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Foro El Salvador

¿El final de ETA?

Ante una declaración de tregua por ETA, muchos defenderían concesiones que ahora se rechazan, pero que presentarían como necesarias para consolidarla y evitar más víctimas. Esto se ha reproducido en Irlanda del Norte, facilitando una contraproducente impunidad política, jurídica y moral que en absoluto ha acercado una verdadera paz.

LA propuesta de diálogo con ETA ha distanciado a los principales partidos en torno a una cuestión, la política antiterrorista, que precisamente reclama el mayor consenso posible para su eficacia. Esta grave situación exige un acercamiento que de no lograrse favorecerá sobre todo a una ETA debilitada. La división de las fuerzas democráticas fue el objetivo que también persiguió el IRA al verse presionado por eficaces medidas antiterroristas que le llevarían a interrumpir su campaña terrorista en 1994. Uno de los estrategas del IRA lo anunciaba en una carta a Gerry Adams en la que reconocía que la violencia mantenía unidos a sus enemigos, por lo que sugería detener el terrorismo y explotar el proceso posterior ante las dudas que surgirían sobre su gestión, provocando así la división de los partidos democráticos. Así lo ha hecho el Sinn Fein, negándose el IRA a desarmarse mientras incumplía sus promesas de disolución. Con unas intenciones muy similares, ETA y su entorno llevan meses creando expectativas sobre un alto el fuego, utilizando un lenguaje que seduce a muchos a pesar de la ausencia de pruebas que evidencien una auténtica voluntad de poner fin al terrorismo, comportamiento que podría acentuarse con una declaración de tregua.

Este peligro subyace bajo el diálogo con ETA sustentado en la hipótesis de que el grupo terrorista realmente desea desaparecer. Lo cierto es que objetivamente no hay evidencia alguna de que ésas sean las intenciones de los terroristas, como demuestran sus constantes intentos de asesinar que se han visto frustrados por los éxitos policiales. Plantear que la ausencia de víctimas mortales desde hace dos años confirma un cambio en el contexto vasco que justifica una actitud diferente hacia la banda con el objeto de facilitar su final equivale a confundir la realidad con los deseos. De ahí que la oferta de diálogo como consecuencia de las promesas enviadas por la organización terrorista al Gobierno añada confusión a la política antiterrorista, contribuyendo a la división de quienes a través del Pacto por las Libertades deberían actuar mediante un sólido consenso.

Cierto es que el diálogo se condiciona a que ETA manifieste «una clara voluntad para poner fin a la violencia» mediante «actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción». Esta fórmula establece límites que han favorecido un amplio respaldo a la proposición aprobada. No obstante, en una hipotética situación de tregua, la interpretación de cuáles deben ser las «actitudes inequívocas que puedan conducir a la convicción» de que ETA desea concluir su campaña es susceptible de crear una mayor división entre los partidos. Véase cómo ya hay amplios sectores que se declaran convencidos de que ETA desea abandonar el terrorismo a pesar de la inexistencia de pruebas que así lo demuestren mientras este grupo continúa con sus actividades de extorsión, intimidación y preparación de asesinatos.

Sin embargo la disminución de algunas de sus acciones, complementada con una retórica que promete paz y esperanza, sirven como eficaz instrumento de coacción al utilizarse la ansiedad colectiva por que el final de ETA llegue pronto como presión que obligaría a aceptar ciertos «sacrificios y riesgos por la paz». Por tanto, ante una declaración de tregua, muchos serían quienes defenderían concesiones que ahora se rechazan, pero que en esas circunstancias presentarían como necesarias para consolidar dicho alto el fuego con argumentos como el de que debe aprovecharse una oportunidad histórica con el fin de evitar más víctimas. Esta dinámica se ha reproducido en Irlanda del Norte, facilitando una contraproducente impunidad política, jurídica y moral que en absoluto ha acercado una verdadera paz.

Ante el fracaso de treinta años de violencia, el IRA ha sido la mejor baza de su máximo dirigente, Gerry Adams, para rehabilitar su imagen de presidente de un partido como el Sinn Fein, que hasta hace poco obtenía una insignificante representación electoral. Adams ha perpetuado deliberadamente la existencia del grupo terrorista mientras reforzaba su perfil político, presentándose como el hombre al que se debía alabar y fortalecer con concesiones para ser así capaz de convencer al IRA, de la necesidad de dejar la violencia. De ese modo se ha coaccionado a la sociedad prometiéndose la desaparición del IRA al tiempo que continuaba infringiendo la ley mediante la extorsión y otros métodos criminales auténticamente mafiosos, incluidos el asesinato. La amenaza que esta actitud supone ha colocado una gran presión sobre la sociedad y las víctimas del terrorismo, transformando el proceso de paz en un injusto instrumento de coacción. Así, el IRA ha logrado recuperar parcialmente por la vía política lo que perdió policialmente, precedente que podría trasladarse al ámbito vasco si se cometiesen errores de los que creíamos haber aprendido. A este respecto, defender la negociación con ETA recordando que anteriores gobiernos también la acometieron es el mejor argumento para descartar de nuevo su utilización, pues esas experiencias previas han demostrado la ineficacia de dichos diálogos.

