción las palabras dirigidas el sábado en Burlata por el ministro de Interior español a los militantes del PSN. Adolfo Pérez Rubalcaba aseguró con énfasis que «el PSOE dirá siete veces no a la integración de Navarra en Euskadi». Y a esas palabras les dio respuesta Arnaldo Otegi en su intervención en un acto por la autodeterminación ayer en Oiartzun. Desde allí preguntó a Rubalcaba «quién ha planteado que Navarra se tiene que integrar en la CAV. La izquierda abertzale, no».

El portavoz de Batasuna resaltó de entrada que resulta clarificador que «quien hable de Navarra sea el responsable de las fuerzas de ocupación». Recordó que para cualquier observador la cuestión del derecho a decidir y la de la territorialidad han sido los dos conflictos centrales en Euskal Herria en los últimos siglos, y apuntó que el segundo se ha intentado resolver siempre «sin preguntar a los navarros».

Frente a ello, Otegi incidió en que lo que plantea la izquierda abertzale «es algo mucho más democrático», y que consiste en dar salida al problema construyendo un marco institucional para todos los vascos «sólo si éstos están de acuerdo». En otras palabras, indicó a Rubalcaba que «nuestra fórmula no es la anexión ni la integración, pero tampoco la partición». « ¿Preguntar a la gente qué marco quiere es imponer?», requirió también Otegi.

«Intoxicación» y «represión»

Arnaldo Otegi no sólo dio réplica a Rubalcaba, sino también a todos aquellos que argumentan, sobre todo desde el PNV, que la izquierda abertzale «tiene miedo» o «vértigo» al proceso. Aseveró que es justo al contrario: «Lo estamos deseando por una simple razón: No tenemos nada que perder en ese nuevo escenario, y tenemos todo por ganar, incluida la independencia y el socialismo. Son otros los que tienen que perder; el poder autonómico y el que han robado en los ayuntamientos».

«Josu Jon Imaz nos dice que somos maximalistas, que ponemos las cosas en el tejado. Pero lo que estamos poniendo sobre la mesa es simple y llanamente lo que quiere la mayoría, entre otras cosas la territorialidad y la autodeterminación. Esto es muy razonable, y no hay solución sin ello. ¿Eso es maximalismo? No, es una posición puramente democrática», añadió.

Así las cosas, el portavoz de Batasuna subrayó dos características del actual momento: la «intoxicación» en torno a las cuestiones políticas centrales y la «represión» impuesta en paralelo a la izquierda abertzale. Y concluyó de nuevo que «son ellos los que tienen miedo».

«La situación es cada vez más grave»

Los acontecimientos de esta semana han puesto nuevos nubarrones, y de ellos se hizo eco Otegi al indicar que «la situación es cada vez más grave». Como antídoto situó la toma de compromisos por todas las partes porque «no podemos hacer esto solos ni con ataques ininterrumpidos». En este punto, aclaró que «ya dijimos en Bilbo que no firmaremos un acuerdo que no resuelva el conflicto. Y tampoco haremos un proceso vacío. Ese es nuestro compromiso». -

 

Gara, 4 de diciembre de 2006

El tablero libanés

El tablero libanés

En Líbano se está desarrollando un pulso de implicaciones gravísimas tanto para el país de los cedros como para el conjunto de la región. Por tercer día consecutivo, y coincidiendo con la llegada a Beirut de un mediador de la Liga Árabe, decenas de miles de simpatizantes de Hezbolá se han manifestado en la capital pidiendo la dimisión del Gobierno democrático y prooccidental de Fuad Siniora. El objetivo declarado de los integristas chiíes, apoyados por Teherán y Damasco, es derribar a un Gabinete compuesto en su mayoría por políticos antisirios de partidos suníes, cristianos y drusos, llegado al poder tras la revuelta popular que siguió al asesinato el año pasado del ex primer ministro Rafik Hariri y la subsiguiente retirada siria de Líbano tras décadas de dominación.

Esta estrategia de la tensión, que acerca a Líbano a una situación de preguerra civil como la asoladora entre 1975 y 1990, comenzó después de lo que Hezbolá llama su "victoria divina" sobre Israel, el verano pasado. Los resultados devastadores de la invasión polarizaron absolutamente el rompecabezas confesional del país entre suníes y chiíes, cada uno con sus aliados cristianos respectivos. La eficacia de los milicianos de Hezbolá, tanto en el campo de batalla como en la posterior reconstrucción, ha reforzado enormemente las pretensiones de su carismático líder Nasralá de dirigir el país por delegación. Para Hezbolá, Líbano debe ser un bastión de resistencia antioccidental, no una isla cosmopolita en el tenebroso mar de Oriente Próximo. Y no cabe un Gobierno que ha tenido la osadía de aprobar la formación de un tribunal internacional bajo auspicios de la ONU para juzgar a los prominentes sirios y libaneses sospechosos del asesinato de Hariri. La retirada de sus seis ministros del Gabinete de coalición, debilitado aún más tras el asesinato el mes pasado del líder cristiano Pierre Gemayel, permite a los poderosos integristas chiíes acusar demagógicamente al primer ministro de no representar al credo mayoritario del país.

Fuad Siniora, apoyado nominalmente por las potencias occidentales, con EE UU a la cabeza, y por varios Gobiernos árabes, asegura que resistirá las presiones. Pero eso no es fácil en el disgregado y débil Líbano de hoy, donde la crisis está inextricablemente mezclada con decisivas influencias regionales. Que la estrategia de Hezbolá sea de momento pacífica no disminuye su perversidad desestabilizadora en un país todavía en carne viva por la reciente guerra contra Israel. Lo que comenzó siendo una disputa política al uso se aproxima así aceleradamente a la línea sin retorno de un nuevo enfrentamiento sectario.

Editorial de El País, 4 de diciembre de 2006