En consecuencia, y en previsión de una hipotética tregua de ETA, su desarme y su disolución total constituyen exigencias realistas y prácticas que deberían satisfacerse y verificarse rigurosamente antes de considerar cualquier diálogo sobre los presos. Se impediría así que la organización terrorista coartase a otros actores políticos y sociales en un escenario de alto el fuego que en absoluto equivale a un contexto de paz habida cuenta de la continuidad de la intimidación que la existencia de ETA supone. Conceder beneficios a los presos a cambio de una mera declaración de tregua facilitaría al grupo terrorista la coacción durante el proceso político posterior, al ceder el Estado un valioso elemento de presión. No debe olvidarse que nuestro sistema democrático ya permite la reinserción condicionada a la renuncia a la violencia y al resarcimiento de las víctimas mediante la petición expresa de perdón, asumiendo la responsabilidad civil derivada de los delitos cometidos. Por lo tanto, la paz es posible respetando unos límites que impidan la impunidad y que demostrarían la voluntad inequívoca de poner fin a la violencia si realmente existiera, es decir, negando que el terrorismo extraiga «ventaja o rédito político alguno», tal y como exige el Pacto por las Libertades.

Rogelio Alonso es profesor de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos.

ABC, 24/5/2005

Víctimas de la 'paz'

Presentándose como el hombre a fortalecer con concesiones para que convenciese al IRA de dejar la violencia, Adams ha perpetuado al grupo terrorista reforzando su perfil político. Se ha coaccionado a la sociedad mientras el IRA continuaba con métodos criminales y mafiosos, incluido el asesinato. Esta actitud ha transformado el proceso de paz en un injusto instrumento de coacción.

 


Las últimas elecciones en el Reino Unido ofrecen interesantes lecciones en unos momentos en los que en nuestro país se insiste en emular el proceso de paz norirlandés. La fascinación por dicha región ha sido constante desde diversos sectores políticos tanto en Euskadi como en el resto de España. Sin embargo, la instrumentalización política de lo sucedido en Irlanda del Norte ha sido con frecuencia el planteamiento más común al buscarse el paralelismo entre ambos contextos. La evidencia de que el IRA decretó el alto el fuego a pesar de no haber conseguido ninguno de sus objetivos no ha sido considerada como una prioridad para muchos de quienes sin rigor han perseguido la comparación. Y es que si un grupo como el IRA fue capaz de abandonar su campaña terrorista en semejantes circunstancias, razonable, realista y práctico resulta exigir el mismo proceder de ETA.

El periodo transcurrido entre aquel cese de la violencia y los recientes comicios ofrece una perspectiva enormemente útil para evitar desde nuestro ámbito equivocaciones como las que en Irlanda del Norte se han cometido, como los resultados electorales constatan. Para entenderlo parece conveniente distinguir dos etapas en el llamado proceso de paz. Una primera comprendería hasta el alto el fuego y la firma del Acuerdo de Viernes Santo en 1998. Como se ha indicado, en ese estadio el IRA y su brazo político, Sinn Fein, aceptaron los términos que durante décadas rechazaron. Fue el abandono del maximalismo del movimiento terrorista ante la firmeza de otros actores el que inauguró ese periodo que daría paso a una segunda etapa en la que, a diferencia de la anterior, el partido liderado por Gerry Adams se beneficiaría de diversas concesiones. Éstas son probablemente la causa de que Irlanda del Norte sea hoy una sociedad profundamente polarizada en la que la tímida autonomía concedida en 1998 continúa suspendida desde octubre de 2002 y en la que el DUP, partido unionista liderado por el reverendo protestante Ian Paisley, es la formación más votada con nueve diputados, seguida de Sinn Fein, con cinco.

En contra de quienes deliberadamente han tergiversado el referente irlandés al identificarlo como un modelo de inclusión que debía por ello ser replicado desde Euskadi, es necesario enfatizar que el Acuerdo de Viernes Santo fue un documento que en absoluto negociaron todos los actores involucrados en el conflicto norirlandés. Tan histórico texto no recogía ninguna de las aspiraciones de Sinn Fein. Además el DUP de Paisley abandonó las conversaciones que precedieron a la firma de un Acuerdo cuyos contenidos diferían muy poco de la solución que durante décadas ya se había propuesto para la región. Así pues, lo verdaderamente importante era que el IRA, al estar Sinn Fein marginado política y socialmente, aceptaba por fin una fórmula que durante treinta años rechazó. Siete años después, Sinn Fein y el DUP, partidos que en aquellos días contaban con un apoyo minoritario en la comunidad nacionalista y unionista, representadas de forma mayoritaria entonces por el SDLP de John Hume y el UUP de David Trimble, respectivamente, les han superado electoralmente. ¿Por qué se ha producido tan drástico cambio?

La respuesta puede encontrarse en la gestión de esa segunda etapa del proceso por parte de los gobiernos británico e irlandés, pues su creencia de que la transición desde el terrorismo a la democracia debía ser apoyada se ha traducido en una impunidad e indulgencia hacia Sinn Fein que ha minado los fundamentos de la democracia impidiendo la normalización política. A finales del año pasado el primer ministro irlandés, Bertie Ahern, reconocía su error al afirmar en el Parlamento que con el objetivo de atraer a Sinn Fein al ámbito democrático había «ignorado todo tipo de cosas» en las que el IRA había estado implicado. Un similar reconocimiento de la equivocación que ello ha supuesto fue pronunciado por el premier británico Blair.

Sencillamente, ambos dirigentes han ignorado los principios de un sistema democrático aceptando el chantaje de Sinn Fein que tan eficazmente ha planteado Adams una y otra vez. Así lo hacía al pedir el voto a su partido asegurando que de ese modo se lograría la desaparición del IRA, alertando también de que el vacío político actual se llenaría con violencia si su formación no salía fortalecida de las elecciones. La misma intención perseguía su apelación al IRA el mes pasado para que considere abandonar la lucha armada. Ante el fracaso de treinta años de violencia, el IRA ha sido la mejor baza de la que ha dispuesto Adams para rehabilitar su imagen de presidente de un partido como Sinn Fein que hasta hace poco obtenía una insignificante representación electoral en el norte y el sur de Irlanda. Al presentarse como el hombre al que se debía alabar y fortalecer con concesiones para ser así capaz de convencer al IRA de la necesidad de dejar la violencia, Adams ha perpetuado deliberadamente la existencia del grupo terrorista mientras reforzaba su perfil político. De ese modo se ha coaccionado a la sociedad al prometerse la desaparición del IRA al tiempo que continuaba infringiendo la ley mediante la extorsión, el contrabando y otros métodos criminales auténticamente mafiosos, incluido el asesinato. La amenaza inherente a esta actitud ha colocado una gran presión sobre la sociedad y las víctimas del terrorismo del IRA, transformando el proceso de paz en un injusto instrumento de coacción.

Los contraproducentes efectos de esta política los ha sufrido directamente el que fue el principal partido nacionalista, el SDLP, al incurrir en contradicciones que el electorado no ha obviado. Por un lado el SDLP insiste en que no se puede tolerar que Sinn Fein, beneficiándose de la amenaza que representa la presencia del IRA, ejerza un veto sobre los avances políticos al continuar dicho grupo involucrado en actividades criminales mientras sigue además inextricablemente unido a un partido político. Sin embargo, cuando ante tan antidemocrática realidad los unionistas han reclamado la colaboración del SDLP para formar una coalición que excluyera a Sinn Fein del Gobierno de la región, los nacionalistas se han negado. Con ese incoherente comportamiento lanzaban al electorado un mensaje suicida: Sinn Fein puede condicionar la normalización política a pesar de incumplir las reglas del juego democrático.

Rogelio Alonso es profesor de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos. 

EL DIARIO VASCO, 11/5/2005

Jaime Larrínaga en Onda Cero

En torno a las 9 de la mañana de hoy, viernes 21 de abril de 2006, Jaime Larrínaga, presidente de Foro El Salvador y ex-párroco de Maruri, ha desarrollado, a requerimiento de Carlos Herrera en su programa matinal de Onda Cero y durante más de quince minutos, una incisiva intervención en la que se ha manifestado con la claridad y coherencia que le caracteriza.

Además de rememorar algunas de sus experiencias vitales y exponer el clima de falta de libertad que se sigue viviendo en el País Vasco, ha denunciado las evidentes mentiras del presidente del Gobierno español manifestadas a lo largo de los últimos meses, la ausencia de contenidos firmes y de calado en un mal llamado proceso de paz desvinculado a la libertad y a la justicia; y el olvido de las víctimas de ETA. Igualmente se ha manifestado con dureza ante el papel y las manifestaciones del redentorista irlandés Alec Reid. Una aclaratoria y muy necesaria intervención sin complejos que nos recuerda que la paz que no se cimienta sobre la verdad, la justicia y la libertad, es una falsa paz cerrada en falso.

Redacción de Foro El Salvador.

¡Qué pobre gente!

Los hay que se pasan la vida diciendo a los demás lo que deben hacer y nunca encuentran un momento para mirarse en el espejo.
Pedro J. Ramírez editorializaba ayer sobre la reunión de Otegi, Petrikorena y Barrena con Ibarretxe y se mostraba así de solemne: «Batasuna debe repudiar la violencia y ETA debe entregar las armas». Algún día alguien contará las cosas que contaba el general Sáenz de Santamaría sobre las cosas que le pedía Pedro J.
Le indignaba la reunión y que José Blanco dijera la memez de que a Otegi se le recibía a título personal. Un poquito de razón no le faltaba, pero aprovechaba para sentenciar: «las palabras de Blanco son una hipérbole ­o más bien una perogrullada­ que subraya la contradicción de que Ibarretxe dedicara tres horas a entrevistarse con el portavoz de un partido que está fuera de la ley y, por tanto, no debería tener protagonismo político alguno». El protagonismo que le otorgan decenas de miles de votos.
A Ramírez tampoco le gusta que Otegi pidiera que les dejaran en paz: «Habría que recordar a Otegi que Batasuna es un partido ilegalizado por el Tribunal Supremo. Cuando la Ertzaintza ha disuelto una manifestación o ha detenido a un militante de Batasuna, lo ha hecho por orden judicial. ¿Acaso pretende Otegi que el Gobierno vasco no cumpla las decisiones de los jueces y la legalidad vigente?». ¿Y si le contestan que sí? Lo mejor es cuando se enredan en su propia maraña: «si Batasuna quiere volver a ser un partido legal y tener los mismos derechos que cualquier formación democrática, Otegi lo tiene muy fácil: debe renunciar de forma expresa e inequívoca a la violencia, condenar los asesinatos de ETA y pedir perdón a las víctimas. Ello sería suficiente para que el Supremo pudiera revocar la prohibición». Vamos por orden. Batasuna no puede renunciar a la violencia porque no la ejerce; condenar o no la actividad de otro grupo debiera ser tan libre como callarse o hablar y pedir perdón a las víctimas que han causado otros es insólito. ¿Pediría perdón Pedro J. a los familiares de Brouard, Muguruza, Lasa, Zabala, Arregi...?
Y al final, guiado por los nervios, la melonada: «lo mismo que el Estado no puede renunciar a perseguir los delitos cometidos por los etarras, tampoco debe aceptar que una organización mantenga un arsenal en su poder, sean cuales sean sus propósitos, pues esa nueva circunstancia ­la tenencia ilícita de armas­ ya sería en sí misma delictiva». ¿Adónde van los españoles con gente así?

 

Maite Soroa


Gara, 21 de abril de 2006

Rendición ante la ETA. Lo importante es la voluntad

Con el torpe balbuceo y la engolada solemnidad, que caracterizan a nuestra secta gobernante, el Sr. Moraleda ha dicho que "lo importante es la voluntad". Amén, respondo yo. Amén, responderán los devotos progres. Amén, deberá responder todo el mundo, si no quieren ser detenidos (no, técnicamente, claro, que no va a perder su tiempo la policía con esas finezas; a lo bestia, que es más expedito y eficaz).

 

La razón de que el secretario de estado de Comunicación del Gobierno de Zapatero nos haya hecho partícipes de su quintaesencia filosófica (más valen quintaesencias que fárragos, sentenció Gracián previsoramente) ha sido dar respuesta a la demanda del líder de la oposición. Pretendía Rajoy que la ETA entregase sus armas como requisito para la iniciación del (torpemente) llamado proceso de paz. No ha de ser así, nos explica Moraleda, pues lo importante no es la entrega de las armas, sino la voluntad de no usarlas. Reparen ustedes, argumenta, nuestro esclarecido gobernante: la banda puede entregar sus armas e ir corriendo al mercado a comprar otras. No habríamos ganado nada.

 

Deslumbrado queda uno ante tan profundo razonamiento. Efectivamente, una mente trivial y reaccionaria, como la mía, discurre más superficialmente. Admito con el prócer agrario-comunicador, la importancia de la voluntad. Pero, si la ETA tiene voluntad de dejar las armas, ¿por qué no las deja? ¿Para qué las quiere? Por ejemplo, yo no tengo voluntad de cazar, por tanto no tengo escopeta. Si, pese a ello, tuviese un arma de este tipo, por herencia, por un regalo u otro capricho del destino, renunciaría gustoso a ella. Moraleda parece que quiere tranquilizarnos, pero su curiosa lógica nos deja más preocupados que antes. Si invoca la posibilidad de que los terroristas compren nuevas armas, no debe estar muy seguro de la voluntad que les atribuye, o de la persistencia por mucho tiempo de tal voluntad, supuesto que existiese actualmente.

 

No sé si Moraleda o el propio Zapatero, han dicho que Tony Blair les ha convencido de la no pertinencia de tal petición. Es posible, aunque, si así fuere, una estupidez dicha en la Moncloa no deja de ser estúpida por decirla en Downing Street. De todos modos, dado que la competencia en inglés de Zapatero no va más allá de a beautiful day, ¿cómo sabe Jose lo que le ha dicho Tony? Lo más probable es que no lo haya entendido correctamente. Además, resulta impúdico que Zapatero invoque la opinión del primer ministro inglés para justificar su rendición incondicional ante la ETA, que no de otra cosa se trata. ¿No habíamos quedado en que Blair, uno de los protagonistas de la foto de las Azores, era un "criminal de guerra" como su socio Bush? ¿Cómo nuestro rojo pacifista toma lecciones ahora de tipos tan execrables?

 

Bien que me conformaría con que Zapatero adoptase como modelo al político británico. Blair como primer ministro del Gobierno del Reino Unido defiende a su país, y hace honor a sus obligaciones constitucionales. Ante el problema suscitado por la voluntad secesionista de una parte de la población del Ulster ha intentado, mejor o peor, encontrarle una solución. En este proceso se ha concedido a aquella provincia un régimen de autonomía (infinitamente menos "autonómico" que el que disfruta cualquiera de nuestras comunidades). Y, como la concesión no detuvo el enfrentamiento civil, aquella limitada autonomía fue suspendida. No ha habido rendición ante los terroristas; como consecuencia, últimamente parece que las cosas han mejorado y se encaminan a un arreglo satisfactorio.

 

Por el contrario, Zapatero, como presidente del Gobierno de España, traiciona a su país, vulnerando una y otra vez la Constitución, rindiéndose a la voluntad de los disgregadores donde existen y alentando su surgimiento donde aún no existen. Blair no tiene por qué saber que el caso del Ulster sólo tiene en común con el del País Vasco la presencia de una voluntad secesionista, apoyada en la violencia armada, en una parte de la población. No hay paralelismo históricos, no hay enfrentamiento religioso, no hay violencia unilateral. Zapatero está obligado a no ignorarlo.

 

Una vez más, la invocación del "modelo" extranjero funciona entre nosotros como legitimación de nuestros pecados. No copiamos a ningún otro país, sino lo que nos conviene de cada uno de los diversos países, que no es precisamente lo más digno de ser copiado. En manos de coprófilos y traidores, el resultado huele fatal.

 



José Vilas Nogueira es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela

Libertad Digital, 21 de abril de 2006.

Sanz y Rajoy reafirman su oposición a cualquier tipo de diálogo político

·El PSN observa una «clara intencionalidad electoral» en las polémicas que está alimentando el presidente de Nafarroa

Los líderes de UPN, Miguel Sanz, y del PP, Mariano Rajoy, mostraron de nuevo su total sintonía a la hora de rechazar cualquier tipo de diálogo para avanzar en la resolución del conflicto político que vive Euskal Herria. En Iruñea, Rajoy volvió a afirmar que «eso de Euskal Herria no ha existido nunca». Sanz, por su parte, llegó a cuestionar la labor de la Policía española para mantener abierta la polémica sobre las supuestas cartas de ETA a empresarios: «Me fío más de la profesionalidad de los funcionarios de Correos, que son quienes ponen el matasellos, que de las impresiones de la Policía».

 

IRUÑEA

 

El estatus político de Nafarroa es intocable. Ni siquiera es un tema que pueda ser debatido. Y, por tanto, mucho menos consultado. Mariano Rajoy desembarcó ayer en Iruñea y trazó una raya infranqueable nada más pisar la costa. A su lado, en total sintonía, el presidente Miguel Sanz.

 

UPN y PP ya tienen un lema para los próximos meses: «Navarra no será moneda de cambio». Es la versión moderna del ya clásico discurso sobre la «anexión» a la CAV, fantasma que se agita desde hace tiempo para defender la partición territorial de EuskalHerria.

 

El presidente de Nafarroa recibió ayer la visita del líder del PP. Tras mantener una reunión, ambos dirigentes políticos comparecieron ante los medios. Rajoy no se anduvo con rodeos: «No hay nada que hablar de Navarra. Navarra es Navarra desde hace siglos. Y eso de Euskal Herria no ha existido nunca».

 

En realidad, Mariano Rajoy quiso dejar claro una vez más que su apuesta pasa por «derrotar» a ETA. «No se trata de constatar que hay un alto el fuego, eso ya lo vemos en el periódico», apostilló, sino de verificar que «hay una decisión irreversible de disolverse».

 

«A partir de ahí, no es admisible ninguna negociación política para cambiar ningún marco jurídico, ni autodeterminación, ni similares». Y continuó: «No acepto ninguna mesa ni la aceptaré nunca. Ni concesiones políticas, ni mesas, ni Navarra».

 

«Y a partir de ahí, lo importante es que a los navarros les dejen en paz, les dejen ser navarros y no les metan en problemas que ellos no han generado y en los que no quieren meterse. Ese es el tema», sentenció el presidente del PP.

 

Una vez exhibidos sus principios, Rajoy reclamó al presidente español que los asuma como propios. «Le pido un pronunciamiento claro en este sentido o igual al que yo acabo de tener ahora», subrayó antes de asegurar que «el Partido Popular va a actuar como garante de que no se producen determinadas cosas que no se pueden producir».

 

Posibles pactos del PSN

 

Instó asimismo a José Luis Rodríguez Zapatero a que diga «públicamente» que el PSN«no va a establecer ningún tipo de coalición con fuerzas políticas que no creen para nada en Navarra, sino que están en otra operación distinta».

 

Tampoco se libró de sus críticas Arnaldo Otegi, a quien definió como «un señor que era un activo etarra y ahora es muy activo en la dirección de Batasuna. Ese señor es un delicuente que no está en la cárcel porque ha pagado una fianza».

 

Por su parte, Miguel Sanz ya se había explayado unas horas antes en una entrevista concedida a Tele 5. Allí, el presidente de Nafarroa aseguró tener «una percepción clara» de que el Gobierno español y ETA han pactado la «creación de una institución común que gestionará los asuntos de Navarra de manera consorciada con la CAV, a través de un Organo Común Permanente».

 

Sanz resucitó de esta manera la historia del Organo Permanente de Encuentro, impulsado en 1996 por el Gobierno tripartito que formaban PSN, CDN y EA y que quedó en agua de borrajas después de que salieran a la luz en “Diario de Navarra” las cuentas suizas a nombre del entonces presidente Javier Otano (PSN).

 

En 2004, Juan Cruz Alli ­cuyo partido estaba entonces y ahora en el Gobierno­ publicó un libro en el que señalaba que estas revelaciones periodísticas se produjeron poco después de que Rafael Gurrea (UPN) advirtiera a Otano que «habéis ido demasiado lejos».

 

Diez años después de aquel proyecto, Sanz vuelve al ataque al considerar que un órgano de este tipo serviría para «contentar en una primera fase» a ETA, pero que «indudablemente no se quedaría allí y se darían más pasos en el futuro».

 

«Sin renunciar a sus objetivos»

 

El presidente navarro subrayó que la organización armada «no ha renunciado a ninguno de sus objetivos», entre los que incluyó « integrar a Navarra en su proyecto de construcción nacional de Euskal Herria y autodeterminación o dar la la palabra al pueblo vasco». A su juicio, lo «malo» es que constata en José Luis Rodríguez Zapatero una voluntad «para acceder a esas peticiones».

 

Sanz también lamentó que el presidente español no le haya citado para celebrar una reunión en La Moncloa, a pesar de su «lealtad con las instituciones del Estado, que es como decir con la unidad constitucional de España». En este aspecto, su discurso ha cambiado en pocas semanas, ya que el 24 de marzo manifestó que no había recibido llamada alguna de Zapatero y que «tampoco tengo por qué recibirla. No sabría decir qué es mejor, que me llame o no».

 

Preguntado por un hipotético referéndum en Nafarroa, replicó que no tiene «ningún miedo al resultado», porque «los navarros han demostrado que desean una comunidad diferenciada e integrada en la unidad de España y solidaria con todos sus pueblos. Pero no accedo a que el referéndum se haga porque lo pide ETA», argumentó.

 

Respecto a la supuesta carta de la organización armada remitida a un empresario navarro, que según Rodríguez Zapatero es anterior a la entrada en vigor del alto el fuego, el presidente navarro señaló que el matasellos es «posterior a la declaración» de ETA. «Y en ese sentido me fío más de la profesionalidad de los funcionarios de Correos, que son los que ponen el matasellos, que de las impresiones de la Policía».

 



El Gobierno español pide que no se creen «problemas artificiales»
El secretario de Estado de Comunicación y portavoz del presidente español, Fernando Moraleda, se refirió a las palabras de Miguel Sanz sobre un órgano común CAV-Nafarroa al manifestar que al Gobierno de Madrid «le gustaría que no creáramos

 

problemas artificiales, que no fomentemos la discrepancia frente al acuerdo y que la actitud para buscar soluciones prevalezca sobre la actitud para confrontar posiciones». En declaraciones efectuadas antes de escuchar las palabras de Sanz y Rajoy, la vicepresidenta De la Vega aseguró que el proceso «va bien» y que «no hay elementos de preocupación». Respecto a las «especulaciones» sobre Nafarroa, señaló que «en el proceso de paz no hay ni atajos, ni precio político ni cambio de nada, también referido a Navarra». -

 

 

Gara, 21 de abril de 2006.

 

Batasuna percibe «el pánico de la derecha» ante el derecho a decidir

Para Batasuna, el encuentro celebrado en Iruñea entre Miguel Sanz y Mariano Rajoy «es fruto del nerviosismo en el que está instalada la derecha españolista a día de hoy en Nafarroa. La derecha tiene pánico a que los navarros y las navarras podamos participar libremente en un proceso político democrático donde la palabra y la decisión de toda la ciudadanía vasca sea respetada sin exclusiones ni ideológicas ni territoriales».

 

La formación abertzale consideró que las manifestaciones de los líderes de UPNy PP evidencian que se ha abierto «definitivamente el debate sobre la territorialidad y el derecho a decidir», una situación ante la cual estos dos partidos «están nerviosos, y por eso mienten y manipulan con más rabia y descaro si cabe que lo han hecho nunca».

 

En este sentido, les acusó de «intentar extender» entre la ciudadanía unas «amenazas y miedos» que «la mayoría social no se cree» porque «mira al futuro con esperanza».

 

Batasuna subrayó que Nafarroa «tiene mucho que ganar y nada que perder», ya que «después de siglos de conflictos podemos estar ante una oportunidad histórica para que Navarra deje de ser manipulada y recobre sus derechos arrebatados ilegítimamente. La paz debe ser el resultado del respeto de los estados a nuestros derechos».

 

«Nafarroa sólo ha sido utilizada como moneda de cambio por el Estado español, imponiendo la división territorial de Euskal Herria para impedir que ésta acceda al ejercicio de sus derechos», argumentó.

 

EA, PNV e IUN

 

Por su parte, EA calificó de «rastreras y demagógicas» las palabras de Sanz, al entender que «mezcla el órgano común permanente con el proceso de paz en un afán demencial por apuntarse tantos electorales».

 

El presidente del Napar Buru Batzar del PNV, José Angel Agirrebengoa, reclamó al líder del Ejecutivo foral que «deje de agitar fantasmas». A su entender, «su discurso de Navarra como moneda de cambio o la integración de la comunidad foral en Euskadi sólo busca generar miedo y preocupación en torno a un debate que no tiene sentido».

 

Félix Taberna (IUN) estimó que Miguel Sanz debería explicar sus declaraciones ante la Cámara foral.

 



Chivite observa en UPN «intenciones electorales»

 

IRUÑEA

 

Carlos Chivite, secretario general del PSN, consideró ayer que «es un hecho contrastado que Miguel Sanz se dedica a hacer juicios de valor partidistas y con una clara intencionalidad electoral», para lo cual «está extendiendo sospechas infundadas, opiniones interesadas y realizando acusaciones sin prueba ninguna». Chivite, para el que un órgano permanente CAV-Nafarroa no es en la actualidad «ni necesario ni útil», subrayó que en la resolución aprobada en el Congreso español en mayo de 2005 para un posible diálogo con ETA «en ningún caso se habla de Navarra, ni lo ha hecho el presidente del Gobierno de España, ni el consejo de ministros». El secretario general del PSN se preguntó «por qué Sanz y Rajoy se empeñan ahora en introducir el ‘elemento Navarra’ en algo que no existe».

Gara, 21 de abril de 2006

La política nacional cambia de centro, y se desplaza a Navarra

Es moneda de cambio para unos, próxima sede del PP o "última trinchera de la derecha" para otros, campo de batalla para todos. Y Zapatero lleva el futuro de Rajoy a Pamplona.

 

21 de abril de 2006.  Ayer jueves Navarra tuvo una visita poco habitual y para algunos poco deseada. El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, invitado por el presidente del Gobierno y presidente también de UPN, Miguel Sanz, expuso con claridad su compromiso con la identidad foral de Navarra y con la unidad de España.

¿Era necesario o se solemnizaba lo obvio? A quien piense que no es necesario expresar la adhesión al actual marco jurídico y la defensa de una identidad amenazada basta recomendarle la lectura de la prensa más reciente. La izquierda ha abierto una "cuestión navarra" para congraciarse con los nacionalistas vascos; y esa maniobra no sólo está abierta a cambios en las instituciones –porque los exige el nacionalismo, incluyendo la ETA de la tregua- sino que acepta la tergiversación nacionalista de la realidad pasada y presente de Navarra. Los nacionalistas quieren la Comunidad Foral, y los socialistas quieren el poder en Madrid. Mientras ambas cosas vayan de la mano nunca estará de más que Sanz y Rajoy digan juntos lo que no están dispuestos a tolerar.

La Disposición de la discordia

El problema –porque hay un problema, y negarlo es de necios- es que el nacionalismo vasco, que incluye quizás a un 12% de los navarros, quiere que Navarra se engloble en su proyecto de "Gran Euskalerría". Pero esto no viene de aquí: el centroderecha acobardado de la Transición ya se dividió sobre este asunto, y en definitiva la UCD –del mismo modo que Suárez sacó a la calle a los asesinos etarras, o que Martín Villa legalizó la ikurriña suponiendo que con eso se acababa la ETA- aceptó dejar una puerta abierta para que sucediese. Una puerta abierta supeditada a la "voluntad de los navarros", es cierto, pero una puerta al fin y al cabo.

¿Esa "puerta" era inevitable? De ninguna manera. Y si Mariano Rajoy estuvo el jueves en Pamplona con el presidente Sanz es porque un puñado de navarros –siempre decenas de miles, de todos modos- se resistió a la Transitoria Cuarta antes y después de la Constitución. Lo hizo antes, cuando Alianza Foral Navarra denunció los manejos electoralistas de UCD, rebozada de navarrismo pero supeditada a las conveniencias de turno de La Moncloa. Y lo ha hecho ininterrumpidamente después, tanto por los epígonos de AFN que formaron Alianza Popular y el Partido Popular en Navarra como sobre todo por el partido nacido ante todo para pedir un cambio constitucional: Unión del Pueblo Navarro desde 1979. Y ésa es la historia que sustenta a Rajoy y Sanz.

"Que Navarra sea lo que los navarros quieran"

Las palabras son más peligrosas que las bombas. Navarra es una comunidad autónoma desde antes de la Constitución, y nunca ha dejado de serlo. Cuando Fernando el Católico y sus representantes juraron el Fuero medieval a partir de 1512 éste siguió en vigor, definiendo un marco legal específico dentro de España: una región autónoma. Y en la España constitucional Navarra ha mantenido su autonomía –nada que ver con ningún nacionalismo, que le son todos posteriores- con una misma norma a lo largo de siete regímenes constitucionales, dos repúblicas y dos dictaduras. Ahí están las raíces de la autonomía navarra, no en los manejos de pasillo entre Arzallus y sus interlocutores.

Navarra no es sin embargo un "sujeto de decisión". Navarra es una comunidad política nacida como parte de un proyecto de Reconquista española en la Edad Media; terminada esa era, Navarra –que obviamente ya era España- se unió políticamente a España conservando su especificidad. Navarra es lo que es; puede cambiar su forma, pero si cambia su esencia –España- desaparecerá como comunidad.

Esto es lo que los nacionalistas y sus tropas cipayas llaman "esencialismo", como si el de Sabino Arana, Federico Krutwig o –mal maquillado- el de Patxi Zabaleta fuese otra cosa. En el fondo en la idea de que los "navarros decidan" hay una trampa nacionalista, porque el nacionalismo, que es minoritario, lleva tres décadas estructuralmente dedicado a hacer posible que los navarros cambien de opinión. Vamos a invertir la carga de la prueba, sin quitar libertad a nadie: hagamos "que los navarros sepan lo que Navarra es", y así evitaremos dudas sobre este sarampión falsamente democrático que repentinamente afecta a tantos delincuentes con las manos manchadas de sangre.

¿Qué hacer, señores de la derecha? Ante la última oportunidad

Rajoy estuvo en Pamplona, y se ha hablado de la importancia nacional de la situación navarra, porque en 2007 las elecciones municipales y forales van a dirimir si Navarra puede ser pacífica y legalmente parte del precio de eso que Zapatero llama la "paz". Bien está que nos demos cuenta del peligro, y no dudo de que las bases de UPN y los navarros que quieran seguir siéndolo, aunque no sean de UPN, vamos a responder al llamamiento.

Pero ese toque de rebato es el último. Zapatero ha generado en Navarra una situación de "todos contra uno" que, en caso de no obtener UPN mayoría absoluta, derivará necesariamente en una entrega de Navarra al nacionalismo, eso sí, con mucha vaselina. Pero si vence UPN será la hora de meditar por qué estamos en esta situación, es decir, por qué durante muchos años de Gobierno navarrista se ha hecho navegación de cabotaje, pensando sólo en los cortos plazos, en las elecciones siguientes y en los beneficios personales del poder en vez de lanzar grandes políticas de afirmación social, cultural educativa y política de la Navarra foral y española. Si se vence en 2007 será hora de hacer eso y de que Sanz renueve los rumbos con un criterio de capacidad, honestidad y lealtad, porque la mejor Derecha de España no merece menos.

 

Pascual Tamburri

El Semanal digital, 21 de abril de 2006